Lo Irresistible

Capítulo 2: Bilbo Bolsón

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Disclaimer: Todo el argumento, la mitología, el universo y la concepción de la Tierra Media como la conocemos pertenece a J. R. R. Tolkien; sin embargo, este fanfiction está basado en la ilustración que realizó el director Peter Jackson en sus versiones cinematográficas, por lo que también le atribuyo derechos a él y a Warner Bros, New Line Cinema y MGM. Nada será utilizado con fines de lucro.

Advertencia: En esta historia existe contenido homoerótico/slash; por lo que si eres una persona sensible a estos temas, te suplico abstenerte de leer.

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Los hobbits no eran una raza demasiado complicada, toda la Tierra Media sabía eso. Eran seres que preferían mantenerse alejados de los problemas. A veces, su propia apatía podría considerarse su único defecto.

No aspiraban a grandes riquezas de incalculable valor a diferencia de los enanos; tampoco se embelesaban por el deseo de adquirir el conocimiento y la sabiduría que les ayudase a decodificar el mundo, tal cual era la misión de los elfos. Las viejas leyendas afirmaban que eran más parecidos a los hombres, aunque quizás esto sólo era cierto únicamente en el sentido de que vivían por muy pocos años a comparación del resto de las razas que compartían la Tierra Media con ellos. Los hombres eran seres de guerra y conflictos políticos; y ningún hobbit conocía de batallas, traiciones o poder.

Los medianos pasaban desapercibidos casi todo el tiempo. Ninguno salía del apacible y fértil valle donde habitaban; apreciaban por sobre todas las cosas la buena comida y una vida tranquila.

Ellos vivían poco tiempo; un hobbit que falleciera a los cien años de edad había alcanzado una respetable longevidad. Debido a esto, eran una raza sumamente prolija; una pareja podía alcanzar el récord de concebir y criar felizmente hasta a ocho pequeños sin ninguna complicación.

Pocos se habían molestado en descubrir por sí mismos la cualidad de los medianos que los hacía únicos y especiales por sobre todas las razas: el amor.

Ellos amaban con dulzura y no con frenesí. Amaban abundantemente en sentido fraternal y familiar, lo que los hacía capaces de hazañas inimaginables por el bien de sus amigos y seres amados. Eran poseedores de una amabilidad y bondad tan luminosas que estas cualidades resultaban más valiosas que todo el oro y el conocimiento de la Tierra Media.

Por supuesto, también amaban a su pareja cálidamente. Los cortejos de los medianos estaban llenos de rituales y regalos, pues eran una raza tímida cuando se enamoraban. Si un hobbit había elegido con quién compartiría el resto de su vida, era un acto profundamente sincero y se aseguraría de hacer todo en sus manos para hacer feliz a quien hubiese aceptado su propuesta de amor.

Bilbo Bolsón maldecía el día en que se sintió atraído por un rey enano.

Y es que hacer feliz a otro hobbit simplemente necesitaba de mucha dedicación y ternura: un cómodo hoyo-hobbit, suficiente para siete deliciosas comidas al día, entrega y amor ¿Qué podría esto atraer a un príncipe que anhelaba volver a dominar sus colosales bóvedas llenas de oro y recuperar su trono, además de traer de vuelta el honor de su pueblo y su linaje?

Desde los primeros momentos en que Thorin se había cruzado en su vida se sintió abrumado por aquel despliegue de majestuosidad que tenía parado delante de él. La presencia del príncipe causaba una inusual conducta de reverencia y respeto en la compañía entera, incluyendo a los siempre inquietos Fíli y Kíli, sus propios sobrinos. Incluso él, un mediano que nada tenía que ver con la realeza de los enanos, se sentía nervioso frente a Escudo de Roble Y no era para menos, pues Thorin parecía detestarlo terminantemente y continuamente reprobaba sus acciones.

"Eres un idiota, Bilbo Bolsón, y uno sin remedio, me temo" se decía a sí mismo con frecuencia el hobbit de rizos dorados cada vez que se sorprendía observando largamente al príncipe desde la distancia: disfrutando admirar esa elegancia de guerrero innata, dándose cuenta cómo su respiración se aceleraba cuando imaginaba la sensación entre sus dedos de esa larga cabellera negra que comenzaba a albergar canas de experiencia; y un infalible suspiro se deslizaba desde lo más profundo de su pecho cuando pensaba en los adjetivos más justos para describir aquellos ojos azules: fascinantes. Reflejaban una severidad inquebrantable; sin embargo, Bilbo identificaba pesar y dolor en ellos, sentimientos casi ocultos por supuesto ¿Sería posible que Thorin pudiese regalarle al menos una mirada de ternura?

"¡Eres un hobbit ingenuo y ridículo, Bilbo Bolsón!" se reprendió con aspereza nuevamente, lanzando un puñado de tierra a la fogata que tenía delante.

