Cap2. Hannibal Jones

"Cuando los tambores hablan, las leyes callan" Cicerón

Albus Dumbledore caminaba en la tranquilidad de esa noche de Noviembre a las puertas de Hogwarts mientras la capa de su túnica plateada ondeaba detrás de él, tarareando una vieja canción ya olvidada y sin mucho sentido, a su lado iba Minerva McGonagall, un tanto intranquila, su rostro en un rictus de preocupación mientras recordaba los eventos de esa noche.

El patronus de un tigre había aparecido en la oficina del director mientras ambos discutían ciertos descubrimientos que había realizado Albus aquella tarde en el viejo orfanato en el que Voldemort había crecido, con otro nombre, claro está; las fauces del animal se abrieron para dejar salir una voz ronca y profunda. La sonrisa de Dumbledore se enarcó aún más al escuchar aquella voz, como quien escucha de un antiguo amigo que creía perdido. Aquella voz solicitaba una audiencia con el director, los eventos extraños no terminaron ahí, puesto que la hora de la audiencia era bastante particular, a las dos de la madrugada, ni más ni menos. Sin embargo Dumbledore no dejó un solo rastro de extrañeza tomar forma en su rostro, simplemente escribió una pequeña respuesta en un pergamino, y pidió a Foux que la entregara.

Cuando llegaron a las puertas con los cerdos alados, los esperaban un hombre de aspecto militar, con su uniforme pulcro, sus ojos azul profundos centellaron cuando se posaron en el director, su posición firme y pétrea, a sus manos un tanto arrugadas, aferrado un bastón de ébano bien pulido, su pelo caoba denotando algunas canas, en su pecho, del lado izquierdo muchas medallas y en sus chaleteras, cuatro estrellas, condecorándolo con su alto rango. A su izquierda un joven portando el mismo uniforme, sin tantas medallas y con dos estrellas plateadas en cada una de sus chaleteras, alto, de físico firme pero delgado, facciones finas enmarcadas por una gran sonrisa, ojos verdes centelleantes y pelo rubio. Albus sacó su varita y la apuntó directamente al oficial de más alto rango. A lo que el joven a su izquierda reaccionó impresionantemente, levantando su varita y colocándose frente a su general. Sus facciones contorsionándose ferozmente, distando mucho de esa sonrisa que portaba tan solo hace unos segundos.

-Atrás Bobby—resonó la voz de aquel hombre, que Minerva reconoció como la del mensajero patronus—esto solo es procedimiento—dijo con confianza el oficial.

El joven bajo su varita, y de manera inmediata obedeció la orden de su oficial al mando, para dar tres pasos atrás y colocarse en posición de descanso, Albus solo sonrió ante aquel despliegue veloz del joven, que no pasaba de los veinte años. Una vez más subió su varita e hizo la pregunta.

-¿Cuales fueron las últimas palabras que me dedicaste, en la enfermería, antes de partir de Budapest?—soltó la pregunta el director, sin perder el brillo en los ojos azules y la sonrisa ante su viejo amigo.

-Parece ser que mi destino es ir detrás de ti, limpiando tus desastres—dijo Hannibal Jones, mientras sonreía ampliamente a Dumbledore, Albus extendió sus brazos para envolver a aquel hombre fraternalmente en un abrazo, mientras que el otro solo extendió uno ya que el otro se apoyaba en su bastón.

-Supongo que éste joven es uno de tus bastardos—dijo Dumbledore, afirmando aquello en vez de preguntarlo.

-Así es, el Teniente Coronel Jacob Uliel—el aludido hizo una seña de reconocimiento y se puso en posición firme, inclinando su cabeza, el director lo estudió con mucho interés, fijando sus ojos azules en él, velando algo más—también es uno de los mejores oclumantes Dumbledore, no le podrás sacar nada de información, ésta probado bajo tortura—a lo anterior McGonagall contuvo su aliento, ¿pero qué clase de entrenamiento llevaban estos jóvenes? Dumbledore solo sonrió y afirmó con su cabeza.

