Capítulo 2: Derechos

Todo el día de ayer, al igual que los dos anteriores, Eren trabajó muy bien. Tenía más energía y resistía cualquier ejercicio que le impusiéramos. Miré sus músculos: es extraño considerar que vivimos en un mundo donde es normal que los niños tengan esa fortaleza. También yo era así a su edad. También yo tenía esa determinación. Aunque su conversión en titán no fue total, logró construir un torso y un brazo cuando se lo ordenamos. No sé en qué se enfocó para lograr la transformación. No obstante, fue interesante observar esa mano gigantesca estirarse hacia mí cuando Hange y yo nos acercamos. Hange la tocó y, como otras veces, sufrió graves quemaduras. Yo solo lo contemplé a prudente distancia. Aun con su rostro parcialmente cubierto por la carne del titán, Eren mostraba una sonrisa orgullosa que me satisfizo.

Tras los entrenamientos, pidió permiso para reunirse con los reclutas Arlet y Ackerman, sus amigos de la infancia. Se lo otorgué. Estando lejos, podía sin embargo distinguir su expresión mientras conversaban de algo que evidentemente lo azoraba. Sentí encima la punzante mirada de Ackerman y pensé que quizás hablaban de mí. Me pregunté cuánto faltaría para que comience también a llamar a esos chicos por sus nombres de pila. No son parte de mi escuadrón pero, si murieran en la próxima expedición, quisiera primero haberme habituado a sus nombres.

Por la noche tuve un sueño confuso. Al despertar no pude recordarlo, pero estaba agitado. Para mi desagrado, estaba transpirado y sucio. Detesto cuando estas cosas ocurren –y no me ocurrían hace mucho. Debí bañarme antes de volver a acostarme. De todos modos no concilié el sueño y a las 6 de la mañana decidí dirigirme a la habitación de Hange. Ella suele madrugar también. Quiero consultarle si vio, como yo, una mejora en el desempeño de Eren desde mi visita nocturna.

Así llegué adonde estoy. Detenido ante la puerta de Hange, escuchando sonidos que no esperaba escuchar. Primero pensé que podía tratarse de un sonido de dolor: quizás estuviera enferma o padeciera una constipación feroz. Pero ahora estoy bastante seguro de que es otra cosa. Me parece improbable o, más bien, absurdo. Esa cuatroojos tiene una obsesión importante con sus investigaciones, no me la imagino comprometiéndose con ningún otro tipo de actividad. Así que golpeo la puerta de todas maneras.

Hay más ruidos: sorpresa, murmullos. Reconozco la voz de una segunda persona, aunque no identifico de quién. Espero. Entonces entreabre la puerta, despeinada y con la camisa mal abrochada.

-¡Ah, Levi! Supuse que eras vos. ¿Podríamos hablar después? Ahora estoy ocupada. ¡Prometo pasar por tu cuarto cuando termine!

Sonríe con su sonrisa cotidiana pero esta no es una situación cotidiana. Resoplo con cierto disgusto.

-Más te vale bañarte antes de acercarte a mi cuarto. Te espero.

Mientras camino por los pasillos todavía oscuros reflexiono sobre lo que acaba de pasar. ¿Qué fue eso? ¿Desde cuándo Hange cae en estas debilidades? He visto más de una vez a mis subordinados acercarse a las casas de citas de los pueblos que cruzamos. Incluso vi hacerlo a las mujeres, sobre todo antes de una expedición peligrosa. Pero esos siempre fueron los primeros en morir. Los que no tenían control sobre sí mismos, los que no sabían poner prioridades. Los que se dejaban llevar por lo más bajo de sus emociones y necesidades físicas. Siempre consideré que los capitanes, el comandante, nosotros éramos distintos. ¿Erwin también desperdiciará su precioso tiempo en estas tonterías? Me siento ofendido: atrapado en un reglamento que solo yo mismo soy capaz de cumplir. Al final, soy el único que sobrevivirá a esta mierda.

Pienso en Eren y en que ayer, durante el entrenamiento, nuestras miradas se cruzaron durante un momento. Me ofreció entonces una sonrisa lastimera, como disculpándose, pero también como una complicidad: "vos y yo sabemos", parecía decirme, "que tengo debilidades, y me las disculpas, porque no hay cosa que no esté dispuesto a hacer por fortalecerme". Algo por el estilo. Y luego bajó los ojos y de ahí en más puso su esfuerzo en esquivarme.

Él cree que sus sentimientos son despreciables. Pero que son humanos y pueden perdonarse. Cree esto porque yo le indiqué que lo hiciera. Tengo una responsabilidad sobre sus ideas respecto de este tema.

¿Y qué tal si mis ideas estuvieran equivocadas...?

Hange interrumpe mis pensamientos abriendo mi puerta, que estaba sin llave.

-¡Ey, Levi! Perdón por lo de antes. Conociéndote, debe haber sido incómodo para vos.

Me cruzo de brazos.

-Una experiencia perturbadora. No sabía que tuvieras ese tipo de vicios.

De nuevo me da esa sonrisa despreocupada y levanta los hombros.

-Esa es una palabra fuerte. Yo diría que es un descargo, un pequeño espacio para descansar. Nuestro trabajo nos impide darle nuestro corazón a otro que al rey pero ¿qué hay de malo en por lo menos ofrecer nuestro abrazo a una persona que hace nuestras vidas más cálidas?