"¿Todo está bien, señor Bolsón?" se atrevió a preguntar Nori, el enano con singular peinado de estrella. Desde hacía rato que Bilbo comenzó a murmurar en voz baja hablando consigo mismo y esa última exclamación en voz alta los había sobresaltado a él y a sus dos hermanos: Dori y Ori, quienes compartían el calor del fuego con el ladrón de su expedición.

"¡Oh, lo siento mucho, señor Nori! " el hobbit enrojeció de vergüenza en un instante y sentía sus puntiagudas orejas arder ¡Pero qué descuidado! ¡Estaba pensando en voz alta sin darse cuenta, hechizado por la majestuosidad de Thorin! ¿Acaso los tres hermanos habrían escuchado su…?

"Descansa bien esta noche, Bilbo" le sonrió el joven Ori tímidamente, refugiándose entre sus dos hermanos mayores "Ten por seguro que mañana a esta hora estaremos ascendiendo las Montañas Nubladas, no será una travesía fácil"

"Abríguese bien" aconsejó el viejo Dori "Allá arriba siempre llueve y el feroz viento congela hasta los pensamientos"

Los ojos verdes de Bilbo brillaron con curiosidad. Si esto era cierto, necesitaba con urgencia del gélido vendaval de aquellas cimas, pues justo ahora se preguntaba qué tan abrigador resultaría el abrazo de Thorin Escudo de Roble.

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Atravesar las Montañas Nubladas era más difícil de lo que imaginaron. Una tormenta había desatado su furia sobre ellos desde el primer momento en que entraron a la cordillera. El que cada gota fuera una aguja de hielo sobre la piel era su menor preocupación; el terreno era resbaladizo y traicionero, un movimiento en falso y podías caer a uno de los interminables precipicios a tu alrededor. Para empeorar la situación, había momentos en los cuales el camino era más estrecho que el más delgado de toda la compañía.

Entonces los gigantes de piedra hicieron su aparición en medio de este paso tan adverso. Definitivamente había sido obra de los Valar el milagro de que los catorce miembros de la compañía lograran superar ilesos medio camino a través de las montañas. Excepto Bilbo, quien estuvo a un segundo de caer en una escarpada barranca que albergaba su inequívoco fin.

Thorin fue capaz de reaccionar en cuestión de segundos y arriesgando su vida, salvó al hobbit. Gracias a la ayuda del guerrero Dwalin, no hubo nada que lamentar.

"Por poco perdimos a nuestro ladrón" puntualizó el enano calvo.

"Él ha estado perdido desde que dejó su hogar. Nunca debió de haber venido" fue la intransigente respuesta del príncipe.

El momento heroico de Thorin fue amputado con ese mordaz comentario. La compañía no pudo festejar el bienestar de Bilbo porque a todos se les formó un nudo en la garganta.

Bolsón sintió algo parecido al dolor de una lanza atravesando su pecho. Permaneció quieto, respirando con dificultad en parte por la impresión de casi haber muerto y en parte por el aturdimiento que le causó el duro comentario de su líder porque de alguna forma la mayor parte de él estaba de acuerdo con el hijo de Thráin.

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Había que ser justos con Thorin. Continuamente vivía acosado por una agobiante cantidad de presiones que cada día parecían multiplicarse. En aquella travesía tenía la obligación de mantener a salvo a doce inquietos enanos y un hobbit. Una tropa de orcos los perseguían con ahínco, pues deseaban su cabeza decapitada en una lanza y de paso regocijarse bebiendo la sangre de Durin que corría por sus venas. Estuvo a punto de perder a Kíli a cuya madre, su propia hermana, había jurado regresar a salvo junto con Fíli. Para terminar de colapsar sus nervios, el mediano que viajaba con ellos le causaba una avalancha de emociones desconocidas que lo llevaban al borde de la desesperación. Ese mismo hobbit había estado a punto de morir y de haber sucedido lo peor, el príncipe nunca se lo hubiera perdonado a sí mismo. Nunca.

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"Voy regreso a Rivendell. Thorin dijo que no debí de haber venido. Tiene razón. No soy un Tuk, soy un Bolsón, no sé en qué estaba pensando"

Aquella era la realidad que Bilbo percibía con tristeza. No contaba con el legendario valor de los ancestros de su madre y él estaba resultando una carga demasiado pesada para sus compañeros enanos. Además, el líder de la travesía lo detestaba y no lo consideraba bienvenido, hiriendo inconscientemente las emociones del hobbit quien se sentía atraído por Thorin en más de un sentido que le hubiese gustado aceptar.

El único camino que el cabizbajo Bolsón veía como alternativa era regresar de donde había salido y pretender que podía olvidar ese infortunado accidente cuando se decidió encaminar en una aventura para recuperar un reino enano. Fingir que podía olvidar al príncipe Thorin y aquellos maravillosos ojos azules suyos.

