Disclaimer: Los personajes y mayor parte de la historia, pertenecen a Rick Riordan.

¡Que les sea leve!

Ciento ochenta kilómetros por hora. Y la aguja siquiera pretendía bajar, sino que subía más y más. Mirar el velocímetro del auto era lo único que me distraía un poco de la locura a mi alredor. Apolo con mi hermana en brazos, Hermes conduciendo y Grover comiendo algo que parecía ser duro y brillante. No pregunté nada desde que vi (o no vi) a mi padre desaparecer, pero no pensaba quedarme sin respuestas tampoco.

-¿Qué sucede, Hermes?-le pregunté suavemente.

El me miró por el espejo retrovisor unos segundos, acto seguido, soltó un suspiro.

-Percy, ¿Recuerdas las historias y los mitos griegos de los que te hablaba Chi… Brunner en el colegio?-asentí.- bueno, no son, exactamente mitos….-lo miré sin entender.- ¿Recuerdas a Hermes, el mensajero de los dioses? ¿O a Apolo, el Dios inventor y padre de la medicina?

Veía por donde quería llegar, pero no podía creerlo. Era imposible, los mitos habían sido creados para explicar cosas como los truenos, el arco iris, las tormentas, el fuego… eran mentiras.

-¿Me estás queriendo decir que el mismo Apolo que se deja maquillar y vestir como princesa por mi hermana, y el mismo Hermes que me enseñó a andar en patineta, son los dos dioses del olimpo?-pregunté. Para mi incredulidad, asintieron muy serios.-Oh….-solté tirando mi cabeza hacia atrás.- esto no puede ser cierto…

-Si, y no te imaginas lo que sucede con tu padre…-saltó Grover. -Los dos hermanos lo fulminaron con la mirada, haciéndolo encoger en su asiento. -Blaaah, ha…- ¿Era yo o Grover sonó a oveja?

-Percy… primero debemos llegar a salvo al campamento, y luego, juro que te explicaremos todo…-me dijo Hermes.- Ahora, descansa, te ves peor que Diddy…

Asentí. Tenían razón, demasiados sobresaltos por un día.

-¡Papá!-una niña de cuatro años, de largo cabello negro y ojos verdes corría hacia un hombre con los cabellos cortos del mismo color y sus ojos del mismo color.

-¡Diddy!-Peter Jackson levantó a la niña de sus ojos y la aventó en el aire, para luego atraparla.- ¿Cómo está la princesa de la casa?

La niña sonrió.

-Nany llevó parque…-dijo muy alegre.

Apareció en la puerta de la sala un niño, que parecía la versión en miniatura de Peter Jackson, y su esposa, Sally Jackson.

-¡Percy!-exclamó el hombre, y el chico, sin darle tiempo a pestañear, ya estaba colgado a su cuello.

-¡Capitán!-dijo el niño sonriendo.

Peter se rió de su sobrenombre.

-¿Qué tal está mi pequeño pirata?-le preguntó despeinando sus cabellos.

-Hoy un tipo raro nos persiguió, pero Diddy hizo un pozo en la tierra y se cayó allí….-y chocó los cinco con su hermana, pero sus padres estaban del color de un papel.

Sally tomó en brazos a la niña, mientras que Peter se sentaba y sentaba a su hijo a su costado.

-Percy, debes decirme que les dijo el tipo ese…-dijo Peter intentando mantener la calma.

Percy frunció el ceño.

-Dijo que olíamos muy rico… y luego comenzó a perseguirnos… -le contó.

-¿Peter?-preguntó Sally con horror.

-Debió de haber sido un vagabundo…-dijo Peter, como intentando quitarle importancia al tema, pero aún sus ojos refulgían con preocupación.-¿Están bien los dos?

Percy asintió.

- Hice nana en el bazo pero Percy me llevó guagua y me curó.-dijo Diddy sonriéndole a su hermano.

Otra vez los adultos los miraban incrédulos y asustados.

