Capitulo 1

—Me voy a casa— gritó por encima de la música—. No te preocupes, atravesaré el campus oscuro, tenebroso como la mierda yo sola. Si alguien me secuestra me aseguraré de que te mande uno de mis dedos— siguió gritando sabiendo que era inútil, su amiga ni siquiera la estaba mirando.

Su compañera de cuarto estaba bastante entretenida succionando la cara de un joven. Se encontraba sentada a horcajadas, moviéndose de manera depravada, para nada a ritmo de la estridente música. Verla de aquella manera, sentirse ignorada, borracha y cansada la llenó de rabia.

— ¡Vete a la mierda!—gritó de nuevo—. Ojalá te venga el periodo y te joda la noche.

Soltando un grito de frustración y golpeando su tacón en el suelo, giró sobre sus talones y salió disparada por la multitud, tratando de atravesarla y llegar hasta la puerta.

El sofocante calor provocado por los cuerpos apretados y sudados, junto con el cansancio y estrés acumulado de la semana, y la molesta música a todo volumen con letras sin sentido, hacían que su enojo e irritación aumentasen. Tenía que salir de aquel lugar cuanto antes, ir a su dormitorio y descansar. Haber venido había sido un error, su amiga la había dejado sola tan pronto habían puesto un pie en el lugar. Suspirando avanzó entre la gente a codazos y empujones, estaba en medio del camino cuando una mano la tomó por el antebrazo y la empujó contra una pared, de manera brusca.

Un joven alto, de cabello oscuro hasta la barbilla, completamente enmarañado apestando a alcohol y a vomito se cernió sobre ella, aplastándola contra la pared. Ella forcejeó intentando zafarse.

—Oh, vamos, nena. No te hagas la difícil— habló pegando su mejilla a la de ella.

El fuerte olor a alcohol le produjo nauseas. Las manos de muchacho subían y bajaban torpemente por sus caderas, intentado subir la ajustada falda. Esa acción la enfureció aún más. Apoyó las manos en los hombros del chico, sosteniéndose mientras concentraba toda su fuerza en la rodilla derecha y de un rápido movimiento la estampaba contra la hombría del chico. El joven soltó un grito ahogado, apartando sus manos rápidamente de ella para agarrarse su intimidad dolorida.

—Maldita zorra— dijo mientras caía de rodillas y se doblaba hacia delante.

—Pendejo— le escupió mostrándole su dedo del medio.

Más furiosa que antes apartó a la gente a empujones y se lazó hacia fuera. El aire fresco le dio la bienvenida secando el pegajoso sudor de la frente y refrescándola física y mentalmente. Con la punta de los pies se quitó los imposiblemente altos zapatos de tacón rojo, y suspiró aliviada cuando la planta del pie tocó el frío suelo, llevando placenteras olas de alivio por todo su cuerpo.

El sonido de un vidrio rompiéndose llamó su atención y se giró hacia el edificio de los chicos, donde se encontraban las habitaciones y la más grande de las fiestas, la música aun resonaba fuertemente habiendo vibrar el suelo bajo sus pies, los gritos de júbilo de un grupo de chicos a su derecha, eran unos diez muchachos, más grande que ella, alrededor de otro joven, sosteniendo un embudo en su boca mientras vertían cerveza dentro y gritaban todos al mismo tiempo "traga, traga".

El alivio fue rápidamente consumido por la ira, tomó sus zapatos y a trompiscones comenzó a caminar hacia su cuarto, el edificio de las chicas. Tanto el edificio de las chicas como el de los chicos estaban separados por la gran biblioteca de la universidad, la cual tenía un amplio terreno. Había que caminar un buen trecho si alguno de los jóvenes quería escabullirse a las habitaciones prohibidas. La universidad con los años había cambiado, los nuevos edificios llenaban los espacios vacíos que estaban entre los viejos, aunque de noche seguían pareciendo tenebrosos y desolados, ya que las luces eran apagadas a media noche.

El camino hacia la habitación de mujeres era largo y oscuro, un camino que ella no tendría que estar cruzando, ahora mismo podría estar acostada, enterrada entre las mantas de su cama, soñando sobre el futuro que le esperaba, descansando después de haber pasado uno de los más difíciles exámenes de su vida, pero no… su amiga la había metido dentro de un ajustado y pequeño vestido, la había subido sobre unos zancos mortales de color rojo sangre y se las había ingeniado para ser arrastrada a una tonta y escandalosa fiesta sobre el triunfo del equipo de futbol de la universidad.