"¡Despierten! ¡DESPIERTEN!" ordenaba enérgicamente Escudo de Roble justo en aquellos instantes dándose cuenta del error que habían cometido al buscar refugio en una cueva demasiado atractiva para albergar a los cansados viajeros "¡Despierten!"

Y, así, la trampa de los trasgos cambiaría definitivamente el destino de Bilbo Bolsón.

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El hobbit de rizos dorados corría desbocado cuesta abajo. Tenía que alcanzar sus amigos o lo dejarían atrás. Aún no estaba seguro de qué era lo que acababa de quitarle a aquel horripilante ser que habitaba en las húmedas cavernas de las Montañas Nubladas. Era un simple anillo de oro, pero al llevarlo puesto se sentía invencible y a salvo al mismo tiempo.

Cuando Bilbo alcanzó al grupo de enanos, escuchó un alboroto debido a su ausencia, preocupado, quería dejarse ver, pero la severa voz de Thorin lo dejó sin aliento.

"Te diré lo que pasó. Él vio su oportunidad y se fue. Extrañaba la comodidad de su hogar. No pertenecía a nosotros. Él se ha marchado desde hace tiempo, no volveremos a ver al hobbit"

¿Acaso en aquellas gélidas oraciones Bolsón pudo percibir un rastro de pesar? No, no era furia ni desprecio lo que transmitían involuntariamente las palabras de Escudo de Roble. Era el dolor inevitable al resignarse por una pérdida aparentemente trascendental. Confundido, Bilbo tragó con dificultad y dudó cuál sería su siguiente movimiento. Entonces, la sangre Tuk que corría a través de su cuerpo y constantemente subestimaba subió a su cabeza. Con decisión, se quitó el anillo en un segundo, pues comenzó a pesarle, y encaró a al príncipe enano.

La compañía saltó por la feliz sorpresa, excepto Thorin y Dwalin. Escudo de Roble se sintió abofeteado por una fuerza invisible y por unos segundos pareció avergonzado de sí mismo. Recuperándose en un instante, encaró al hobbit y comenzó a cuestionar los motivos del mediano de seguir con ellos.

"… Por eso regresé, porque ustedes no tienen un hogar. Se los arrebataron, pero les ayudaré a recuperarlo si puedo."

Para fortuna de Thorin a todos los presentes aquella sincera y leal confesión les arrebató el aliento, al igual que a él. El hobbit sonreía con una calidez infinita y sus ojos esmeralda brillaban más que nunca llenos de bondad. El hijo de Thráin en ese segundo supo que Mahal no había puesto a Bilbo Bolsón en su camino para mortificarlo; por supuesto que no. Bilbo era una completa bendición y una luz en su arriesgada misión, un regalo invaluable de los Valar.

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Azog había estado a punto de conseguir el trofeo que deseaba con tanta exasperación: la cabeza de Thorin. Sin embargo, Bolsón no fue capaz de ser un mero observador de la masacre y cometió la hazaña de salvar al príncipe arriesgando su propia vida para detener a los perversos orcos que ya comenzaban a relamerse los labios ansiosos por devorar aquella carne y sangre de linaje tan noble.

Gracias a aquel heroico acto, el resto de los enanos recuperó su valor y decidieron luchar ahí mismo por sus vidas. Después, todo había sucedido tan rápido que Bilbo estaba sumamente aturdido cuando la gran águila gwaihir que lo había llevado a cuestas para ponerlo a salvo, lo depositó en la Gran Roca. El hobbit sintió el corazón en la garganta cuando Thorin llegó inconsciente al mismo lugar. Afortunadamente y también gracias a Gandalf, Escudo de Roble se recuperó en un instante y solicitó la presencia de Bilbo de inmediato.

"¿Acaso no dije que serías una molestia? ¿Qué no sobrevivirías? ¿Qué no pertenecías con nosotros?…"

Bilbo sintió como su sangre comenzó a helarse. Su boca comenzó a saber arena y las puntas de las manos se le adormecieron.

"¡Nunca estuve tan equivocado en toda mi vida!"

Lo que Bilbo Bolsón había deseado desde el primer momento en que aquellos ojos azules se posaron sobre los suyos se estaba cumpliendo de la manera más insólita e inesperada.

Thorin Escudo de Roble lo estaba estrechando entre sus brazos de una manera infinitamente afectuosa. Ambos firmes pechos hicieron contacto y el hobbit tuvo la sensación de que al sentir el corazón del príncipe tan cerca del suyo, una agradable calidez comenzó a expandirse de aquella zona hacia el resto de su cuerpo, hasta alcanzar las puntas de sus rizos dorados. Bilbo tragó una gran bocanada de oxígeno y suspiró segundos después cuando percibió el aroma de Thorin que era muy fuerte en su negra caballera que ahora acariciaba su mejilla derecha, pudiendo distinguirlo enseguida del olor a sangre, sudor, cenizas y polvo. El mediano, hechizado, devolvió el abrazo colocando sus brazos alrededor de la cintura del príncipe, olvidando por completo la existencia de los otros doce enanos y el mago.

