Capítulo 2
Nueva Vida
Bella Pov
El día estaba completamente despejado. No había una sola nube cubriendo el firmamento que brillaba de color turquesa. Me senté en el sofá mientras miraba por la ventana como Nessie y Jacob charlaban. El sol arrancaba destellos rojizos en el pelo de mi hija mientras la leve brisa veraniega levantaba sus rizos. Ambos comenzaron a reírse a carcajadas y una sonrisa me curvó los labios. Era imposible no sentirme feliz cuando observaba como las pupilas de Jacob brillaban al contemplarla. No podía desear un mejor compañero para mi Renesmee. Ella tocó el rostro de Jake con su mano derecha y él cerro los ojos, no tenía idea lo que le estaba mostrando pero el ceño del licántropo comenzó a fruncirse, abrió los ojos y le dedicó una mirada severa mientras ella se ruborizaba y bajaba la vista.
— Nunca pensé que llegaría el momento en el que desearía no poder leer las mentes—. Edward cerró los ojos y apoyo su cabeza en mi regazo, comencé a pasar mi mano por sus cabellos en un intento de calmarlo.
— ¿Qué le estaba diciendo?
— Si no lo digo en voz alta supongo que lo olvidaré más rápido.
— ¿Por favor?—. Edward me miró y sonrió, mi "por favor" continuaba surtiendo efecto en mi marido.
— Dudo que tardes demasiado en enterarte por ti misma—. Estaba por insistirle nuevamente cuando la voz de Nessie nos interrumpió.
— Me voy a clases. Jacob me acompaña y voy a intentar convencerlo de anotarse en alguna materia.
— No cuentes con eso.
— Pero necesito un novio que tenga conocimiento general. No quiero salir con un burro.
— Y no lo haces, recuerda que soy un lobo.
Todos en la habitación blanqueamos los ojos.
— Pero de verdad lo necesito— Renesmee comenzó a hacerle ojitos a Jake, sabia que él no podía resistir cualquier cosa que ella necesitara.
— ¡No es correcto que utilices mi imprimación adrede! En serio Nessie, sabes que no puedo resistirme a darte lo que quieres.
— Eso no es cierto— mi hija habló tan bajo que no la habría escuchado si mis oídos no estuvieran hiper-desarrollados.
—Siempre y cuando realmente lo necesites— le dijo Jake entre dientes.
— Sea como sea, estoy llegando tarde— Nessie se inclinó para besarnos a Edward y mí en las mejillas— ¡Nos vemos luego!
Ambos desaparecieron por la puerta de entrada. Generalmente los tres íbamos juntos a la facultad, pero la repentina tarde soleada nos obligaba a Edward y a mí a quedarnos en casa. Instalarnos en Juneau había sido una gran idea, la cuota de días nublados al año nos permitía llevar una vida casi normal con nuestra hija. Sorprendentemente ir a la facultad era una actividad que disfrutaba mucho, aunque también se debía a mi excelente tutor. Edward era de gran ayuda, aunque mi mente tenía un poder de retención muy superior al humano y las cosas quedaban en mi mente como grababas en piedra. Podía recordar todo en detalle desde mi primer día como vampiro a pesar de los 19 años transcurridos. Mi vida no podía ser más perfecta de lo que era. Tenía a Edward conmigo para toda la eternidad, mi hija era el mejor regalo que la vida me había dado, mi mejor amigo continuaba a nuestro lado. En realidad…no era todo perfecto.
Hacia varios meses que no veía a Charlie, un poco por miedo. Su corazón no era tan fuerte como antes y verme siempre le ocasionaba emociones que podrían superarlo. Todo se debía a mi aspecto físico. Charlie no sabía lo que éramos, aunque Edward me decía que tenía unas fuertes sospechas que él mismo sofocaba obligándose a no pensar en ellas. El problema era que yo tenía 39 años y el cuerpo congelado en mis dieciocho. Ni un pelo más ni un pelo menos, era exactamente igual. Solamente Nessie había cambiado, pero hacia seis años su aspecto físico también se había congelado una vez alcanzada la madurez necesaria. Pero verla a ella no era tan chocante debido a que pasaba por una adolescente de 18 años sin problemas.
Había otro tema que me evitaba ser completamente feliz, Renée. Nunca más me había visto desde mi casamiento, para ella mi vida y la de Edward se habían terminado en el accidente de avión que nos traía de vuelta de Atlanta donde habíamos ido para tratar mí supuesta extraña enfermedad contraída en Brasil. Nunca hubiera considerado bueno haberle hecho eso a mi madre pero Charlie me había convencido. Si para él era tan duro verme en mi nueva vida para Renée sería aún peor. Igualmente sabia todo de su vida, cuando me enteré de su embarazo al principio tuve una sensación extraña, tendría un hermano que nunca conocería, pero luego me sentí feliz por ella. El hecho de que tuviera un bebé luego de cuatro años de matrimonio con Phil quería decir que estaban felices, y su felicidad aumentaría con la llegada de la criatura.
