Hola lectores, les agradezco los reviews :3 Les invito a unirse a mi página en Facebook, como siempre el link está en mi perfil de autora. Bueno, continuamos con la historia…
Sweet Dreams
Chapter 2:
Alucinaciones
Estaba sentada al fondo de la clase. Me gustaba estar apartada, de lejos se veía mejor todo, sin contar que de esa manera nadie me distraía ni nada. Como siempre, había terminado antes los encargos que había mandado el profesor. Ahora solo me dedicaba a jugar con mi gastado y viejo lápiz. Llovía desenfrenadamente afuera. Las gotas de lluvia chocaban con la ventana furiosamente. Pero a mí me agradaba ese sonido. Comencé a hacer trazos sobre el papel al azar. Siempre dibujaba, no era nuevo en mí. Dibujé lo que vendría a ser un bosque. En medio de este, había una chica de espaldas, parecía perdida. Y entre los árboles dibujé varias siluetas. Todas irreconocibles. Me quedé observando un rato el dibujo. Era realista. Siempre dibujaba cosas al azar. Pero algo en este dibujo llamaba mi atención. Era familiar en algún sentido, me daba una clase de deja vú. Quise fundirme con el dibujo y estar en el lugar de la chica. Si bien es cierto que el dibujo era terrorífico, a mi me gustaba.
Miré de reojo por la ventana hacía los árboles del costado. No se veía bien por las gotas de lluvia pero pude ver algo alto. En su mayoría negro y una gran cara pálida. Abrí los ojos de golpe y me quedé observando esa borrosa figura. ¿¡Qué demonios es eso!? Mi corazón latió desenfrenadamente.
-Hey, Lizz… ¿Tienes la respuesta de la ocho?- me preguntó Brian distrayéndome por completo.
Volteé rápida y torpemente para ver la suplicante mirada de mi compañero del frente. Estaba totalmente aturdida y distraída.
-Hummm, ¿qué?- pregunté.
-¿Tienes la respuesta de la ocho?- me volvió a preguntar.
-Ten…- dije dándole mi cuaderno.
-Gracias, te debo una.- dijo volteándose para copiar mis respuestas.
Volví a ver por la ventana, pero ya no había nada ni nadie allí. Me sobé los ojos y volví a mirar. Nada. Debo estar imaginando cosas…pensé. Volví a ver mi dibujo. Entre los árboles sin querer había dibujado una presencia alta y delgada, no tenía rostro y usaba un traje. Observé aterrorizada el dibujo. Es prácticamente lo que había visto. Ese era… ¿Slenderman? Había leído muchos Creepypastas y sin dudas él era uno de mis favoritos después de Jeff The Killer. Negué bruscamente la cabeza. Me dispuse a pensar en otras cosas pero me resultaba difícil. Sobre todo al sentir que alguien me estaba observando. Debo estar volviéndome paranoica. Perdí mi mirada en la ventana admirando como las gotas de lluvia impactaban está creando música para mis oídos, por lo menos así calmé un poco mis nervios.
/
Estábamos en la clase de biología. Tomaba apuntes de todo lo que el profesor decía. Hablaba muy rápido lo que era casi difícil copiar lo más importante. Para el colmo, no se molestaba en repetir. Todos escribíamos lo que podíamos como locos. Mi mano comenzaba a cansarse ante tanto que copiar y resumir. El teléfono del salón sonó estruendosamente dándome un pequeño susto. El profesor paró de hablar y fue a contestar. Una oleada de suspiros de alivio inundó el salón. Observé atentamente al profesor. Pude ver cómo su expresión se tornaba sombría. Posó su mirada en mí. Su rostro se suavizó y mostro un tipo de mirada de… ¿Pena?
-Chelsea Lizz Anderson.- Llamó el profesor.- Ve a recepción.
Todos me miraron. Yo soy de las personas que odiaban la atención. Miré al suelo tímida y me puse de pie y fui directamente a recepción. Cuando salí del salón de clase y del campo de observación de los demás, caminé tranquilamente por los corredores. Agradecía que me hayan llamado, así evitaba la clase de biología y aquel profesor.
