Muchas gracias a Shadir, Tavata, ice-nydwen, Dantasia y Arken Elf por sus reseñas. No saben cómo les agradezco que hayan expresado que también les gustan las historias, digamos, traviesas ;o)
Una amiga me comentó el otro día que últimamente todos mis fics están más calientes que de costumbre, ja ja ja. Yo culpo a la primavera…
Y siguiendo la tradición primaveral, les dejo la conclusión de esta historia. Es medio obvio que lo diga, pero igual quiero advertir que este capítulo es más explícito que el anterior. Espero que lo disfruten :o)
Capítulo 2
Clavando a Chromia a la pared
El acto de besar suele ser altamente subestimado por la mayoría de las formas de vida inteligentes.
Unión de bocas, préambulo de actos mucho más íntimos… Para un Transformer, dos bocas entrando en contacto superaba cualquier preludio y se convertía en un acto de seducción complejo y absorbente.
Mientras Thundercracker invadía y se sentía invadido por los ansiosos labios de la Autobot Firestar, dejó caer la última de sus líneas de defensa, quedando desnudo de prejuicios y dudas. Excitado como pocas veces antes, el Decepticon sólo pensaba en dos cosas: en interfazarse con esas dos féminas y tener la sobrecarga de su vida.
Los sensibles circuitos de su boca se unieron con los de Firestar y comenzaron un intercambio de placer que poco a poco se fue extendiendo por el resto de sus estructuras, sensibilizando cada placa metálica de sus cuerpos y preparándolos para afrontar cualquier frenesí nacido de la pasión.
Una segunda boca comenzó a deleitarse con el varonil acero de su cuerpo. Sin romper su contacto bucal con la Autobot roja, sintió la cabeza y las manos de Moonracer abriéndose paso entre su cuerpo y el de Firestar.
Sus circuitos íntimos expuestos estaban listos, esperando. Moonracer llegó hasta su objetivo y dejó entrar a su boca la masculinidad de Thundercracker, que reaccionó de inmediato al contacto.
El Decepticon gimió dentro de la boca de Firestar, mordiendo uno de sus rojos labios en el proceso. La Autobot pareció dar la bienvenida a ese chispazo de dolor y aferró con salvajismo la nuca de su encadenado amante.
Con la boca de una Autobot fundiéndose con la suya propia, y la de la otra succionando la esencia de su deseo, Thundercracker no pudo soportar más la inmovilidad.
-Libérame…,- dijo mientras besaba y mordía a Firestar. -¡Libérame!
Ansiosas y erráticas manos escarlatas se dirigieron hacia las cadenas del brazo derecho del Decepticon. Del dedo índice de Firestar surgió un fino escalpelo láser que poco a poco comenzó a cortar las opresoras ataduras. El láser también lastimó la muñeca de Thundercracker, pero el Seeker estaba tan absorto en los dos cuerpos que estaban entregándose a él en ese momento que incorporó los estímulos de dolor a los de placer.
Un fuerte chasquido anunció la liberación de su brazo derecho. Un delgado hilo de energon comenzó a salir de su muñeca, herida por el láser de Firestar y por el propio forcejeo de Thundercracker al tratar de liberarse. Pero, una vez más, el dolor fue bienvenido.
El primer acto de libertad de su mano fue sujetar el rostro de Firestar, cuya boca seguía anexada a la suya. Fuertes e invasoras caricias comenzaron a recorrer el metal blanco del las placas faciales de la Autobot, que gimió de placer cuando dos de los dedos del Decepticon se introdujeron en su boca. El energon manando de la herida del prisionero fue un dulce aliciente; Firestar se separó de la boca de su amante y comenzó a lamer el líquido vital, succionando cada uno de sus dedos.
La soledad de la boca de Thundercracker no duró mucho. De inmediato, Moonracer encontró el camino hacia la fuente de sus deseos y se abrazó a su cuello, dejando que el Decepticon comenzara a devorarla a besos.
Firestar continuó succionando los dedos de Thundercracker. De ahí a su ala, el camino fue natural. El Decepticon gimió una vez más, esta vez dentro de la boca de Moonracer, mientras Firestar besaba y succionaba la punta de lo que lo distinguía como Seeker.
Con su brazo ahora limpio de energon gracias a la prodigiosa boca de Firestar, Thundercracker emprendió el recorrido hacia el pecho de Moonracer. Sin dejar de besarla, encontró la placa pectoral de la Autobot y comenzó a abrir las junturas que lo separaban de lo que buscaba, dejando que el deseo y la experiencia lo guiaran.