-Llevemos ésta platica a mi despacho—continuó Dumbledore, haciendo ademán con su mano de dejarlos pasar.

Los dos viejos amigos se adelantaron mientras McGonagall y Bobby caminaban detrás de ellos.

El joven emitió un suspiro y volvió a colocar una sonrisa en su rostro mientras se maravillaba con el castillo—Jamás pensé que conocería Hogwarts—dijo el chico al aire, sonriendo aún más ampliamente, sin pensarlo el rictus serio de la profesora de transformaciones también cambió, esbozando una pequeña sonrisa en la comisura de sus labios.

El camino fue largo pero una vez en la oficina del Albus Dumbledore, la molestia de Minerva McGonagall hacía con los bastardos hacía ver pequeña a Troya ardiendo en llamas.

-El modus operandi de La Orden del Fénix NO-ES-ASI—dijo con finalidad la animaga, mientras sus labios se fijaban en una línea delgada y firme—nosotros no hacemos justicia por nuestra propia mano—soltó ella mientras lanzaba los brazos al aire en exasperación—seguramente usted como militar entiende lo que es la ley—dijo Minerva McGonagall

-Como militares que somos madame—soltó Bobby, aún con esa característica sonrisa en su rostro—entendemos la ley y la respetamos, sin embargo, nuestra investigación declara que no solo el estado de derecho aquí no existe, sino que están en una fase de ingobernabilidad, el ministerio esta corrupto, y sus leyes cada vez tienen más vacíos mediante los cuales los mortifagos se libran de la prisión fácilmente, sin mencionar que entendemos mejor la guerra que ustedes, con todo respeto madame—dijo Bobby mientras dejaba hablar a su general.

-En la guerra señora, es tu vida o la de tu contrincante así de simple, ustedes pelearan por sus ideales y eso me parece muy respetable, suena muy bello, eso de morir heroicamente, pero discúlpeme, yo he estado en la guerra, y eso de los ideales no tiene nada de poético, se nota que no sabe nada, permítame preguntarle, ¿ha usted matado a alguien? —McGonagall negó efusivamente con su cabeza, mientras sus ojos sacaban chispas del coraje— ¿ha visto usted ver la luz de la vida extinguirse de la mirada de alguien?—una vez más negó con la cabeza, ahora con su seño bien fruncido—pues déjeme decirle, yo he matado, yo he visto la luz extinguirse en la mirada de alguien y no tiene nada de poético, nada de heroico señora, la guerra es simplemente un negocio redituable, usted cree que Lord Voldemort—McGonagall no se inmutó con el nombre, mientras volteaba a ver a Albus por algo de apoyo en ésta descabellada discusión—vive en una choza, no señora, en estos momentos está en el Forte LeStrange o en la Mansión Malfoy, donde sus marionetas danzan a su son, y si usted cree por un segundo que no entendemos la guerra está usted muy equivocada, porque al parecer nosotros entendemos mejor la guerra que su supuesta "organización" que no tienen mas que el nombre organizado porque ésta llena de niños arrogantes, que jamás se han enfrentado a la pérdida hasta éste momento—en ese momento McGonagall se levantó hecha una furia y abofeteó al general Jones fuerte, mientras sus labios temblaban del coraje y levantaba su voz fuerte y clara para ser escuchada.

-Usted los llamará niños, pero esos niños han sido mis alumnos por 7 años, mis pupilos, no hable sobre ellos porque no conoce absolutamente nada, me oye bien, nada, son valientes hasta la medula—dijo orgullosa y levantando su barbilla altivamente—ahora me va a decir usted que sus soldados no son niños—levantó su mano apuntando a Bobby que estaba detrás del escritorio admirando al fénix del director—si él no pasa de veinte años, Albus no puedes permitir que sigan operando, se tienen que ir de aquí—dijo volteando a ver al director que permanecía a un lado de su pensadero escuchando la discusión— ésta no es su guerra caballero—soltó con un último bufido.

