Al siguiente día….

Una joven corría por los pasillos del colegio, distraída puesto que no se percataba a sus alrededores, se le hacia muy tarde y ya debería estar en su primera clase, pero a mitad de su camino la pobre tropezó cayendo torpemente al suelo donde se le cayó una hoja que tenía entre las manos.
Esto fue visto por el ayudante del maestro de educación física quien se dirigió hacia la chica, pero antes recogió el dibujo del suelo y lo observó.
Era un dibujo muy extraño y no supo distinguir lo que era, confundido por el dibujo, le dirigió la mirada a la chica, le ofreció su mano con fastidio y la joven la tomó para así levantarse.

-Gracias!- decía alegre y un poco avergonzada Kobato

-¿Podrías tener aunque sea un poco de cuidado?- decía un joven. Alto y bastante atractivo, cuyos cabellos marrones combinaban con sus ojos color jade. Le dirigió la mirada a la chica con el seño fruncido.

-Hmp… ¿Qué es esto?- preguntaba Fujimoto refiriéndose al dibujo

-Ah! Es un perrito, lo dibuje para la clase de arte- dijo la joven entusiasmada

-Eso no parece un perro mas bien es alguna cosa extraña…- decía con una sonrisa arrogante

-Waaaaaa! Que malo eres Fujimoto-sensei- decía en berrinche la chica

-RINNNNNNNNNNG- sonó la campana del colegio todos los estudiantes salían con rapidez de cada aula, empujándose unos a otros para entrar ala siguiente clase. Kobato llegaría tarde a su clase de arte así que siguió con su camino muy apresurada.

-¡Sayonara Fujimoto-sensei!- se despedía ya alejada.

El joven dio un suspiro y solo la contemplo cuando se alejaba, ya era hora de la primera clase de educación física así que el ojijade se dirigió a la bodega para sacar unos balones de soccer para la siguiente clase pues sabía que Kurogane era muy estricto y si no se apresuraba seguramente le daría un sermón como el año pasado.

/

Kurogane ya estaba en la cancha de football, había puesto a los alumnos a jugar un partido. La cancha era grande y del lado derecho estaba la cancha de basketball.

Esa mañana despertó de muy mal humor, tenía grandes ojeras por no dormir, ya que sus recuerdos y pensamientos sobre cierto ojiazul no se lo permitió.

-Kurogane-sensei, ¿se encuentra bien?- Syaoran se acercó para preguntar sobre la salud de su maestro.

Kurogane volteó para ver quién era, normalmente hubiera respondido enojado, pero al darse cuenta que era Syaoran…

-No es nada- respondió el profesor indiferente.

Syaoran era de sus mejores alumnos, de los pocos que no se quejaban a la hora de su clase mientras los demás inventaban excusas o enfermedades para no asistir.
Además, era muy bueno en todos los deportes, es el alumno ejempla, el castaño se había ganado a su maestro.

-¿Esta seguro?- insistió su alumno

-…- Ciertamente el joven de ojos marrón era muy observador, además de saber que no había dormido lo suficiente, sabía que algo más pasaba, podía verlo en sus ojos.

-¿Sensei?- repitió

-Sí, no es nada, vuelve a tu equipo kozo- le respondió seriamente, no iba a ponerse a contarle sus asuntos personales.

-Bueno- dijo esto no muy convencido, pero regreso ala cancha a seguir con el juego.

Jugaron media hora de football y en la otra media hora jugaron basketball.
Y así pasó la hora entre tanto y tanto deporte.

/

Por otra parte se encontraba el rubio en la puerta del salón de clases, estaba ahí parado enfrente de la puerta si abrirla aun. Estaba perdido en sus pensares, el ojiazul tenia unas leves ojeras de cansancio en su rostro un poco tenues pero no lo suficiente para no verse. No solo el moreno no había podido dormir esa noche…

El científico se concentró nuevamente enfocando su atención solo en lo que seria su clase, forzó una sonrisa y por fin decidió abrir la puerta para así entrar al salón de clases.

-Ohayo minna-san~!- dijo alegre el rubio.

