Capitulo 2
El Entrenador
Esa mañana desperté, y Red seguía dormido, en el suelo de mi habitación. Aún desnudo. Decidí no darle importancia, y me levanté de la cama, busqué mi uniforme y salí de mi habitación con rumbo al baño. Al llegar, lo primero que llamó mi atención fue la herida sobre mi ojo derecho; había pasado de un claro color purpura a un color oscuro, casi negro. Los eventos de la tarde anterior se repitieron en mi mente, como si estuviesen proyectándose en el espejo para mí.
Ese grito de Red fue lo que lo salvó; de no haber escuchado eso, yo no habría llegado y quién sabe lo que ese tipo pudo haberle hecho. Realmente no entiendo aún cómo Red se las ingenió para meterse en líos con un sujeto como ese, pero sé que tiene algo que ver con… ella.
Decidí dejar de pensar en tonterías y me metí a la regadera, dejando que el agua caliente me limpiara de todo pensamiento innecesario. Sin embargo, mi calma solo duró un par de minutos, pues pronto escuché como alguien golpeaba a la puerta del baño.
"¿Green?" Era Red. Debí suponer que despertaría al escuchar el agua; siempre ha tenido el sueño muy ligero. "¿Eres tú?"
"Pasa." Gruñí. Esta era una de las cosas que me molestaban de cuando Red se quedaba a dormir. Él tenía un… no sé si se le podía llamar "gusto", pero quizá era una costumbre que podría parecer le extraña a los demás. La puerta de cristal se corrió, abierta y cerrada rápidamente. Ajusté la posición de la regadera, de modo que el agua nos golpeara a ambos. "Estás-"
"Si, Green, estoy de espaldas." Bien. Esa era la única condición en la que le permitía hacer esto. Le extendí la barra de jabón por sobre mi hombro, dejándola justo en su mano. Habíamos convertido esto en una rutina de tal forma que nos sincronizábamos perfectamente, casi como los clavadistas en las olimpiadas, o un par de bailarines. No es como si me fascinara bailar. Levanté la mano izquierda por encima de mi hombro, justo para recibir de vuelta el jabón, y comencé a tallarme con él. "¿A qué hora iremos al gimnasio?"
"Justo al salir de clases." Respondí cortante. En realidad esperaba el momento en que quisiese salirse de lo que acordamos. Pero nunca llegó.
"¿Debo llevar algo?"
"Agua, y una toalla para limpiar tu sudor." Le entregué el shampoo por arriba de nuestras cabezas, y lo sentí tomado de mis manos en segundos. "¿Metiste a lavar tu uniforme?"
"Si, anoche." Respondió él, sonando tan entusiasta como siempre. "Espero que ya esté seco."
Después de diez minutos de una rutina que conocíamos a la perfección, diez minutos que se fueron en plática aleatoria, bromas de su parte y risas unilaterales, salimos- como era parte del acuerdo- él primero y yo cinco minutos después. Todo normal, como si lo de ayer nunca hubiese sucedido. Desearía que no, desearía que sus deseos de vivir y su visión del mundo no se hubiesen alterado, desearía que su voluntad por vivir a su manera siguiera intacta. Pero ahora, mientras lo veo secarse el cabello, con la mirada fija en el espejo a su izquierda, veo que ya no es el mismo.
Veo que quizá el Red que conocí sufrió un cambio irreversible.
Llegamos la escuela juntos, cosa que rara vez hacíamos. No es por antipatía o por alguna otra cosa, es simplemente impráctico. Red vivía a 2 kilómetros de la escuela, y yo a casi 4, en direcciones completamente opuestas, entonces resultaba estúpido ir a la casa del otro y después regresar al colegio. Como fuese, al entrar, todas las miradas fueron a parar sobre nosotros; tanto por el maltrecho estado de Red como por mi ojo herido, pero un par de miradas malintencionadas eran lo necesario para ahuyentar a muchos.
Desgraciadamente, nos encontramos con ella, al llegar al casillero de Red. Para mi sorpresa, él la ignoró majestuosamente, y simplemente le dio la espalda para sacar las cosas de su casillero. Ella nos veía, desde el fondo del pasillo, de tal manera que no pude descifrar lo que pensaba. Ya hace mucho tiempo había perdido esa habilidad.
