Capítulo 2: Breve recorrido por la ruta 1.
Fue un error muy tonto ¿cómo pudo confundir esas tonalidades de rojo? Eran parecidas, pero no idénticas. Y si lo pensaba mejor tenía mucho más sentido que el profesor pidiera un Vulpix para estudios de las variantes regionales. Ni se diga que también olvidó que el paradero del renombrado profesor Oak estaba en Kanto. Se sentía tan avergonzada. No podía dejar de recriminarse mentalmente eso… y que además le diera una idea loca al profesor Kukui de llevar un Slugma a un volcán.
El grito de Ash la sacó de sus pensamientos. El joven se sacudía de un lado a otro tratando de quitarse de encima a un Grubbin. El Pokémon bicho tenía sus mandíbulas encajadas en el cuello de él. Preocupado por el bienestar de su entrenador, Pikachu terminó liberando una descarga eléctrica que golpeó a Ash. Sin embargo el Grubbin no aflojó su agarre. Incluso parecía feliz de recibir la electricidad. Lillie sacó de su mochila un repelente.
– ¡Quédate quieto y cierra tus ojos y boca! – Le ordenó.
Ash apretó sus dientes acatando la orden y ella se lo roció encima. El bicho finalmente soltó su agarre y apenas tocó piso escarbó en la tierra para desaparecer. Luego Lillie le ofreció a Ash un termo lleno de agua y una toalla desechable para que se limpiara los restos del repelente.
– ¿Cómo terminaste así de un momento a otro? – Le preguntó la rubia mientras examinaba el lugar de la mordida.
–Me pareció ver un Pokémon desconocido y me asomé a los arbustos – respondió Ash, un tanto apenado –. Si aguantó el ataque de Pikachu posiblemente es fuerte.
En ese momento Rotomdex se le acercó a ambos y en su pantalla proyectó la imagen del Pokémon.
Grubbin. El Pokémon larva. Con sus duras mandíbulas arranca la corteza de los árboles y sorbe la savia. Le encanta la electricidad y es habitual encontrarlo cerca de generadores y centrales eléctricas.
–Oh…
–Es más efectivo si recibe los ataques eléctricos directamente que por un medio conductor – Explicó Lillie terminando de aplicarle medicina a su cuello–. Por fortuna no te hizo nada grave.
– ¡Información actualizada! ¡Rotom! – dijo la enciclopedia parlante.
Habiendo superado el incidente, decidieron continuar con su recorrido por la ruta 1. El Rotomdex tenía una función de GPS que les permitía guiarse. La maleza de la zona era espesa, pero no podía decirse que llegaba a ser un bosque. En cuanto a topografía todo el terreno estaba inclinado y ellos avanzaban subiendo la pendiente. Ash quería poder recorrer el lugar para ver los Pokémon que la región ofrecía. Dicho entusiasmo impresionó a la chica. Él no se desmotivó por aquel ataque. Aunque seguirle el paso se estaba poniendo difícil. Sus energías no parecían acabarse. Lillie nunca descuidaba su estado físico, pero las capacidades de Ash eran abrumadoras. Casi como la energía de un niño. Estaba a punto de pedirle un descanso cuando escuchó un gruñido gastrointestinal.
–Uy… tengo hambre – dijo el chico.
Tomaron asiento en unas rocas en el lado norte de la ruta que daba hacia el mar y sacaron unos almuerzos empaquetados. Ash y Pikachu comieron a grandes bocados y con voracidad. Lillie no llevaba la mitad del suyo cuando ellos terminaron.
–Es rico, pero quisiera a alguien que pudiera cocinar – Pikachu asintió–. Dime Lillie ¿acaso quieres ser una investigadora o algo por el estilo?
La pregunta la tomó por sorpresa.
–No lo he decidido aún–respondió –. Hay muchos campos de investigación. Por el momento he estado estudiando conocimientos generales y he hecho prácticas.
–Suena impresionante.
– ¿Y qué hay de ti?
– ¡Yo quiero ser el mejor maestro Pokémon del mundo! Es mi sueño y para eso viajo.
– ¿Maestro Pokémon? Entonces aspiras a tener un alto nivel en las batallas.
– ¡Claro que sí!
Lillie apartó la vista del joven entrenador. Sabía que las batallas Pokémon eran eventos de día a día, pero no podía soportar el pensamiento de criaturas vivas hiriéndose mutuamente a orden de los humanos. Para ella era algo antinatural que los mismo Pokémon dejaran a un lado su instinto de conservación para batallar. Incluso hasta parecían felices cumpliendo los deseos de su entrenador. Era algo que Lillie no podía asimilar. Y si lo tomaba en consideración, esa era otra razón para no querer acompañar a Ash.
