Trucos de Salón
Cap. 2
-Esas cosas te matarán.
-Yo no te he pedido ningún diagnóstico tío.
Iroh se encogió de hombros, pero mantuvo un ojo cauteloso sobre su sobrino mientras el perturbado joven iba de un lado otro del callejón, que comenzaba a dejar una zanja a su paso y una nube de humo que se arrastraba detrás de él.
-Crecerá alquitrán en tus...- intentó de nuevo.
-Leyenda urbana- le cortó Zuko, arrojando la colilla de su cigarrillo en un charco.
-Oh no, es verdad- Iroh respondió astutamente -lo he visto yo mismo.
-La mitad de las cosas que dices te las has imaginado.
-¿Tu padre te dijo eso?- preguntó su tío con delicadeza.
-No me hables de él- gritó Zuko exasperado con los puños apretados. Iroh levantó las manos en un gesto conciliador.
-Oye, tú eres el que va como león enjaulado- dijo a la ligera, encogiéndose de hombros de nuevo.
-¡No!- gritó Zuko de nuevo, dejó escapar un gemido frustrado y se volvió bruscamente, corriendo una mano por su negro y alborotado cabello -Deja de jugar con mi cabeza, me está dando migraña.
-Probablemente, un efecto común cuando el alquitrán es inhalado- murmuró Iroh. Zuko se volvió hacia él, pero su tío se encogió de hombros de nuevo.
-Esto es una agonía- gruñó Zuko -Tengo prisa ¡maldita sea!, durante meses he estado fuera de todo, tengo que volver a los Dragones, no hay nada que hacer aquí.
-Podrías dejar de fumar- sugirió el anciano.
-¡Basta!... todo lo que sale de tu boca, son proverbios y más proverbios... ¡ni siquiera los entiendo!- Iroh rodó los ojos. No había ninguna razón en su sobrino cuando estaba de ese humor, por lo que sólo se apoyó contra la pared del callejón, cruzó las piernas sobre la caja que le servía de silla y cerró los ojos dispuesto a dormir una siesta. La sobrecargada farola rota comenzó a hacer un irritante zumbido. El anciano suspiró, molesto.
-¿Qué se supone que debo hacer?- dijo Zuko, y finalmente sonó como si estuviera enfriando.
-¿Puedo hablar?- pidió Iroh sabiamente, abriendo un ojo y dando a su sobrino una mirada dura.
-Sí- se quejó Zuko algo avergonzado.
-Lo que más deseas es volver con los Dragones y recuperar el respeto de tu padre -comenzó Iroh, cerrando los ojos otra vez -Un hombre hace lo que puede para conseguir lo que quiere. Pero un hombre sabio hace lo que puede dentro de lo razonable- Zuko gruñó de nuevo y se dejó caer en una caja a un lado de su tío.
-Eso fue muy poco útil, tío- refunfuñó.
-Encuentra una manera de recuperar su honor si crees de verdad que lo has perdido- dijo Iroh rotundamente.
-¿Mi honor?- repitió, mirándolo fijamente -¡Caray!, ¿de dónde vienes?, ¿la antigua China?.
-Oh, esa es buena- rió entre dientes Iroh -No he tenido una buena risa desde hace tiempo- Pero antes de que Zuko pudiera ofrecer una respuesta mordaz, un camión pasó rugiendo frente al callejón. Zuko se puso de pie y miró hacia allí.
-¿Viste eso, tío?- siseó -Ese camión estaba lleno de Riversiders.
-¿Cuántos?
-Tres.
-Pues yo no diría que el camión estaba lleno de ellos entonces, quizá a la mitad de su capacidad...
-¡Por el fuego tío!- espetó Zuko, rodeando al hombre más viejo y saliendo disparado tras el camión -Los muchachos de Coper siguen trabajando para mí ¿verdad?
-Sólo porque tu padre les dijo que mantuvieran un ojo en ti- señaló Iroh.
-Bueno, ve por ellos- dijo Zuko bruscamente -Vamos a seguir ese trasto directo a una de esas malditas entradas ocultas de la destilería del Sur.
-Maravilloso- suspiró Iroh, poniéndose de pie -Estoy contento de que la sociedad haya llegado tan lejos.