-Tengo hambre…-soltó Percy sin darse cuenta del ataque de histeria que estaban a punto de sufrir sus padres.

Sally inspiró profundo y se recompuso un poco.

-V-vamos… vamos a comer…-mostró una sonrisa falsa y dejó a Diddy en el suelo, y ambos hijos salieron hacia la cocina, dejando solos a sus padres. -¿Poseidón, qué hacemos?-susurró la mujer con la voz temblorosa.

Poseidón, o Peter Jackson, la abrazó con fuerza contra su pecho.

-He de dejarlos, cariño, sino los olerán… y los asesinarán…-dijo con pena.

Su esposa lo miró con pánico.

-¡No, no!-se aferró fuertemente a él.- ¡No puedes dejarnos! ¡No debes hacerlo, Poseidón! Sabes que será peor para nosotros… tu nos proteges…los niños quedarán destrozados…-él soltó un suspiro y la besó. No era un beso de despedida, cosa que la alivió.

-Lo se, cielo, era solo una sugerencia…-dijo el hombre sonriendo un poco.

Sally lo miró con el ceño fruncido.

-No sugieras tonterías, señor del mar…-le regañó.

Peter soltó una carcajada.

-Lo que usted diga, señora del señor del mar…

-¡MINOTAURO!-escuché gritar a Grover, lo que provocó que me despertara de un salto y que me golpee la cabeza contra el techo del auto.

-¡Rayos!-gruñí.

-¿Percy?-escuché la voz atónita de mi hermana y me giré a verla. Se veía bien, algo perdida, pero bien, lo cual me tranquilizó un poco.- ¿Qué rayos sucede?

-¿Cómo…?-comencé.

-¡Luego se abrazan, ahora, corran!-nos dijo Grover, quitándose los pantalones.

Lo miré atónito, mi hermana se tapó los ojos.

-¿Qué haces?-pregunté.

-Mi trabajo.-respondió y con sus ¿Patas? Rompió la puerta y salimos del auto a la velocidad de la luz.

-¿Hermes y Apolo?-le pregunté al no verlos con nosotros.

-Me dejaron el auto desde hace tres o cuatro horas, tenían una reunión urgente en el olimpo…-me contó Grover sin dejar de trotar.

Mi hermana me miró con confusión.

-¿Olimpo?-me partió el alma verla tan abatida.

-Tema complicado, luego te cuento.-le dije.

Ella asintió, la puse en mi espalda, agarrada fuertemente, y con Grover, huimos. Seguimos corriendo por la carretera hasta llegar a un bosque, en el nos hundimos y corrimos por varios minutos, hasta que un bufido medio humano nos hizo detener, y de pronto, el auto en el que nos transportábamos, voló hacia nosotros. Por un pelo, no nos aplastó.

-¡PERCY, CORRE!-gritó Diddy llorando.-¡Percy!-se lamentó escondiendo su rostro en mi hombro.

Pero ninguna corrida valió, porque el minotauro estuvo en menos de un segundo frente de mi, y de un manotazo, la apartó de mis brazos y la estampó fuertemente contra un árbol, y se encaminó hacia mi.

-¡DIANNE!-grité a todo pulmón.

La bestia se encaminó hacia mí, pero mi idiota, y valiente amigo, Grover, me apartó de en medio, y terminó en iguales condiciones que mi hermana, aunque, el se puso de pié en un segundo.

-¡Usa la lapicera que te dio el profesor Brunner!-me gritó Grover.

Inconcientemente saqué la lapicera y la abrí, pero en vez de ser una lapicera normal, pronto se convirtió en una hermosa espada que parecía brillar en un color azul, casi verde.

Arremetí contra la bestia una, dos, tres veces, pero no puedo negar que era un MINOTAURO, y yo era un simple niño que jamás había empuñado una espada de verdad. Intenté protegerme detrás de un árbol, pero la bestia me rugió y tuve que correr, y justo quedé contra un abeto. Llegué a escapar de casualidad de los cuernos de mi amigo cornudo, y en el árbol, se quedó uno de sus cuernos clavados.