-Ohayo Fye-sensei- dijeron todos al unísono.

El maestro dejó los libros que llevaba en sus brazos sobre el escritorio, tomo un plumón y comenzó a escribir unas fórmulas en el pizarrón:

K= °C + 273

=373 °K

Unas simples conversiones de unidades de temperatura, los alumnos agobiados se dispusieron a anotar aquellas fastidiosas conversiones.

Al terminar de apuntarlas, dio una explicación sobre ellas y después apuntó unos ejercicios para que los alumnos las resolvieran.

-Aquí están tres ejercicios que tendrán que resolver, si tienen dudas levanten su mano y me dirigiré hacía ustedes.-

El rubio era muy bueno explicando, así que nadie tuvo ningún problema, o eso parecía, 2 minutos después alguien levantó la mano. El maestro se acercó hacia su lugar..

-¿Cuál es tu duda?, Sakura-chan~- dijo el simpático profesor

-etto… no entiendo esta parte- señaló cuál era su duda y el maestro se dispuso a ayudarle…

-¿Se resolvió el problema?-

-Sí, muchas gracias Fye-sensei- contestó amablemente la joven

Ya se iba a retirar de su lugar cuando…

-Sensei- llamó nuevamente la joven.

-¿hmm?, ¿tienes alguna otra duda?- respondió amable.

-Sensei, ¿se encuentra usted bien?- pregunto preocupada la ojijade, le parecía extraño, en la mañana se había encontrado con todos sus profesores y Kurogane y Fye eran los únicos que parecían no haber dormido bien.

-Hai~!, no es nada, solo no dormí adecuadamente- respondió despreocupadamente, temía que la ojiverde supiera algo más.

-Oh, bueno, que descanse bien hoy- no estaba convencida, pero bueno, ya era adulto y él sabría qué hacer además que no debía meterse en su vida personal.

Poco a poco fueron terminando, el ojiazul se acercaba para revisarles el trabajo y corregir si tenían algunos errores. La hora acabó y ya debía irse, tomó sus cosas y se despidió alegremente de todos para después salir del salón y dirigirse hacia su siguiente clase.

/

La mañana pasó rápidamente y ya era hora de que los alumnos se fueran a sus hogares, una vez que todos se fueron, los profesores se iban dirigiendo a la sala de maestros conforme se iban desocupando porque habría una junta donde hablarían sobre los nuevos métodos de enseñanza y viceversa.

Kurogane fue el primero en estar ahí. El era una persona puntual y rara vez llegaba tarde y cuando lo hacía tenía alguna buena razón.

En lo que no empezaba la junta, fue a prepararse un té. 5 minutos después entró otro maestro a la sala, el moreno volteó para ver de quien se trataba y miró que era el ojiazul.

-Oh! Kami-sama de tantos maestros por qué tenía que llegar él!- Se repetía mentalmente el moreno, bajo su mirada para no toparse con aquellos ojos zafiro de Fye, quien sin embargo, forzó una sonrisa y se dirigió hacia él.

-Ohayo! Kuro…gane…- dijo entrecortado

El moreno se sorprendió, lo miro a los ojos al darse cuenta de que él no lo llamó con uno de esos estúpidos apodos. El rubio evitó la mirada del moreno, no quería que mirara a través de su máscara. En eso, entra...

-Konichiwa Fye-sensei, Kurogane-sensei~- Saluda alegremente la pelinegra de nombre Yuko

-Konichiwa Yuko-sensei- dice Fye con una amable sonrisa

-No vas a saludar Kurogane-sensei? Que grosero de tu parte- decía fingiendo enojo.

-hmp- Fue todo lo que respondió

-Y bien, ¿Como han ido sus clases Fye-sensei?, ¿se siente cómodo enseñando en este establecimiento?- decía la directora comenzando una plática.

-Me ha ido bien, gracias. Los alumnos son amables y trabajadores- respondió

-¿Y sobre la comodidad?- pregunto un poco seria Yuko.

-….- Ahí no supo que contestar, se sentía bien enseñando con los alumnos, pero algo que lo hacía sentir algo incomodo era que el ojirojo también estaba ahí, lo hacía ponerse nervioso e intranquilo, pero bueno, eso ya era muy aparte.

