Dragon Ball Z y sus personajes NO ME PERTENECEN. Solo hago esto por diversión y para su entretenimiento.
Videl observaba a la infante frente a ella. La niña comía su almuerzo como si fuera su primer bocado en mucho tiempo; había comido dos platos fuerte hasta ahora. La joven detective no sabía que la había impulsado a invitar a esa niña a almorzar. Apenas la conocía, pero algo en su interior le dijo que era lo correcto hacerlo. No lo estaba haciendo en forma de agradecimiento, había algo más, un sentimiento que no podía describir. Era como si en su interior, una fuerza ajena le exigía ayudar a esa niña.
─ ¿Señorita Videl? ─ la joven salió de su ensoñación al escuchar esa voz infantil ─ ¿Pasa algo? ¿No tiene hambre? ─ preguntó la pequeña. Videl solo había probado unos bocados de su plato.
─ No pasa nada…solo estaba pensando ─ la niña la miró curiosa.
─ ¿En algo malo? ─ Videl sonrió.
─ No…me preguntaba: ¿Cuándo fue la última vez que comiste, Pan? ─ la niña lo pensó por unos instantes.
─ Creo que…hace 3 días ─ dijo restándole importancia al asunto. Videl la miró horrorizada. Era una niña en crecimiento; necesitaba comer.
─ ¿Tres días? ─ Videl se acercó a Pan y se arrodillo frente a ella ─ ¿Y no te sentías hambrienta?
─ Algo…pero ya estoy acostumbrada. Es incomodo irse a dormir sin comer, pero…es algo que escapa de mi control.
─ ¿Y por qué no vuelves al orfanato? Seguramente, ahí siempre tenias que comer ─ la pequeña frunció el ceño.
─ Señorita Videl, no todo en esta vida es ropa y comida…prefiero vivir en la calle que estar en ese lugar, donde me maltratan, donde no me quieren y donde me ven como una inversión─ Videl quedó perpleja. La niña tenía 4 años y le estaba dando lecciones de vida. La vida en la calle la estaba haciendo madurar muy pronto.
─ ¿Sabes? Eres muy inteligente y madura para tu edad ─ la niña sonrió satisfecha.
─ Gracias.
Después de eso, ambas chicas siguieron con su almuerzo. Hablaron de asuntos triviales, de gustos, de lo que no le agradaba y de infinidades de cosas más, pero todo, debe llegar a su fin.
─ Muchas gracias por todo, señorita Videl; le agradezco mucho su hospitalidad ─ la joven detective sonrió. Al contrario, ella era la que tenía que agradecerle a ella; tenía mucho tiempo sin sentirse tan tranquila y alegre. Se arrodilló para quedar a la altura de la infante.
─ No es nada… ¿Vas con tus amigos? ─ La niña asintió. Le preocupa que se fuera sola, ¡Por Dios si tenía 4 años! Videl sacó la billetera que Pan le había devuelto, sacó algo de dinero y se lo extendió a la niña ─ Toma esto ─ Pan la miró sorprendida.
─ No es necesario…
─ Insisto ─ la pequeña lo miró dubitativa ─ Acéptalo… ─ finalmente, la niña tomó el dinero y lo guardó en uno de los bolsillos del pantalón ─ Y…toma esto también ─ le entregó una de sus tarjetas ─ ¿Sabes distinguir los números? ─Pan asintió ─ Bien…cualquier cosa, llámame, ¿sí? O puedes venirme a buscar a mi trabajo; siempre te recibiré ─ la niña asintió. Sin previo aviso, la pequeña niña se abalanzó sobre ella y la abrazó.
─ Gracias ─ Videl sonrió mientras correspondió el abrazo. Había algo especial en esta niña; sentía una conexión con ella.
─0─
Pan caminaba alegremente hacia su "casa". La señorita Videl fue muy amable con ella. Como le gustaría haberse quedado más tiempo con ella, pero sabía que la señorita tenía que seguir trabajando y ella tenía que volver con sus compañeros. Ninguno de esos niños eran sus amigos. Ella era la menor del grupo y siempre la marginaban por eso. A veces, la ponían a realizar todas las tareas que se deben hacer en la casucha, no compartían con ella, se burlaban de la pequeña y cuando conseguían comida, muchas veces, no la dejaban comer, según ellos porque los privilegios venían según el rango, y al ser la menor, no poseía ninguno. Entró en el oscuro callejón y al final, divisó la casucha.