Bufó pesadamente y se pasó la mano libre por el cabello, apartando los mechones que se pegaban a su frente húmeda. Había conocido a su amiga el mismo día que ambas ingresaban a la universidad y se enteraban de quienes iban a ser sus compañeras de cuarto.

—Alice Brandon— se había presentado, estirando su mano con una gran sonrisa brillosa. Era una joven hermosa, de estatura pequeña, cabello oscuro en un peinado alborotado y ojos color avellana, brillantes de entusiasmo y emoción.

—Isabella Swan— le había respondido una morena de cabello marrón, ojos expresivos color chocolate, de estatura normal para su edad, con una sonrisa nerviosa y un apretón de mano vacilante.

Solo bastó esa simple e informal presentación para convertirlas en las mejores amigas, a pesar de tener personalidades tan diferentes.

Alice era extrovertida, habladora, hiperactiva y muy inquieta, mientras que Bella era tranquila, pasiva, tímida y paciente. Cada una tenía cualidades que lograba complementar a la otra, por ejemplo Bella la tranquilizaba cuando Alice tenía algún examen o tenía que entregar un trabajo, mientras que Alice lograba levantarle el ánimo e invitarla a esas alocadas fiestas. Bella pensó que ella era inmune a Alice, que ella podía soportar cualquier cosa, que era ella quien ayudaba y no necesitaba ayuda, sin embargo era completamente vulnerable a la cara de cachorro de Alice, aquella que utilizó para engatusarla y traerla hasta el otro lado del campus.

Ahora estaba sola, caminando bajo la noche por el oscuro camino de la biblioteca. Una estructura vieja se alzaba como un enorme monstruo de piedra a su derecha. Sus sentidos se pusieron alerta, advirtiéndola de que algo no andaba bien, su oído se agudizó pero no escuchaba absolutamente nada, ni siquiera el viento que había dejado de soplar. Se detuvo cuando un frío susurró acarició su nuca levantando el vello de todo su cuerpo, miró hacia atrás rápidamente, hacia el camino que había hecho, el edificio de los chicos aún estaba iluminado y se veía movimiento, pero no escuchaba a música. Comenzó a sentir miedo, mucho miedo, algo no andaba bien.

Tomando un hondo respiro se giró para salir corriendo, pero se vio bloqueada por una enorme pared. Su cara quedó a centímetros de un pecho ancho y fornido, arrastró su mirada hacia arriba, barriendo con sus ojos el perfecto cuerpo que tenía en frente, empezando por sus largas y poderosas piernas enfundadas en jeans negros, deteniéndose unos minutos en el pecho, podía notar perfectamente los músculos de su estómago y pectorales, arrancó la vista hacia los brazos musculosos, cuello masculino blanco, mandíbula cuadrada, labios finos y besables, nariz recta y perfecta, hasta finalmente llegar a sus ojos.

El aire quedó atascado en su garganta cuando sus ojos quedaron prendidos a los del extraño. Eran negros, penetrantes, profundos, anhelantes, deseosos… hambrientos. Le estaban mirando con un hambre que le aceleró el corazón.

El extraño sonrió de lado sin despegar sus labios, inclinando la cabeza hacia un costado, mostrando curiosidad debajo del hambre. Bella se abrazó a sí misma y retrocedió un paso, sintiendo mucho frío y miedo.

— ¿Qué hace una joven tan hermosa sola a estas horas?— preguntó el extraño con voz aterciopelada.

Era una voz exquisita, grave, seductora, como chocolate caliente que se derrite en la boca. Se acercó a ella, alzándose como una enorme sombra que amenazaba con tragarla a un mundo oscuro, sin salida y en el que ella estaba dispuesta a dejarse caer, solo si ese hombre se lo pedía. Sus brazos cayeron a sus costados, flácidos, dejando en claro sin palabras que se había rendido, que estaba a su merced, él podría hacer lo que quisiera con ella y se lo permitiría sin objetar, sin resistirse.

Se sentía perdida, desorientada, únicamente consciente del hombre que tenía en frente. Todo él era atractivo y atrayente, su cuerpo, su voz, sus ojos, incluso su aroma, ese perfume almizcle masculino y oscuro que venía de él, de su piel, un perfume exótico que no venía en ninguna botella importada y cara.

