Declaración: Los personajes de Naruto no me pertenecen, lo único mío aquí es la historia. –
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Genie I
Capítulo 2: Invitación.
Madara no pudo creer que Naruto hubiera encontrado la remota manera de volver, pero se encontró en la calle como antes. Igual a tiempos anteriores, cuando su propia familia le había dado la espalda.
Naruto nunca más supo de ese hombre y tampoco esperaba hacerlo.
La nueva oportunidad de vivir que le había otorgado Hinata lo tenía con una gran sonrisa en el rostro y sus empleados lo supieron. Karin, su prima incluso fue a visitarlo para charlar y le sorprendió la felicidad que irradiaba el rostro de su familiar. Había ido a invitarlo para su matrimonio en un par de meses con un tal Suigetsu y él aceptó de buena gana.
– Pero debes llevar pareja. Sabes que al tío Jiraiya le gustaría que te casases pronto. – Le comentó sirviéndose del café que la secretaria de su primo le había traído.
– Lo sé.
– ¿Eso significa que por fin le harás caso? – Inquirió curiosa.
– No precisamente.
Karin bufó algo enfadada. – Espero no contrates una prostituta, al menos lleva a una de tus empleadas. – Replicó haciendo una mueca al recordar a su tío con una acompañante de dudosa procedencia en la última celebración familiar.
– ¡No haré eso dattebayo! – Le reclamó exasperado. – Y no te preocupes, yo no soy como él.
– Eso espero. – Dijo la pelirroja dejando la taza a medio servir sobre la mesa y dirigiéndose a la salida.
Naruto una vez se vio solo en la habitación intentó idear un plan para tener a algún acompañante. Quizás podría decirle a Hinata pensó. Pero Hinata es una genio y toda su vida ha ejercido el cargo, ¿sería posible que supiese de qué tratan las celebraciones de matrimonio? Era una de las preguntas, pero ¿A ella le gustaría acompañarlo o debería desear aquello?
Desearlo… Estaría obligándola. Él no quería eso.
Sin embargo la idea de ir junto a ella se le hacía cada vez más tentadora y de ser una opción, Naruto lo dejó como un deber. Él debía ir con ella. Quería que todo el mundo conociera a su salvadora, sin explicarles toda la historia –obviamente-, ya que el final más probable de decir todo ello sería él en un manicomio.
La imagen mental de él junto a Hinata en la boda, incluso como invitados era muy linda pensó sonrojándose.
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Al salir del horario de trabajo pasó por su restaurante favorito y ordenó tres porciones de ramen, luego en un puesto muy acogedor compró unos cuantos rollos de canela. Si no la convencía con el ramen, definitivamente esos dulces lo harían.
– Bienvenido. – Le sonrió la genio al verlo llegar.
Naruto dejó su maletín en una silla y se acercó a saludar a la mujer que se sonrojó por la cercanía. Kurama apreciaba todo esto desde su acolchada cama algo malhumorado.
Una llamada al departamento alertó a los convivientes, el rubio contestó haciéndole señas a la chica de cabellos azulados que guardara silencio, ella asintió y se alejó del teléfono a revisar las bolsas que traía consigo al llegar.
– Diga. – Contestó.
– ¿Cómo está mi ahijado favorito?
– ¿Viejo? – Se preguntó más bien a sí mismo comprobando la voz de su interlocutor.
– Veo que sigues igual de irrespetuoso como siempre… – El rubio rio por lo bajo. – Quiero reunirme contigo.
– ¿Hay algo importante? ¡Dime qué ocurre dattebayo!
– Tu boda. – Jiraiya supo del otro lado de la línea que su ahijado quedó petrificado. – Ya es tiempo que tengas familia Naruto.
– …
Naruto seguía en shock por el comentario. Si bien no era un hombre viejo, él no consideraba la idea de casarse por el momento. Él no quería casarse, mucho menos con cualquier persona. Sabía que Jiraiya lo mencionaba porque tenía en mente concertar algunas citas con chicas adineradas como ocurrió una vez en su adolescencia terminando todo eso en una pelea.
Suspiró algo cansado. Su tío era igual de persistente que él, convencerlo no sería fácil.
– Vamos Naruto… Date una oportunidad de estar con alguna chica…
Miró hacia un lado buscando las palabras correctas para negársele a su tío pero ninguna se le ocurría. En aquel momento sus ojos quedaron hipnotizados al ver a Hinata mirando curiosa los tazones de ramen encima de la mesa y los rollitos de canela que había dejado en un plato. Kurama se había acercado a ella olfateando estos nuevos alimentos desconocidos para los dos.
Sinceramente se había acostumbrado a estar con ella. En aquella semana había disfrutado de la compañía de la genio junto a su "adorable" mascota, pero la idea de que ella estaba realmente obligada a estar junto a él solo porque no había elegido sus últimos dos deseos le atormentaba. Quizás ella no quería estar ahí, quizás solo quería irse. Después de todo dejarla encerrada en su departamento no era la mejor definición de calidad de vida. La tenía encerrada al igual que cuando ella estaba en su lámpara.
– ¿Naruto sigues ahí? – La voz de Jiraiya lo trajo de vuelta.