─ Hasta que llegas… ─ habló uno de los niños, el mayor de todos, llamado Ryo de 10 años ─ ¿Dónde estabas?
─ Estaba con…una amiga ─ Ryo, junto a otros cuatro niños, se acercó lentamente a la pequeña.
─ ¿Qué amiga?
─ Una amiga…que ayudé; se le había caído su billetera y yo…se la devolví ─ Ryo la miró enojado. Solo los adultos tenían billetera y los adultos eran sus enemigos numero uno; eso era traición.
─ Y… ¿tenía mucho dinero? ─ la pequeña asintió. El chico tomó a la niña de 4 años del brazo bruscamente, levantándola levemente del piso ─ ¡¿Y no se te ocurrió que ese dinero podría ser útil para nosotros?!
─ P-pero…n-no es nuestro…eso es robar ─ trató de articular; estaba aterrada.
─ ¡Eso no importa! Seguro te recompensó por eso ─ Ryo olfateó a la chica delante de él ─ Hueles a comida… ¡Te invitó a comer y tu aceptaste! ¡Eres una traidora! ─ exclamó el niño. Todos los niños que estaban dentro de la casucha salieron ante el alboroto. Ryo soltó a Pan bruscamente, tirando a la niña duramente contra el suelo ─ ¡Escuchen todos! ¡Tenemos una traidora! Ya saben lo que hacemos con los traidores… ─ Todos los niños presentes se acercaron hasta rodear a la menor del grupo.
─ Lo siento mucho…yo no sabía─ los niños ignoraron sus súplicas ─ ¿Qué me van a hacer? ─ estaba totalmente asustada.
─0─
─ Nos vemos mañana, señorita Videl ─ la chica asintió.
Eran las seis de la tarde y su jornada de trabajo había finalizado. Fue al estacionamiento, entró a su auto y comenzó a conducir en dirección a su casa. Todo lo que había pasado hoy fue surrealista para ella. No sabía por qué fue tan amable con esa niña que apenas acababa de conocer. Era una sensación de cercanía inexplicable; como si la conociera desde siempre. Le dolía saber que esa niña no tenía hogar y quería hacer algo al respecto. ¿Por qué se preocupaba tanto? ¿Por qué se sentía tan en paz cuando esa niña aparecía? Era un verdadero misterio. Llegó a su hogar en tiempo record. Vivía en una casa de dos niveles a las afueras de la ciudad. La casa tenía un patio trasero y un jardín lleno de flores al frente. Le encantaba vivir en las afueras de la ciudad: no tenía nadie que la molestara y estaba más cerca de la naturaleza y lejos del bullicio citadino, lo que le permitía relajarse y tener tiempo de aclarar sus pensamientos. Guardó su auto en el garaje, cerró la puerta e ingresó a su hogar. Su casa no era como la mansión de su padre, pero tenía bastante espacio disponible, ya que vivía sola. Subió a su recamara, buscó sus pijamas e ingresó al baño a darse un baño. Cuando salió, fue a la cocina, ya vestida en su atuendo de dormir, se preparó algo de comer, para luego, ir a la sala de estar y ver algo de televisión.
─ En otras noticias, se pronostica que esta noche y durante todo el fin de semana, incidirá una gran tormenta que traerá consigo fuertes lluvias, vientos, rayos y tronadas ocasionales, le recomendamos que permanezcan en sus hogares ─ instintivamente miró hacia la ventana; ya había comenzado a llover y no puedo evitar preocuparse por Pan.
─ Espero que se encuentre bien…
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La lluvia azotaba con furia las calles de Ciudad Satan. Todos corrían para refugiarse de la ira de la naturaleza, que acompañada de intensas ráfagas de viento, rayos y tronadas, daba a entender que no estaba bromeando.