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-Hey, ¿nos escuchas?- preguntó Sokka, mirando hacia la parte posterior de la Ford, donde Aang yacía acurrucado junto a su perro.
-No- respondió Katara fría pero honestamente. Después de haber viajado tantas veces en la parte posterior de "Susan", podía asegurarlo -¿Tienes algo que decir?
-¿Te gusta?- le preguntó Sokka sin rodeos.
-¿Qué quieres decir?- respondió ella con calma, aunque internamente sintió que su corazón saltaba de golpe por alguna razón.
-¿Es por eso que lo trajiste con nosotros? ¿Estás enamorada de él?- Sokka continuó. Katara lo miró riendo un poco.
-Por favor Sokka, acabo de conocerlo.
-Oye yo no pretendo entender la mente femenina- espetó Sokka -Pero si es por eso que lo invitaste...
-Sokka nos ayudó con la entrega, no tiene a nadie o donde volver- dijo Katara pausadamente -Cuando lo veo, todo lo que hay es un joven encantador que podría echarnos una mano y que está dispuesto a hacerlo, tanto si lo crees como si no. De cualquier manera, él necesita un amigo- Sokka se quedó en silencio durante mucho tiempo.
-Siempre he pensado que confías en la gente demasiado rápido- murmuró.
-Siempre he pensado que a ti te lleva demasiado tiempo- respondió ella sonriendo.
-Así que sólo quieres ser su amiga.
-No- respondió Katara fácilmente. Su hermano miró bruscamente en su dirección -Quiero que seas su amigo también- Sokka suspiró.
-Katara...
-Sokka, ¿cuándo vas a aprender, que el crecer fuera de la destilería no significa que automáticamente eso te haga un mal tipo?- soltó Katara, ahora negándose a verlo.
-Cuando alguien me demuestre lo contrario- respondió Sokka oscuro.
-Bueno, date vuelta- dijo Katara bruscamente -Él está allí mismo- Sokka no se giró. Tenía las manos apretadas en el volante y frunció el ceño enojado, haciendo caso omiso de ella mientras se acercaban al puente sur. El camión rodaba sobre el río y Katara miró hacia atrás, la ciudad se perdía en el cielo que hoy amanecía gris. El camión salió de la carretera principal y tomó un camino cerca de la cuenca del río. El bosque era denso al frente y no pasó mucho tiempo antes de una cerca de alambre de buena altura apareciera en la distancia.
-¿Sigue durmiendo?- preguntó Sokka humilde.
-Sí- dijo Katara sin volverse.
-Ni siquiera miraste.
-Yo puedo decirlo, lo sé- Sokka le lanzó una mirada ceñuda pero no quiso profundizar el tema. Al acercarse a la entrada, Sokka saludó a los guardias y salió de la carretera. Un estrecho camino entre los árboles daba lugar a una de las pocas entradas ocultas repartidas por el terreno de la destilería.
-Yo no quiero que él sepa dónde quedan las entradas- se quejó Sokka.
-Está durmiendo- dijo Katara irritada. Sokka no le hizo caso, salió del camión para arrastrar de nuevo la sección de la cerca. La entrada estaba oculta entre los árboles y nadie la había encontrado y huir para contarlo.
-Mételo- gritó, señalando a través del agujero en la valla. Katara accedió y pasó al asiento del conductor entusiasmada. Sokka tomo nota de aquello. Ella simplemente sonrió, siguiendo por el camino y haciendo que Sokka tuviera que correr tras ella y saltar en la parte de carga con Aang.
-¿Podrías tener cuidado pies imprudentes?- gritó enojado, acabando sobre la cama del camión. Aang se quejó y se sentó.
-¿Por qué los gritos?- bostezó y se encontró con un contrariado Sokka -si tu estas aquí... ¿quién conduce?
-La loca maestra agua- refunfuñó Sokka. Aang miró hacia la cabina del camión. Katara parecía estar disfrutando enormemente mientras irrumpía con imprudencia a través del bosque. Aang sonrió y volvió su atención de nuevo hacia abajo, cruzando las manos detrás de la cabeza.
-Chica piloto- se rió. Sokka negó con la cabeza.