-Lo siento señora, nosotros tenemos ordenes y vamos a cumplirlas—dijo Jones, quien no se había inmutado en lo más mínimo por la cachetada de la profesora de transfiguraciones.

-Así que no se va a ir—soltó McGonagall a punto de quererse arrancar los pelos de raíz—son niños por merlín, no pedazos de carne... ¿Albus?—

-Minerva, ellos van a seguir actuando con o sin mi bendición, sin embargo, me queda claro que no piensan cambiar sus métodos—

-Sin ánimos de ofenderlo profesor Dumbledore—soltó Bobby aún admirando a Foux, volteando levemente a ver a los tres adultos—el punto es crear bajas en el flanco enemigo, así como el enemigo ha creado bajas en su flanco, según nuestras investigaciones en este momento cuenta con dos desaparecidos y un espía en su orden—dijo Bobby, bastante relajado, aún sonriendo.

-¿Espía?—soltó McGonagall ultrajada—ninguno de ellos se atrevería a traicionar nuestra confianza—soltó en un grito al joven.

-La información será revelada a su tiempo—dijo Hannibal Jones desde su silla, frente al escritorio Oxford del director—sabemos donde esta Benji Fenwick, Dorcas Medowes está muerto, encontramos su cuerpo, lo enviaremos por traslador para que ustedes lo entreguen a su familia—en ese momento tanto McGonagall como Dumbledore se sentaron con un sonido seco, dejando que la información penetrará en sus cabezas, el primero en romper el silencio fue el director, que ahora con una mirada gélida solo hizo una pregunta.

-¿Qué más sabes Hannibal?—soltó Albus Dumbledore, perdiendo todo rastro de jovialidad en su voz.

-Creí que me conocías Albus—dijo Hannibal mientras se levantaba imponiendo su altura—sabes perfectamente bien que no pienso revelarte más información de la necesaria, a no ser...—dejó en puntos suspensivos la frase.

-A no ser que te de algo a cambio—dijo sin más Dumbledore— ¿qué necesito para que confíes en mi?—dijo Albus Dumbledore, dándose cuenta que el que estaba frente a él no era su amigo, sino El Caníbal, el general de guerra cuyas estrategias habían logrado vencer a aquel mago tenebroso en Budapest y que sin duda calculaba cada movimiento, no era casualidad que hasta ahora lo hubiese contactado.

-Un juramento inquebrantable, aquí y ahora—dijo Jones con Finalidad, logrando que McGonagall se quedara sin aliento y abriera los ojos como platos—no me malinterpretes Dumbledore, eventualmente compartiremos toda nuestra información, pero necesito estar seguro que trabajaremos juntos, y no mantendrás tus cartas pegadas al pecho como en Budapest, manteniéndome en la ignorancia; eso le costó la vida a mi pelotón y no pienso permitir que suceda una vez más—Albus Dumbledore siempre se había arrepentido de aquello, como muchas otras cosas en su vida, así que asintió, estaba maniatado y si Benji había logrado conseguir la información que Dumbledore quería, bien valía la pena hacer un pacto con los bastardos.

-Muy bien, tus términos—dijo Dumbledore extendiendo su brazo para tomar con firmeza el antebrazo de Hannibal— ¿quién será el testigo?—en ese momento Bobby saco su varita y realizó el movimiento necesario atando a los dos hombres en esa promesa, un pactos entre bastardos y caballeros. Minerva McGonagall presenció toda la situación estupefacta, los términos del pacto eran muy específicos, ahora la Orden del Fénix trabajaría con los bastardos, se iba a desatar un pandemónium en la siguiente reunión.

...

Cuartel de la Orden del Fénix, día siguiente a la reunión con Hannibal Jones.

Todos estaban presentes en esa reunión, Abeforth y Albus Dumbledore, Alastor Moody, Frank y Alice Longbottom, la señora Figg, Caradoc Dearborn, Edgar Bones, Elphias Doge, Emmeline Vance, los gemelos Prewett, James y Lily Potter, Sirius Black, Marlene McKinon, Remus Lupin, Hagrid, Peter Pettigrew, Sturgis Padmore, Remus Lupin y había miembros faltantes, que estaban desaparecidos desde hacía ya dos semanas.