"Voy a clase." La voz de Red me devolvió a la realidad, y pronto sentí su mano sobre mi hombro. Levanté la mirada, y me encontré con su rostro sonriente. "Nos vemos después, en el patio. " Antes de poder decir algo, él ya se había marchado, en la misma dirección por la que llegamos. Suspiré pesadamente, antes de girarme hacía el lugar donde estaba ella, pero no la encontré.
Solo me quedaba esperar que las cosas mejoraran.
Pero no, las cosas solo fueron de mal en peor. Podía sentirlo, muchos de ellos me estaban mirando; un par de chicos al frente de la clase me lanzaban una mirada sucia discretamente por encima de sus hombros, algunos a mi derecha lo hacían de una manera más descarada, y yo sabía por qué.
Ese chico que golpeó a Red ayer- su nombre era Bruno Oki, era miembro del equipo de fútbol de la escuela, y parte de algo llamado la "Elite 4". No acostumbro sumergirme en el parloteo de la preparatoria, ni me importan mucho los chismes pero sabía lo suficiente como para darme cuenta de que la noticia de nuestro pequeño encuentro se había regado por toda la escuela.
Salí de mis pensamientos cuando un trozo de papel cayó en mi pupitre. Miré hacía el frente, de donde había venido, pero el tipo sentado en esa dirección se había girado y me daba la espalda, por lo que me dio pereza preguntar. Desdoblé el encargo y no pude evitar reír por lo bajo:
"No entiendo qué hay de gracioso en una tabla de frecuencia absoluta, joven Oak." Me llamó el profesor, un hombre viejo y de estatura baja. Todas las miradas fueron a parar sobre mí, pero esta vez no le di mucha importancia.
"Lo siento, debo retirarme." Sin esperar una afirmación o un reclamo, tomé con una mano mi mochila, y con la otra estrujé la nota que me entregaron, hasta hacerla una pequeña bola y dejarla caer en el suelo. Los murmullos no se hicieron esperar, y esta vez los aprecié, porque el barullo era tal que no pude escuchar al profesor.
"Él te hará pomada." ¡Qué divertido!
Vagué por los pasillos de la escuela por un buen rato, esperando encontrar a ese tipo, simplemente para dejar en claro que no me iba a dejar intimidar. Al pasar los segundos, empecé a escuchar pasos detrás de mí, cada vez más y más sonoros, pero tranquilos; supuse que se trataba de los chicos que estaban saliendo de clases. Eso significaba que tendría que esperar hasta después; no valía la pena poner en riesgo mis notas faltando a mas clases solo por darle una lección al fortachón estúpido.
Aunque eso me puso a pensar un poco. ¿Por qué estaría buscándome? Si ya logré vencerlo una vez, ¿Qué le hace pensar que no ocurrirá otra vez? La respuesta es muy obvia: la siguiente vez que nos encontremos, él tendrá alguna especie de ventaja. No sería tan estúpido como para meterse de nuevo conmigo sin tener alguna especie de plan. ¿Pero cuál podría ser?
Lo primero que se me vino a la mente fue… números. Superioridad numérica, conseguir un par de tipos para tener una ventaja injusta y cobarde, y dado a que él era del equipo de fútbol, lo más seguro es que consiguiera a un par de jugadores para hacer el trabajo sucio.
De acuerdo, el ruido ya se estaba haciendo insoportable, así que aumenté la velocidad solo para salir al patio o algo. Pero entonces, algo pasó por el rango de mi visión periférica, algo que me hizo frenar mis pensamientos en seco; pasé por la puerta de un aula, y por la ventanilla, pude ver a un profesor, dando una clase… Sin llamar mucho la atención, bajé la mirada y acomodé el reloj en mi muñeca izquierda para ver la hora con claridad.
Faltaban 10 minutos para el cambio de hora. Solo pude imaginar lo peor, entonces me eché a correr.