-Los conductores nunca deben ser mujeres... son un peligro-
-Llegamos- llamó Katara mientras el bosque terminaba abruptamente y los amontonados edificios de la destilería aparecían a la vista, asomados entre la niebla de la mañana junto a un río cercano. Los edificios eran de todas las formas y tamaños, y parecía haber sido construido en diferentes momentos. En el edificio más cercano había una fila de camiones estacionados en la pared. Katara estacionó a Susan junto a todos los demás y saltó fuera de la cabina con energía renovada. Aang estuvo detrás de ella en unos instantes con Appa pisándole los talones. Katara sonrió y tomó a Aang de la mano.
-Vamos, te mostraré el lugar- dijo. Él sonrió emocionado.
-Alto ahí- dijo Sokka con brusquedad, parándolos a ambos en seco -Él tiene que ser aceptado primero por papá- Katara lo miró fijamente.
-Sokka- comenzó poco a poco.
-A nadie se le permite entrar a la Destilería del Sur sin el permiso de papá- dijo Sokka antes de que pudiera continuar. Katara abrió la boca para protestar, pero descubrió que no tenía ningún argumento. Sokka sonrió triunfalmente -Sígueme- ordenó alegremente, dándole a Aang un golpecito mientras lo adelantaba. Los tres emprendieron su camino hacia varios edificios antes de entrar en uno de los más pequeños. Katara cerró la puerta detrás de ellos y se encontraron en un largo pasillo.
-¿Cuál es el problema?- preguntó Aang en voz baja mientras él y Katara seguían varios metros detrás de Sokka. Katara parecía mucho menos tranquila.
-Bueno, tu saldrás airoso de esto con bastante facilidad si consigues encontrarlo en su lado bueno- dijo a toda prisa, manteniendo su voz lo suficientemente baja de modo que sólo podía oírla Aang -Mantén contacto visual con él o creerá que eres sospechoso. Yo no sé exactamente lo que eso significa, pero nunca ha sido bueno antes, así que... no sé tú… Um... no digas nada a menos que te haga una pregunta, o hace una pausa por un tiempo y te da ese aspecto que significa que está esperando que digas algo. En ese caso, es mejor que hables rápido o creerá que eres estúpido. Eso nunca es... nada bueno. No le gusta la gente tonta.
-Yo no creo que a nadie le guste- respondió Aang a la ligera.
-Aang- Katara suspiró algo frustrada.
-Katara, no te inquietes a ti misma- se rió un poco Aang -Me estás poniendo nervioso.
-Estás a punto de conocer a Hakoda- dijo Katara con firmeza -Te das cuenta de eso, ¿no?
-No te preocupes, Cara de muñeca- respondió él fácilmente -Me llevo bien con los padres- Katara se detuvo por un momento, tratando de averiguar lo que él acababa de decir.
-Espera... ¿qué?- empezó, pero luego se dio cuenta de lo que quería decir -Oye, ¡no es por eso que estás aquí idiota!- Aang se rió y aceleró el paso mientras ella corría para ponerse al día con él. No se dieron cuenta que se habían quedado solos en el pasillo. Aang se detuvo a la derecha de Sokka. Cuando lo alcanzó, Katara se echó a reír en señal de triunfo y le golpeo en el brazo. Sokka se aclaró la garganta y ambos levantaron la vista. El bar estaba completamente en silencio, aunque sólo había unas diez personas en él. Varios estaban sentados alrededor de una de las pocas mesas de juego dentro de la sala. Este bar era sólo para los Riversiders, por lo que no tenía qué ser muy grande.
El aire estaba lleno de humo y olor a cigarrillos. El bar estaba completamente equipado en el lado derecho de la sala, donde se hallaba el resto de los ocupantes. Uno de ellos era Hakoda, quién estaba recostado contra la barra y daba a su hija una mirada severa. Todos los ojos del bar estaban clavados en ellos.
-Oh- dijo Katara en voz baja.
-Ups- murmuró Aang.
-Hola, niños- dijo Hakoda lentamente -¿Y quién podrá ser usted?- Sokka puso los ojos en blanco y se apartó.
-Ella lo hizo- dijo acusadoramente, apuntando a Katara. Ella empujó a su hermano cuando pasó por delante y se sentó junto a su padre, arrastrando a Aang consigo y reteniéndolo a su lado.
-Papá, él es Aang- dijo -Lo he invitado aquí.
-No- dijo Hakoda inmediatamente.
-¿Qué?- preguntó Katara con voz apagada.