— ¿En que piensas?— Edward me miró con algo de reproche en los ojos.
— Merezco algo de privacidad, ¿no?
— Solo me gustaría que me dejaras leerte el pensamiento más seguido.
— Mejor sigamos manteniéndolo en otros momentos— lo miré con una sonrisa pícara, yo había conseguido un dominio completo de mi escudo pero seguía prefiriendo dejar mis pensamientos para mi misma.
— Bien, igualmente ya me he acostumbrado.
— Estamos juntos hace 22 años, si no te hubieras acostumbrado me preocuparía un poco.
Edward se quedo mirándome pensativo, me había preguntado a mi misma todo el día cuando dejaría de hacerse el tonto con la fecha, tenia bien claro que nunca se le había pasado por alto.
— Veintidós años— murmuró pensativo— ¿Exactos?
— No lo sé ¿Desde que día cuentas?
— Sabes bien desde que día— se rió despreocupadamente bañando mi rostro con su aliento. Nunca en mi eterna vida conseguiría inmunizarme al aroma que su respiración desprendía y las emociones que despertaba en mi cuerpo.
— ¿Podrías recordármelo?
— Y el león se enamoró de la oveja— Edward tomó mi rostro entre sus manos— Hay algo que quisiera intentar.
Sus labios se posaron sobre los míos de manera posesiva, pero este beso no finalizó como aquel primero, sus manos no me apartaron por el deseo de sangre ampliamente superado por el amor que sentía hacia mí. Por el contrario, sus manos se deslizaron por mi nuca presionando mi rostro más cerca del suyo mientras mis manos se enredaban en sus cabellos. No teníamos necesidad de tomar aire, por lo que perdíamos la noción del tiempo cuando nos besábamos, solo jugando con nuestros labios hasta que una minúscula parte de nuestras mentes decidiera que era momento de separarnos.
Quien sabe cuanto tiempo después Edward separó su rostro del mío y sonrió con esa sonrisa torcida que tanto amaba mientras yo le dedicaba un mohín.
— ¡Ops! —. Le dije sonriendo ampliamente, recordando mis primeras palabras luego de aquel primer beso.
— Feliz aniversario.
— Otro más de la cuenta.
— Y uno de mis favoritos.
Era uno de mis favoritos también, haber descubierto cuanto significaba para Edward había sido una de las cosas mas hermosas que me habían pasado.
El hábito de mirar el reloj continuamente cuando se acercaba el momento nunca se terminaría, se había vuelto una marca personal. Tenía un sentimiento demasiado protectivo con Nessie y cada vez que ella acudía a clases sin nosotros el día me pasaba demasiado lento.
— Si aún fueras humana ya te habrías provocado una contractura de tanto mirar el reloj.
Mire a Edward con mala cara.
— Ya sé que ella se encuentra bien, sobretodo con Jacob espantando a todo el que se le cruce, pero no puedo evitarlo, me siento insegura sin poder verla por mi misma.
— Y también extrañas que te pida por favor que no la esperes en la puerta al término de cada clase. Ya sabemos que no tienes el aspecto como para ser su madre, pero sabes que eso la avergüenza.
— ¿Yo la avergüenzo? Por lo menos no soy quien mira a todos sus compañeros hombres con mala cara.
— ¡Porque tú no eres la que escucha lo que piensan de ella! Es solo una niña.
— ¿Te escuchas a ti mismo?— Lo miré levantando una ceja.
— ¿Qué quieres decir con eso?
— Si lo piensas de eso modo entonces yo también era solo una niña cuando tú llegaste a mí con los 90 años de diferencia.
Edward soltó una carcajada y no pude hacer más que imitarle. No podíamos ser objetivos con Renesmee y en sus peores épocas eso nos había costado varios portazos en la cara. No queríamos que ella fuera una niña aislada, o que no tuvieras amigos, pero cuando ella quería traer alguien a casa las cosas podían ponerse algo complicadas. Finalmente Nessie contaba con una amiga a la que adoraba llamada Lila, habían sido compañeras en la preparatoria y ahora cursaban juntas en Juneau por lo que varios días a la semana los pasaba con nosotros, los hermanos de Nessie y Jacob, su novio, eso era en lo único que podíamos ser honestos.
Cuando el reloj dio las seis en punto pude escuchar tres latidos aproximándose a la puerta de entrada y a Nessie girando la llave en la cerradura.