"¡Atrapen al cabrón!" La estampida no se hizo esperar, y la oleada de gritos y maldiciones tampoco. Me navegué a toda velocidad por los pasillos, con gran destreza, si cabe mencionar, aún más fácil dado a que estaban vacíos en su mayoría. No quería girarme, pero los sentía cerca de mí- tampoco estaba seguro de cuantos eran, pero sé que eran los suficientes para mantenerme ocupado un buen rato, al menos hasta que llegara Oki.
Finalmente, salí al patio. O por lo menos, eso creí. Tan ensimismado estaba, que no me percaté de haber ido en la dirección contraria todo este tiempo, y terminé en las canchas de la escuela: el hábitat natural de estos imbéciles. Los sentía cerca, así que seguí corriendo, tratando de idear un plan de escape, y entonces la vi; aquella imponente estructura que se alzaba frente a la cancha de fútbol: las gradas. Con un simple salto, me sujeté de la barraca más alta y con la pura fuerza de mis brazos terminé de subir, para después recostarme ahí, quedando completamente fuera de la vista de todos.
Esperé varios minutos, durante los cuales pude escuchar la conmoción y fui testigo del desordenado patrón de búsqueda de esos imbéciles sin rostro. Cuando el silencio me anunció de su derrota, suspiré, y sentí inmediatamente cada músculo en mi cuerpo relajarse.
"Impresionante." Salté a ponerme de pie en cuanto escuché aquella voz, de manera que casi caigo de las gradas. Cosa que no hubiera sido bonita, ya que estaba como a tres metros del suelo. No tardé en encontrar a la dueña de esa voz; una pelirroja, sentada de piernas cruzadas dos filas más abajo, con la mirada fija en un libro. "Relájate, no te delataré."
"Gracias, supongo." Murmuré, antes de comenzar a bajar.
"Soy Lorelei." Llamó ella, y la escuché cerrar su libro. "Lorelei Tsumetai."
"Green Oak."
"Ah… entonces tú eres el famoso Green Oak." Dijo ella. ¿Famoso? "Mis amigos hablan mucho de ti." Supuse que sus amigos estaban en el equipo de fútbol, o algo parecido. Fuese como fuese, yo no tenía interés, entonces seguí mi camino. "Un gusto conocerte, Green Oak."
Algo me decía que debí haberle puesto más atención. Pero tenía otras cosas que hacer.
Odiaba los periodos libres. A diferencia de mis iguales, no me agradaba la idea de vagar por la escuela sin hacer nada, y por ello odiaba cuando se presentaba una situación como la de ese momento. Decidí ir directo al único lugar que estaría desocupado a esa hora: el auditorio. Al entrar, el sonido de la puerta hizo un corto eco, y me sentí relajado al no ver a nadie más en aquel oscuro lugar. Me senté en la primer butaca y eché mi cabeza hacía atrás, cerrando los ojos, disfrutando del fresco ambiente y el aroma a pino del limpiador en el alfombrado.
Mi mente no pudo evitar vagar a la última vez que estuve allí. Recuerdo que estaba con ella… y la hice llorar. Recuerdo la implacable culpa que sentí consumirme el alma, la impotencia al no poder hacer nada para aplacar su dolor. Pero eso ya no me preocupaba, ella ya no era mi responsabilidad.
"¿No eres tú Green Oak?" Abrí los ojos y me enderecé en el asiento apenas escuché aquella voz. Busqué a mi alrededor, pero todo estaba demasiado oscuro. Y después de un minuto entero de miradas furtivas por todo el lugar, me sentí un idiota al encontrar a la dueña de esa voz justo sobre el escenario, sentada al borde, meciendo sus piernas al vacío. "¿Qué hace el grandioso y hábil "Entrenador" en un lugar como este?"
No le di la satisfacción; me levanté y salí tan pronto como pude: ella ya no tenía ningún poder sobre mí, y ciertamente yo no se lo entregaría de nuevo.
"¿Entrenador?" Repitió Red. Llevabamos en el gimnasio ya una hora, y el hecho de que varias personas vinieron a saludar y a llamarme por aquel apodo no pasó desapercibido por Red. Hice dos repeticiones más con las mancuernas antes de dejarlas en el suelo y girarme al de ojos rojos.