Dio un zarpazo, y me quitó la espada de las manos, y estaba demasiado lejos para ir a buscarla, por lo que, cuando al fin pude sacar el cuerno del árbol, se lo clavé en el centro del pecho, y el monstruo, desapareció entre llamas negras.

-¡Percy…-murmuró Grover incrédulo.- mataste a un minotauro…

No hice mucho caso, porque el susto del día me estaba cobrando la cuenta, y con intereses incluidos, y cargando IVA.

-No… no me siento…-susurré, y luego no vi nada más que una mancha negra y me hundí en un estado inconciente.

Me la pasé durmiendo, por lo que pudieron ser años… de vez en cuando despertaba y me encontraba con la misma chica hermosa de ojos grises y cabello largo rubio que me preguntaba cosas acerca de un rayo… o algo así.

-No estamos seguros…-dijo una voz conocida con preocupación.- está inconciente… temo que estará así por varios días…

-¿Y Dianne?-Quise abrir los ojos al escuchar la voz de mi padre, pero me pesaban, así como todo el cuerpo.

-Ella está un poco mejor, recibió un fuerte golpe en la cabeza, y tuvo una infección en la pierna por las heridas, lo que provocó que le volara la fiebre hasta el olimpo, pero Will Solace es el mejor médico que tenemos…-le respondió la voz.- pero temo que… la herida es bastante… amplia...

Mi padre gruñó.

-No te imaginas lo preocupado que he estado… si ellos se mueren…-la voz de mi padre se quebró, y yo quise hacer algo para consolarlo, pero no podía mover mis estúpidas manos, ni ojos… estaba como dormido.

-Tranquilo, señor, ellos mejorarán, y pronto los tendrá colgados de su cuello pidiéndole explicaciones…-ahora reconocí la voz. Era el señor Brunner. ¿Pero, qué haría con mi padre y con migo en un hospital? ¿Estábamos en un hospital?

-Mis dos pequeños…-suspiró papá y pude sentir su mano en mi frente, como hacía cuando era pequeño y tenía pesadillas.

Intenté hablar, pero solo pude soltar un sonido ahogado, que terminó por esfumar las pocas fuerzas que me quedaban en el cuerpo y, otra vez, me hicieron perder contacto con el universo.

Cuando volví a sentir algo de conexión con la realidad, pude abrir mis ojos y ver todo a mi alrededor… y era un lugar extraño. Parecía una cabaña, con camas hechas rústicamente… incluso los médicos y enfermeras parecían rústicos… y… Jóvenes.

-Me gustaría saber que diablos haces aún en esa camilla…-levanté la vista y vi a mi viejo amigo Grover, a los pies de mi cama.

-Grov, amigo... tuve el sueño más extraño del mundo… estaban Hermes, Apolo, Dianne y tu… y ellos me decían que eran dioses… y tu eras un niño mitad burro o cabra…-miré hacia debajo de su extraño atuendo y vi dos patas peludas.- ¡WOW!

-En realidad me dicen sátiro…-me dijo sonriendo un poco.

Entonces todo había sido real… Oh, no!

-No, no, no, no…-Me puse las manos en el cabello y pensé en lo que había sucedido.-Entonces… ¿Mi mamá se ha ido?-pregunté con un dolor insostenible en el pecho.

Grover puso su mano en mi hombro.

-Lo siento, Percy… -susurró, provocando que el dolor aumentase doscientas veces más.- yo debía protegerlos, pero soy solo un protector Junior…

Le palmeé la espalda.

-No pasa nada, Grover, ya…-susurré.- ¿Papá y Diddy?

El me tendió una mano y yo la tomé.

-Ven, vamos a tu nuevo hogar…-me sonrió.

Lo seguí y salimos de la enfermería y pude ver a decenas de chicos y chicas, vestidos con armaduras, algunos luchando, otros corriendo, otros haciendo tiro al blanco. Era como estar en una película de Hércules.

