CAPÍTULO 1
Danny soltó el libro sobre la mesa de su compañera con un bufido.
-De verdad, Kono. ¿Cómo podéis leer estas porquerías?
-No son porquerías- contestó la nativa hawaiana haciendo pucheros.
-"Una enorme mano pareció comprimirle el corazón, los pulmones y las entrañas, tanto que apenas podía respirar. Sólo era capaz de quedarse allí de pie y mirar con los ojos marrones muy abiertos mientras él se acercaba cada vez más, hasta que estuvieron frente a frente"
-Pues para parecerte una porquería, le has prestado mucha atención.
-En serio. No podréis encontrar al amor de vuestra vida si no dejáis de lado las absurdeces de las novelas románticas. El hombre perfecto no existe.
-Seguro que hay alguno por ahí. No queréis admitirlo porque pondría en peligro vuestra existencia como machos alfa. Pero existen.
-Estas escritoras, al igual que Disney, os hacen creer algo que no es posible. Si los hombres nos pasásemos la vida fantaseando con las mujeres perfectas, diríais que es una mamarrachada.
-A vosotros lo único que os interesa es que tengan grandes pechos.
-Eso es mentira. Es más, te digo una cosa, estoy convencido de que, si apareciese el hombre perfecto, no os iba a gustar.
-¿En serio? Pero si dices que el hombre perfecto no existe…
-Existe, pero no es la perfección que crees que quieres. Puedo fabricarte a un hombre de libro, pero, créeme, a ninguna de vosotras os gustará.
-¿"Fabricarlo"?
-Me has recitado y prestado tanta basura romántica de esa que lees, y Grace me ha vuelto tan loco con Blancanieves y con Cenicienta, que creo que sé un poco lo que buscáis: un hombre que os escuche, que os mime, que sepa bailar, que sepa cocinar, que os tenga en un pedestal, que os bese con pasión desmesurada y que os diga que no entiende la vida sin vosotras. Que no quiera quedar con sus amigos para ver el partido, prefiriendo ir a dar un romántico paseo por el parque con vosotras y que vayan a tomar cócteles con vuestras amigas y no se aburra con vuestras conversaciones sobre bolsos y zapatos.
-¿Seguro que no eres gay, Danny?
-¿Hasta qué punto estás seguro de eso que acabas de decir?- la voz de Catherine Rollins, a sus espaldas, hizo que tanto Danny como Kono se sobresaltasen.
Tras mucho buscar, el único trabajo que Daniel encontró fue en la revista SPARKLE. Revista de mujeres y para mujeres en la que, a decir verdad, se sentía bastante fuera de lugar pero cuyo horario le permitía conciliar a la perfección su vida privada con la laboral. Además de un buen periodista deportivo, Danny era un buen fotógrafo, y en seguida se había ganado un hueco preferente.
Se giró hacia su jefa sin articular palabra.
-Te decía- repitió ésta con fingida paciencia- si estás seguro de eso que afirmas de que puedes convertir a un hombre en el protagonista de una novela romántica.
-Creo que sí, que podría… Pero la esencia de lo que estaba diciendo no es esa, si no que al final eso no es lo que las mujeres busc…
-Hazlo.
-¿Cómo?
-Hazlo. Te doy la posibilidad de escribir tú mismo ese reportaje
-¿Qué?
-Consigue a un hombre y conviértelo en un galán de novela. Quedará conmigo en unas cuantas citas y veremos si lo logras. Mañana a primera hora, en la reunión en la que hablaremos de los contenidos del mes que viene, trataremos los pormenores.
Dicho esto, se alejó con el paso corto que su falda tubo le permitía mientras sus afilados tacones – stilettos, se llamaban, no se había pasado una tarde fotografiando zapatos para nada-, resonaban por el pasillo.
-Vale, ¿qué acaba de pasar aquí?
Kono aplaudía entusiasmada.
-¡Quiere que escribas un artículo! Es tu oportunidad de demostrar lo que vales.
-No quiero demostrar lo que valgo en una revista como esta… sin ofender. ¿Acaso crees que después de esto me van a llamar del TIMES diciendo "Hemos leído su artículo en el SPARKLE, y hemos decidido que es usted el idóneo para nuestra sección de economía"?