Bilbo deseaba que aquel precioso regalo durara por horas, pero Thorin tuvo que separarse de él y le dedico una mirada sumamente sincera y arrepentida, lo más cercano que Bolsón podía anhelar a la ternura.

"Lamento haber dudado de ti…"

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La compañía decidió que era pertinente descansar un par de noches a pesar de que el tiempo los apremiara y los orcos y sus wargos les estuvieran pisando los talones. Tenían que sanar las heridas que habían recibido en su combate más reciente con el enemigo para poder desplazarse velozmente sin contratiempos y, además, en palabras íntegras de Bombur, necesitaban comer tranquilamente para curar la impresión de haber estado a punto de morir y de paso recuperar energías.

Las majestuosas águilas gwaihir, amigas íntimas de Gandalf, los habían ayudado sustancialmente pues Azog les había perdido el rastro y ahora llevaban una considerable delantera.

Los enanos montaron un campamento a las orillas del río que bordeaba la Gran Roca. Cuando el ocaso estaba cayendo, Gandalf y Óin habían curado las heridas de todos y Bombur tenía casi lista la cena, aunque no era un manjar se las arregló para hacer un delicioso platillo con avena, carne seca y mantequilla.

Bilbo regresó justo a tiempo para disfrutar de la cena en compañía de sus amigos, había ido al río a bañarse junto con Bofur.

Thorin apretó los puños al darse cuenta del hecho y el bocado que estaba disfrutando le supo a cenizas de súbito. El enano de sombrero gracioso comenzó a compartir algunas bromas con el hobbit en presencia de todos y el melódico sonido de la risa del mediano irritó inexplicablemente al príncipe.

Bifur, el excéntrico enano que tenía una pequeña hacha eternamente incrustada sobre su cráneo, observó con atención cada una de las acciones de Escudo de Roble, como siempre lo hacía sin ser notado, pues todos lo creían tan chiflado que resultaba inofensivo, pero funcional. Error, cierto que Bifur no era el más brillante, elocuente o cuerdo de toda la expedición, pero sí era el más observador. El primo de Bofur y Bombur había notado en cuestión de días que Mahal había hecho de las suyas, pues Thorin se sentía exasperadamente atraído por el ladrón de la compañía. Pero el creador de la raza enana no había sido miserable con Escudo de Roble, pues el confundido hobbit también correspondía su sentir.

Y Bifur parecía ser el único que lo sabía.

Así que el enano se acercó al príncipe con decisión.

"Zu mudel magal orgold zur suln kurdu" habló con el rasposo y golpeado acento de la lengua secreta de los enanos, la única forma en la que Bifur podía expresarse.

Inclinó su cabeza frente al heredero de Durin respetuosamente y se alejó con su tazón en la mano, deseoso de que su primo Bombur le sirviera otra ración.

Thorin analizó aquellas honestas palabras en khuzdûl provenientes del miembro más inesperado de la compañía. Acarició su barba, pensativo, por varios minutos. Luego, miró largamente al hobbit a quien le debía la vida, mismo que disfrutaba de las bromas y las conversaciones de sus amigos enanos.

El príncipe finalmente decidió no desperdiciar el consejo de Bifur.


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Notas finales: ¡Oh, espero que no haya hablantes de khuzdûl entre mis lectores! Estaría avergonzada de que leyeran mi intento por traducir aquella frase con ayuda del único diccionario en inglés de la lengua enana que existe en internet. Si al igual que yo, no tienen muchos conocimientos de khuzdûl, querrán saber lo que dijo Bifur: "Deberías hablarle al ladrón sobre tu corazón"

Cambiando de tema ¡Wow, ustedes, mis encantadores lectores sí que saben cómo impresionar a este humilde intento de escritora! Me han dejado totalmente estupefacta con su respuesta en el primer capítulo a mi llamado para encontrar los fans hispanohablantes del Thilbo ¡Muchísimas gracias por sus comentarios, los encontré halagadores en muchas formas! ¿Saben? También me sentí comprometida con todos, así que me está preocupando el darles la historia que se merecen. Así que entiendo que este capítulo puedan encontrarlo lento y quizás soso, pero prepárense para el tercero. Yo ya estoy ansiosa por darle vida por completo al Thilbo a mi manera.

Nuevamente gracias a los que me regalaron un review y me entusiasma la idea de seguir leyendo sus comentarios y retroalimentaciones.