El pecho verde de la fémina se abrió fácilmente, al igual que su cámara de chispa. Los dedos de Thundercracker entraron a reclamar lo que ya consideraban suyo. Moonracer lanzó un alarido de placer cuando la mano del Decepticon comenzó su conquista, fusionándose con los energizados circuitos íntimos de la Autobot.
Thundercracker sintió su propia intimidad fuera de control. Como una serpiente hambrienta, el enorme y duro cable que salía de su chispa vital entró en el pecho abierto de Moonracer, encontrando una ardiente bienvenida. Decepticon y Autobot se conectaron el uno con la otra y comenzaron a intercambiar flujos de energía, demasiado excitados como para perder el tiempo en preámbulos románticos.
Al unirse ambas chispas vitales, Thundercracker no pudo evitar sentir los pensamientos de la Autobot, tan palpables como lo eran sus caricias. Se sintió invadido por el deseo de la fémina, cubriéndolo como un manto. Ella lo deseaba, quería quedarse permanentemente unida a su chispa vital, cualquier pensamiento relativo a sus facciones convenientemente mandado al demonio. Si iba a haber un momento para considerar la lógica era ese, cuando las palabras regresaron a los bancos de memoria de Thundercracker. Pero la rechazó nuevamente, aceptando lo que estaba sucediendo como la única verdad válida en el Universo.
Intensificó sus impulsos de energía hasta que sintió que Moonracer entraba en una especie de trance. Entonces interrumpió el beso y dirigió la boca de la fémina hacia su cuello. Ella comenzó a morder de inmediato, convertida de repente en una insaciable vampiresa.
Los ópticos de Thundercracker se centaron en su siguiente víctima. Firestar continuaba succionando y besando su ala derecha. Con una sonrisa que seguramente ninguno de sus camaradas de armas había visto en su normalmente serio rostro, Thundercracker movió súbitamente el lado derecho de su cuerpo, controlando a la perfección su excitada ala, que abrió limpiamente el compartimiento pectoral de la Autobot y expuso su cámara de chispa.
Firestar gritó de placer cuando él la sujetó por la espalda y la atrajo hacia su cuerpo. Pero nada se comparó a lo que salió del vocalizador de la Autobot cuando Thundercracker introdujo su rostro en su pecho y abrió su cámara de chispa, dejando que su ágil boca trabajara en los circuitos íntimos de la fémina.
Con sus rostros momentáneamente libres, Moonracer y Firestar se miraron. Sus jadeantes vocalizadores eran incapaces de expresar lo que estaban sintiendo, ni siquiera sus brillantes miradas. Sintiendo que explotaban de placer, ambas siguieron la lógica del deseo y dejaron que sus bocas se encontraran en un profundo beso. Thundercracker se percató de lo que estaba pasando entre sus amantes e intensificó el flujo de energía en Moonracer y la succión en los circuitos íntimos de Firestar, excitado hasta más allá de sus propios límites.
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Una de las ventajas de vivir en una base secreta era la calma. No importaba qué tan caóticas se pusieran las cosas en la superficie de Cybertron, siempre era reconfortante regresar al hogar y encontrarse con el viejo y conocido silencio.
Pero aún el silencio puede sonar distinto en algunas ocasiones.
Chromia se sorprendió al no encontrar a Firestar y a Moonracer en sus puestos de vigilancia en el Centro de Mando. No era común; de hecho era algo sin precedente. Nunca, en cincuenta mil vorns, ninguna de las dos se había ausentado de sus obligaciones.
¿Habría sucedido algo durante su ausencia? ¿Acaso Shockwave había localizado finalmente el santuario secreto de las mujeres Autobots?
Las alarmas internas de Chromia se encendieron. Si algo así había sucedido, ella era la única línea de defensa que quedaba. En ausencia de Elita One, ella estaba al mando y, al igual que su líder, la derrota no estaba en su programación.
Pero su inicial preocupación se convirtió en completa estupefacción cuando vio el pequeño monitor que mostraba la bodega en que habían encerrado al Decepticon que habían capturado hacía unas horas.
Moonracer, la astuta y valiente guerrera, estaba encaramada en el cuerpo del prisionero, con las piernas alrededor de su cintura. Su rostro irreconocible aullaba gemidos al viento, mientras su cuerpo se sacudía producto de los embates eróticos de su amante.