La joven se mordió el labio inferior, sopesando los hechos.
-Bueno, pero al menos romperás con los estereotipos que dicen que un hombre no puede escribir en una revista como esta.
Danny levantó las cejas.
-Un hombre no afeminado, quiero decir- susurró la muchacha-. Es importante contar con la colaboración de los hombres en estas revistas. Nos fuiste de gran ayuda en aquel otro artículo…
-A ver, es que chuparse el pelo no es muy sensual… al menos no para todos. Yo diría que es el paso previo a la tricofagia.
-A veces no sé de dónde sacas las palabras.
-Si leyeses literatura de verdad en vez de eso que lees…
-Déjame que yo me entere- Mary se sentó al estilo indio en el sofá mientras atacaba con gula su comida china a domicilio- ¿Tienes que buscar a un hombre y convertirlo en un príncipe azul para que salga con la Teniente Rollins?
La directora de la revista SPARKLE se había ganado el pseudónimo de Teniente por su frío carácter y severa actitud. Danny mantenía que si la mujer de verdad fuese teniente, seguramente fuese más simpática.
-Básicamente, sí.
-Y esto para convencerle de que no es lo que las mujeres buscamos- Danny asintió y Mary no pudo evitar soltar una carcajada. compadezco. ¿Por qué no lo haces tú?
-Primero: No puedo transformarme a mí mismo, ¿qué voy a hacer, darme con una vara cada vez que se me caigan las patatas fritas en la alfombra mientras veo un partido? Y Segundo: Me daría miedo tener una cita con esa mujer.
-Es guapa.
-¿Y? no le he visto sonreír ni una sola vez. Créeme, la mayoría de los hombres nos fijamos en otras cosas, además de en el físico.
-Ya, eso soléis decir.
-¿Tú también buscas al príncipe que va de incógnito a la ciudad y cae rendido ante los encantos de una joven maestra de escuela?
-Dile a Kono que deje de obligarte a leer esos libros suyos.
-¿Crees que no lo hago? ¡Me envía trozos al mail! Pero me viene bien, cuando Grace los lea ya sé qué clase de pájaros le van a meter en la cabeza.
-Unos muy bonitos y muy poco realistas. En fin. ¿Tienes ya a alguien para el experimento?
Danny removió sus noodles con los palillos y negó con la cabeza.
-Esperaba que me pasases el número de teléfono de alguno de tus ex. Serían los candidatos perfectos.
-Si quieres que el experimento se vaya al garete, sí. En cuanto les menciones eso de transformarlos en caballeros, te darán una paliza. Pero allá tu.
-¿Y dónde voy a encontrar a alguien?
-¿En serio desde que vives en Los Ángeles no has hecho amigos?
-Tenía los del trabajo anterior, pero están todos casados.
-¿Y fuera del trabajo?
-Solo me relaciono con madres de amigas de Grace. No he tenido mucho tiempo para socializar desde que Rachel y Stan murieron.
Mary se acercó a Danny y le besó en la mejilla. El hombre se había mudado a la puerta que estaba frente a la suya hacía un año y, por supuesto, se sintió en seguida atraída por el nuevo vecino. Era rubio, de ojos azules, buen cuerpo aunque algo bajito, amable, educado y adoraba a su hija hasta un punto que era casi inimaginable. Tras un par de intentos fallidos, tras los cuales se convenció de que un hombre así solo podía ser gay, se dio por vencida y fue entonces cuando Danny dejó de sentirse incómodo y la invitó a tomar un café. Desde ese día, se habían convertido en los mejores amigos.
-Ya se nos ocurrirá algo- dijo.
El rubio sonrió y, tras consultar su reloj, se incorporó.
-Dame la basura, voy a recoger a Grace de casa de Julie.
-Perfecto. ¿Venís luego?
-No, tengo que pensar en cómo haré para salir airoso de este lío… y tengo que revisar que Grace haya hecho todos los deberes, que a veces se le olvida acabarlos cuando cena en casa de sus amigas- añadió con una sonrisa benevolente.
-Ojalá mi padre hubiese sido como tú- dijo Mary.
-Seguro que te quería. A su manera.
-Bueno, ahora no lo sabré nunca.