-Me refiero a la comodidad con los alumnos- repitió la mujer seriamente.

-Oh!... pues los alumnos son respetuosos así que no hay problemas he he- decía el rubio rascándose la cabeza por detrás con una sonrisa, aunque se quedo pensando, ¿la principal sabía de lo que le pasaba? Pareciera que sí, al voltearla a ver cuando le hizo la pregunta miro algo en sus ojos, como si lo supiera todo, eso lo incomodaba.

-¿Y ati Kurogane-sensei? ¿Cómo te ha ido?- preguntó ya un poco más animada.

-Los mocosos se quejan demasiado e inventan excusas para no asistir- fue su respuesta.

-Hmmm… eso sí que es un problema, tal vez si cambiaras un poco tu actitud estarían más animados-

-no soy su niñera, soy como soy y si no les gusta se pueden ir pero con consecuencias, no esperaran salir bien en mi clase siendo así- respondió Kurogane algo irritado

-Ese es Kurogane-sensei, siempre incorregible~- decía la ojiroja

En medio de la pequeña discusión, entran 2 profesores más a la sala, a los cuales la directora les hace las mismas preguntas, poco después entraron todos los profesores y comenzó la reunión, hablaban sobre los alumnos más problemáticos, calificaciones altas, bajas, etc. Al terminar, los maestros se dirigían a sus respectivos hogares.

Kurogane y Fye estaban aun en la sala terminando de guardar algunas de sus cosas mientras la pelinegra fue a arreglar unas últimas cosas en su oficina.

Pasaron los minutos y los dos profesores seguían en ese lugar solo, en silencio

Fye miraba a su alrededor pero jamás al moreno, aun se sentía confundido por lo de la noche pasada, no se atrevía a mirarlo siquiera a la cara, sus ojos fueron a dar a una mesa donde se encontraban unos aperitivos, su estomago gruño, este se sonrojo…

El rubio había venido muy apurado al colegio que ni siquiera tuvo el tiempo necesario para desayunar. El ojiazul se levanto de su asiento y fue a dar a aquella mesa con comida.

El moreno, con el seño fruncido solo lo seguía con la mirada, un tanto curioso por sus acciones.

-Oh!, perfecto, tenía que irse la bruja y dejarme a solas con este idiota- pensó el de mirada escarlata.

Entonces, el maestro de ciencias comenzó a ver las cosas que tenía la mesa y tomó lo que más le apeteció. Desde que posó su mirada en aquel panecillo de crema no pudo resistirse y lo cogió con su mano para saboréalo. Se sentó en su asiento nuevamente para comenzar a comer el pequeño aperitivo.

Lamió la parte de abajo donde se encontraba la parte más dulce y Lentamente fue yendo hasta la parte más sensible de arriba tomando la jugosa fresa con sus manos deleitándose de su sabor, le daba mordiscos a la fresa con sutileza, haciéndolo lo más lento posible para no acabársela, se mancho los dedos con un poco de crema y en un segundo los planto en su boca para terminar de saborear el bocadillo.

-Gulp- el moreno completamente paralizado al observar la escena, trago saliva y trato de contenerse, ¡no jodas!, ¿¡acaso lo estaba seduciendo o que! -¿Pero qué estupideces estoy pensando? Yo… no no no, él solo, está comiendo eso es todo!-

Ya al terminar de comer, se dirigió a su lugar para guardar unas últimas cosillas cuando Kuro, siendo como siempre muy observador, notó que tenía una pequeña mancha de crema en los labios. No se dio cuenta cuándo comenzó a caminar hacía el de mirada celeste, estaba muy concentrado mirando aquella mancha.

Fye se detuvo en lo que hacía, pues se dio cuenta de que el moreno se iba acercando hacia él y no pudo evitar dar unos pasos hacia atrás hasta que topo su espalda contra la pared. Kurogane ya estaba cerca del ojiazul, posó una de sus manos justo aún lado de su cabeza y seguía aun con la vista fija en aquella mancha de crema. Fue acercándose poco a poco al rostro de Flourite, quien ya estaba muy sonrojado por la cercanía y con los ojos muy abiertos.