Sin embargo algo sombrío, tenebroso y peligroso se escondía debajo de todo aquel encanto. Por más que su cuerpo estuviera reaccionando a ese hombre extraño algo en ella estaba alerta, gritándole que corriera, que se alejara lo que más pudiera de él, que él era peligroso…

Vio al extraño levantar la mano y llevarla hacia su mejilla, lentamente, demasiado lento, sus terminaciones nerviosas se despertaron y poniéndose atentas al próximo toque. Bella cerró los ojos y deseó que se apurara, que la tocara… que la tomara.

— ¡Isabella!— gritó una voz masculina a sus espaldas.

El hechizo en el que había caído se había roto como una burbuja de jabón. Abrió los ojos sorprendida encontrándose nuevamente con el extraño, con su mano a centímetros de su piel pero esta vez su mirada estaba fija en quien los había interrumpido, con ojos hostiles y fríos.

Bella se giró encontrándose con su profesor de pie en medio de la oscuridad. Vestía como siempre, casual, con su típica camisa abierta sobre una camiseta, jeans claros, zapatos negros y con su inseparable bolso marrón colgado al hombro. Sus rizos se mecían por el fresco viento que había vuelto a aparecer.

— ¿Qué estás haciendo aquí?— preguntó acercándose a ella, furioso— ¿Qué haces vestida así?— la recorrió con la mirada hasta que llegó a la falda y apartó los ojos de inmediato, observando detrás de ella— ¿Quién eres tú? No te he visto antes por el campus— le frunció el ceño al extraño.

— ¿Quién te crees que eres para interrogarme?— gruñó Bella a la defensiva, enojada y dolida.

—Soy tu profesor…

—Tu hora de trabajo terminó hace mucho tiempo por lo tanto no eres mi profesor ahora— espetó interrumpiéndolo—. ¿Desde cuándo te preocupa lo que haga, cómo vaya vestida y con quién me veo? Soy libre de hacer lo que quiera, como bien me dejaste en claro— explotó indignada, la cabeza le daba vueltas y sentía que sus piernas temblaban, estaba segura de que esto no se trataba del hombre que estaba detrás de ella— ¿Así que este es ahora tu nuevo juego? ¿Seguirme? ¿Espiarme?— se rió con amargura—. Pensé que ya no te importaba esta niña.

Bella sonrió con satisfacción al notar el dolor cruzar por los ojos azules de su profesor. Ella también sentía dolor y mucho, pero sobre todo predominaba el enojo, la ira, el despecho, y lo que ahora quería era que él sufriera.

Tomó un hondo respiro y trató de que su mente y cuerpo se relajaran, no estaba actuando con raciocinio, estaba pensando con alcohol en su sistema y eso era algo malo, la maldita bebida estaba haciendo que sus sentimientos y pensamientos ocultos salieran a la luz. Se giró sobre sus talones, tomó la mano del desconocido y comenzó a caminar hacia su habitación. No esperó a que nadie dijera nada, y ella sabía que él no la detendría por más que quisiera, su cobardía le impedía actuar.

Pero ¿qué hacía él ahí? ¿Qué hacía a estas horas en el campus de la universidad? Ella sabía que su horario terminaba a las cinco, como muy tarde hasta las seis si tenía alumnos con dudas ¿Acaso él se había enterado que asistiría a esa fiesta y había ido para verla? ¿Él habría sido invitado? ¿Había ido por ella? Eso era imposible, no tenía sentido ¿Porqué él habría ido para verla? Había dejado bien en claro lo que pensaba y sus sentimientos hacía ya un año atrás.

Era un error tratar de pensar, todo había sido una coincidencia y lo que él hacía allí no le importaba. Dejando de lado sus pensamientos erróneos y sin sentido abrió su cartera y buscó las llaves de su dormitorio. Era incómodo y hasta medio imposible abrir la cartera y buscar dentro con solo una mano. Movió su otra mano y se congeló al instante cuando sintió un peso extra. La masculina y cálida mano estaba bien aferrada a la suya, enviando miles de descargas a lo largo de su brazo, recorriendo su cuerpo e instalándose en su bajo vientre.

