Capítulo I: Al acecho
Había pasado una semana desde que Zelda y Link se conocían, y desde que ella se había instalado en su casa.
Ninguno de los dos recordaba que cuando eran niños solían jugar juntos. Quizá se les olvidaría por asuntos diversos. Uno de ellos era que eran muy pequeños para recordar. Link había perdido a su padre. Zelda se había vuelto sumamente estudiosa. Los padres de Zelda también eran ocupados hombres de negocios. Los padres de Link, ni se diga. Y por supuesto, como antes mencionaba su madre, cuando el padre de Link había fallecido, se distanciaron un poco las familias.
En fin…
La campana de la escuela estaba sonando con fuerza, para anunciar que las clases ya habían comenzado. Zelda y Link habían llegado juntos, caminando desde su hogar, que no quedaba muy lejos. Iban conversando amenamente.
-Bueno, nos vemos más tarde – Dijo Link dejando a Zelda en su clase. Zelda le dijo un pequeño "Nos vemos" mientras sonrió un poquito.
Los de su clase, se le habían quedado mirando con un poco de extrañeza. Link no le había hablado como si fuera un bote de basura, con ese gesto de desagrado. No y no. Simplemente parecía que su compañía le agradaba mucho. Link no solía sonreír tanto, mucho menos con las chicas.
En cuanto vieron aquello, se acercaron a Zelda a preguntar. Todas las chicas estaban envidiosas de ella, ¿Qué había hecho para lograr el milagro?
Zelda les miro con algo de fastidio. Suspiró hondo y dijo:
-Dejen de molestarme – Comento directa y fría hacia esas chicas molestas – Si quieren hablarle, deberían ir directamente con él.
Malon, una chica pelirroja se acercó hacia Zelda y golpeó su escritorio, pero la rubia ni se inmuto.
-Te crees muy listilla, ¿no? – Acercó peligrosamente su rostro contra el de Zelda.
-En realidad lo soy, ahora, déjame en paz – Dijo Zelda sacando sus útiles escolares.
-¿En serio crees que es tan fácil, princesa? – Arrojó sus cosas hacía el suelo, mientras las demás chicas comenzaban a brincar sobre ellas, a pisarlas sin algún arrepentimiento.
-¡Y-Y-Ya basta! – Gritó una pequeña voz, proveniente de una chica igual pelirroja, pero aún más intenso el carmín de su cabello, largo hasta la espalda, lacio y bien cepillado, al punto en que se veía totalmente liso. Sus ojos eran color amarillo y tenía unas facciones muy finas, su piel era extremadamente pálida, y sus labios rojos naturalmente. Además era bastante bajita. Su nombre era…
-Mipha, Mipha… querida. A ti ya te dejamos en paz, porque Link te dejó a un lado, como una simple viruta de lápiz, así que no te metas en los asuntos de los demás, a menos que desees volver a lo mismo… – Expresó con una sonrisa malévola.
La muchacha guardó silencio por un momento, pero espabilo y encaró a Malon – ¡Ella no te ha hecho anda, déjala! – ¡PLAFF! –Una bofetada le fue soltada en el rostro, Mipha comenzó a llorar un poco.
Zelda se levantó de su asiento y se encamino hasta llegar con Mipha y mirarle – Mipha… no tienes que dar la cara por mí – Comentó Zelda con una mirada simple, sin alguna emoción reflejada en el rostro – Yo estaré bien – Una vez dicho esto, se levantó de su asiento y le miro furtivamente a Malon – Te vas a arrepentir – Salió directamente, tomando la mano de Mipha y llevándola hacia la sala de profesores al ver que nadie llegaba, y luego entró con mucha rabia hasta donde estaba su tutora.
-¿Nohansen, River? ¿Por qué están fuera de su aula? – Preguntó al verlas frente a su puerta, una casi llorando, la otra con una mirada enojada.
-Verá, Malon y sus amigas hicieron…
La puerta del aula se abrió con gran fuerza, la tutora Urbosa, una Gerudo bastante elegante y alta, había entrado por la puerta hecha una furia. Se llevó de repente a Malon y a las dos chicas que también las habían molestado hasta el subdirector.
-Misión completa – Expresó Zelda con una sonrisa en el rostro – Espero que le den un buen escarmiento.
Mipha miro con ojos brillosos a Zelda y de repente se puso a llorar. Algunos de sus compañeros se le acercaron a consolarla. Otra chica, cerca de ahí se acercó a Zelda.