"La gente de éste lugar tiende a poner apodos a todos; me llaman Entrenador porque suelo ayudar a los chicos con sus rutinas, traer novatos, ese tipo de cosas."
"¿Significa que no soy el primer novato que traes?" Me maldije mentalmente unas mil veces en menos de dos segundos.
"Dejémonos de charlas; trae los discos de 15." Ordené, y Red no puso excusa alguna. Mientras lo veía ir al otro extremo del área en la que estábamos, mi mente me jugó una mala pasada, y Red dejó de ser la persona a la que veía, por solo un segundo. "Maldita sea."
5 minutos después, Red estaba debajo de la barra, respirando lenta y profundamente, preparándose mentalmente para empezar. Una preparación que estaba tomando demasiado tiempo.
"Date prisa."
"Estoy mentalizando."
"Toma la barra…" Gruñí, antes de tomar sus manos y ponerlas en el acero. "¡Y empieza!" Lo escuché tragar pesadamente, antes de apretar su agarre en la barra. Con un gruñido, un resoplido y el sonido del metal raspando, levantó el peso sin mayor percance. Lentamente la bajó, se detuvo unos segundos y volvió a subir, hizo cuatro repeticiones antes de quedarse atorado con la barra sobre el pecho. "De acuerdo, tendremos que bajar el peso." Apenas me acerqué para tratar de ayudarle, negó con la cabeza como un lunático.
"N-No… ¡Yo puedo!" Entrecerré los ojos y retrocedí un par de pasos, para después cruzarme de brazos. Bien, si quería lesionarse yo no era nadie para impedírselo. Sorprendentemente, respiró profundamente, y lento pero seguro, levantó la barra una vez más… y luego otra, y otra, hasta que decidió que era suficiente y la dejó en su lugar. "¡S-Si!"
"Impresionante." Murmuré, acercándome a él. "Pero te recomiendo que no te presiones tanto; a penas es el primer ejercicio, y si gastas tu energía aquí, no rendirás el resto de la tarde." Sus ojos se abrieron de par en par, antes de que dejara salir un gemido muy poco masculino.
El resto de la tarde pasó desapercibida- un par de ejercicios mal hechos, una que otra queja e insulto, pero debo admitir que para ser el primer día, Red mostró un gran entusiasmo. Me agradaba eso de él; cuando se decidía por algo, era difícil hacerlo cambiar de opinión.
"Nos vemos, Entrenador." Dijo la recepcionista, con una sonrisa, mientras nos retirábamos. "¿Te veremos mañana, Luchador?" Asumí que se refería a Red, pero éste no se percató y siguió de largo a la salida. Lo tomé del hombro y lo obligué a girarse.
"¿Eh?"
"Te llaman."
"¿Luchador?" Obviamente el niño estaba confundido por el apodo. Si somos francos, yo tampoco lo entendía muy bien, pero dejemos que Red sea el que quede como un imbécil.
"Fue idea de Brock." Aclaró la muchacha. "Él lo mencionó y pronto todos los que salían hablaban de ti, y te llamaban de esa manera."
"¿Por qué?" Preguntó el moreno.
"Tenía algo que ver con cómo siempre estabas pujando a la hora de hacer ejercicio." Red no era alguien que se avergonzara con facilidad, pero nunca lo había visto enrojecerse tanto. "Decían que era impresionante cómo siempre lograbas levantar un poco más- esforzarte solo un poco más, durar más tiempo. Brock dijo que admiraba tu espíritu de lucha."
"¿Brock dijo todo eso?" Pregunté, incrédulo. Esas palabras no sonaban para nada a Brock.
"Bueno, eso último pude haberlo agregado yo." Confesó ella, sonriendo coqueta al "Luchador". "Admiro tu determinación- eh…"
"Red." Se presentó él, extendiendo su mano. "Red Sentöki"
"Misty Kaien." La pelo de zanahoria estrechó la mano del niño, sonriendo mientras lo hacía. Era bueno ver que Red tenía cierto atractivo en cuanto a mujeres se refería; así no estaría dolido por esa tipa mucho tiempo.