Firestar, por su parte, estaba montada sobre el costado derecho del Seeker, que frotaba sensualmente su entrepierna con su mano derecha, que ya no estaba encadenada. El rostro de Firestar estaba literalmente pegado al del Decepticon, componente labial perdido dentro del otro componente labial.
El primer sentimiento que invadió el cerebro de Chromia ante esa irreverente mezcla de insignias rojas y púrpuras fue la incredulidad. Apretó los puños, escandalizada, incapaz de creer lo que sus ópticos estaban registrando. Moonracer y Firestar habían cruzado una línea imposible, habían violentado un tabú milenario que en cierta forma compartían ambas facciones rivales. Y lo estaban disfrutando. Vaya que lo estaban disfrutando.
Chromia apagó el monitor y se dirigió con pasos apresurados al lugar del pecado. Sus ópticos iban emitiendo brillos de rabia, sus manos se crispaban en puños, su chispa vital estaba completamente exaltada… De indignación, tenía que ser.
Tardó en llegar lo que le pareció una eternidad. Cuando la puerta se abrió, dejó que toda su rabia saliera en un solo grito.
-¡¿Pero qué demonios está pasando aquí?!- rugió su retórica pregunta.
Los gemidos no se silenciaron. Si los tres improvisados amantes se percataron de la presencia de la Segunda al Mando Autobot, no lo demostraron. Continuaron en su intercambio amoroso como si ese momento fuera el último del Universo.
-¡Firestar! ¡Moonracer! ¡Detengan esto inmediatamente! ¡Es una orden!
Las dos Autobots la ignoraron. Parecía que habían olvidado incluso sus nombres. En el reino de la pasión, no existía ninguna facción qué respetar.
Fue entonces que Chromia lo vio. Ese grueso cable que salía de los componentes íntimos del Decepticon… ese grueso y enorme cable que estaba conectado directamente al pecho abierto de Moonracer.
Si los ópticos de Chromia ya estaban demasiado abiertos, superó su límite esta vez. Nunca en su vida había visto algo igual. Ese poderoso símbolo de virilidad que estaba ante sus ojos superaba ampliamente todo lo que había visto en sus miles de vorns de vida.
Moonracer alcanzó la sobrecarga tras una particularmente violenta embestida de Thundercracker. El grillete que sujetaba la pierna izquierda del Decepticon se rompió en pedazos al tiempo que el cuerpo de la Autobot verde se tensó y se convulsionó para luego dejar de moverse; sus sistemas finalmente se apagaron después de ser asaltados por un éxtasis tan intenso.
Firestar la siguió casi de inmediato. Fuego fue lo que salió del último gemido de la fémina mientras alcanzaba la sobrecarga, perdida en un último beso a su fogoso amante. La cabeza de ella cayó sobre su pecho; en su rostro todavía había una sonrisa. Thundercracker la sujetó con extraña delicadeza y la hizo deslizarse con cuidado hasta el piso. Furiosas bocanadas salían de las entradas de aire del Seeker, reflejando sus apetitos todavía más que despiertos. Fue entonces que sus ópticos se fijaron en la recién llegada.
Chromia retrocedió, confundida entre el asombro y su propia turbación. El Decepticon tenía la cámara de chispa abierta y su intimidad estaba al descubierto. Chromia desvió la mirada, pero no lo suficientemente a tiempo como para no notar el gran tamaño del erecto cable que estaba lejos de ser saciado.
Un fuerte ruido metálico forzó a Chromia a mirar de nuevo. Thundercracker había liberado su pierna derecha y estaba forcejeando con la cadena que todavía aprisonaba su brazo izquierdo. Era imposible que hubiera conseguido romper sus ataduras después de que le habían drenado casi toda su energía. Definitivamente la lujuria era un arma creadora de imposibles.
Chromia sacó su pistola al mismo tiempo que Thundercracker rompía la última cadena, quedando únicamente como prisionero de su propio deseo. Su primer paso hacia la Autobot azul hizo que ella se estremeciera. Intentó ignorar la desnudez del Decepticon mientras levantaba su arma, que tembló en sus manos.
-¡Retrocede, Thundercracker! ¡Estoy apuntando directamente a tu chispa vital!