-Kuro…- Dijo suavemente en un susurro, pero no obtuvo respuesta del otro que aun seguía acercándose, cuando unió sus labios a los del rubio.

Fye abrió sus ojos más de lo que ya lo había hecho, KUROGANE LO ESTABA BESANDO!, sabía que no debería estarlo haciendo, pero no pudo resistirse más y cerró los ojos disfrutando de aquel beso.

Comenzó siendo suave, no había mucho movimiento, pero entonces sintió la lengua del mayor lamiendo sus labios, el moreno había logrado quitarle la mancha que antes tenía, pero no se sentía satisfecho y quería más, quería sentir más de esos suaves labios que lo tenían loco en ese preciso momento. El menor interpretó la lamida como permiso para dejarlo entrar, lo cual concedió.

Empezó a introducir su lengua poco a poco en la cavidad del rubio y rozó esta con la del otro, el beso iba lento para después ir ya a uno más pasional, Fye entrelazó sus brazos atrás de la cabeza del moreno, acariciando suavemente sus negros cabellos.

La falta de aire se estaba haciendo presente y tenían que separarse, lo hicieron lentamente, iban agarrando aire despacio, tenían sus respiraciones entrecortadas. Fue entonces cuando Kurogane se dio cuenta de lo que había hecho, miro al más pequeño nuevamente y se separo inmediatamente de él. -¿Qué fue lo que hice? Como pude haberlo…- se dijo mentalmente.

El de gemas azules seguía aun disfrutando de aquel divino contacto que a pesar de haberse ido sentía aun en sus labios, cuando ya se tranquilizó un poco, también se dio cuenta de lo que había pasado entre ellos, abrió sus ojos como platos y miró al pelinegro, tenía la misma mirada que él, estaba paralizado mirándolo fijamente.

No soportó más, bajó su cara haciendo que su flequillo tapara sus ojos, se dirigió hacia sus cosas, las tomó y salió rápidamente de la sala sin ninguna palabra, dejando a Kurogane estático.

/

Abrió la puerta de su apartamento, dejo sus cosas aún lado en el suelo, cerró la puerta y se recargó de espaldas en ella. Llevó su mano derecha a sus labios, aun sentía la calidez de los del ojirojo, se fue deslizando poco a poco hasta quedar sentado en el suelo con sus rodillas dobladas hacia arriba.

-¿Por qué?… ¿por qué me besaste Kurogane?- dijo en un susurro el ojiazul, simplemente no lo podía creer, después de tanto tiempo, sentir sus labios tan apasionados, aquellos que le encantaban, no podía ser cierto, ¿Qué acaso lo que tenían ya había terminado? No podía sacar de su cabeza el momento que hace poco había sucedido.

/

Llegó a su casa y dejó sus cosas en el sillón.

-Okaeri Kurogane, ¿cómo te fue hoy?- preguntó la de ojos violeta quien no recibió respuesta y en cambio sonó un portazo, -algo debió de haberle pasado- pensó preocupada, iría a preguntarle en un rato más ya que se le pasara un poco, pues sabía que cuando el moreno estaba de mal humor lo peor que podías hacer era hablarle.

Kurogane entró a su habitación, se quitó los zapatos y se recostó en la cama, no podía dejar de pensar en lo que había pasado hace unos momentos, ¿Por qué lo besó?, se acordó de la mancha de crema que tenía Fye en sus labios, así fue como comenzó todo, podía habérselo dicho y él se la pudo haber quitado solo, pero no, ahí va él y le planta un beso, aunque no podía negar que le había gustado, el suave e inocente y a la vez apasionante sentir de sus labios, -pero qué demonios estoy pensando- se dijo asimismo, es que se suponía que su relación ya había terminado, ya no eran nada, ¿por qué tenía que haberlo hecho?

Decidió ya no seguir pensando en eso y cerro sus ojos para tomar una siesta.

