Mientras haya vida hay esperanza

Mientras los caballeros Andrew, Cornwell, Granchester, O`brian, y Brighton que esperaban en el primer piso, tal vez preocupados, confundidos, cómo podrían explicarse esa situación, la cual desconocían. En el piso de arriba un hombre se limpiaba las lágrimas y trataba de recuperar la compostura tenía que seguir adelante por sus hijas.

Había decidido que llegado el momento solo las entregaría a los hombres apropiados, y estaba seguro que los hijos de sus amigos, así que después de unos minutos bajo con su pequeñas en los brazos mientras Carlotta la mucama llevaba consigo a la pequeña Kristel en la misma dirección, mirando a los hombres les dijo. -Caballeros les presento a mis grandes tesoros, - su voz demostraba orgullo aunque tenía un dejo de tristeza en ella lo cual no pasó desapercibido para sus compañeros, y acercándose un poco más a ellos les dijo- a Kristel ya la conocen, - la pequeña tenía era el vivo retrato de su madre sus ojos verdes como el jade, el blanco de su piel, más el color ligeramente rojizo que ella tenía en sus cabellos, además de ser tan rizado como el de ella, solo tenía en apariencia las pecas de su padre cuando era joven. - y ellas son Cadence y Candice Ó Conaill. Eso lo dijo asercando a las pequeñas a sus amigos.

Robert..- se aventuro a hablar el señor Brighton- ¿Cómo está Emma?.

Emma.. ella- ya no pudo responder, sus ojos se llenaron de lágrimas, Y entonces sus compañeros supieron lo que sucedía Ema ya no estaría con ellos. Todos los pusieron sus viajes de Retorno a sus hogares para acompañar a su amigo Durante los funerales después de eso tardaron meses en volverse a ver.

Había llegado el invierno y con ello Robert Había decidido viajar a América llevando consigo a sus hijas. Y a la nana de ellas, además de una nodriza que decidió buscar el día que nacieron, durante ese viaje las cosas iban bastante extrañas desde que abordaron el barco, sentía como si fuera observado así que le había pedido a su mano derecha vigilar a sus hijas y a las mujeres que las cuidaban. Temía que algo pudiera sucederles.

Viajaban con rumbo a Chicago, pero el tren sufrió una emboscada, un grupo de bandidos, habían subido bordo, tomaron Rehenes entre los cuales se encontraban dos mujeres y cada una de ellas llevaba una niña consigo.

Una de esas mujeres de cabello lacio y oscuro como la noche y ojos azules como el cielo iba en busca de su amado para que el al fin conociera a su hija, habían tenido relaciones sentimentales por casi tres años hasta que el asistente del rico magnate secretamente se casó con ella y ahí tenían una hija la cual no conocia, y ella había querido sorprenderlo pues tenía casi un año de no verlo pues viajaba constantemente por los negocios de su jefe.

La otra mujer era un poco mayor se trataba de la nana de las pequeñas Ó Conaill, llevaba con ella a la pequeña Candice, justo estaba acomodándola en su cesta de viaje, pues recién se avía dormido, y cuando lo obligaron a salir del tren tomo a la niña aún en su cesta, pues los bandidos se lo habían ordenado. Los siniestros hombres tenían planeado vender a las niñas, mientras que a las mujeres las utilizarían para satisfacerse.

Aquella noche des0ues de ser ultrajadas por esos siniestros hombres, estos estaban ebrios y se quedaron dormidos las dos mujeres decidieron salir de aquella choza donde las tenían así que lo más silenciosamente posible tomaron a sus pequeñas, para huir de aquellas bestias.

Ambas mujeres en la oscuridad de la noche comenzaron a andar desconociendo el rumbo. Caminaron toda la noche y todo del día siguiente a través de la nieve hasta que lograron ver una pequeña luz a lo lejos decidieron ir y pedir ayuda, tal vez un poco de alimento para ellas y las pequeñas cuando una de ellas, la mujer de cabello oscuro tropezó junto a un gran árbol y no pudo seguir caminando, le pidió a la otra mujer llevar consigo a su pequeña, la señorita Stacy llevo a las dos pequeñas hasta el umbral de la casa que se vislumbraba al acercarse se dio cuenta que cuidaban más niños así que dejo a las niñas en la puerta después de tocar un poco para que abrieran, solo que no espero a ver a quien lo hiciera y decidió regresar a ayudar a la otra mujer, con la esperanza de regresar las dos a lado de las criaturas.

Al llegar al gran árbol por la mujer los hombres de los cuales habían huido las habían encontrado, y ahora las llevaban a un destino que desconocían, pero de algo estaban seguras era aún más oscuro de lo que jamás hubieran podido imaginar, alguna vez voltearon al lugar donde se quedarían las pequeñas, y al ver como una mujer mayor y una monja las recogían de la nieve una amarga sonrisa de dibujo en sus rostros, algo era seguro las niñas estarían mejor que con ellas en esos momentos.

Mientras tanto a la ciudad de Chicago llegaba un afligido hombre acompañado de una mujer y dos pequeñas niñas, ¿acaso la viva se empeñaba en arrebatarle lo más preciado solo a él?, no es que deseara que lo que el sufría lo padeciera alguien más, pero porque todo esto le sucede solo a él, apenas comenzaba a superar la muerte de su esposa y ahora alguien le robaba a una de sus hermosas hijas. ¿Cómo se suponía que cumpliría la promesa hecha a su esposa al morir? - ooh Emma he perdido a Candice, pero te juro que lo que resta de mi vida no descansare hasta encontrarla. - pensaba al tiempo que hacia una nueva promesa a la memoria de su esposa.

En la estación ya lo esperaba un hombre moreno, que vestía un traje negro.

-Bienvenido sir Ò Conaill, el señor Andrew lo espera en la mansión- dijo George en cuanto lo vio, y señalando a donde el carruaje que los llevaría los esperaba, Robert no dijo nada solo asintió con la cabeza y lo dejo que lo guiara.

Esa actitud era bastante extraña de caballero irlandés, además algo más estaba mal entre sus acompañantes faltaban dos personas, pero no menciono dicha observación, en poco tiempo llegaron a la mansión Andrew en Chicago. William habría querido hacer un gran festín para recibir a su amigo, pero como aún estaba de luto no era opción. Esperaba en el pórtico junto a su esposa Priscilla, su sobrina Janis y su esposo el Sr. Cornwell, ambas parejas al ver que del carruaje descendía Robert solo con dos niñas comenzaron a preocuparse, ¿Dónde estaba la otra pequeña? Fue la pregunta que se formó en los cuatro rostros. Algo no estaba bien eso era seguro.

Una vez dentro de la mansión los tres hombres se dirigieron a la biblioteca dejando a las damas para que llevaran a las pequeñas a descansar. Una vez solos los hombres comenzaron a hablar sobre el dilema que sería encontrar a la pequeña desaparecida, tanto Cornwell y Andrew estuvieron de acuerdo en no mencionar los compromisos del primogénito de los Conwell y el único varón Andrew las aun niñas Ò Conaill hasta encontrar a la que faltara, por lo tanto, pondrían a sus mejores hombres a trabajen la búsqueda de la misma, mientras tanto la familia de Robert regresaría a Irlanda, al concluir de cerrar los negocios que lo habían traído a los Estados Unidos. Confiando en que sus amigos encontrarían a su pequeña hija, y claro dejando a su fiel asistente el joven Jefferson a cargo de una búsqueda indefinida de la misma.