Pan se encontraba en uno de los oscuros callejones dentro de una caja vacía tratando de protegerse de la lluvia, sin éxito. Luego de haberla insultado por un tiempo, los chicos la golpearon, le quitaron el efectivo que Videl le habia regalado y la echaron de la casucha. Ya no tenía a donde ir. Un relámpago, seguido de un gran estruendo, azotó la ciudad. La pequeña cerró los ojos fuertemente; no le gustaban las tormentas, la aterraban. Lloraba desconsoladamente. No sabía qué hacer; no tenía a donde ir, estaba empapada de pies a cabeza y tenía mucho miedo de estar en las calles de noche con todas esas personas y monstruos malos que rondaban cuando el día acababa. La niña metió sus manos en sus bolsillos tratando de mantenerse caliente, pero teniendo en cuenta que estaba empapada de pies a cabeza, fue en vano. El viento azotaba con fuerza, provocándole escalofríos por todo el cuerpo. No podía ver bien, ya que las gotas que se escurrían desde su cabello, le nublaba la vista.
Llámame si necesitas algo.
Esa frase retumbó en su mente. Palpó sus bolsillos y, de milagro, encontró un par de monedas. Se levantó y corrió dos cuadras hasta llegar a un teléfono público. Marcó el número que estaba en la tarjeta y esperó en línea.
─ S-señorita Videl…
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Conducía por las calles de ciudad Satan. La lluvia dificultaba su búsqueda de la pequeña. Hace alrededor de una hora, Pan la había llamado. Podía escuchar el viento, las gotas de agua y los estruendos de la tormenta al otro lado de la línea y eso solo significaba algo: la pequeña estaba a la intemperie. Pan no le dijo mucho; solo le dijo que tenía mucho miedo y que no sabía qué hacer. No le importó el diluvio que caía, ni que estaba a 40 minutos de la ciudad, vistiendo sus pijamas salió a buscarla. La pequeña no sabía con certeza donde estaba, pero con algunas vagas descripciones del lugar y con la suposición de que la niña se encontraba cerca de la cafetería donde había desayunado antes, comenzó la búsqueda por esa zona. Las calles estaban desoladas y cada vez, la tormenta arremetía con más fuerza, estaba extremadamente preocupada. Sabía que no debía haberla dejado ir.
Condujo por todos los alrededores de la cafetería, hasta que divisó, lo que en un principio, pensó que era un bolso abandonado en una de las paradas de autobús. Se estacionó a un lado y la vio, acurrucada sobre uno de los banquillos, en posición fetal; no se estaba moviendo. Asustada, tomó una frazada que tenía en la parte trasera del auto y salió corriendo a buscarla.
─ ¡Pan! ─ ignoró el llamado, pensando que era su imaginación ─ ¡Pan! ─ la niña frunció levemente el ceño,esa no era su imaginación. La pequeña abrió sus ojos un poco y vislumbró una figura que se acercaba a ella. Sintió como algo cálido la envolvía y como era elevada.
─ Señorita Videl…vino por mi─ dijo en un susurro, feliz de sentirse protegida.
─ Claro que sí ─ dijo mientras terminaba de acomodarla en su pecho y la abrazaba protectoramente. Corrió hasta el auto y colocó a Pan en el asiento trasero, cubierta por la manta y la volvió a cubrir con una chaqueta que siempre llevaba con ella.
Sin esperar más, puso en marcha el motor de su auto y se dirigió rápidamente a su casa. Estaba preocupada; Pan tenía como mínimo una hora bajo esa incesante lluvia; debía tomar un baño caliente y salir de esas ropas antes de que se enfermara. Tenía que averiguar qué había pasado y si estaba bien; no se perdonaría si algo le pasara.
─ Señorita…Videl ─ murmuró.
─ Tranquila…te estoy llevando a mi casa; nada te pasara allá…te lo prometo ─ dijo mientras conducía con una mano y acariciaba el mojado cabello de la niña.
No sabía por qué, pero Pan, en tan solo un día, se había ganado su corazón; debía mantenerla a salvo.
Hola! Aquí les traje otro capítulo. Muchísimas gracias por sus reviews, follows y favs. Significan un mundo. De nuevo, gracias por leer y, ya saben, espero reviews :D
Nos vemos en una próxima actualización.
BYE!
