Eran pocas las cosas que podrían llenar de paz su corazón, una de esas era la tranquilidad con la que los árboles se mecían ayudados por la suave brisa y aquellas hojas que desprenden y caen curiosas sobre el río y navegan lentamente con la corriente.

Ahí a la orilla del río la princesa encuentra paz al menos por el momento de las presiones que implica ser la princesa y próxima soberana de Seitokai. Mirando las ondas cristalinas y el brillo de la luz que refleja en su alma soñadora, y en ella el reflejo de aquella linda chica que se ocultaba tras un árbol al otro lado.

─ no fui lo bastante clara, supongo ─ dijo Ayano tomando entre sus manos una hoja color naranja que estaba sobre la hierba

─ Mis sinceras disculpas mi lady ─ salió de su escondite aquella chica y cruzando más arriba por donde un tronco servía como puente, avanzó hasta estar cerca de la princesa

Ayano se giró lentamente hasta estar frente a frente, su vista la mantuvo baja presa de aquella hoja que seguía sosteniendo. Yui sonrió y ante ella de rodillas se colocó, tomando la mano de la princesa y la hoja era alejada dejaba sobre aquella delicada un beso suave que hizo temblar.

─ no creo que usted Funami-san respetara mi espacio aunque se lo hubiera dicho ─ con eso Ayano retirase su mano de encima de la de Yui con mucha sutileza

─ tal vez tenga razón, pero es mi deber ser vigilia de sus pasos ─ dijo Yui colocándose firme frente a ella que avergonzada de aquella mirada desvió sus ojos hacia un costado

─ ahórreselo, ¿Qué importancia tiene ya? ─ estaba teniendo un momento agradable ¿podría culpar a Yui de sacarla del paraíso para traerla a la realidad?

─ tiene mucha importancia mi lady ─ Yui no desistió de encontrar sus ojos y arriesgándose más cerca de ella con una mano la tomo de la muñeca mientras que con la otra tomaba tal delicada flor y obligó a levantar aquella hermosa mirada ─ lo es para mi

─ pensamos diferente Funami-san, pero eso no parara lo que viene ─ con un deje de tristeza Ayano habló de lo profundo dolor que le causaba ─ es difícil incluso ahora no creo tener el valor suficiente para seguir fingiendo

─ podemos hacerlo… Ayano ─ acarició aquel largo cabello antes de desviarse a la mejilla de la princesa ─ deja que tus sentimientos sean los que te guíen

─ eres bastante terca ─ Ayano se inclinó un poco hacia delante para luego dejar sus ojos en la oscuridad, mientras sobre sus labios le acariciaba aquellos de su compañera creando un maravilloso beso de amor.

Yui rodeó a la chica que amaba entre sus brazos mientras ella pasó sus manos alrededor de su cuello. El beso se volvió más intenso, más era la necesidad de estar junto a la princesa de sus sueños. Ayano rompió el beso para recuperar el aliento mientras sus mejillas se ponían rojas, en ella una sonrisa le adornaba y sus ojos reclamaban el alma de Yui y se inclina y recupera aquellos labios de su amada.

. . . .

Dudando hasta hace poco estaba ella pues si de hacer lo que Kyōko le pedía estaría en juego aquello tan hermoso que esconde junto a la princesa, pero, de no hacerlo nada le aseguraba de que Kyōko hiciera de las suyas y que terminaría por lastimar a Ayano.

¿Qué podía hacer?

¿Huir con Ayano?

¡Imposible! Ella se negaría e incluso sospecharía de aquella que pretende salvar su amor

¿Enfrentarse a Kyōko?

¡Tampoco! El hecho de que no haya aparecido Chinatsu ni Akari le decían que la rubia tenía un plan de respaldo en caso de que Yui decidiera cobrarse lo que le ha hecho.

Tal vez, y solo así, si decidiera seguirle el juego a Kyōko podría ganar tiempo y alejar a la princesa de las garras de Kyōko. Para eso debía complacer a la rubia con sus estúpidos caprichos y hacer ese trabajo que necesita hacer para ella.

Pero ¿que sucedía si en aquella estúpida treta se vuelve una recreación de lo que sucedió en Nanamori?

Dichos eventos habían estado inundando la mente de Yui desde que Kyōko reapareció, recordar el dolor que sintió a ser abandonada por la que consideraba su más grande amiga, y todo por un puñado de diamantes y unas bolsas de oro. Fue justo aquel momento en que Yui entendió lo que realmente valía para su amiga Kyōko… nada.

En la oscuridad de la noche Yui se escabulló con mucho sigilo en el palacio donde seguro que encontraría a la rubia, aunque claro que tuvo información de una infiltrada en el palacio que gustosa le ayudaría, y no, no es la princesa Ayano la que me refiero sino la humilde sirvienta Chitose.

