Sokovia

2008

Sin importar los años de experiencia Lyanna no pudo evitar sentirse culpable cuando el pequeño que trataba soltó un quejido de dolor al sintió el escocer del roce del algodón sobre su herida en la frente. Finalmente se había dejado tratar, después de varios intentos fallidos de separar a ambos niños que a pesar de estar prácticamente inconscientes se rehusaban a soltar la mano del otro, pero era necesario otorgarles la atención médica necesaria cuanto antes posible. La mejor solución que pudo conseguir fue ponerlos en camillas continuas para que estos pudieran dejar de gastar las pocas energías que les quedaban.

El doctor que había atendido al niño no había encontrado más que heridas superficiales además de una terrible deshidratación. No era ni por cerca el caso más terrible que había visto, por Dios estos eran tiempos de guerra, pero cada caso que se trataba de niños por más simple que fuera hacía que se desgarrara su corazón, no podía imaginar todo lo que había sufrido esa criatura y más ahora que habían quedado solos en la vida. Se dedicó a hacer lo de rutina limpiando y vistiendo ropa de hospital al pequeño, colocando la intravenosa y prestando suma atención en tratar sus heridas superficiales.

A pesar de ciertos gimoteos de vez en cuando el niño se encontraba inconsciente al igual que su la pequeña que se encontraba en la cama continua, cuyas heridas tenían un nivel más alto de gravedad necesitando sutura pero aún así siendo algo muy leve que no se llevaría más que algunos puntos. No podía evitar preguntarse que sucedería ahora con ellos mientras salía al pasillo, pero sus pensamientos fueron interrumpidos por el abrir de par en par de las puertas de la emergencia.

Los paramedicos traían a otra criatura completamente cubierta de polvo y escombros, otro de los pocos sobrevivientes del bombardeo, esta se encontraba tosiendo sin control, escucho gritar que sus vías respiratorias estaban comprometidas, vio como los doctores se abalanzaban hacia la pequeña para proceder a intubar.

"¡No, Anna! ¡No le hagan daño!"

El niño había despertado y se encontraba dando débiles intentos por retirar la intravenosa de su mano para salir de la camilla hacía donde se encontraba la otra niña.

"¡Hey tranquilo, pequeño! Todo estará bien, calma, o solo lograras hacerte mas daño"

"¡Anna! ¡Anna! ¡Wanda despierta es Anna!"

La enfermera vio puso sus manos sobres los hombros del niño para intentar que volviera a recostarse y se calmara, pero el niño seguía dando sus débiles intentos de levantarse y remover su intravenosa, además al voltear vio como la niña de la cama de al lado se removía reaccionando su voz pero volvió a caer rendida en sueños, no le quedo de otra que sacar la jeringa que tenía guardada en el bolsillo de su bata y hacer dormir al niño antes de que lograra hacerse daño.

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Wanda despertó sobresaltada esperando encontrarse atrapada debajo de los escombros de lo que había sido su casa, respiró profundamente al ver que todo fue un sueño y no se encontraba de regreso en ese lugar.

Duró unos segundos en reconocer el lugar donde se encontraba y su desesperación se hizo presente al notar que ya no se encontraba en la sala de emergencias con su hermano a unos metros de ella. Se encontraba en el hospital todavía pero en una habitación para ella sola.

Era de noche, se dio cuenta al mirar por la ventana. Las únicas luces que habían en la habitación eran las se filtraban por la puerta entre abierta.

Se aferró a las cobijas de la cama de hospital y dio respiraciones profundas, nunca había tenido la oportunidad de darse cuenta de cuanto miedo le daba la oscuridad...

No, a la oscuridad no, A estar sola.

Wanda nunca había estado sola a la hora de dormir, pues compartía cuarto con sus hermanos, o lo había hecho hasta ahora...

Poco a poco fue reuniendo valor para abrir los ojos y salir de las sábanas, se estremeció un poco cuando apoyo sus pies en el suelo, estaba helado. Aún sintiéndose débil se incorporó ayudandose del atril de ruedas donde colgaban bolsas de líquidos que estaban conectados a su intravenosa y apoyándose de el logro llegar hasta la puerta.

Wanda entrecerró sus ojos un poco por la molesta claridad de las luces del pasillo, miró hacía ambos lados encontrándo solo un pasillo lleno de puertas cerradas con números de habitación en ellas, al fondo solo había un puesto de enfermeras y un elevador. Caminó un poco, sintió un leve mareo y una punzada de dolor en su cabeza, la luz le molestaba en los ojos y sus ojos se llenaban de lagrimas al darse cuenta de que no tenía indicios de donde podría estar su hermano.

¿Donde estás? Prometiste no dejarme sola...

"Hey pequeña"

Una enfermera de cara amable se había acercado a la niña y colocado en cuclillas para poder hablar a su altura.