-¿Qué es esto?-pregunté atónito.

-Esto, amigo, es el Campamento Media sangre…-exclamó.

-¿Medio de qué?-pregunté observando a unos chicos disparar sus flechas, las cuales pasaron a medio centímetro de mi nariz.

-¡Hey, campista nuevo!-exclamó.- ¿Recuerdas la vez lo que el profesor Brunner te ha enseñado? ¿Que los dioses bajaban a la tierra, se enamoraban de humanos y tenían…-me miró.- hijos?

Lo miré sin entender y luego de unos segundos la comprensión que me llegó, hizo que la sangre huyera de mi rostro.

-No puede ser.-musité como idiota.

El se rió.

-Si, puede ser.-refutó y luego me dio un golpe ligero en el hombro.- No te sientas mal, hay cientos en el mundo, algunos nombres no puedo decir porque son famosos… hablo de famosos al estilo famosos de la casa blanca…-me dijo en secreto.- ¡Percy Jackson, eres un semidios!- dio un salto.- ¡dos puntos para Percy!

Lo detuve.

-No, no espera, no puedo ser un semidios, soy un perdedor… tengo dislexia y THDA…-le contradije.

-Percy, no tienes dislexia… ¿Las palabras flotan cuando las quieres leer?-asentí.- Percy, eso significa que tu cerebro está programado para leer griego antiguo, no otro idioma…

-Por eso pude leer en el museo.-dije asombrado.

-Exacto… y el THDA… ¡Percy, no puedes quedarte quieto! ¡Son tus reflejos naturales de batalla!-no dije nada, mi cerebro estaba frito.- Percy, eres especial, tu sangre es especial… es la sangre de un Dios… ¡Ningún perdedor vence a un minotauro!

Tome aire.

-Es… mucho para procesar…-solté y caminé sin rumbo.

-Me imagino…-murmuró Grover siguiéndome.

Caminé varios metros, y a lo lejos, vi a los dos seres que deseaba ver en esos instantes. Mi hermana y mi padre.

-¡Papá! ¡Diddy!-exclamé y corrí a ellos.

Papá sonrió y abrió sus brazos, en los cuales me quedé aferrado por mucho tiempo.

-Percy…-dijo mi pequeña hermana desde abajo.

Me separé un poco de mi padre y la tomé en brazos para unirla al abrazo también.

-Hijo mío…-susurró mi padre.- no sabes lo asustado que he estado…

Los tres nos sentamos juntos en la banca, sin soltarnos. Pude notar que muchos campistas nos miraban con atención, pero no me importó. Yo quería respuestas.

-Papá…-comencé.- Grover me ha explicado… varias cosas…

Mi padre suspiró y bajó a mi hermanita de sus brazos.

-Di, ve con Grover a jugar al agua… tu hermano y yo debemos hablar…-le indicó. Grover se acercó a mi hermana y le tomó una mano y se marchó hacia el agua, no sin antes darme una mirada de aliento.

-Hasta luego, Percy…-me saludó Di agitando su mano con desgana.

-Adiós, peque…-le sonreí y la vi alejarse.

Mi padre se puso de pié.

-Ven, ¿Quieres ver la casa nueva?-asentí y caminamos juntos, el con un brazo sobre mis hombros, hacia una hermosa cabaña justo sobre el agua.

-Es hermosa, papá…-sonreí y entré en ella. La recorrí con la vista y pude ver símbolos extraños en ellas, la mayoría eran tridentes, y también, un perfecto tridente para mi esperando cerca de una de las tres literas.-tiene buen peso…-lo tomé y me paré frente al mar. Y pronto todo encajó en su lugar.-mi padre es Poseidón…

-Dios del mar…-murmuró mi padre desde un sofá.-agitador de la tierra, y señor de los caballos…

Me giré y lo miré con confusión y miedo.