¿Cómo mierda había olvidado al hombre que había traído consigo? ¿Cómo es que cometió semejante chiquilinada al llevarlo a su habitación? ¿En qué demonios había estado pensando?

—Imagino que no te estás arrepintiendo… ¿verdad?— murmuró el desconocido en su oído.

El sonido de su voz y el aliento chocando contra la piel sensible de su cuello la hizo estremecer con violencia. Nuevamente se sintió caer en esa bruma de necesidad, deseo, lujuria…pasión. Una vez más se sintió perdida de dónde estaba, no había nada a su alrededor, absolutamente nada más que el hombre que respiraba contra su oído.

—Yo…mira, creo que…mal— balbuceaba sin sentido.

Estaba tratando de mantenerse cuerda, tenía que rechazarlo, decirle que había sido un error, que era un desconocido… su mente intentaba trabajar pero una espesa neblina le impedía pensar, su cuerpo se había puesto en su contra, calentándose y preparándose.

— ¿Me estás diciendo que me vaya?— dijo el extraño rodeando su cintura con su brazo libre.

Bella jadeó cuando lo sintió presionarse contra su trasero, estaba duro, listo empujando dentro de sus pantalones.

—Isabella.

Jamás su nombre había sonado tan bien en los labios de un hombre, ni siquiera en los labios de él. No pudo resistirse más, su mente se rindió y su cuerpo se debilitó, las piernas le fallaron y se apoyó por completo en el extraño envolviéndose en su calor, embriagándose con su aroma y estremeciéndose con su tacto. Agradeció que él la estuviera sosteniendo de lo contrario habría caído al suelo.

Él le acariciaba el cuello con su nariz, apenas rozándole la piel, haciéndole cosquillas…

—Puedo olerte— dijo bajando sus manos de su cintura a su cadera—, tu excitación flota en el aire, es dulce, tentadora… mmm se me hace agua la boca— su lengua barrió a lo largo de su cuello haciendo que soltara un gemido.

Bella se aferró a sus antebrazos mientras intentaba llenar sus pulmones con aire.

—Puedo imaginarme enterrado entre tus muslos, sorbiendo tu néctar, llevándote al cielo con solo usar mi boca.

Bella lloriqueó mientras se retorcía debajo entre sus brazos, frotando su trasero contra la potente erección, ella también podía imaginarlo... ella podía apostar su alma a que él la llevaría al cielo solo con palabras.

—Abre la puerta, Isabella— su voz era ronca de pura necesitada—. Déjame saborearte.

Con manos temblorosas y torpes sacó las llaves del bolso e intentó meterla dentro de la cerradura, pero sus manos temblaban tanto que le era imposible encajarla. El extraño se rió y la detuvo, tomó su mano con la llave y de un ágil movimiento la metió en la ranura, le dio dos vueltas y abrió la puerta del apartamento.

— ¿Nerviosa? ¿Deseosa? ¿Asustada? ¿Anhelante?... ¿Excitada? ¿Cuál de todas ellas predomina ahora?— le preguntó empujándola dentro del apartamento, luego cerrando la puerta de un solo golpe.

—Es una mezcla de todas— murmuró perturbada—. Pero sobre todo… excitada.

El extraño gruñó contra su cuello y de un rápido movimiento la giró para enfrentarla. Bella lo vio inclinarse hacia delante, enterrando su cara en su cuello, sintiendo sus labios besar su piel, su lengua lamerla. El placer se abrió paso en su cuerpo, grandes y largas olas barría a lo largo de su cuerpo concentrándose en su sexo, haciéndola palpitar y humedecerse.

Sus manos se aferraron a los hombros del extraño mientras su cuerpo se arqueaba contra él. Su cabeza cayó hacia atrás dándole mayor acceso a sus caricias, sus pechos se levantaron y presionaron contra la tela del vestido, sus pezones estaban endurecidos como dos piedrillas pidiendo ser liberados para recibir atención.

El hombre la sostuvo con una mano mientras la otra bajaba por sus caderas hasta llegar al dobladillo de la falda y de un tirón lo subió hasta la cintura, se apartó de ella y miró hacia abajo, hacia la pequeña tanga negra. Las rodillas de ella temblaron cuando lo vi sonreír de lado y encarnar una ceja a la pequeña tela.