/

Estaba en el parque enfrente de los apartamentos, sentado en uno de los columpios meciéndose lentamente con los pies en el suelo, no había nadie, por ahora estaba vacío aquel lugar lo que le daba tiempo de pensar a Fye, tenía la vista en el suelo, centrado en sus cavilaciones.

Ayer casi lo hacía, y ahora lo hizo, quería olvidarlo pero no podía por más que lo intentaba, aun después de haber pasado 5 años de ausencia, ya era para que se le hubiera olvidado, sin embargo lo volvió a ver en un lugar donde no se lo esperaba y lo besó. ¿Ahora qué sería de ellos? ¿Acaso el azabache aun sentía algo por él?, porque ciertamente él si lo hacía, trataba de convencerse así mismo de que ya no sentía nada cuando en realidad era todo lo contrario. Con lo que había pasado entre ellos en la sala de maestros se le hizo aun más difícil tratar de olvidar.

Una pelota tocó su pie, fue entonces cuando salió de sus pensamientos y notó que ya no estaba solo, pues un grupo de niños un tantillo lejos estaban parados observándolo a él.

-¡La pelota!- gritó uno de ellos, a lo que observó la pelota, la tomó entre sus manos, se levantó de su asiento y la arrojó hacía donde ellos estaban.

-¡Gracias!- gritó otro de los niños, y así regresaron a su juego y él volvió a sentarse en el columpio, viéndolos jugar.

A veces pensaba como me gustaría ser un niño- pues ellos disfrutaban de la vida sin tener preocupaciones de ningún tipo, solo divertirse, desafortunadamente su niñez ya acabó y ahora es un adulto con muchas preocupaciones y responsabilidades, pocas veces tenía tiempo libre, pero cuando tenía tiempo para él lo aprovechaba.

-Tengo que regresar, aun tengo cosas que hacer y se me hará tarde- se levantó de nuevo del columpió y se dirigió a su apartamento a realizar lo que tenía pendiente.

/

Abrió los ojos lentamente, acababa de despertar de su siesta, el también tenía cosas que hacer, justo cuando se iba a levantar de su lugar de reposo se abrió la puerta.

-Kurogane- dijo pasiva

-Tomoyo- dijo calmadamente

Cerró la puerta atrás de sí y se aproximó a la cama sentándose aún lado del moreno.

-Pasó algo, ¿verdad?- dijo con un tono serio.

-No, no es nada- respondió

-Debe de ser algo, llegaste de mal humor- siguió con su tonó serio

- *Sigh*, fue un problema con un profesor, es todo- respondió seriamente

-¿Qué clase de problema?- preguntó

-Un desacuerdo- mintió el moreno.

-Algo me dice que ese no es el motivo, vamos, sabes que puedes contarme lo que sea, después de todo estamos casados, deberías confiar en mí- respondió tranquila.

-Fue un desacuerdo que tuvimos acerca de un tema que estábamos discutiendo- siguió, normalmente no le mentía a su esposa, pero esta vez no podía decirle la verdad.

*sigh*, bueno, te dejare por esta vez, pero la próxima espero una respuesta de verdad, me preocupa cuando llegas de mal humor- dijo con un poco de preocupación en su tono.

-….- no respondió

-Por cierto, tienes que comer, no puedes estar todo el día sin hacerlo, vamos, te serví antes de venir aquí al cuarto- ya dijo mas animada.

-Arigato- respondió

Y así los 2 se dirigieron al comedor. Comieron silenciosamente, no hubo ninguna palabra, solo el ruido de los cubiertos contra el plato. Ya al terminar, el pelinegro llevo su plato junto con el de Tomoyo al lavaplatos y regreso para sentarse en el sillón con el brazo en el respaldo para ver un rato la televisión, la de ojos violeta de sentó justo aún lado de su esposo y se acurrucó en él. Se quedaron así en silencio mirando tranquilamente la TV, estaba una película de acción de las que le gusta ver al ojirojo, solo que no estaba prestando atención a la película, aun seguía pensando en el rubio, ¿por qué era tan difícil de olvidar? Ya terminaron, ya no eran nada, solo compañeros de trabajo, pero por lo que pasó, ¿cómo podía ser tan idiota? Besar a la persona con la que ya no estaba, debía admitirse así mismo que aun sentía algo por él, le costaba trabajo hacerlo pero era cierto, si no ¿por qué lo hizo? y ¿por qué lo disfruto? Ya tenía la cabeza hecha un enredo de tantas cosas que mejor intentó ya no pensar en eso aunque era difícil de hacer.