-N-nosotros, Diddy, tu y yo somos prácticamente iguales… yo no puedo siquiera pensar que mi padre es otra persona… tú eres mi padre, no importa que nadie más que tu sea mi padre y el de Di…-la sangre escapó de mi rostro al entenderlo todo.- a menos que… amenos que tú seas…

El se puso de pié y estiró una de sus manos y en ella apareció un tridente que soltaba una luminiscencia verde por cada una de sus puntas.

-Yo soy Poseidón.-dijo con voz irreconocible. Parecía el ser más poderoso del universo, y tuve la terrible urgencia de postrarme a sus pies.- Y soy tu padre y el de Di…-me sonrió bajando sus humos.

Suspiré aliviado.

-¿P-por qué nunca me lo dijiste antes?-pregunté algo enojado.

El suspiró y dejó su tridente junto al mío.

-Pues, en cuanto los semidioses se enteran de todo, las bestias van más rápido por ellos…-dijo parándose junto a mí.- ¿Sabes cómo conocí a tu madre?-preguntó mirando al mar.

-Una vez nos dijeron que se habían conocido en la Universidad…-dije forzando mi memoria.

El asintió.

-En la universidad de Nueva Jersey hay un hermoso lago, al principio era tan claro y perfecto, que yo todas las tardes iba y me sentaba en una banca a observar la quietud en el…-dijo sonriendo con nostalgia.- un día fui a mi asiento habitual y allí estaba una hermosa castaña con hermosos ojos celestes, quieta como una estatua, contemplando el lago con tanta paz…-cerró los ojos y su sonrisa se hizo más ancha. Yo sonreí con el.- me enamoré de ella apenas nuestras miradas se conectaron… Comenzamos a hablar, y en poco tiempo ya nos hicimos conocidos, y de conocidos pasamos a ser amigos, y de amigos a novios… y ambos queríamos avanzar…-se detuvo con una mueca de dolor en el rostro.

-Pero…-le insté a seguir.

-Pero yo soy un Dios, el Dios del mar, nada más y nada menos, y no podía dejar mi deberes aparte…-suspiró frustrado.- además, estaba casado con una inmortal…

Lo miré sin creerlo.

-¿¡Qué?-rugí sin poder contener mi ira.

-Si, estaba casado son Anfitrite.-sonrió sin tomar en cuenta mi profundo ceño fruncido.- entonces, Zeus al notar que estaba sufriendo y que estaba dejando estar mis tareas, dejó que me separase de Anfítrite y me casara con tu madre.-allí fue cuando pude respirar tranquilo.

-Me imagino lo feliz que ella debe de estar…-murmuré con sarcasmo.

-No, no está feliz, más aún teniendo en cuenta de que está en el Tártaro, con mi hijo Tritón.-me contó.

-¿Por qué?-pregunté atónito.

-Porque quisieron matarlos a ti y a tu madre y Apolo, Hermes y yo llegamos justo a tiempo para detenerlos.-dijo con voz sombría.- ese día yo creí que moriría si algo les pasaba a ti o a tu madre…

Me quedé en silencio y me hundí en mis recuerdos.

Un niño de poco más de seis años, corría felizmente por el parque que estaba junto al río Hudson, en Nueva York, fingiendo que sus brazos eran aletas de pez.

-¡Mira como nado, mami!-exclamó el pequeño felizmente a su madre, una castaña de ojos celestes que lo miraba con orgullo.

-¡Muy bien, Percy!-le gritó la mujer de regreso.

El niño soltó una risotada y corrió hacia su madre y se lanzó en sus brazos abiertos.

-¿Cuándo vuelve papi?-le preguntó tomando un trago de agua de su cantimplora.

-Pronto, hijo, mañana, a más tardar…-le respondió ella sonriendo forzadamente.

Pero el niño no le prestaba atención a ella, miraba aterrado al río, en donde se podía ver que dos formas emergían del agua.

-Mami…-murmuró con terror.

-¡SALLY JACKSON!-escucharon una voz chirriante de mujer que les hizo sentir un frío puño en el corazón.