Albus Dumbledore, puso orden en la sala, y pidió que dejaran la mesa que se encontraba paralela a la ocupada, vacía, la mesa tenía seis sillas desocupadas, como si poseyera seis observantes invisibles—ha llegado a mis oídos que Dorcas Meadowes fue encontrado muerto a las afueras de Wiltshire, al parecer ya tenía más de una semana de fallecido—en éste punto tanto Lily como Alice se echaron a llorar en los hombros de sus respectivos esposos, mientras que Sirius abrazaba a Marlene, mientras él mismo trataba de recuperarse del impacto, los demás miembros mantuvieron un silencio sepulcral, mientras Albus seguía hablando—también ha llegado a mis oídos que Beni Fenwick está preso en la mansión Malfoy, por lo que pretendo realizar una labor de rescate hoy mismo al caer la noche, ésta misión es voluntaria desde luego, quién no desee ir ésta bien—continuó el director sin interrupción alguna, hasta que Sirius rompió el silencio.

-Yo voy—dijo sin más preámbulo, con sus ojos grises como el acero, que en ese momento lucían como la plata encendidos por su coraje. James le dedicó una mirada a Lily, y no hizo falta saber que ambos irían sin embargo James se puso de píe y levantó su voz.

-Nosotros también vamos—dijo el ojimiel sin más.

-Yo también iré—dijo Remus Lupin. En éste momento Peter, comenzó a arremolinarse en su asiento, sabía que sus amigos esperaban que él dijera lo mismo.

-Lo siento chicos, mi madre se encuentra muy enferma y ésta vez no puedo—dijo esperando que su traición no quedará al aire, ya que tenía que ir a informar a su amo de estos interesantes eventos. Los demás merodeadores asintieron mientras Remus le daba unas palmaditas en la espalda en señal de apoyo.

-Nosotros también iremos—soltaron al unísono los gemelos Pewrett. Marlene tomó un suspiro largo y pasmado y alzó su voz con la de sus amigos.

-Yo también voy—

En ese momento un estruendo parecido a aplausos sonaron en la sala, provenientes de las seis sillas frente a ellos, toda la orden volteó sus miradas, alzando sus varitas listos para el ataque de quien fuese que hubiera irrumpido en la reunión. En las sillas se materializaron uno por uno seis individuos, de derecha a izquierda.

La primera una chica, baja a comparación de la estatura promedio, con piel tocada por el sol, pelo largo, lacio color café oscuro, recogido en una coleta, ojos avellana, con un cuerpo voluptuoso y labios llenos en forma de beso, que en ese momento revestían una sonrisa socarrona, portaba una chaqueta de piel negra, blusa blanca lisa, pantalones de bolsillos militares y botas militares negras, su mandíbula se movía un poco mascando algo, y sus ojos estaban medio cubiertos por unos lentes de aviador, su voz cantarina con un fuerte asentó marcado inundó la sala.

—Soy la Coronel Rachel Ramírez, pero todos me dicen Bum bum, es un placer conocerlos—dijo esto mientras volteaba a ver a Remus Lupin y le guiñaba un ojo, sonriéndole descaradamente para después lanzarle un beso, a lo que el joven de veinte años se puso de colores impensables, aún con su varita en mano y apuntándola.

A su lado apareció un joven altísimo, de dos metros, y mucho músculo, cubierto por un uniforme no muy pulcro, él solo portaba una playera desmangada y sus pantalones militares, sin embargo sus pecas delataban su corta edad, su pelo castaño y ondulado caía libremente hasta sus hombros, sus ojos miel con una expresión juguetona repasaron la sala, con voz grave y lenta, se puso de píe para imponer aún más su presencia—Alférez, Léster McArthur, pero todos me llaman Rex—sonrió ante su auditorio una vez más mientras las varitas pasaban de Bum bum a él.