-¿Y quién hace tu vida más cálida? ¿No tendrás a un titán escondido en tu habitación, eh?

Se ríe con sincera alegría.

-¡Ya quisiera! -Se agarra el estómago por lo intensa que es la risa. -Hablando en serio, te lo voy a decir pero guardá el secreto con nosotros. No lo sabe ni Erwin y preferimos que siga de ese modo. Si algún día todo esto se termina haremos una fiesta de casamiento sorpresa o algo así, ¡será muy divertido! Podrías salirnos de testigo, ¿qué tal, uh?

-Sí, sí, lo que sea, pero ¿quién es?

Estoy ansioso. ¿Qué me preocupa? Entrecierro los ojos y la miro fijamente. En verdad, me interesa su respuesta.

-¡Mike!

Desconfío.

-Pero Mike está en la ciudad...

Me guiña un ojo.

-Shhh... no se lo digas a nadie, pero se escapó por unas horas solo para verme.

-Esto es poco creíble. ¿Desde cuándo...? Es decir ¿por qué...?

-Mmm creo que pronto cumpliremos 6 meses. Primero se interesó por mis investigaciones, ya sabes que a él también le gustaría saber más sobre los titanes, hablamos mucho de su capacidad para reconocer su olor. ¡Eso debe de haber sido lo que me enamoró ja ja! Y un día de pronto pasó y ya, permitimos que pasara. El porqué es que... bien, esta vida que elegimos es demasiado dura, Levi. Son puras responsabilidades, la rueda eterna de la muerte de los compañeros... tenemos derecho a aferrarnos a los pequeños placeres que nos quedan. Si no es ahora, ¿cuándo? Ni Mike ni yo podemos prometernos que estaremos vivos la próxima vez que nos encontremos. Lo menos que podemos hacer es compartir este afecto, mientras podamos. ¿No te parece razonable?

-No. -Respondo, serio, sin pensarlo.

-¿¡No!? ¿Qué acaso vos te conservás célibe para ser mejor soldado o una cosa así? ¿Qué ganaríamos Mike y yo prohibiéndonos esto?

Maldición. Realmente no sé qué contestar. Odio hablar de estas cosas. Pero hay una razón para que yo piense así. Tiene que haberla.

-Ese tipo de lazo afectivo o sexual o lo que sea te distrae de tu verdadero objetivo. Si queremos vencer a los titanes, es necesario dejar nuestra humanidad a un lado. No creo que tengan que prohibirse esto, creo que nunca deberían haber deseado tenerlo.

Hange hace una mueca de decepción. ¿Qué otra cosa esperaba de mí? Yo siempre he pensado así. Ella es la que cambió.

-Levi... después de tantos años... mirá, yo te considero mi amigo. Decime sinceramente, como amigo: ¿no te alegra verme feliz haciendo algo que no es el trabajo?

¿Qué clase de pregunta es esa...? Trato de mantener la compostura.

-¿Qué, herí tu susceptibilidad, cuatroojos? -Hay algo, no obstante, en su rostro, que me hace dudar y me obliga a cambiar el tono. –Bien, bien… Es porque también te considero una... amiga... que esto me preocupa. No quiero que te desconcentres en el combate. No quiero que alguna vez, por salvar a Mike, te arriesgues demás. No quiero que ninguno de los dos... no quiero que se mueran antes de lo necesario.

Repite entonces una molesta costumbre: me pone una mano en la cabeza, marcando nuestra diferencia de estatura. Sonríe de nuevo esa eterna sonrisa suya.

-¡Ja ja, así que era eso! No te preocupes, no tengo intenciones de morirme. Pero, mirá, si ocurriera... prefiero morirme salvando a Mike que solo morirme a secas. ¿Entendés? No llamaría a esto amor, es demasiado. Pero sí es un pequeño gusto al que tengo derecho. No quiero morirme sin haber experimentado esto. Bueno, ya es hora de desayunar, no sé de qué querías hablar pero tendrá que ser más tarde. Nos vemos abajo.

Y se dirige a la puerta pero a último momento se voltea.

-Y, Levi... No estás obligado a encontrar a alguien que te guste, pero si alguna vez lo encontraras, por favor, tené presente esta charla. Quizás valga la pena que te replantees tus prioridades.

Maldita cuatroojos. A veces creo que existís solo para perturbar mi tranquilidad. Ahora ni siquiera tengo deseos de desayunar. ¿Por qué ocurre todo esto ahora? Es un momento crucial en esta guerra: por primera vez tenemos la posibilidad de recuperar la muralla María… y entonces, justo entonces, experimento esta confusión. ¿Qué estoy diciendo? Ahh… yo no estoy confundido. Sé perfectamente lo que quiero. Lo sé desde esa noche. Pero también sé, con mucha claridad… que no hay tal cosa como un "derecho" que yo o él podamos tener.

En un mundo tan cruel nadie tiene derecho a nada. Acá solo gana el más fuerte. El que logra soportar. El que resiste.


Notas: Gracias infinitas por sus hermosos reviews y sus consejos y reflexiones! Sepan que me hago eco de sus palabras. Este capítulo fueron puras digresiones pero para el próximo prometo más interacción entre Levi y Eren :)

Lila.