Fue cuando recordó algo que le era en el fondo muy especial.

*Flashback*

Iban caminando, acababan de salir de la escuela e irían a la casa de Kurogane, pues esta vez sus padres no estarían y tendrían más libertad para hacer lo que ellos quisieran.

En su camino, platicaban sobre muchas cosas que aunque fueran triviales eran entretenidas. Ya hacía algunos días, una pregunta vagaba por la cabeza de cierto rubio así que pensó que este sería el momento indicado para cuestionar.

-Kuro-pon...-

-¿Hmm?-

-Tú... alguna vez... ¿has besado a alguien?- sus mejillas se tornaron de un leve color rosa casi innotable.

-...¿Para qué rayos quieres saber?- preguntó algo sospechoso volteando a verlo, puesto que tenía su mirada en el camino.

-Emmm... tu sabes... curiosidad hahaha- dijo y rió nerviosamente.

-Hmmm- hizo una expresión pensativa -No- respondió simplemente.

-¿Enserio? ¿por qué?- pregunto curioso

-No estoy interesado- dijo

El cuestionador se quedó sorprendido, ¿cómo era que alguien como él no había besado a nadie? le parecía casi increíble.

El interrogado notó la sorpresa del otro, le pareció extraño. El nunca le había dado importancia a ese tipo de cosas, tenía asuntos más importantes en que pensar que en eso, pero no pudo evitar su curiosidad.

-¿Y tú? ¿lo has hecho?- alzó una ceja al terminar la pregunta.

-..., no- sus mejillas aumentaron levemente del tono del que eran antes, no esperaba que su pregunta le fuera regresada.

El pelinegro se le quedó viendo, como tratando de ver a través de él, supo que lo que dijo era cierto al ver sus ojos los cuales no mostraban mentira alguna, además bastaba con ver su rostro para saber. Volteó su cabeza al camino nuevamente, ya casi llegaban.

Fye se quedó pensativo, era verdad, el tampoco había besado a alguien en su vida, bueno, en los labios no. Siempre soñaba con que algún día, cierta persona en específico le daría su primer beso, sólo que cada vez dudaba más que su persona especial lo haría, acababa de decir que no estaba interesado en eso.

Cuando volvió su vista para ver por donde caminaban, se dio cuenta de que ya habían llegado. Kuro estaba buscando en su mochila la copia de la llave y al encontrarla prosiguió a abrir la puerta, le dio primero a Fye el paso para que entrara y después lo hizo él y la cerró.

El invitado ya había ido a su hogar tantas veces que tenía la confianza de llegar y acomodarse.Puso su mochila en la parte de atrás del sofá al lado de la de su amigo y se sentó en el mueble mencionado cuando uno de ellos habló.

-Iré a tomar un baño, por mientras puedes ver tele o ir a buscar algo de comer a la cocina o lo que se te dé la gana- y así subió las escaleras para desaparecer en su cuarto.

Bueno, no había nada más que hacer, prendió el televisor cambiando los canales sin dejar uno en especial, al cabo de un rato decidió apagarla para dirigirse a la cocina para ver que encontraba. Abrió el refrigerador, no miró comida hecha esperando a ser calentada pero encontró varias cosas con las que se podía cocinar, fue cuando se le ocurrió una idea, saco lo que necesitaba y comenzó.

/

Ya había terminado de cocinar, el azabache aun no bajaba así que subió a su habitación y toco la puerta, no respondió, algo que no hacía muy a menudo. Tomó la manija y comenzó a abrir lentamente, asomó la cabeza.

-¿Kuro-chan?-

No lo miró por ningún lado, entró y cerró la puerta, no escuchaba el ruido de la regadera del baño, pero decidió que le daría unos minutos más, sino salía entonces tendría que ver qué pasa.