En una de las sillas de en medio se materializó un hombre en apariencia de edad avanzada, en su pelo caoba ya se pintaban algunas canas, de físico bien conservado, aforrándose a su bastón de ébano se puso de píe, posando sus ojos azul profundo, penetrando en algunos de los miembros de la orden puesto que bajaron sus varitas, su uniforme pulcro, y con gran porte y elegancia—General Hannibal Jones—en ese momento Alastor Moody abrió los ojos como platos y bajó su varita de inmediato, reconociendo el nombre, ahora podía conocer al hombre—todos me llamaban El Caníbal—dijo sin más preámbulo.

A la izquierda del General se materializo un joven portando el mismo uniforme, alto, de físico firme pero delgado, facciones finas enmarcadas por una gran sonrisa, ojos verdes centelleantes y pelo rubio, levantó sus manos en señal de paz y pronunció con voz clara—Teniente Coronel Jacob Uliel, a su servicio, no son necesarias las varitas todo les será explicado en un momento—dijo una vez más con esa sonrisa amable pintada en su rostro.

Las dos últimas personas se materializaron juntas, el primero un hombre alto, pero no tan alto como Rex, con músculos desarrollados y espalda ancha, portaba una chamarra de cuero, unos pantalones estilo militar negros y playera blanca lisa, con botas a juego; facciones felinas y sonrisa sardónica plantada en sus labios carnosos, sus ojos ámbar se fijaron directamente en Lily Potter, en ese momento James aferro su mano en la cintura de su esposa, mientras la voz rasposa y áspera del chico sonaba frente a ellos.

—Mayor Julian White, pero todos me dicen Hook—esto último se lo dijo directamente a Lily, quien se sonrojó involuntariamente por las atenciones del chico tan guapo—y ésta de aquí al lado—señalo con su pulgar a su lado izquierdo; una belleza arrebatadora los miraba de forma depredadora, sus ojos púrpura posándose en todos, con sus músculos flexionados lista para atacar.

Vestía un traje negro, de un material parecido al cuero, ciñéndose a cada curva de su cuerpo como una segunda piel, su melena larga y negra hasta la cintura y sus labios carnosos he inexpresivos, en ese momento Sirius Black solo pensó una cosa, estaba observando por vez primera a alguien tan bella como la naturaleza y con la misma capacidad de crueldad—es la Mayor Bárbara White, mejor conocida como Kitty, mi hermana gemela, y por si aún no queda claro quienes somos, nos presentaré, somos los bastardos—un silencio sepulcral inundó la sala, mientras algunos de los miembros se sentaban y otros los miraban lanzándoles dagas.

-Ahora que las presentaciones han sido hechas—dijo el General mientras se levantaba, y sus soldados daban tres pasos hacía atrás colocándose en posición de descanso—se les revelará el motivo de la reunión—hizo un ademán con su mano a Dumbledore para que iniciara con la información.

El director asintió con su cabeza en señal de agradecimiento, y pidió con un gesto a los miembros de la orden que tomarán asiento—Gracias General Jones, el General y sus soldados, fueron enviados aquí a finales de Septiembre del presente año, y se han infiltrado, ganando información de gran valor, la razón ya la explicarán ellos en unos momentos más, gracias a esa información obtenida han logrado prevenir cinco atentados, ellos nos dirán contra qué miembros de la orden, también han sido ellos quienes encontraron el cuerpo de Dorcas y quienes han conseguido los planos de la mansión Malfoy para la misión de hoy en la noche, sin mencionar que tienen el conocimiento necesario de los hechizos proteicos que rodean el terreno, por lo que será un poco más sencillo entrar y rescatar a nuestro camarada—dijo Dumbledore, mientras Alastor Moody se ponía en píe, para iniciar con el interrogatorio, ignorando las protestas de Dumbledore.

-¿En dónde yacen sus lealtades?—preguntó directamente al General.

