Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya The Lost Canvas NO me pertenecen :)
Chapter 2
—Sísifo, no creo que a Eveline le agrade la idea de que la escoltes a la sala del Patriarca
—¿Y qué puede hacerme?, no me matará...supongo
—Bueno, tú la conoces e imagino sabes qué podría hacer—El Cid mira a las escaleras del coliseo—ahí viene
—Hola Eveline—saluda Sísifo a la chica
—Hola—la chica respondió de manera cortante y siguió con su camino
—¡Espera!, te veré después El Cid— dice antes de ir tras la chica—Eveline detente
—¿Qué pasa?
—Pues yo...¿irás con el Patriarca no?
—Esa es la idea
—Bien, en ese caso yo, yo te...escoltaré
—No hay necesidad de hacer eso, no iré a ningún otro lado ¿no confías en mi?
—No, por lo general siempre te escapas o te desapareces, y eso ya empezó a molestar al Patriarca
—Lo sé, por eso esta vez sí iré con él
—Sigo sin creerte, así que te vigilaré—dijo Sísifo divertido
—Como gustes—la chica ríe
Sala del Patriarca
Sísifo deja a Eveline en la entrada a la sala. Al entrar, la chica se inclina respetuosamente ante el Patriarca Sage. A pesar de que su casco cubría parte de su rostro, ella no necesitaba verlo para saber que su expresión reflejaba su molestia. Empezó a sentirse un poco nerviosa, pero no podía intentar salir huyendo del lugar.
—Su Santidad, ¿para qué me ha mandado a llamar?—pregunta de un modo inocente
—Eveline, conoces muy bien la razón por la que te he llamado— mira fijamente a la chica— no es necesario que te quedes inclinada, puedes ponerte de pie
—Yo...sí, sí sé porque me llamó—dice con un hilo de voz
—Eveline, no debes seguir con este comportamiento, no puedes quitarle la vida a cuanto aspirante se te cruce en el camino
—Pero yo...
—Espera, aún no termino—haciéndole una seña con la mano para que guarde silencio— conozco tus razones, y permíteme decirte que tu odio hacia esos chicos que ni siquiera conoces, es algo sin sentido
—Honestamente ellos son muy débiles, siendo así no conseguirán nada...
—Son aspirantes Eveline, apenas están aprendiendo—responde seriamente—Te diré una cosa, si vuelvo a enterarme que has asesinado a otro aspirante, me temo que tendré que exiliarte del Santuario y además deberás dejar tu armadura
—P-pero...
—No voy a discutir, puedes retirarte
Eveline aprieta sus puños y sale molesta de la Sala del Patriarca, asustando un poco a Sísifo por su repentino cambio de humor, y empieza a bajar rápidamente hacia Piscis.
—¡Oye! —grita Sísifo solo para ser ignorado— uh ¿me pregunto qué le habrá dicho?
—Maldición, estoy metida en un gran problema— pensaba la chica
—¿Se puede saber qué te pasa?
—¿uh?— se detiene y voltea—no me pasa nada ¿por qué crees que me pasa algo?
—Porque...mis rosas ahora son ceniza, y fuiste tú quien las quemó
—Oh vaya, lo lamento Albafica
—Sí, yo también. ¿Por qué estas molesta?
—Por culpa de mis estupideces
—¿A qué te refieres con eso?— Albafica enarca una ceja
—Argh no quiero hablar ahora— se aleja corriendo
—Debió ser algo malo para ponerla en ese humor— piensa Albafica
Templo de Géminis
La chica entró furiosa al templo de los gemelos, dejando salir un grito de frustración y arrojando cosas molesta. Al calmarse un poco, simplemente se sentó en el suelo y comenzó a meditar lo que le dijo el Patriarca, en efecto, él tenía razón pero, a ella no le resultaría tan fácil cambiar su forma de ser, de pensar, o de ver a los demás en poco tiempo, su carácter se había ido formando a lo largo de su vida.