Una oleada de vergüenza golpeó a Chromia, al percatarse de lo literal que había sido su amenaza. Pero, por alguna razón, ese repentino sentimiento de obscenidad no le desagradó.
-¡Retrocede y ponte de rodillas, no voy a repetirlo!- gritó, afinando su puntería todo lo que pudo.
Thundercracker no retrocedió. Continuó avanzando, ignorando el arma, ignorando la amenaza… Chromia podía sentir sus ópticos invasores escrutinando cada parte de su cuerpo, desnudándola…
Primus, ¿qué le estaba pasando? ¿Qué virus la había infectado, aumentando de repente su temperatura corporal a ese nivel, haciéndola temblar de esa manera? Había peleado contra Decepticons antes, había matado Decepticons antes… ¿Por qué entonces no podía ver a ese Decepticon como lo que era? ¿Por qué no podía dejar de mirar ese grande y delicioso cable que pendía del pecho abierto del que era un enemigo?
La Autobot azul retrocedió un paso, muy bienvenido para ordenar sus pensamientos un poco. No importaba qué tan fuerte estaba latiendo su chispa vital, no importaba que los fluidos de su cuerpo estuvieran hirviendo, no importaba que sus circuitos estuvieran más tensos de lo que jamás habían estado… su deber era primero, su honor, su ejército… En la guerra no había lugar para placeres, mucho menos prohibidos. Esas palabras se repitieron en su procesador mientras su dedo se afianzaba sobre el gatillo de su arma.
El primer disparo pasó al lado de Thundercracker, que lo esquivó con una agilidad sorprendente dada la poca distancia a la que ambos Transformers se encontraban. El segundo no llegó a salir. Haciendo gala de la velocidad que hacía famosos a los de su tipo, el Seeker se arrojó sobre Chromia y la sujetó fuertemente por los brazos, arracándole el arma de las manos con una violenta sacudida.
Ella luchó contra él pero fue inútil; estaba perdida y lo sabía. El ataque era inminente; la probabilidad de desactivación total una amenaza latente. Thundercracker era uno de los Decepticons más peligrosos y ella estaba indefensa, totalmente bajo su control.
Todos los años de experiencia en combate de Chromia se borraron en cuestión de astro segundos cuando Thundercracker la empujó hacia atrás y la inmovilizó contra la pared. El amplio pecho del Seeker rozó el rostro enemigo, y de repente Chromia sintió cómo él le sujetaba las muñecas con una sola mano y las inmovilizaba por encima de su cabeza. Con su mano libre, el Decepticon tomó la barbilla de ella y la obligó a alzar la cabeza y mirarlo. Chromia nunca olvidaría los rojos ópticos del Decepticon tan cerca de los suyos.
-Déjame ir,- dijo con una voz mucho menos enérgica de lo que hubiera querido. –Por favor no hagas esto…
Él no contestó con palabras. Acercó su rostro al de ella y Chromia sintió esos sensuales labios apretarse contra los de ella.
¿Cómo resistirse a esa invasión? ¿Cómo resistirse cuando la boca de Thundercracker sabía tan bien…?
Él se separó de ella, rompiendo el beso. Chromia se sorprendió a sí misma deseando que el contacto no hubiera sido tan fugaz. Sin embargo, su orgullo de guerrera Autobot todavía tuvo fuerza para resistirse una vez más.
-Esto está mal…,- murmuró. –Por favor no lo hagas, Thundercracker… Sólo… vete…
Thundercracker volvió a unir su boca a la de ella, acallando toda resistencia. Esta vez, Chromia correspondió al beso, primero tímidamente, y después con la ansiedad de quien se adentra en territorio enemigo por primera vez.
Pero, una vez más, Thundercracker rompió el contacto. Los entrecerrados ópticos de Chromia se iluminaron como queja; su cuello se estiró hacia delante, buscando la deliciosa boca del Seeker.
Él le sonrió con una extraña complicidad antes de satisfacer su demanda. Cuando las bocas de ambos Transformers se unieron por tercera vez, la resistencia de Chromia ya había sido vencida y lo único que quedaba era fogosidad.
-Realmente… te odio… escoria Decepticon…- susurró ella entre besos, rindiendo su última barrera de defensa.
-El sentimiento es mutuo,- respondió Thundercracker dentro de la boca de su nueva amante.
Todo perdió sentido para Chromia. Conceptos, prejuicios, deberes, lealtades... Todo era Thundercracker y su maravillosa manera de besar. Pecho contra pecho, sintió la masculinidad expuesta del Decepticon rozando su pecho que rogaba por ser descubierto.