-Nuestras lealtades yacen para nuestra nación, Los Estados Unidos de America, su gobierno, leyes y autoridades, así como nuestros oficiales al mando—contestó con tono militar.

-¿Porqué mutilan a los Mortifagos?— preguntó Gideon Pewrett.

-Coronel Ramírez—sonó la voz estruendosa de Hanibal Jones, a lo que Bum bum dio un paso al frente y con el mismo son militar respondió.

-Porque al momento de aceptar ésta misión, cada miembro de éste pelotón adquirió una deuda personal hacía con usted mi general—sonó la voz firme de la chica.

-¿Y cual es esa deuda Coronel?—prosiguió Hannibal Jones con su tono imperativo, mientras se paseaba frente a la mesa de la Orden del Fénix.

-Cada uno de sus soldados le debe cincuenta cabezas de Mortifagos, señor—

La voz de Lily Evans se alzo en la mesa—Pero si son seres humanos—dijo de manera ultrajada, intentando dejar ver la obviedad de aquella afirmación, mientras negaba con la cabeza viendo a chicos de su edad responder con tal frialdad.

-¿Pelotón?—dijo Hannibal Jones, una vez más.

-Los Mortifagos no tienen humanidad—respondieron al unísono cinco voces, retumbando en las paredes del lugar.

La Orden del Fénix miraba boquiabiertos el despliegue marcial frente a ellos, sin dar crédito a lo que escuchaban.

-¿Pero de que hablan?—soltó Sirius Black de manera altanera— ¿como saben sí no los han obligado a tomar ese camino? No me mal entiendan yo repudio a los Mortifagos, pero para eso hay leyes—dijo con esa acento aristocrático y arrogante que le era tan familiar.

-Eso suena barato viniendo de ti Black—soltó Hook, con un brillo macabro en los ojos, en ese momento tres de los cuatro merodeadores presentes se pusieron de inmediato en píe.

-¿Qué quieres decir con eso?—gritó James, consumido por su molestia— ¿de qué acusas a mi amigo?—soltó James Potter mientras de su cuello y frente saltaban venas.

-Nosotros tenemos principios a los cuales nos apegamos firmemente—dijo Remus Lupin casi en un rugido—no te atrevas a poner en tela de juicio la lealtad de ninguno de nosotros—

Todos los bastardos rieron, una risa sarcástica y cantarina inundó el lugar, mientras algunos miembros más de la Orden se ponían en pie—No me digas Lunático—soltó Kitty, que hasta ese momento había permanecido callada—suena hermoso ¿no?, eso de morir por ideales, ¿que saben de guerra ustedes, niños de escuela?, ¿saben algo de estrategia?, ¿espionaje?—soltó mientras que penetraba a Peter con su mirada.

-Silencio Kitty—soltó el General mientras la chica les volvía a sonreír con esa misma sonrisa sardónica de su hermano, Sirius quería borrarle esa sonrisa de la cara, nunca había sentido ganas de golpear a una mujer tanto como ese día.

-Nadie cuestiona tus lealtades Canuto—dijo Bobby de manera conciliadora sonriendo una vez más; tanto James como Sirius parecían olla de presión, Lily colocó sus manos en los hombros de Sirius y James para tratar de apaciguar un poco la situación, mientras que con sus ojos verdes, perdiendo todo brillo volteó a ver a Hook.

-Entonces explíquese Mayor White—dijo Lily mientras tomaba a James de una mano y pasaba otra mano por la melena negra de Sirius.