"No deberías estar aquí, es muy tarde, debes descansar"

"¡No! ¡Pietro! ¿Dónde estás?"

Dijo la niña corriendo su mano y retrocediendo cuando la enfermera intentó tomarla, hubiera intentado correr si el mareo que sentía no le estuviera empezando a ganar. El sonido salió ronco de su garganta y tosió un poco, no había notado lo seca que estaba su garganta como si no le hubiera dado uso desde hace mucho tiempo.

"Esta bien, tranquila, no te haré daño, mi nombre es Lyanna. Si me acompañas y me ayudas quizá pueda ayudarte "

La niña con vio con sus ojos llenos de lagrimas a la mujer rubia que le sonreía calmadamente con la mano extendida y por la necesidad de cubrir ese gran sentimiento de soledad que crecía en su pecho tomo su mano dejándose llevar a la habitación donde había salido minutos antes.

Una vez sentada en la cama con los pies colgando, vio asustada como la enfermera arrimaba un carrito donde se encontraban varios objetos que no sabía identificar, pero había uno que podía identificar correctamente al cual era imposible no tener miedo.

"Tranquila, sin agujas por ahora, prometo que solo será un chequeo de rutina ¿Le parece bien señorita...?"

"Wanda"

"Muy bien Wanda, necesito que abras la boca y que digas 'Ah', muy pero muy grande"

Mientras se dejaba examinar, Wanda respondió a calladamente a todas las preguntas que hizo la enfermera tanto sus datos personales como la presencia de algunos síntomas. Pero no pudo evitar el sentir sus ojos llenos de lágrimas y su corazón desolado al pensar en lo peor al no entender por qué si ambos habían llegado juntos al hospital, ahora no tenía a su hermano a su lado, el había prometido no dejarla sola...

"¿Murió verdad?"

"¿Quien?"

"Mi hermano y yo llegamos juntos y ahora no está conmigo, él también murió mientras dormía ¿Verdad?"

Wanda no pudó evitar que su pequeña voz se quebrara al mencionar la palabra muerte y las lagrimas corrían sin parar por sus mejillas. Entre sollozos sintió como la enfermera la rodeaba entre sus brazos.

"No pequeña, él está bien"

"¡Miente! ¡El dijo que no me dejaría y ahora no está!"

Grito la pequeña desesperada entre sollozos incontrolables, hasta que la enfermera tomó su rostro para que la mirará a la cara.

"Wanda, mírame, no estoy mintiendo ¡El está bien! Los dos llegaron en la mañana, tuvimos que separarlos porque tus heridas necesitaban mucha atención, ambos estaban muy débiles y necesitaban descansar. Pero la buena noticia es que ahora los dos están bien"

"¿Puedo verlo?"

Una esperanza creció en su interior, Pietro estaba bien, necesitaba estar con él.

"No pequeña, es muy tarde y ambos necesitan descansar, mañana podrás verlo"

Wanda vio el reloj de pared que había en la habitación, 11:47, aún faltaban muchas horas para mañana, la niña simplemente olvidó todos los mareos y dolores, no podía aguantar tantas horas a solas, envió su mayor mirada suplicante a la enfermera antes de hablar.

"Por favor señora, necesito estar con él, por favor, es todo lo que me queda..."

Vio a la enfermera mirarla fijamente dudosa durante unos segundos, hasta que finalmente dio un suspiro y extendió su mano.

"Ven conmigo"

Wanda fue guiada hasta la habitación que se encontraba frente a la suya. Entonces vio a su hermano profundamente dormido en la cama de hospital, tenía ciertos golpes en el rostro y una bandita en la frente, grandes bolsas se encontraban bajo su rostro. Soltó el aire que no se había dado cuenta que había estado reteniendo.

Camino lentamente aficándose del atril de ruedas, al verlo de carca acarició su cabello y una vez en la cama se recostó abrazando a hermano y lloró.

Wanda lloró hasta quedarse dormida, lloró de tristeza, lloró por el dolor de sus heridas, lloró por la perdida de su familia y su hogar, lloró al recordar el miedo de haber estado atrapada con su hermano durante dos días sabiendo que podrían morir en cualquier momento. Pero se aferro aún más fuerte a su hermano porque principalmente lloraba por el alivio de pensar que no lo había perdido a él, que era lo único que le quedaba...

La enfermera observó la desgarradora escena desde el umbral de la puerta, reconoció que sería inhumano regresar a la pequeña a su habitación y salió sintiéndose una intrusa ante un momento tan intimo.


¡Hola tu!, así es, te hablo a ti. Si leíste esta historia días atrás notaras que este debería ser el capítulo Nº3, pero por armonía de la longitud de los capítulos (Ya que en su mayoría serán más extensos) decidí unificar los antiguos capítulos 1 y 2. Si es la primera vez leyendo puedes seguir adelante, nada ha pasado.

Gracias por tu atención ¡Eso ha sido todo! La autora de despide, bye.