Aclaraciones: Naruto® no me pertenece, es de única propiedad de Masashi Kishimoto. Acto prohibido® le pertenece a su respectivo autor: Kazuyo Junjou.

Notas: Two-Shot - SasuSaku - Semi-OoC - Lime - AU - Angst - Romance - Hurt/Comfort - Gore


Summary: Dos seres, un ángel y un demonio, unidos en un acto prohibido, convirtiéndolo en una erótica danza.

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Acto prohιbιdo

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By: Kαzuyo Junjou

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Cαpítulo II

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Sus ojos se abrían con pesadez, el dolor en el pecho había cesado, y el frío cobijaba su cuerpo. Despertó por completo, encontrándose sólo con la oscuridad que la rodeaba, el terror que la estremecía, y la soledad que la hacía comenzar a llorar. Cada noche, por más de muchos años, sufría cuando observaba a su alrededor que no había nadie. Cuando tenía pesadillas que la destrozaban, y su energía se disminuía cuando notaba que no había manera de acabar con su vida.

Han pasado 6 años, y todos los días siempre despertaba en la noche, cuando escucha los susurros llenos de agonía recorrer los pasillos y habitaciones de la mansión. Los momentos cuando escuchaba los gritos de la madre de Sasuke, de su padre y hermano, siempre a las doce da la noche. Escuchaba sus cuerpos destrozarse, la sangre cayendo en el suelo, y los gritos y llantos de un pequeño niño. Cada día era igual, cada día su cabeza estaba nublada de dolor y temor. Cada día incrementaba más sus deseos de morir.

No ha visto a Sasuke desde entonces, y ella ya no es una niña, sino una adolescente de 15 años de edad. Ya no lo soportaba más, sus parpados pesaban ante el cansancio, ante la impotencia de salir de esta jaula, y su mente ya no estaba del todo bien. Sin embargo, este día cambió en absoluto, porque la puerta de la habitación que nunca se abría ahora lo estaba haciendo, llegándole de lleno a su rostro la luz que ya nunca veía.
Entre ella, la silueta de un joven se acercaba, alto y de pasos firmes. Sakura, que apenas podía hablar, con sus gritos desgastados y débiles pedía ayuda, sintiendo en su corazón lo que ya nunca había sentido: esperanza.

—Buenas noches, Sakura —habló aquel hombre—. Por fin pasaron los años necesarios.

—¿S-Sasuke? —su voz se quebraba porque su esperanza fue destruida al verlo.

—Sí.

Ya no era un niño, era un joven de 16 años. Su cuerpo había crecido, su rostro también, convirtiéndolo de un niño dulce, a un hombre atractivo y sensual. Sin embargo, Sakura no pensaba en su físico, sino en el temor de lo que Sasuke haría con ella.

—Déjame ir, Sasuke —pedía.

—No, mi ángel, porque después de tantos años, por fin puedo probar el esencia de alguien tan pura —murmuraba con morbo.

—Por favor.

—Ahora, mi ángel, mi amada ángel nunca probada y pura, tendremos juntos una unión celestial y prohibida.

—¿De qué hablas?

—Ningún demonio ha tenido el descaro de poseer un ángel, porque rompe toda ley que se ha creado desde que hay existencia y vida. Los demonios no se atreven a tocar a los ángeles, porque son contrarios a ellos. Sin embargo, mis deseos me están volviendo loco, cada vez que te veo dormir deseo besarte. No me importa nuestro destino después de esta noche, porque sólo me importa el presente y tú.

Sasuke se acercaba a la jaula, abriéndola gracias a una llave que colgaba de su cuello, entra con tanta determinación, sin dejar de observar los humedecidos ojos verdes de su ángel, Sakura. Ella se quedaba sentada en el suelo, pidiéndole que se alejara, pero Sasuke sólo se centraba en sus labios y en su cuerpo, en la emoción de tocar y poseer algo prohibido.

Se hincó a la altura donde ella estaba, con sus manos tomó el rostro de Sakura para que lo mirara.

—No sé cómo —dijo Sasuke, mientras que con sus dedos acariciaba la piel de su mejilla— un ángel pudo llegar a esta Tierra, a este pueblo y hacia mí. Tú y yo somos únicos, Sakura, somos elegidos para estar juntos, sin importar lo que digan nuestros superiores. Un ángel como tú y un demonio como yo nunca deben estar juntos, sin embargo, míranos ahora, estoy a punto de hacer el amor contigo.

Sus labios se pegaban delicadamente a los de Sakura, ella trataba de evadirlos, sin embargo su fuerza era tan grande que no pudo evitar sucumbir a su disposición. Sus labios se rozaban, se enredaban y se saboreaban, Sasuke absorbía el labio inferior de ella, y ella sólo se quedaba quieta ante su primer beso. La lengua de Sasuke delineaba sus labios, y sus manos acariciaban su espalda. Hasta que aquel beso lento se convirtió en uno apasionado y lleno de deseo.

La lúgubre noche adquiría una transformación nueva, porque la lujuria recorría sus vientos, los gemidos sus ruidos y cada escalofrío el placer. Sus palabras eran como el viento, débiles y pasajeras, pero las emociones como la tierra, permanentes y sinceras. El grito de una sirena, el gemido de un ángel. El gruñido del demonio poseyendo a su mujer, al fruto prohibido y la excitación de saberlo. Los pasillos se inundaban de gemidos, respiraciones y gritos cuando sentían que se convertían en uno, cuando el temblor de un terremoto se asemejaba a la llegada de un orgasmo.

Dos amantes fundidos con sexo sin control, con pasión y amor. Una caricia que la hacía enloquecer, convirtiéndose en una erótica danza que sólo una vez se podía contar. Llegando al éxtasis de este acto prohibido. Oscuridad mezclándose con la luz, fundiéndose en un fenómeno paranormal. Lo puro se manchaba, su rastro se guardaba dentro de ella, su sonrisa tímida se guardaba en el tiempo.

Los pecados se pagan, dice la gente. El placer no calmará su miedo. Sin embargo, ignoraban las consecuencias y seguían uniéndose con calidez y ferocidad, al primer y último encuentro. Logrando obtener un gran recuerdo, y un gran pecado y error. Mirándose a los ojos, sus ojos rojos llenos de caos, y sus ojos verdes llenos de paz.

Porque se descontrolaba, y a la vez calmaba sus instintos. Abrazados, llorando cada quien sobre el hombro del otro, convirtiéndola en una sorda despedida.

Esto cuenta la historia sobre el demonio y el ángel, dos seres que jamás debieron juntarse, pero cada año, este día, la gente festejaba y hacen lo que más deseaban: lo prohibido. Aquella unión de dos seres tan opuestos había destrozado el orden del pueblo, conllevándolos a su propia destrucción. Porque los pecados se pagan.

Ambos dispersados por la inmensidad del cosmos, sufriendo su eterno castigo. Porque un demonio y un ángel nunca debieron unirse, habían convertido al universo en algo inestable, porque sólo lograron la fusión de ambos, de la maldad y el bien, del caos y el orden, de lo impuro y lo puro, de un ángel y un demonio: los humanos.

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Fιn


Notas de Kazu:

Uh. ¿Alguna otra hipótesis sobre el origen del humano? ¡Sí, ángeles y demonios! No, yo no creo lo que escribo xD, pero aún así, en ese Universo Alterno, me gustó poner aquellas palabras. Espero que les haya gustado esta historia, agradecería sus comentarios.

— Kαzuyo Junjou —