Tuvo que contener un grito de placer y sorpresa cuando la mano masculina acarició de manera superficial su entrepierna, él se rió de ella mientras hacía a un lado la tela y uno de sus dedos se metía entre sus pliegues para luego salir húmedo con su excitación. Contuvo el aliento cuando se lo llevó a la boca y lo saboreó.

Un sonido sobrenatural retumbó del pecho del extraño, asustándola y excitándola al mismo tiempo. Por un momento todo se volvió borroso y vertiginoso, no entendió muy bien qué había pasado pero de un momento a otro se encontraba recostada sobre una mullida superficie.

Estaba mareada por el alcohol, aturdida por las sensaciones que ese extraño hombre le estaba haciendo experimentar, y sobre todo excitada, enardecida como nunca antes lo había estado en su vida. Ella no entendía por qué se sentía así, ni siquiera conocía a ese hombre, era un completo desconocido ¡Ni siquiera le había dicho su nombre!

Sintió un cuerpo tenderse sobre ella, abrió los ojos y se encontró con los ojos negros del desconocido, quien la miraba con diversión, hambre, lujuria, y le dedicaba una sonrisa burlona, satisfactoria, como si estuviera celebrando una victoria que ella no entendía.

Siseó cuando las manos del hombre se arrastraron por sus piernas descubiertas, subiendo por sus caderas, su cintura, su estómago plano hasta llegar a sus pechos aún cubiertos. Los acarició sobre la tela durante unos instantes hasta que ella comenzó a gemir y retorcerse, luego bajó la tela exponiéndolos.

Ella no poseía pechos exuberantes, grandes, exagerados llenos de plastico como tenían la mayoría de las chicas de la universidad. Sus pechos eran más bien pequeños, normales, lo suficiente para que cupieran dentro de la mano de un hombre. Sus pezones eran pequeños y estaban bien duros y firmes.

—Perfectos— murmuró el extraño antes de inclinarse y llevarse uno a la boca.

Bella soltó un grito mientras se arqueaba debajo de él. Sus manos fueron de inmediato al cabello cobrizo, enterrando sus dedos entre las hebras y tirando de él, exigiéndole para que la acariciara con mayor fuerza.

El hombre llevó una de sus manos al pecho desatendido, atrapando el duro pezón entre sus dedos, pellizcándolo mientras su lengua se movía alrededor del otro y sus dientes mordían la sensible carne.

La cabeza de Bella daba vueltas y se movía de un lado a otro mientras el placer la golpeaba sin compasión. Ella quería más, mucho más que unas simples caricias a sus pechos, ella quería tenerlo adentro, bombeando su sexo, penetrándola con fuerza mientras ella alcanzaba el tan ansiado orgasmo.

El extraño se apartó de sus pechos, pellizcándolos una vez más, luego apartó las manos de Bella de su cuello y las extendió en la cama.

—Mírame, Isabella— le ordenó frotando su erección contra su muslo.

La aterciopelada voz flotaba dentro de su cerebro, se obligó a abrir sus cansados ojos observando los negros de él.

—Buena chica— le sonrió—. Ahora quiero que me mires devorarte.

Ella jadeó ante esas palabras y sus ojos se abrieron desmesuradamente, observándolo bajar por su cuerpo, colándose entre sus piernas, abriéndolas ampliamente. Él se llevó uno de sus muslos a su boca, besando, lamiendo un camino desde la rodilla hasta el interior del muslo, una barrida caliente, sensual.

—Tu nombre…— gimió Bella cuando su cabeza se despejó un poco—. Dime tu nombre.

— ¿Para que puedas gritarlo cuando te lleve a orgasmo?— le preguntó él sonriéndole con sorna.

Bella se rió, un sonido débil y cansado.

—Dime tu nombre— repitió sintiéndose entrar en una nebulosa oscura.

Unos dedos se colaron debajo de su ropa interior, haciéndola a un lado. La cabeza del extraño se colocó entre sus piernas, su aliento chocando contra la sensible y húmeda piel.

En ese momento una extraña imagen en la pared captó su atención… era la sombra de un hombre, con grandes alas puntiagudas y cuernos en la cabeza, estaba recostado sobre la sombra de la cama, una posición muy parecida a la del hombre que estaba sobre ella.

—Edward— susurró el hombre dando una larga y sugerente lamida a lo largo de su sexo—. Mi nombre es Edward.