Sally puso al bebé detrás de ella y miró hacia las figuras en el río, y que al cabo de unos segundos, se vió mejor las siluetas de una mujer y un hombre con cuernos.

-Anfitrite…-susurró Sally apretándole la mano a su hijo.

La mujer del río soltó una risa demoníaca.

-Veo que sabes a quien te enfrentas, mortal sucia…-le dijo con profundo desprecio.

El niño se enojó.

-¡Nadie con cuernos le dice mortal sucia a mi mamá!-bramó al tope de sus pulmones.

Otra vez se oyó. Era más jovial, pero no por ello menos aterradora.

-Yo soy el único heredero de Poseidón.-rugió la voz.- tu, pestilente mortal, perecerás en los abismos del Tártaro…

-¡NO!-chilló Sally con horror.- ¡Poseidón!-gritó con toda su fuerza.

Esperó pero no hubo respuestas, estaban perdidos.

La mujer con cuernos rió con crueldad.

-¡El no te ayudará!-se burló.- ¿¡Creías que una insignificancia como tu y tu hijo le importaría!-soltó otra carcajada.- ahora pagarás el haberte cruzado en mi camino…-de la mano de la mujer salió un inmenso rayo verde, que Sally esperó recibir… pero al pasar los segundos, ella seguía viva.

-Cariño…-soltó un sollozo de alivio al ver la figura de su esposo frente a ella.

Percy dejó atrás la situación y se aferró al cuello de su padre con fuerza, soltando lastimeros sollozos de miedo.

-Ya, está todo bien, papá está aquí, Percy…-le susurró su padre.

El niño asintió y enterró más su rostro en el pecho de su papá.

-¡TIO!-un grito aterrado heló la sangre a la familia, quienes no pudieron reaccionar a tiempo y vieron con incredulidad y horror, un rayo verde darle en la espalda al pequeño niño, quien soltó un grito infantil y agudo de dolor antes de caer sin fuerza en los brazos de su padre.

-Por eso tengo esa cicatriz…-susurré tocándome la piel irregular en mi espalada.

Mi padre me miró gravemente y asintió.

-Casi no te salvamos…-murmuró.- suerte fue tener al dios de la medicina cerca… aún así estuviste dos meses durmiendo bocabajo y sin apoyar las espalda en ninguna superficie…

-Creí que había sido por una explosión…-murmuré distraído.

-Bueno, eso fue lo que tu madre y yo te dijimos…-reconoció rascándose la nuca.- era por tu propia seguridad. Lo siento…

Hice un ademán, como restándole importancia.

-No importa…-murmuré. Mi padre suspiró y cerró sus ojos por unos minutos, parecía estar lidiando con algún dolor interno. Lam muerte de mi madre.- lo lamento, padre…- me acerqué a él, lo abracé y, finalmente, surgió de sus labios un desgarrador llanto, seguido de una catarata de lágrimas que mojaban mi hombro.

El cielo se puso de un gris oscuro, y una ligera llovizna cayó sobre todo el campamento.

El cielo estaba de duelo.

Talula: les dije que los merodeadores, tarde o temprano, iban a meter sus dedos en esto, y dicho y hecho…

Padfoot: ¡Oh, ya cállate y comencemos a escribir el chapter número 3! ¡Estoy tan ansioso por el "atrapa a la bandera"!

Mooney. ¡Para ver como Annabeth le estampa la espada en el trasero a Percy!

Prongs: aquí Talula no piensa lo mismo… parece que Percy tiene una hermana muy sobreprotectora…

Talula: exacto. En el próximo chapter tendremos la explicación de la situación a Percy y el atrapa la bandera…

Prongs: y no se apuren, sucederán cosas que cambiarán el rumbo de esta historia por completo… es que… ¡es tan impredecible!

Talula: bien dicho, Prongs. Gracias por los sospechosos reviews… y ahora aumentamos a seis… ¿Creen que puedan?

Padfoot: y, les recuerdo, que nosotros cuatro, inventamos las mentiras y las excusas…

Mooney: merodeadores, fuera.