-No le temes a nada, mujer – Dijo con una cara divertida – Eres muy atrevida.
-No me considero atrevida – Le miro a los ojos, sus profundos ojos violetas y cabello corto albino – ¿Qué quieres?
Esta se echó a reír estruendosamente – No es nada, pero sinceramente me parece muy gracioso que no le temas a esa bruja, sabes que regresara ¿no?
-Aquí la espero – comentó Zelda suspirando cansada – Entonces, ¿podrías dejarme un poco tranquila?
-Claro, claro, princesa – Dijo ella y se regresó a su lugar para platicar con otras chicas.
-A veces Cia puede ser un tanto boquifloja… es mejor no decir nada en su presencia – Comentó Zelda para sus adentros – Si se enteran de que vivimos juntos… bueno, no quiero ni pensar en todos los problemas que me van a traer. Por otro lado ¿Qué les importa si es así? No me va a pasar nada a sabiendas de mi situación, de la cual están pendientes los profesores, así que…
Al rato, Urbosa regresó en ausencia de Malon. Al parecer se había retirado a su casa por llamado de su padre, y lo violenta que se había puesto mientras estaba en la dirección, "argumentando" su inocencia.
Las clases pasaron de largo, hasta la hora del almuerzo. Link se postro a lado de la puerta del salón de Zelda, y le espero. Aunque no estaba totalmente sólo. A su lado estaba la chica de antes, Mipha, quien estaba mirándole con extrañeza, al menos para él.
-¿Qué miras? – preguntó Link con firmeza, Mipha se asustó un poco.
-L-La puerta – Contesto honesta pero tartamudamente.
Cuando Zelda salió, ambos se acercaron hasta ella y le tomaron una mano, Mipha la derecha y Link la izquierda. Se miraron un instante con una sonrisa nerviosa y luego Link, con una miríada asesina le dijo.
-Piérdete – Refunfuño como un lobo sarnoso y siguió mirándole con desagrado.
Zelda se zafó del agarre de antes, obviamente de Link por aquella grosería hacia Mipha, quien no le estaba haciendo nada malo – ¿Qué necesitas, Mipha? – Preguntó Zelda ignorando la completa presencia de Link.
-No, bueno… yo – Jugó con sus manos tiernamente – Bueno, quería invitarte algo de almorzar, para agradecerte que me hayas salvado – Zelda suspiró y miro a Link.
-Tal vez sería buena idea, pero ayer hice comida para mi almuerzo… así que quizá puedas acompañarnos – Dijo Zelda refiriéndose a Link. Al cual miro con un poco de molestia.
Mipha se sonrojo, supuso una escena que no era. Imaginando que Zelda y Link comían, y se daban de comer gustosamente en algún lugar del colegió.
-C-Creo que paso. Tal vez mañana pueda invitarte algo, o saliendo de la escuela.
-Me agrada la segunda idea – Sonrió la rubia con alegría – Entonces tomemos algo después de la escuela.
-Pero Zel –Antes de terminar, miro a Link fulminante y dio a entender que era mejor no decir nada.
-Bueno, nosotros vamos arriba – Expresó con jovialidad la rubia, haciendo Link le siguiera, despidiéndose de Mipha con una sonrisa y posteriormente postrando una mirada no muy contenta hacia Link, que iba a su lado. Fueron rumbo a la azotea de su edificio, donde comúnmente podrían subir a almorzar. Al menos ahí iba con frecuencia Zelda.
Cuando llegaron, esa ala de la azotea estaba completamente aislada del mundo que llamaba instituto.
-¿No crees que te pasaste con Mipha? Antes ya la habías rechazado de manera tan… bueno, a tu manera – Expresó entre muecas de desagrado.
-Ella se lo busco. Es tan inocente a la vista, pero yo no me trago esas mentiras – Expresó Link con una molesta mirada hacia abajo, el patio donde había mucha gente.
-No creo que ella lo haga con esa intención. Tiene una mirada inocente por naturaleza. Es tímida y tiene algunos cuantos amigos, pocos diría yo. Es dulce y amable, así que dudo mucho que lo haga con la intención estúpida de otras chicas – Confiesa la rubia con un pequeño suspiro – Me siento mal por ella. La gente le deja de hablar por la rivalidad que tiene con Malon. Después de todo fue la única chica que se atrevió a darte un regalo el día de tu cumpleaños.