— ¡Estamos en casa! Por favor díganme que hay algo de comer, Lila y yo estamos muertas de hambre.
— ¡Hey!
—Ah si, y Jake se comería un elefante. ¡Guau, el ruido que hace tu estómago! ¿Nessie como soportas ese ruido cada vez que tiene hambre?
— Es algo a lo que te acostumbras. Pero no puedes tardar demasiado en alimentarlo.
Edward ya se había levantado del sillón y acomodado la mesa del comedor en tiempo record trayendo algunas cosas de la heladera para los chicos. Cuando los tres aparecieron me levanté deliberadamente lento para saludarlos.
— Por supuesto que los esperamos con comida, no queremos que Jacob nos coma a nosotros o a ninguna de ustedes.
Lila soltó una risita que no pude interpretar.
— Hola Bella, ¿Están seguros que no hay problema en que este fin de semana me quede con ustedes?
— No Lila, puedes venir siempre que quieras. Los amigos de mi hermana son mis amigos también— le dije mientras estrechaba su mano, envuelta en un guante, y le guiñaba un ojo.
— Gracias ¡Oh Edward eso se ve delicioso!— mientras todos se sentaban a comer Edward me miró frunciendo el ceño.
— ¿Todavía?— le pregunté susurrando para que nadie pudiera escucharnos, algo que daba lo mismo debido a como parloteaban las chicas.
— Nessie aún no le explicó nada de lo que acordamos.
— Por lo que Lila continua mirándote como el sexy hermano de su mejor amiga—. Una sonrisa se extendió por mi rostro, no podía culpar a Lila, siempre y cuando no intentara nada con mi marido. Solo se limitaba a ponerse colorada y sudar un poco cuando Edward se dirigía a ella.
No es gracioso. Se supone que tendrías que estar celosa o algo parecido.
— ¿Tengo motivos? Es solamente una adolescente que no conoce tu oscura naturaleza vampírica.
— Muy graciosa.
Me giré en el sillón y puse una mano sobre la suya mientras lo miraba a los ojos, era todo lo que podía hacer para consolar a mi "hermano". Pero su rostro se tensó de repente y agacho la cabeza negando.
— No seas cascarrabias. Cuando llegue el momento Nessie le dirá lo que habíamos planeado.
— Edward— nuestra hija lo llamó— ¿Hoy no viene tu novio?
Todos nos quedamos pasmados, a excepción de Edward, a eso se debía su tensión hacia unos segundos.
— ¿Su qué?— yo fui la primera en reaccionar, mirando a Renesmee con furia. Solo me percaté de que mi rostro debía ser amenazador cuando el corazón de Lila se detuvo un segundo mientras me miraba fijamente. Intente recomponerme un poco mientras Nessie comenzaba a hablar de nuevo.
— No hay que preocuparse por Lila, ella lo entenderá. Solamente quería saber si hoy viene…John.
Edward estaba mudo, eso no era lo que habíamos planeado decirle a Lila para que sus hormonas se tranquilizaran con respecto a él.
Jacob se mordía los labios intentando no lanzar una carcajada y Lila miraba a Edward con los ojos abiertos como platos mientras la desilusión inundaba su rostro. Por un momento pensé que se pondría a llorar, podía ver como las lágrimas se le acumulaban.
— Hoy no viene ningún John, Renesmee.
— Ay, por favor. ¿Qué hay de malo en admitir que eres gay? Estoy segura que a Lila le encantaría conocer a John.
— Nessie, ¿de qué estás hablando?— ya era el momento de terminar con esta broma de mal gusto.
— Voy al baño— Lila se levantó rápidamente, haciendo mucho alboroto, mientras corría al baño.
Todos esperamos hasta que la puerta se cerró para hablar con mi hija. Esto tendría que ser una broma de mal gusto, algo meramente adolescente.
— Eso ha estado muy, pero muy, gracioso.
— ¡Lo sé! Pero la cara de mamá no tenía precio. Aunque, Jacob, tienes todo el crédito por la idea. Ahora enfréntate a dos vampiros enloquecidos.
Miré a Jake incrédula. ¿Acaso nunca maduraría?
— ¿Todo esto fue idea tuya? Edward, ¿cómo no lo viste venir?
— Bueno, parece que alguien fue muy cuidadoso con sus pensamientos esta semana. Ahora, Renesmee Carlie Cullen, tendrás que solucionar todo este lío. Vas a decirle la verdad a tu amiga.
— OK, no creo que le moleste enterarse que eres un vampiro, es una persona bastante abierta de mente. Y su imaginación…
— Basta. No soy otro de tus compañeros, soy tu padre y estoy comenzando a enojarme. Si tú no terminas con este juego, yo lo haré.
— Bien, le diré que era todo una broma. Lo siento.