-Simple, suena barato viniendo de él, decir el hecho de que algunos Mortifagos podrían haber sido obligados a tomar esa decisión cuando él no le dio a su hermano el beneficio de la duda—el rostro de Sirius se puso blanco como la cera, mientras James y Remus al instante estaban al lado de su amigo—Régulus Black, fue asesinado por inferí a la orden de Voldemort, cuando él chico de no más de 17 años, descubrió los planes de Voldemort para hacerse inmortal, todo está en su diario, tenemos conocimiento de que Voldemort ha realizado a la fecha cinco horrocruxes con planes para hacer dos más—en ese momento Hook volteó a ver a Sirius y lo miró a los ojos—tu hermano, murió ahogado, recuperando uno de esos horrocruxes, el cual esta en nuestro poder, lo recuperamos utilizando la maldición imperius en el elfo domestico de tu familia, así como el diario de tu hermano... sus últimas palabras fueron "se que él no creería en mi", así que, ¿porqué tu sangre no merecía el beneficio de la duda Black?—soltó de manera venenosa y viperina Julian White, mientras Sirius se enterraba cada vez más en su silla, colocando sus manos en su rostro, tanto James como Remus estaban boquiabiertos, la Orden del Fénix en ese momento se unió a Sirius. Mientras él emitía algo parecido entre un rugido y un sollozo. Mientras no dejaba de decir: ¿Regi, porque?

-Suficiente Hook—dijo Bobby, mientras observaba la escena, apesadumbrado.

-¿Horrocruxes han dicho?—dijo Dumbledore, mostrando en su rostro por vez primera verdadera preocupación—así que cuando se vanagloria de su invencibilidad...—

-Así es, no está simplemente blufeando—dijo Hook con finalidad.

-¿Quién es el espía?—preguntó Albus Dumbledore, rompiendo el silencio para apesadumbrar aún más la atmosfera del lugar, toda la Orden del Fénix se miraba entre sí, mientras Peter trataba por todos los medios de buscar un escape, sin embargo antes de que pudiera blandir su varita, en un abrir y cerrar de ojos Kitty lo había noqueado con una patada.

Los merodeadores solo movían la cabeza de un lado a otro mientras veían como esos bastardos lo amarraban a la silla, poco a poco le descubrían el brazo izquierdo, ahí en su piel blanca estaba arremolinándose esa marca, esa maldita marca, entonces Sirius, James y Remus sintieron como el aire se escapaba de sus pulmones. Peter, ¿Pete? El chico que siempre tenía paciencia para escuchar a James y sus letanías sobre Evans, Peter, el chico que siempre le pedía ayuda a Remus con las tareas, Peter, el chico que Sirius tenía que defender constantemente de los bravucones, ¿ese mismo Peter?, no era posible, ellos eran merodeadores, todos para uno y uno para todos, como los mosqueteros, ¿recuerdas Pete? En ese momento los bastardos le administraron una poción, mientras Rex lo curaba con su varita para que despertara—Ahora si se te pasó la mano Kitty—dijo el chico mientras movía la cabeza y ella solo movía los hombros.

La voz de James salió primero en un murmullo— ¿Peter?—carraspeó un poco su garganta mientras intentaba mirarle la cara, pero el chico la tenía agachada— ¿Peter?—ahora la voz de James Potter salió en tono de suplica, mientras Lily solo ponía sus manos en sus labios y negaba con la cabeza.

Sirius lo veía con furia encendida y renovada, para él era simplemente demasiada información, simplemente fue mucho para digerir de un solo trago, sus manos temblaban, deteniéndose para no golpear a quien lo estaba tomando del brazo, el solo tenía conciencia periférica de que Marlene lo tomaba fuertemente de las manos, mientras Remus sostenía a una Lily Potter destrozada. La voz de James Potter ahora sonó en un estruendo parecido al relámpago.

— ¿Peter?, ¿Porqué?, ¿Tenías miedo Peter?, ¿No pudiste confiar en tus amigos Pettigrew?, ¿Fuiste a encontrar a alguien mas fuerte que te defendiera de los malos, no Pete?—soltó con despreció James Potter, si había algo que el Gryffindor no tolerará era la traición, su ira era comparable a la de un león en ese momento, los Merodeadores tenían algo en común, detestaban las artes oscuras, conforme fue pasando el tiempo, las experiencias, bromas y vivencias los fueron uniendo, fue por eso que Sirius se había convertido rápidamente en su mejor amigo, porque no importaba el hecho de que fuera un Black, compartían los mimos ideales, se suponía que todos lo hacían, en ese momento ya no le extrañaba que su animal interno fuera una rata, quería matarlo a golpes. Pero al parecer esto no estaba ni cerca de terminar.