Link se sorprendió, mirando a Zelda extrañado – ¿Sabías de eso? Me fastidio que supiera, todas las chicas estuvieron fastidiándome ese día.
-Lo sabía, y ella sabía esa fecha por que te conoce desde el jardín de infancia, o eso escuche. Sólo que al parecer borraste toda su existencia de tu mente. Que descortés – Cuando ella termina de decir eso se pone a masticar un bocado de la comida – Fue cuando pensé que eras una mala persona y temía cruzar mi camino o el mismo aire contigo, pero eres más dócil que un cachorro enfadado, sólo ladras.
Link miro a Zelda con bastante sonrojo. Realmente no mentían los rumores sobre su forma de ser. Era bastante franca, al punto en que lastimaba. Pero tenía razón. Apenas si se había acordado de esa chica en su infancia. Tal vez por qué no le prestaba tanta atención a aquello. Siempre fue muy sonriente y le gustaba hacer amigos, aunque a veces olvidara sus nombres.
Hubo un largo silencio, entre mordida y mordida de los bocados, fue el único ruido en presentarse sobre aquel tranquilo lugar.
Cuando Zelda termino de comer su pequeña ración, se limpió alrededor de la boca y se quedó estática observando el cielo, con toda tranquilidad. Luego aclaro su garganta y hablo:
-En mi simple opinión, deberías pedir disculpas. Si quieres ven conmigo hoy después del colegio, al menos podrías invitarle algo. Nunca le agradeciste aquel regalo, y encima, lo tiraste.
El muchacho se rasca la nuca y suspira hondo – Tal vez tienes razón. Aunque si te soy sincero, no confió en casi nadie.
Zelda le observó el rostro, lucia bastante decepcionado, sus ojos lo delataban, entonces una pregunta rondo por su mente, y salió de sus labios – ¿Por qué confías en mí? – Link alzo la mirada con rapidez, sus mejillas se miraban rojas ahora y el calor subía a su rostro – Bueno, pregunto esto porque parece que yo no soy ningún problema.
-Yo – Paro un momento y coloco una de sus manos en su boca, avergonzado – En realidad, creo que… yo…
El timbre de la campana había sonado. Zelda se levantó del asiento sin decir una sola palabra. Link le siguió de cerca, él también había terminado su almuerzo.
Cuando iban caminando, Link se acercó más a la rubia. Tomó su mano con delicadeza y Zelda reaccionó ante esto – Gracias por la comida… generalmente habría ido a la cafetería por algún sándwich y una bebida, pero… hoy fue bastante rico lo que comí y el ambiente fue agradable.
Una sonrisa sincera salió del rostro de Link, mientras el aire le pegaba ligeramente. Esa atmosfera fue nueva para Zelda.
Ambos, parados uno frente al otro, mirándose a los ojos. Él mostrando una sonrisa ligera, pero bastante coqueta y dulce, y ella expandiendo cada vez más las pupilas de sus ojos. Por un instante, Link miro un pequeño rubor en aquella pálida tez. Entonces, tal como aquella muchacha de hermoso rostro, sus pupilas también se dilataron.
Zelda sintió que el corazón le había ladito un poco y de inmediato frunció el ceño para dirigirse a la salida a toda prisa. Seguida por Link, que no entendía que estaba ocurriendo.
Algo en ese sentimiento no le gustaba. Era raro… era extraño y no tenía explicación a través de la experiencia, era como si sintiera algo revolviéndose en su estómago, como aquel altibajo de las montañas rusas. Sus mejillas ardían y estaba nerviosa, no le gustaba estarlo porque sudaba de más. Ni siquiera estaba pensando con claridad o sentido común ¿Qué le encontraba de atractivo a Link? Era grosero, algo presuntuoso, era demasiado tragón y encima, desconfiado de todo mundo como un animal sarnoso. Pero en ese instante, y tan sólo en ese instante le había encontrado tierno, agradable, dulce y atractivo…
Negó con la cabeza de forma brusca y se tranquilizó de repente.
Regresando a su clase, estaría apartada de él… pero después de esta, volvería a encontrarse con Link…
Nada de pensar tonterías, Zelda… Link es un tipo descuidado que no merece tu atención.
Suspiro hondo, dejando a lado aquello para concentrarse el resto del día. Al menos, una parte de este lo pasaría también con Mipha, no estaría sola con Link.
Continuara…