Luego de las presentaciones salimos del gimnasio, para cobijarnos bajo el cielo rojo del atardecer que se cernía sobre Saffron City. Siendo la capital de la región de Kanto, se trataba de una ciudad muy poblada, por lo cual era extraño ver las calles tan vacías siendo tan temprano.
"Fue un día productivo, ¿No lo crees?" Claro. Era una caminata de medio kilometro hasta la parada del autobús; obviamente Red no la pasaría en silencio.
"Puedes verlo de esa manera." Murmuré, sin girarme a verlo. "Creo que le agradaste a la recepcionista."
"Parecía una chica feliz." Obviamente, Red es demasiado ingenuo para entender lo que acababa de suceder. "Creo que me agradará verla todos los días."
"¿Significa que aún vendrás?" No pude evitar sonar sorprendido. El de ojos rojos me miró de lleno, sonriendo, antes de asentir con la cabeza. "Solo espero que a la semana no empieces a llorar."
"Nah, no lloro desde hace mucho." Bromeó él, antes de regresar la mirada al camino. "Solo quiero… ser la mejor versión de mi mismo."
"Estás…" No quería hacer esa pregunta, pero el hincapié se resbaló de mi lengua. Temía cual fuera la respuesta. "¿Estás seguro… de que no lo haces por ella?"
"Ella…" Comenzó él, pero nunca le escuché terminar la frase.
"¿Son ellos?" Preguntó una voz desconocida, detrás de nosotros. Seguí de largo sin darle mayor importancia, pero no di dos pasos antes de que Red me sujetara del brazo y me obligara a dar media vuelta. Ahí, a escasos metros, estaba el tipo con el que tuve esa pequeña discusión el día anterior, acompañado por un muchacho de cabello rojo, de la misma estatura de Red.
"Así es." Respondió el más grande, sonriendo maliciosamente. Esto no lucía bien. "¿Empezamos?"
"¿Puedo ayudarles en algo?" Preguntó Red, serio. Sabía a lo que nos enfrentábamos, y por desgracia, no me quedaba más que confiar en su habilidad para manejar la situación. Sin embargo, si algo salía mal, no dudaría en intervenir.
"Red Sentöki y Green Oak." Cantó el pelirrojo, sonriendo sin gracia- como si sus labios simplemente se movieran porque lo creían necesario. "Ustedes se han convertido en una espina en mi costado, ¿Saben?"
"¿No estás siendo un poco dramático?" Preguntó Red, tanteando el terreno de manera un poco brusca. Aún así, el aparente líder de la operación no lo tomó a mal- o si lo hizo, no lo demostró. "Fue solo un encontronazo entre nuestros amigos; no tiene por qué pasar a mayores."
"Ah, pero eso no es todo lo que ustedes han hecho, mi delgado amigo." Dijo él. "Me temo que se han metido con nosotros en maneras que no pueden pasar desapercibidas; es solo justo que ajustemos cuentas."
"¿Justo?" Pregunté, interviniendo. No podía escuchar más estupideces. "¿Qué saben ustedes de justicia? Mandando a toda una horda de imbéciles a hacer su trabajo sucio, tomando ventaja contra los más débiles. ¡No me hables de justicia, hipócrita!"
"Green Oak…" Murmuró, sonando un tanto decepcionado. "Qué lástima, creí que al ser el orgullo académico de la escuela, serías más prudente al hablar. Veo que no es el caso. Deberías aprender de mí; nunca hablo a menos de que sepa acerca de lo que lo hago. Mi criterio siempre es informado, por tanto, mi juicio siempre es objetivo. Mi justicia es la única correcta."
"Pretencioso." Gruñó Red, furioso, apretando la quijada con fuerza. "¿Quién te crees que eres? ¿Con qué derecho dices eso?"
"Suficiente charla." Intervino el gigante del día anterior, impactando uno de sus puños con la palma de su otra mano. "Hagamos negocios."
"Corre."
"¡¿Qué?!"