Se sentía perdida, necesitaba la ayuda de alguien para que pudiera guiarse y lograr cambiar, sin embargo, en el Santuario muchos le temían, muchos santos la rechazaban por su comportamiento o bien preferían guardar su distancia por lo mismo. Su único apoyo podrían ser sus hermanos, pero no quería hablar nada con Aspros, y Defteros no le parecía una buena opción, no sabía cómo podría ayudarla si tenía que estar encerrado, lejos de todo, no podría saber qué perspectivas tiene él sobre lo que lo rodea.
—Estoy…perdida—suspira
—Eve…¿qué ocurre?—se escucha una voz detrás de ella
—Ocurre que, si vuelvo a mmm matar a otro aspirante seré exiliada
—Ahh entiendo, supongo que ha de ser algo difícil para ti ¿no?
—Exacto, mi odio hacia los aspirantes no va a desaparecer de la noche a la mañana
—Estoy casi seguro que solo están esperando a que cometas un pequeño error para deshacerte de ti
—Puede que tengas razón—suspira— Defteros ¿qué hago?
—Siéndote sincero no lo sé, cambiar todas las ideas que tienes en esa cabecita loca me parece realmente difícil, eres una cabeza dura
—Defteros…es en serio
-Lo sé, yo hablaba en serio— la abraza y acaricia levemente— mmm podrías hablar con Aspros, con Sísifo, con Degel o...incluso Asmita o Albafica
—Con Aspros no quiero hablar porque me saldrá con el típico "te lo dije" y se va a aventar un sermón muy, muy, largo, Sísifo...no estoy segura, Degel si es buena opción, claro si Kardia no estuviera siempre con él, ¿quién rayos es Asmita? y Albafica uhmm no lo sé y ¿por qué debería hablar con los santos dorados? ¿no puedo hablar con los santos de plata?
—Te sugerí a los santos de oro porque es menos factible que quieras…o puedas matarlos si te hacen enojar, si vas con otros pues…la verdad no sé cómo reacciones
—Solo mato aspirantes...y algunos soldados rasos...creo
—Mejor hay que prevenir…—dándole palmadas en la espalda—ahh y Asmita es el guardián de Virgo
—Yo...no sabía que ya hay guardián en Virgo
—Sí, no me digas que nunca lo has visto
—No, de hecho no
—Vaya, ya ni yo que me paseo por las 12 casas a escondidas —dice Defteros en tono burlón— Pero no te juzgo. Y ahora, con respecto a éste desorden… Aspros se molestará mucho contigo
—Por eso lo arreglaré antes de que vuelva
—Si claro
Templo de Sagitario
—Entonces…¿eso le dijo el Patriarca?
—Así es, pero no entiendo porque se enojó tanto
—Dejando de lado el hecho de que odia que le digan qué hacer pues…no sé
—¿Crees que podamos ayudarla?
—¿Podamos?
—Anda, de un modo u otro es nuestra compañera de armas
—Está bien, está bien pero….. no se me ocurre nada—El Cid se lleva una mano a la barbilla— ¿qué te parece si la atamos de pies y manos para evitar que haga desastre? —Sísifo miro con reproche a su compañero, no parecía muy dispuesto a cooperar con la situación
—Estoy hablando de manera seria—cruzándose de brazos—¿Y si le damos un alumno?
—¿Y si en un momento de locura lo mata?
—El punto es que no lo haga
—No lo sé, de cualquier modo ¿quién querría ser su alumno?
—Buena pregunta, nadie querrá arriesgarse así
—¡Tío!— se escucha en la entrada del templo
Sísifo le muestra una sonrisa a El Cid en cuanto escucha esta voz, al parecer se le había ocurrido algo
—No lo vayas a mandar a él
—¿Por qué no?, además Regulus no es un aspirante cualquiera, de hecho ya se le puede etiquetar como santo de oro, yo creo que lo respetaría
—Estás mandando al pobre chico a su tumba
—No es verdad, además tú y yo tenemos que salir del santuario en unos días y creo que Regulus necesita a alguien que lo supervise en su entrenamiento
—Pues será tu decisión entonces