-Tienes sólo diecisiete años- respondió Hakoda encogiéndose de hombros -Eres demasiado joven para esto- Aang se paró un poco más recto, con una sonrisa tirando en su rostro. Katara se sonrojó mortificada.
-No, no, papá- se quejó -No es por eso que... no estamos... ¡ay Por Dios!- Ella sacudió la cabeza -Él es un As, papá- Hakoda pareció genuinamente sorprendido, aunque sólo fuera por un momento. Y de pronto, estaba mirando a Aang con mayor interés.
-¿De dónde?- dijo simplemente.
-As de Espadas- respondió Aang, Hakoda asintió con la cabeza.
-Yo era amigo de Gyatso.
-Ya lo sé... Creo que usted vino alguna vez- Hakoda frunció el ceño. Pero luego pareció recordar, porque en realidad sonrió un poco.
-Oh sí, eres el muchacho de Gyatso- dijo -algún tipo de prodigio de maestro aire, si no mal recuerdo.
-Ese soy yo- dijo Aang sonriendo.
-Bueno... ¡mierda me alegra ver que sobrevivieron!- Hakoda se puso de pie y palmeó a Aang en el hombro. Katara suspiró aliviada pero fue demasiado evidente. Su padre se volvió hacia ella -Lo apruebo- Aang sonrió de nuevo y Katara hundió la cara entre las manos.
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-Entonces... ¿cómo sobreviviste Aang?- Katara, Sokka y Aang miraban a Hakoda. Él los había llevado a un restaurante en el borde de la ciudad para el desayuno. El sur y el norte eran las zonas más alejadas de la ciudad y tendían a ser terreno neutral. Estaba cerca del territorio Riversider, los dragones no había llegado allí todavía.
-Bueno... cuando Gyatso se enteró del ataque, me dijo que ocultará- dijo Aang ausente, tratando con todas sus fuerzas de sonar como si no le importara -Le dije que no pero antes de poder hacer nada, todo se quedó oscuro… me noqueó supongo. Cuando me desperté, estaba en el sótano oculto bajo el quiosco de música. Subí al club... pero todos se habían ido.
Hizo una pausa en el momento en que Katara tomó su mano bajo la mesa. Ella no lo miraba, estaba en silencio comiendo su pan tostado, por lo que él continuó -Um... algunos de los dragones ya habían saqueado el lugar y recogieron los... cuerpos...- Ella le apretó la mano con más fuerza pero el gesto no dejaba de ser dulce -Aun así la bodega oculta, ya había sido abastecida con alimentos y cosas, así que sólo- su mano estaba distrayéndolo mucho -me quede ahí... hasta que Katara y Sokka me encontraron.
-¿Estuviste allí solo durante un año?- preguntó Hakoda preocupado, a Katara no le sorprendió que para su padre pudiera ser tan fácil hablar de cosas como esta. Había sido así desde hace tanto, cerca de seis años cuando... Aang se aclaró la garganta. Katara lo miró expectante pero él no la miraba, luego se dio cuenta de que seguía apretando su mano y la soltó rápidamente, sonrojándose y devolviendo su atención al plato.
-Pues sí- respondió Aang rápidamente -no me quedaba más que sobrevivir.
-Es comprensible- consintió Hakoda -Bien, sabes que eres bienvenido en mi casa.
Katara y Sokka miraron hacia él, Sokka no parecía completamente convencido, pero él nunca discutiría con su padre. Katara sonrió y atacó con renovado entusiasmo sus huevos revueltos.
-Gracias, Hakoda- dijo Aang, levantándose de la mesa para estrecharle la mano -Se los agradezco de verdad, pero no quisiera ser una carga- Desde el rabillo del ojo alcanzó a notar como la chica le lanzaba una mirada furibunda, pero aparentemente, confiaba en que su padre no recibiría un no como respuesta.
-Bueno, a mi hija pareces agradarle- dijo Hakoda simplemente -Y mi hijo no ha protestado demasiado.
-Pero, papá- exclamó Sokka -Podría ser un espía- Hakoda dio a su hijo una larga mirada.
-¿Un espía con tatuajes de maestro aire?- preguntó cogiendo la mano de Aang y colocándola bajo la nariz de Sokka dejando al descubierto una flecha en la parte posterior de su mano.