Un hermoso nombre para tan hermosa criatura, pensó Bella antes de cerrar los ojos y caer en la inconsciencia.

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Un pitido insoportable taladraba su cerebro obligándola a salir del sueño. Antes siquiera de abrir sus ojos su cabeza había comenzado a palpitar de dolor. Mierda, tenía resaca y de la buena. Le dio un manotazo al despertador haciéndolo estrellar contra el suelo, pronto la habitación se sumergió en un placentero silencio, mitigando un poco el dolor de cabeza.

Llevó un brazo a sus ojos tapándolos de la mortífera luz solar que se filtraba por las cortinas de su cuarto. El martilleo en su cabeza seguía allí, molestándola, era como si tuviera un pequeño minero dentro de su cabeza picando con un pico las paredes de su cráneo.

Todo esto era por culpa de Alice, ella la había obligado a ir a esa estúpida fiesta, a beber para festejar el que había aprobado el duro y difícil examen, para luego dejarla sola en medio de una habitación llena de gente sudada y borracha, pero ella había logrado salir de aquel lugar y…

Edward

El nombre flotó en su mente y solo le tomó un segundo recordarlo todo. Se sentó bruscamente en la cama, mala idea, la habitación comenzó a dar vueltas al tiempo que un latigazo de dolor golpeaba su cabeza. Cerró los ojos y volvió a caer en la cama, esperó a que su cabeza dejara de palpitar, luego estiró el brazo y buscó a tientas un cuerpo a su lado, pero estaba vacío y frío.

Abrió los ojos y levantó las sábanas que la tapaban encontrando que estaba vestida, aún con el vestido de anoche, arrugado y con su tanga en su lugar. Frunciendo el ceño se incorporó lentamente y miró la puerta del baño, estaba cerrada y tampoco se escuchaban ruidos, esperó unos minutos pero nadie salió.

Pero estaba sola, completamente sola en su habitación, no había indicios de que alguien hubiera estado con ella allí ¡Incluso estaba vestida!

Frunciendo el ceño se acostó de nuevo y trató de buscar una explicación a sus recuerdos; ella se había emborrachado la noche anterior, lo más seguro era que todo lo que creía que era real en realidad había sido un sueño. Lo más seguro era que ella había llegado a su cuarto, tambaleándose y cayendo rendida en su cama, sin nadie… sin Edward.

Ella no había conocido a ese fantástico hombre, ella no lo había llevado a su habitación, él no la había tocado ni besado su cuerpo… eso significaba también que su profesor no había estado allí anoche, reprochándole su ropa y compañía, sintiéndose dolorido de sus palabras.

Otro indicio de que había estado soñando era aquella sombra extraña que había visto en su pared ¿qué era? ¿Un demonio? ¿Qué le quería decir? ¿Qué él Edward de sueños era un demonio? Sí, definitivamente todo aquello había sido un sueño producido por el cansancio acumulado de la semana y el alcohol barato de la fiesta.

Suspirando con fuerza se levantó con lentitud de la cama, gimiendo cuando sus músculos protestaron por la exigencia. Tomó una toalla y se dirigió al baño a darse una fresca y renovadora ducha. Tenía que quitarse el cansancio, el sudor y el olor a alcohol de su cuerpo y cabello. Entró al baño arrastrando los pies y sus ojos vagaron por el lugar, aún buscando algún indicio de que alguien aparte de ella había estado allí.

Le dio una mirada al cesto de basura esperando encontrar algún condón usado, pero estaba vacío y limpio, como lo había dejado la noche anterior.

—Todo fue un sueño, Bella— se regañó en voz alta, sacudió la cabeza y abrió el grifo de la lluvia.

Se quitó el vestido y la pequeña tanga, se metió debajo del chorro de agua. Gimió de placer al sentir el agua golpear sus músculos adoloridos y cansados, relajándolos y revitalizándolos. Tomó el jabón y lo paso por su cuello, donde el Edward de sus sueños había besado…

Aún podía sentir el fantasma de esas caricias en los lugares que él había tocado.

¿Cómo era eso posible? Había sido un sueño, uno muy vivido por cierto. El hombre que la había visitado anoche no era real, era un producto de su imaginación Entonces ¿Cómo era posible que sintiera caricias que no habían existido en realidad?

Negó con la cabeza y enterró sus irracionales pensamientos al fondo de su mente. Estaba dándole vueltas a un sueño, buscando respuestas donde no las había.