Ella se apretó más contra el cuerpo de él, intensificando el contacto de los circuitos íntimos de él contra su pecho palpitante. A Thundercracker pareció gustarle esa necesidad de cercanía e intensificó la labor de sus pasionales labios.
Chispas saltaron del cuerpo de Chromia cuando el Seeker liberó sus manos y la levantó hasta que el pecho de ella quedó frente al rostro de él. La espalda de la Autobot se frotó fuertemente contra la pared metálica, creando un sonido estridente que se confundió con el gemido que salió de su vocalizador.
Los dedos de ella se clavaron en los fuertes brazos de su amante, intentando traspasar el metal de sus hombros cuando sintió que la boca de él abría su placa pectoral con una mezcla de besos y mordidas.
El placer era inmenso, inaudito… Chromia sintió que moriría de placer en ese mismo momento, que estaba siendo arrastrada hacia un hoyo negro de éxtasis absoluto… Pequeños cortos circuitos en sus ópticos hicieron que su vista perfecta perdiera la noción de los colores, pero el azul era más que claro, era todo… el azul y gris del cuerpo de Thundercracker eran lo más hermoso que la Autobot había contemplado en su vida.
En cuanto la boca del Decepticon entró en ella, Chromia superó cualquier exclamación de placer que hubiera salido de su vocalizador en sus muchos vorns de existencia. Cuando él empezó a succionar los alrededores de su chispa vital, ella se olvidó de las palabras y de su boca sólo salió una acalorada mezcla de improperios y gemidos que nunca se habría creído capaz de pronunciar. Sus manos encontraron las majuestuosas alas de Thundercracker y en ellas descargaron su desatada lujuria.
Sintió cómo el Decepticon reaccionaba favorablemente ante la súbita invasión de sus alas. Sin separar su boca de los circuitos íntimos de Chromia, Thundercracker la sujetó por el trasero y la levantó, separándola de la pared.
Sin mirar por donde caminaba, el Decepticon y su preciosa carga llegaron hasta la superficie oxidada de un viejo generador de energía. Ahí colocó el Seeker a su amante, que de inmediato correspondió atrapándolo con sus piernas. Thundercracker levantó su rostro, liberando la cámara de chispa de Chromia, quien arqueó su cuerpo en protesta por ese súbito abandono.
Pero Thundercracker no la dejaría esperando. Sus manos expertas separaron las piernas de Chromia y las colocaron sobre sus hombros, rozando sus alas. Ella lo dejó hacer, colocando a su vez sus manos en la espalda del Decepticon, atrayéndolo hacia ella.
Él volvió a anexar su boca a la de ella, mientras que sus circuitos íntimos hacían lo propio con la femineidad expuesta debajo de su cuerpo. Chromia clavó las puntas de sus dedos en las junturas de las alas de Thundercracker, a punto de explotar de placer. Intensas oleadas de energía comenzaron a fluir entre ambas chispas vitales, ambos cuerpos azules unidos por un torbellino de pasión.
A punto de alcanzar la sobrecarga, Chromia sintió el éxtasis del Decepticon recorrer todo su cuerpo. Pero, para su sorpresa, los sistemas de él no se apagaron como los de la mayoría de los Transformers al alcanzar el clímax. Thundercracker no se detuvo. Pese a haber tenido una sobrecarga, su masculinidad se mantuvo erecta, continuando clavándola aún más contra ese viejo generador de energía que se había convertido en testigo provisional de una pasión que no estaba destinada a existir.
Chromia sonrió, tratando de postergar al máximo su propia sobrecarga. No quería que ese momento terminara nunca. La eternidad siendo penetrada por ese Decepticon maravilloso… ahí tenía que radicar la felicidad.
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Cuando Elita One encendió el monitor de la cámara de seguridad tuvo una actitud mucho menos exaltada que la que había tenido su Segunda al Mando. Sus severas facciones no expresaron su indignación, mucho menos su escándalo. La líder de las mujeres Autobots había visto demasiado durante su experiencia en la guerra como para dejarse impresionar por el desenfrenado escenario de sus subordinadas rendidas ante los embates eróticos del supuestamente serio y calmado prisionero Decepticon.