– Ya tengo novia viejo. – El rubio sonrió al saber que por fin tenía una buena excusa.
–… – Ahora Jiraiya tomó silencio del otro lado pero sorprendió al rubio al contestarle. – Qué bien, quiero conocerla.
La llamada había finalizado.
Hinata notó que su amo parecía sorprendido y se acercó a él preguntándole bajito "¿Estás bien?" –Esto porque no sabía si él continuaba al teléfono o no ya que continuaba con el aparato cerca de su oreja pero no había hablado en un buen rato-.
– Hey idiota, mi ama te ha hablado. – Kurama rompió el silencio con su grave voz.
– ¡Estoy bien! – Exclamó rascándose sus cabellos rubios, colgando la llamada y dirigiéndose a la mesa.
Mientras los dos presentes aceptaron sus dichos, por dentro Naruto estaba totalmente nerviosos y con la piel de gallina. Su tío Jiraiya era de temer cuando se proponía algo y estaba seguro que si descubría que en realidad no tenía novia alguna, él se encargaría de buscarle alguna. Y siempre sería alguien que le trajera beneficios económicos a la empresa, a su tío no le importaba si esta persona era fea o vieja por lo que Naruto sentía escalofríos simplemente de osar mentirle al peliblanco.
¡Debo conseguirme una novia dattebayo!
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¡Había dado en el clavo! Hinata se había enamorado totalmente de esos deliciosos rollitos de canela, pero él no había sido capaz de invitarla a la boda del viejo.
Mucho menos de pedirle aunque sea por un pequeño lapso de tiempo que fuese su novia de mentiras.
Novia de mentiras
Por alguna razón no le agradaba esa frase. Se removió algo incómodo sobre el sillón.
– Oye idiota deja de moverte y déjame dormir.
– Tch. – Se quejó el rubio acomodándose por última vez antes de cerrar los ojos de nuevo.
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– Supongo que es una chica, ¿me equivoco? – El rubio casi da un salto internamente que lo lleva al cielo del susto.
– Sasuke-teme, ¿Cómo…? – Su amigo lo interrumpió.
– Llevo dos minutos aquí y ni cuenta te habías dado dobe.
A pesar de que el tono de voz siempre era frío y sus palabras las justas, Naruto sabía que Sasuke no estaba enojado; más bien, sentía curiosidad.
– ¿Cuál es su nombre?
– ¿Eh? – El moreno tuvo ganas de pegarse en la cara por lo lento que a veces podía ser su amigo.
– La chica…
– Ah… Ella se llama… – Se rascó sus rubios cabellos intentando calmar su nerviosismo por hablar de ella. – Hinata.
– ¿La invitarás a la boda de tu prima?
– Eso quiero… – Miró a su amigo unos momentos recordando. – ¿Tú irás a la boda de Karin?
– Estoy invitado. – Fue la corta respuesta dada.
Naruto lo miró con algo de tristeza. – ¿Y no te sientes mal?
Su oscura mirada lo enfrentó. – ¿Por qué debería?
– Es solo que Karin estuvo siempre detrás de ti y ahora ese tal Suigetsu… ¿No te sientes mal por quedarte solo? – Y es que su amigo no era muy simpático con la gente, mucho menos sociable. Naruto creyó que la única oportunidad de tener a alguien se le había esfumado.
– Idiota. – Sasuke sonrió. – ¿Quieres que la separe de su nuevo amor solo porque me quedaré solo?
– Bueno, yo…
– A Karin nunca la amé, supongo que será feliz con ese tipo.
El silencio les rodeó después de esta confesión. Sasuke nunca mostró que la pelirroja le importara siquiera un poco, pero ahora él decía de una manera muy indiscreta que juntos ella no habría sido feliz. Su amigo ahora estaba observando fijamente una reliquia de plata que adornaba su oficina, -y ahora que lo analizaba, siempre él quedaba mirando aquella cosa-.
Como si tuviese paz con solo verla.
A veces creía que Sasuke iba a verlo a su empresa solo por mirar unos momentos aquella antigüedad.
– Le dije al viejo que tenía novia.
El Uchiha volteó a verlo rápido. Como si se hubiese perdido de algo. – ¿Y eso?
– Es una mentira, lo hice porque él quería planificar citas con chicas ricachonas como la vez anterior.
– ¿Quién es Hinata entonces? – El solo nombrarla le hizo sonrojar.
– Ella es… mi salvadora.
Los ojos negros le quedaron observando durante un momento intentando adivinar el significado de aquellas palabras.
– Quiero llevarla al matrimonio y no sé cómo decirle dattebayo. – Naruto apoyó su cabeza bajo sus brazos.
Al ver a su amigo tan acomplejado por la tal Hinata, Sasuke bufó por lo bajo y se dirigió hasta quedar frente a su amigo-rival obteniendo la atención de este.
– Puedes…
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Notas de la autora: Lo dejo hasta aquí esta vez… ¡Muchas gracias por todo el apoyo que me dan!
Con respecto al fic quisiera aclarar que no di tantos detalles de la situación de Naruto con Madara básicamente porque me iría por otro lado y la historia se extendería demasiado. Bye bye~ Nos leemos en el próximo capítulo.