Fue a la ventana, que estaba a un lado de la cama, la miraba fijamente, se podía apreciar la calle, por el momento no pasaban autos, había mucho zacate y arboles de los jardines de enfrente de las demás casas, sin embargo, no estaba prestando atención a esto, estaba tan sumergido en sus pensamientos que no escuchó la puerta del baño abrirse. Salió en nada más que una toalla puesta al rededor de su cadera dejando ver su bien formado torso y sus fuertes brazos y piernas.

-Oi- le habló para llamar su atención, quien no escuchó.

Caminó hacia él llegándole por atrás posando una de sus manos en su hombro y volvió a repetir esta vez con un tono más fuerte.

-¡Oi!- lo que no esperaba su reacción. Dio un salto de la sorpresa lo que ocasionó que el brazo que tenía recargado en él flaqueara y dio al piso. Para no caer de cara se recargó en sus manos y rodillas, pero una de sus manos cayó en algo suave y carnoso, le pareció extraño y lo apretó un poco, escuchó un pequeño quejido y volteó hacía abajo, lo que estaba en su mano… ERA EL TRASERO DE FYE!
De la impresión se separó de golpe cayendo sobre su parte posterior y sosteniéndose con sus brazos. El ojiazul se levantó un poco para sentarse con sus piernas cruzadas en el piso (que por cierto tenía alfombra). Sus mejillas estaban demasiado sonrojadas y su mirada estaba hacia otro lado, jamás creyó que algún día pudiera pasar eso.

Ninguno de los dos dijo algo durante unos minutos, hasta que el moreno se alzó aun avergonzado por aquel incidente. No podía quedarse en el estado en el que estaba así que fue a su armario a sacar algo para ponerse, por el momento estaba distraído así y no sintió la vista del otro sobre él, al verlo, el de ojos celeste se quedo asombrado, había caído sobre él casi desnudo, de no ser por la toalla que cubría sus naturalezas. Al escoger su ropa prosiguió a soltarse la toalla que tenía dejándola caer al piso, los ojos del rubio se abrieron de sobremanera al verlo, ahora si estaba totalmente expuesto, su rostro estaba completamente rojo y más aun cuando se dio la vuelta quedando de frente.

-K…Ku…Kuro…- dijo en tono bajo con algo de pena.

-¡….!- sus ojos se volvieron como los del otro, había olvidado que no estaba solo en su habitación, tomó rápidamente la toalla que anteriormente usaba y se cubrió lo que su amigo no debió de haber visto. –¡SALTE!- gritó también completamente rojo y aun mas avergonzado, ¿qué más seguía después de esto?

No dijo nada más y salió del cuarto cerrando la puerta con algo de fuerza, bajó las escaleras y llegó a la cocina, de una vez serviría la comida.

Cuando terminó de cambiarse, notó un aroma que definitivamente era delicioso, su estomagó gruñó levemente haciéndole recordar que no había comido nada, por lo que el también bajo a la cocina.

Miró 2 platos servidos con jugo de naranja al lado y cubiertos sobre una servilleta del otro, también podía ver a la persona que lo miró hace rato sentado a un lado de la silla donde él se sentaría en el comedor.

-La comida esta lista, Kuro-tan- dijo alegre

-hmp- tomó su lugar y observó la comida, si hubiera sido recalentada se miraría distinta, pero al parecer se miraba como si fuera recién hecha – ¿Tu la cocinaste?- preguntó, se miraba exquisito.

-Hai- respondió con la misma alegría

Tomó la cuchara para probar un poco, el cocinero lo miró expectante, esperando que fuera de su agrado.

-Nada mal- fue su opinión para seguir comiendo.

El rubio esbozo una tímida pero feliz sonrisa, sabía que esas palabras viniendo del moreno significaban más que solo eso, y se pudo ver que más le agradaba porque comía rápidamente. Apenas iba a probar su comida cuando el otro terminó, le pareció que comió demasiado rápido aun siendo él, pero se levantó con su plato en mano a servirse más de aquél estofado de carne que tanto le había encantado.