-Parece que gustan de las manos en esta familia- murmuró Aang y vio como la chica tomaba un trago de su jugo de naranja para ahogar la risa, él sonrió, aparentemente satisfecho.
-Sólo las tuyas- respondió Katara ligeramente después de un momento. Aang se echó a reír y ella sonrió con ganas.
-¿Apruebas también estas tonterías?- preguntó debidamente pero empujando la mano de Aang lejos de su rostro.
-Son niños Sokka- dijo Hakoda, recostado en su asiento y tomando un trago de su café -Ellos están coqueteando un poco, ¿y eso qué?... Pensé que la sobreprotección debía ser mi papel.
-Tú me dijiste que debía protegerla- espetó Sokka. Hakoda lo pensó por un segundo.
-Y yo estaba en lo cierto. Protege tu hermana- dijo, partiendo su tortilla. Sokka suspiró e hizo lo mismo.
-Sabes Aang- dijo Hakoda después de varios momentos de silencio -Gyatso me dijo algo de lo que yo no sé si eres consciente... algo respecto a ti- Aang lo miró dubitativo.
-¿Qué?- preguntó cortésmente.
-No es algo que pueda tomarse a la ligera- respondió Hakoda muy serio -No quiero decirte a menos pienses que estás listo. Esto podría cambiar su vida- Aang sonrió.
-No podría ser un gran cambio a estas alturas- dijo con franqueza.
-Bueno chico, no sé cómo plantear esto, así que sólo voy a decirlo... todo indica que tu eres el Avatar.
Tres pares de ojos se fijaron en Hakoda.
-¿Qué?- terció Aang con voz inexpresiva.
-Papá por favor- resopló Sokka -eso es un mito, una historia contada a los niños pequeños para que dejen de llorar.
-Eso es todo lo que yo sé también- admitió Aang.
-Siempre me gustó esa historia- dijo Katara sonriendo.
-No es sólo una historia- dijo Hakoda, echándose hacia atrás de nuevo -Yo solía pensar que lo era hasta que conocí a Gyatso... El Avatar solía ser una fuerza poderosa. Prevenía guerras, fundó colonias, salvó al mundo... pero en algún momento a lo largo de la línea un Avatar murió y el otro nunca fue encontrado. La gente pensó que el espíritu había muerto y el ciclo estaba roto.
-¿Espíritus papá?- preguntó Sokka incrédulo -No existen los espíritus.
-Por supuesto que los hay- intervino su hermana -¿Dónde crees que viene el control de elementos?
-De cualquier modo- dijo Hakoda elevando la voz -el espíritu no murió... lo perdimos de vista por un tiempo. Y de acuerdo con Gyatso, tú eres la nueva rencarnación- Aang se le quedó mirando patidifuso.
-Escucha- dijo lentamente -¿Alguna vez has conocido a alguien por primera vez, pero sientes como si los conocieras de antes?- preguntó Hakoda misteriosamente -¿Alguna vez te sentiste mucho mayor?... ¿O sentiste como si el aire control fuera sólo el principio?- Aang no respondió. Katara y Sokka lo miraron, pero el joven miraba ausente por la ventana. Parecía recordar algo pues en momentos palidecía, la chica sólo pudo llegar a una conclusión, misma que en fondo creía verdadera.
-¿Cómo puede ser posible que Gyatso lo supiera?- preguntó lentamente -Quiero decir... si el Avatar estuvo perdido por un par de cientos de años...
-Varios cientos- corrigió Hakoda, pero Katara no sentía la necesidad de continuar -No sé exactamente cómo se enteró Gyatso, pero me gustaría creer todo lo que el hombre me dijo, él y los sabios de su gente parecían haber confirmado todo esto y estaban a punto de darlo a conocer al resto del mundo.
-Oh, eso sí que suena convincente- murmuró Sokka. Hakoda meneó la cabeza.
-Voy a... mm... Necesito tiempo para pensar en esto- dijo Aang suavemente después de unos momentos.
-De acuerdo- asintió Hakoda, dejando unos cuantos billetes sobre la mesa -Vamos a regresar- Aang siguió a la familia en silencio pero no podía dejar de pensar en lo que acababa de revelarle Hakoda o en los muchos detalles que antes le parecían tan irrelevantes.