Preparada llegó hasta la puerta indicada donde sin esfuerzo la puerta se vio abierta revelando una habitación iluminada. Yui recorrió la habitación con los ojos mientras se adentraba en la misma y cerraba la puerta tras de sí para que nadie entrara o saliera. Sus ojos fueron hasta la rubia que de espaldas en el balcón miraba las estrellas mientras el viento nocturno presumía su cabello rubio

─ has venido, ya me estaba dando sueño de tanto esperarte ─ dijo la rubia volteándose y estirando los brazos

─ Muy bien Kyōko, ¿Qué es lo que quieres de mí? ─ Yui fue directa, estar junto a la rubia le provocaba querer estrangularla

─ Y me lo pides en eso tono tan serio, Yui-nyan ¿no recuerdas nuestras aventuras?

─ eso es algo que desearía olvidar ─ dijo apretando los puños pues no necesitaba recordar o Kyōko podría despertar al día siguiente llena de moretones

─ jajaja por favor, vienes a mí pidiendo que volvamos a hacer lo que mejor se nos daba en esos tiempos ─ la rubia caminó con gracia alrededor de la chica hasta que sentándose en el filo de la cama cruzo las piernas y apoyo sus manos sobre las rodillas ─ sé que ansias revivir nuestros días de gloria

─ ¡no tengo alternativa! ─ le reprocho

─ relájate, te estas poniendo muy agresiva

─ discúlpame si no corro a tus brazos ─ Yui habló con sarcasmo ─ pero en realidad si quisiera correr hacia ti y romperte los dientes

─ hablando de dientes… es curioso como llegue a encontrarte en este lugar

─ ¿Qué tratas de decir? ─ preguntó algo desconcertada

─ te contare un secreto ─ Kyōko tomo las sabanas y se cubrió con ellas mientras lanzaba un bostezo ─ tu eres la razón por la que vine a Seitokai, hace frio ¿tú no tienes frio?

─ ¿Qué?

─ jejeje apuesto a que eso te confunde ─ Kyōko salto de la cama y corrió hasta el balcón donde extendió los brazos bajo las estrellas ─ es tu culpa amiga mía, gracias a ti yo estoy ahora aquí

─ estás diciendo estupideces

─ ¿estupideces? No es así… yo te andaba buscando, en realidad nunca me intereso este reino

─ ¡entonces vete! ─ le ordenó ─ ya me encontraste ahora ya puedes marcharte

─ no es tan simple ─ dijo moviendo el dedo de un lado a otro ─ Akari me dijo dónde estabas, gracias a eso vine a este lugar, y de casualidad me topé con una ladrona que acababa de robar a una ciudadana.

─ supongo que intentaste quitarle lo que había robado ─ dijo Yui remarcando el cómo actuaba la rubia en casos especiales ─ es propio de ti demostrar tu superioridad

─ supones bien, pero con lo que no contaba era que la mismísima reina Himawari me viera vencer a esa chica

─ ¿de qué hablas?─ si la reina la había visto ¿Por qué la eligió para ser la prometida de Ayano?

─ Pues de que, una mentira llevó a la otra y las cosas se me salieron de las manos y sin darme cuenta yo era la prometida de la princesa Ayano. Toshinō Kyōko; descendiente de una familia noble de Gorakubu, una pequeña provincia al este de Nanamori

─ todo fue un malentendido ─ Yui pensó muy rápido la situación, algo de lo que se avergonzaría segundos mas tarde

─ Se podría decir que si ─ Yui se giró dispuesta a marcharse ya que con ese nuevo dato podría deshacerse de Kyōko sin la necesidad de robar a Seitokai ─ ¡espera Yui! Supongo que tienes un plan para desacerté de mi

─ eres una farsa no, ¿Qué más necesito saber? ─ dijo Yui reanudando su andar

─ bueno, supongo que te preguntaran como es que lo sabes

Yui se paró en seco justo cuando disponía a abrir la puerta, su mano cayó despacio pues había sido golpeada por su propia falla. Era cierto lo que Kyōko decía, aun si había llegado a ese punto con mentiras, Yui no podía delatar a la rubia pues se estaría condenando así misma

─apuesto que Ayano se pondrá muy triste si se enterara de lo oscuro que ha sido tu pasado ─ Kyōko disimulo una risita que burlona parecía para los oídos de Yui

─ eres de lo peor ─ Yui cayó de rodillas ocultando su rostro entre sus manos

─ claro que no, después de todo tendré lo que necesito y todo gracias a ti

─ ¿no te fue suficiente todo el oro que habías robado durante años? ─ pregunto Yui como recordatorio a todo lo que habían juntado durante sus oscuros días

─ lo sería, pero siempre quiero darle lo mejor a mi querida Chinatsu-chan

─ solo ella goza de tu cariño, nosotras no te hemos importado… Akari… quien siempre estaba en contra de lo que hacíamos estaba en lo cierto, pero tú no querías ver lo que ella sentía y en la primera oportunidad la desechaste sin importarte si moría o no.

─ me conoces bien, Akari era débil y las débiles son solo estorbos para Gorakubu