"Que corras." Repetí, sin quitar la mirada de los atacantes. "No podremos ganarle a ambos, lo más prudente que podemos hacer es correr."
"Dices… que soy una carga." Lo herí, y bajo otra circunstancia me habría odiado por hacerlo, pero ahora me preocupaba más nuestro bienestar físico. Siendo como es, Red no iba a irse sin dejar algo en claro. El ojirojo se lanzó contra el más pequeño del par y le propinó un impresionante puñetazo en toda la cara, derribándolo, para después huir a toda velocidad, esquivando al bruto gigante cuando intentó atraparlo. Sin dar tiempo a represalias, salí en carrera tras Red.
Podía escucharlos detrás de nosotros, y tras el pequeño numerito de mi amigo, no iban a dejarnos ir tan fácilmente. Estúpido Red, se le ocurrió escapar en sentido equivocado; la parada del autobús quedaba en la otra dirección, y estábamos demasiado alejados de cualquiera de nuestras casas como para hacer un escape ingenioso. Odiaba quedarme sin salidas, odiaba quedarme sin ideas, odiaba sentirme estúpido e indefenso, pero más que nada… odiaba no poder protegerlo.
Sentí que algo me sujetaba de la cintura, y antes de poder hacer algo al respecto, fui levantado del suelo y arrojado por los aires, para caer pesadamente a varios metros de distancia. Aún aturdido, vi cómo el grandulón estúpido se prensaba de Red y lo sometía en el piso, e impulsado por puro instinto me levanté y lo embestí, liberando a mi amigo en el proceso. Estuve a punto de repetir lo del día anterior; molerlo a golpes ahí mismo, pero el pelirrojo intervino, sujetándome del cuello, cortándome la respiración.
Pero mi compañero no era de los que se quedaba en el suelo mucho tiempo- al menos no cuando estaba en sus cinco sentidos. Como si de un perro se tratara, Red se lanzó contra el tipo a mis espaldas, liberándome de su agarre. Me giré justo cuando el más grande trataba de levantarse, y alcancé a propinarle una patada en el rostro, dejándolo frío. No me di cuenta de la situación de Red, pero lo tomé de una de sus muñecas y seguimos corriendo.
Luego de lo que parecieron horas, llegamos a un edificio de apartamentos, que no pertenecía a ninguno de nosotros. Yo estaba demasiado aturdido como para hacer preguntas, entonces dejé que Red dirigiera el camino. Llegamos frente a una puerta como todas las demás, distinguida solo por el gran número 24 en ella. Red la golpeó suavemente, y dos segundos después, se abrió para revelar a una pequeña niña rubia, de mejillas sonrosadas.
Red platicó con ella por un rato, no recuerdo bien acerca de qué, pero ella nos dejó pasar. El resto del día pasó como fotografías frente a mis ojos. Nosotros sentados en un sofá, bebiendo té. La rubia limpiando nuestras heridas. Nosotros durmiendo en un sofá. La rubia y Red en medio de la sala, a altas horas de la noche, besándose a la luz de la luna que se asomaba por la ventana.
Y luego… luego ya no recuerdo más.
N/A: Fue una espera demasiado larga como para subir un capitulo tan mediocre. En fin, creo que se habrán dado cuenta que la perspectiva cambió en cuanto al primer capitulo; así es este jale, como decimos en mi rancho, cada capitulo será desde la perspectiva de un personaje diferente. Espero que se haya entendido todo, y si no, pues haganme saber sus dudas y yo con gusto las responderé.
Muchas gracias a todos los que apoyaron y dejaron review en el capitulo a Dany por su review (Me gustan los reviews largos :3), el wey anonimo, el otro wey anonimo, sweet autumn, Nekos, Jetto y Red20. Espero que sigan dandome su apoyo y su opinión.
Nos vemos en el siguiente capitulo
Comentario de interés nulo: Cada personaje tiene una ideología a la que están muy aferrados, uno de ellos es un extracto casi exacto de una faceta mía que desconocía hasta hace poco. Si alguien logra adivinar de qué putas estoy hablando, será merecedor de una galleta :D