/

Ya terminando de comer, subieron al cuarto de Kurogane nuevamente, al entrar el rubio, fue directamente a la cama del moreno y se acostó sobre ella con sus manos por detrás de su cabeza, su pierna derecha doblada hacia arriba y la izquierda sobre esta. El otro simplemente se sentó en una silla que estaba aún lado del mueble mencionado.

-¿Qué podemos hacer, Kuro-pon?- preguntó con tono feliz y pensativo

-No se- respondió. Cierto, no se le venía nada interesante a la mente.

Los dos se quedaron en silencio pensando unos momentos hasta que…

-¿En verdad no has besado a nadie Kuro-chan?-

-Ya dije mi respuesta a esa pregunta, ¿por qué rayos sigues insistiendo?- preguntó algo irritado

-Hmmmm… me parece algo extraño, aunque considerando que Kuro-wan wan es gruñón tal vez sea algo normal n.n-

-¿Qué dijiste idiota!- dijo enojado

-Ne, lo vez, Kuro-tan ya está enojado~!- dijo para salir corriendo por toda la habitación siendo perseguido por el cachorro, pero accidentalmente Fye tropezó con un objeto que estaba tirado en el suelo cayendo de espaldas y el ojirojo no alcanzo a frenar a tiempo cayendo encima del pobre rubiecito… pero… valla en qué posición cayeron, sus rostros están muy cerca, unidos por los labios de ambos que estaban en un beso. Los dos tenían los ojos DEMASIADO abiertos, la impresión fue muy grande, ¿por qué de todas las posiciones posibles tuvieron que haber caído en esa?, se separaron repentinamente y voltearon la cabeza a sabrá dios donde muy ruborizados, ¿quién hubiera creído que su primer beso sería con su mejor amigo? Eso era algo totalmente inesperado.

-K…Kuro…. Ese fue.. mi primer beso…el tuyo también….- dijo nervioso

-Ah….- fue lo único que atinó a decir

Estaban en un incómodo silencio, ¿qué dirían?, por el momento estaban apenados y nerviosos, pero alguien tendría que hablar en algún momento.

-¿Qué tal si jugamos videojuegos~!- dijo despreocupadamente como si nada hubiera pasado.

-Ah…- respondió nuevamente

El pelinegro fue a prender la TV y la consola, jugaban uno de peleas que les gustaba. Ambos se daban golpes al azar sin estar muy concentrados en el juego, tenían la mente en lo ocurrido. Flourite estaba muy feliz, su primer beso si resulto siendo de la persona que le gustaba! qué suerte tuvo! –ojala vuelva a pasar en otra ocasión- pensaba, mientras que Kurogane se sentía algo confundido, ¿qué había sido eso? y lo más peculiar, ¿Por qué le había gustado? Aunque sorpresivo, había sido algo profundo por el impacto y él no tenía ningún tipo de experiencia siendo esta la primera vez que lo hace -¿qué fue esto que sentí?- pensó el carmesí.

Los dos ya tenían muy poca vida, solo bastaba un golpe más para saber quién era el ganador, al mismo tiempo dieron su ataque, haciendo que ambos se cayeran al piso apareciendo en la pantalla del televisor la palabra "Tie" (empate).

No les había tocado que alguna vez les pasara eso, cuantas impresiones en 1 solo día, ¿Qué más les podría estar esperando? ninguno lo sospechaba.

*Fin flashback*

Recordaba perfectamente ese momento, como olvidar su primer beso con la persona amada. El aun extrañaba a su Kuro-pon, tenía tantas ganas de abrazarlo, besarlo, acariciarlo y decirle tantas cosas, pero no lo podía hacer –no cuando él seguramente ya no siente nada por mí- pensó tristemente el científico.

/

En otra parte, cierta azabache con una sonrisa enigmática miraba por la ventana de su habitación el cielo obscuro con la redonda luna y las brillantes estrellas.

-Dos personas separadas…. No duraran mucho tiempo de ese modo, siendo ellos destinados- decía en voz baja Yuko.