Terminó de bañarse y envolvió su cuerpo con la toalla, luego salió del cuarto directo a la cocina a servirse una buena taza de café. Allí estaba Alice, sentada en una de las sillas tomando su café y leyendo el periódico.

—Bueno, bueno. Pero si apareció la pequeña Bella— dijo su amiga bajando el periódico para mirarla

—Veo que recuerdas mi nombre— dijo ofendida, tomando una taza y sirviéndose café.

—Estuve muy preocupada por ti— le dijo con seriedad.

—No lo parecías anoche cuando te refregabas en la falda de ese chico— le reprochó y sonrió complacida cuando su amiga apartó la mirada apenada.

—Te llamé por teléfono, pero no contestaste—murmuró mirándola a través de sus pestañas, con un ligero puchero en sus labios.

Bella sabía que su amiga estaba intentado parecer la víctima de la historia, cuando en realidad había sido la bruja mala.

—No lo escuché— se encogió de hombros y se sentó en la mesa, tomando el periódico.

—O quizá sí pero estabas demasiado ocupada como para atenderlo— se rió y la miró con picardía.

—Sí, estaba demasiado ocupada durmiendo— frunció el ceño.

— ¡Oh, vamos, Bella!— gritó golpeando la mesa con la mano—. Lo vi salir de tu habitación anoche. No te hagas la desentendida conmigo.

Bella dejó la taza de café en la mesa y miró a su amiga completamente desorientada.

—No sé de qué me estás hablando— murmuró.

— ¿Tan borracha estabas que no recuerdas con quién follaste?— preguntó Alice con incredulidad.

¿Follar?, se preguntó Bella. Ella no había follado con nadie desde hacía ya un buen tiempo.

Alice se aclaró la garganta y decidió esclarecer la aún nublada mente de Bella.

—Permíteme que te lo recuerde— le sonrió con malicia—. Como no contestabas el teléfono y no te encontraba por ningún lado en la fiesta, decidí venir aquí pensando que había vuelto ¡pero vaya sorpresa con la que me encuentro!— exclamó elevando un poco la voz, haciendo que Bella saltara en su asiento—. Tu puerta se abre y un dios griego sale completamente vestido, con un cabello cobrizo desordenado y una sonrisa explota ovarios…

Los ojos de Bella se abrieron desmesuradamente y su mandíbula cayó hasta casi tocar la mesa. Alice seguía parloteando sobre el increíble hombre que había visto pero Bella ya no podía oírle, su cabeza estaba trabajando a mil.

Dos personas no podían ver o soñar lo mismo. Alice había descripto al hombre de sus sueños a la perfección…

Edward era real, él sí había aparecido anoche y la había tocado y besado. Esa afirmación provocó dos sentimientos en ella…

Primero: alivio, porque él era real no un producto de su mente borracha. Eso significaba que ella podría volverlo a ver…

Segundo: miedo, porque él era real. Aquel hermoso ser con el que se había topado anoche en mitad del campus oscuro, era real. Él había aparecido de la nada, había surgido de la oscuridad, su belleza brillando la oscuridad que lo rodeaba, el peligro que despertaba los sentidos de Bella.

Bella pudo sentir una risa suave en su mente y ese frío susurro erizándole el vello de la nuca…

Ese hombre era real…

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Se suponía que este cap lo iba a subir durante el fin de semana, pero me fue imposible. El viernes llegué de estudiar rendida, el sábado almorzar con mi papá y a la noche salida, domingo… dormir tooodo el día xD

En fin… ¿qué les pareció? El primer encuentro de Bella y Edward, y ya se estaban sacando la ropa. Bella casi cae rendidita en a los encantos de Edward, pero ahora que sabe que es real y peligroso ¿va a acceder fácil? ¿Y quién es el profesor que anda siguiéndola? Mmm no sé ustedes pero me sentí como esas novelas de TV con voz locutora xD me faltaría decir "no te pierdas el siguiente capitulo por este mismo canal y a la misma hora" xD

Gracias por sus comentarios anteriores, gracias por sus favoritos y alertas. A medida que suba voy a ir poniendo algunos adelantos en mi FB, el que dice (2) en mi perfil.

Díganme qué les pareció.

Besos y nos vemos en la próxima.

Melo.