-Quieres saber porque—la voz de Peter arrastraba las palabras de manera altanera, un tono al que los merodeadores no estaban acostumbrados—porque estaba harto de estar bajo su sombra, escuchar a todos decir que tan grander eras, o de Sirius, lo guapo e ingenioso que era, o de Remus su candidez o su inteligencia, les quería dar una lección, los quería humillar como ustedes me humillaron a mi por años Potter—soltó mientras una risa macabra inundaba la garganta de aquel que creían su amigo—y claro era la charada perfecta, porque ¿quién sospecharía del po-po-pobre Peter? ¿Del asustadizo Peter?, gracias a mi mataron a tus padres James—

James tomó aire como conteniendo la explosión que vendría en unos segundos, mientras Sirius en ese momento se paró y Remus caminó junto a él, ambos flanqueando a su amigo.

— ¿Y sabes qué más?, gracias a mi mataron a Amelia, si Edgar tu hermana, yo revele su ubicación—se seguía riendo de manera histérica, en ese momento Sirius cruzó la sala, y no le importó que estuviera maniatado, lo golpeó, y lo golpeó fuerte, la silla calló de lado, mientras se escuchaba un hueso romperse, probablemente su hombro, pero Sirius no estaba ni cerca de haber terminado, entonces con la misma fuerza levanto la silla y lo golpeó en el estomago, logrando que escupiera sangre, una vez mas, contra su cara, en ese momento Sirius veía rojo, toda razón quedó olvidada, siguió así por unos minutos, hasta que entre James y Remus lo detuvieron, para que James lo golpeara una vez más y se retirarán.

Los bastardos presenciaron aquella escena sin inmutarse, entonces fue Bobby quien se colocó frente a Peter, colocó ambos dedos pulgares en la frente de la rata y la invasión en la mente del animago comenzó.

—Veamos que tienes por aquí Peter, vendiste a los Potter, a Amelia Bones, a Dorcas Meadowes, también habías vendido a Remus Lupin en su próxima misión que iniciaba hoy, tenías planes para matar tu mismo a James, y violar a Lily Potter, interesante, vaya obsesión la tuya con ella Pettigrew—

James en ese momento quitó a Bobby y golpeó una vez más a Peter, mientras que su antiguo amigo reía a carcajadas.

—Disculpa Potter—Bobby lo quitó—así que Voldemort tiene su centro de operaciones en Pequeño Haggleton, vaya, vaya Pete, resultaste más útil de lo que pensamos, sin embargo hoy ya no podrás regresar a reportarte con tu amo—

En ese momento Peter subió su mirada y se encontró con unos ojos verdes gélidos, esos ojos habían perdido todo rastro de juego, y mientras Bobby se limpiaba sus manos de la sangre de Pettigrew, Bum bum y Rex le sostuvieron la cabeza, mientras que Bobby sacaba su varita, no dijo nada, simplemente blandió su varita, y en menos de cinco segundos la cabeza de Peter Pettigrew estaba en el suelo, sus ojos sin vida, y una expresión de sorpresa permanente en su rostro.

Lily Potter se desmayo de la impresión, James corrió al lado de su esposa para volverla en sí, mientras Remus se tiraba al suelo en sus rodillas y comenzaba a llorar, Gideon y Fabián ambos tomándolo de los hombros y dándole su entero apoyo, Sirius simplemente vio la cabeza en el suelo de quien era su amigo, dejando que las palabras de Kitty resonaran en su cabeza, es cierto, no sabían absolutamente nada de la guerra.

-Los hombres y mujeres que acudirán esta noche a la misión quedarán bajo mis ordenes directas—soltó el general como diciendo el clima, ó como quien habla de un buen vino—levántense, tenemos que estudiar un plan, el tiempo perdido aquí, es tiempo perdido para su camarada, así que andando—