Sólo Chromia quedaba de pie, aunque decir "de pie" era un decir. La confiable y valiente Segunda al Mando estaba tendida de espaldas, con las piernas abiertas y alzadas, y gimiendo de placer mientras era embestida una y otra vez por su prohibido amante.
El rostro sereno de la líder Autobot estaba serio; sus brazos estaban cruzados sobre su pecho. Sin preocuparse por la secuencia de hechos que habían desencadenado tan vergonzosa escena, enfocó sus prioridades en detener tal despliegue de obscenidad. Sabía que había féminas Autobots que habían tenido intimidad con Decepticons en repetidas ocasiones, pero nunca habría esperado algo así de sus mejores tres guerreras.
Los regaños y los castigos tendrían que esperar. Urgía detener esa orgía y borrar todo rastro de que hubiera sucedido, pero sobre todo tenía que borrar esa sonrisa lujuriosa del rostro del prisionero, que exhibía con la más impúdica actitud sus circuitos íntimos expuestos.
Sus grandes circuitos íntimos…
Elita One sacudió la cabeza, formando en su rostro su más severa mueca. Con un movimiento firme, apagó el monitor y se dirigió hacia cierta bodega. Sólo un pensamiento rondaba su mente: el honor de las féminas Autobots, última línea de resistencia Autobot en Cybertron, tenía que restaurarse. Y ella sabía perfectamente lo que tenía que hacer.
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El turno nocturno en la base secreta de las Autobots Femeninas en Cybertron estaba por terminar. Moonracer, Firestar y Chromia estaban sentadas en el Centro de Mando, cada una fingiendo operar su respectiva estación de vigilancia.
-¿Hace cuánto tiempo que se quedaron solos?- preguntó molesta Moonracer, recargando la frente en la consola de la computadora.
-Dejé de contar hace medio ciclo solar,- respondió malhumorada Firestar.
Chromia mantuvo la cabeza baja y los brazos cruzados, demasiado avergonzada como para mirar a sus compañeras.
-No es justo… Las líderes siempre se quedan con todo,- murmuró, dando por finalizada la conversación.
Su temblorosa mano azul tocó su pecho, ahora convenientemente cerrado. No podía creer que hacía tan poco tiempo ese maldito Decepticon la había hecho gemir como Ironhide nunca había podido… Era humillante, pero también le había revelado una faceta de sí misma que no se atrevía a encarar. No sabía si sería capaz de encerrar de nuevo a su monstruo interno y regresar a su papel de valiente guerrera Autobot, fiel compañera de un amante siempre ausente…
Las respuestas comenzaron a develarse atrás de ella. Suaves gemidos y roces metálicos se escucharon, confirmando que no era la única que no estaba dispuesta a cerrarle la puerta al deseo.
Chromia miró sobre su hombro y vio a Moonracer y a Firestar besarse con creciente pasión, aunque sus gemidos no rivalizaban con la sinfonía de placer que alcanzaba a escucharse hasta el Centro de Mando. Llegando desde la bodega en una desenfrenada mezcla de placer y lujuria, la voz de Elita One era tan clara como extraña. Definitivamente, sus gemidos habrían hecho ver como una santa a la promiscuidad misma.
Tal parecía que las largas y aburridas jornadas en la base secreta de las mujeres Autobots habían llegado a su fin. Y tal parecía que a partir de ese momento cierto alto, moreno y guapo Seeker Decepticon tendría las puertas abiertas de dicha base secreta, al igual que las chispas vitales de sus habitantes.
Ciertamente, la guerra era tan extraña como ilógica.
FIN
Y esto fue todo, o mejor dicho el principio. Dicen los rumores que Thundercracker se convirtió en un visitante asiduo de las chicas Autobots.
Al final decidí respetar a la fruta madura, perdón, a Elita One y a su momento de intimidad, pero como ven fue la ganadora y se quedó con TC para ella sola. Parece que atrás de la seriedad y autoridad de la compañera de Optimus Prime, se esconde una verdadera máquina de pasión.
Por favor déjenme sus comentarios finales sobre este fic. La segunda parte la reescribí por completo, en una especie de preparación para escribir la secuela de mi fic "Lluvia púrpura," que publicaré en muy pocos días por aquí. Esa secuela no tendrá ninguna relación con este mini fic erótico, pero de todas maneras quería volver a conectarme con Thundercracker antes de entrar de lleno a esa secuela, que hace varios meses que quiero empezar a escribir.
Hasta la próxima :o)