Pero las dudas acudieron a mi mente. ¿Para qué me llamaron? Usualmente llamaban por malas noticias… ¿mala conducta? Imposible, mi promedio en conducta era casi perfecto. ¿Malas notas? No, en lo único que tenía dificultades era en matemática, pero siempre pasaba el curso. ¿… algo de mi familia? Me quedé quieta. A veces llamaban para eso, para darte malas noticias de que algo le había pasado a tu familia. Eso explicaría la sombría cara del profesor. Pero en ese caso ¿no debí sentir algo? Un dolor en el pecho, una angustia, ¿o algo? Se supone que cuando algo malo le pasa a tus seres queridos sientes algo. Pero yo no sentí nada. Simplemente nada. ¿Eso me hace insensible?
No. Debo dejar de pensar en eso, estoy siendo demasiado extremista con las cosas. Tal vez solo son mis deseos de que algo fuera de lo común sucediese, así dándome ideas tontas de alguna tragedia posible. Fruncí el ceño y me masajee la sien. Será mejor que apure el paso y vea de una vez por todas que está sucediendo.
/
(Narrador POV)
-¿Cómo cree que se lo vaya a tomar?- preguntó la recepcionista de cabello negro.
-Esto pasa a veces, la gente va y viene.- respondió la otra mientras limaba sus uñas.
-¿Cómo puedes ser tan insensible al respecto?- dijo con cólera la otra.
-Mira, gente muere todos los días, no es novedad.- le respondió la rubia apuntándole a la otra con el lima uñas.
-Eres un monstruo, ¿lo sabías?
-Sí como sea…- dijo la otra mirando sus uñas.
Lizz entró por la puerta de vidrio anunciando su llegada. Las dos recepcionistas se quedaron calladas un rato. A pesar que había sucedido antes, era difícil decirlo. Después de todo, no sabes que le caerá la noticia al afectado. La rubia de dio un pequeño empujón a la pelinegra. Esta la miró con cara de pocos amigos. La pelinegra se acercó a la adolecente lentamente. En su rostro se mostraba tristeza y preocupación.
-Linda será mejor que te sientes…- comenzó a decir.
La castaña frunció el ceño. Negó con la cabeza.
-No…- dijo con la voz ahogada.
-Fue un accidente, la carretera estaba húmeda.- dijo en susurros.- Fue al instante, no sufrió… tu madre fue una gran mujer.-terminó de decir la chica.
Esa fue la gota que rebalsó el vaso. Lizz cayó de rodillas. Sentía como todo a su alrededor se rompía en varios fragmentos. Su mundo comenzó a derrumbarse. Lágrimas salieron desenfrenadas por sus ojos sin control. Con el dorso de la mano limpió sus lágrimas. Todo a su alrededor no existía. Continuó sollozando. Escuchaba el eco de las voces de las recepcionistas y levantó la mirada. Observó por la ventana y se quedó helada. Nuevamente, esa figura. Alto, de negro, sin rostro. Los oscuros ojos de la castaña se abrieron de la sorpresa. Sus ojos suplicaban piedad y consuelo. Respiró hondo y agitadamente.
-¡Tú…!- dijo antes de quedar inconsciente botando todo su aliento.
Se desmayó en los brazos de la pelinegra. La llevaron a enfermería para que pudiera descansar. Le llevaron sus cosas. Lizz estaba inconsciente mientras más pesadillas dominaban su cabeza.
(Lizz POV)
Corría por los bosques, estaba destrozada. Lágrimas salían de mis ojos y no tenía el poder de frenarlas. No sabía exactamente a dónde iba. Solo sabía que quería huir de todo. Recuerdos míos y de mi madre venían y se reflejaban como humo alrededor de mí. Podía oír su dulce voz llamándome. Imágenes de cómo debió ser el accidente. Podía ver claramente como debió ser. Pude ver como ella debió haber estrechado. La neblina cubría el lugar como una gran manta blanca, la lluvia inundaba y tapaba el auto. Pude ver como ella se golpeaba en el auto y perdía la conciencia. El carro daba vueltas innumerables. El sonido de este estrellándose contra un árbol hizo que me detuviera en seco.
Frente a mí estaba de espaldas una chica de mi estatura. Su cabello era parecido al mí casi igual, solo que más laceo y rojizo. Vestía un short de jean negro, converse y un polo negro de manga corta. Me quedé observándola detenidamente. El viento soplaba hacia ella. Me acerqué lentamente un poco más a ella. Debajo de mis pies hojas crujían rebelando mi presencia. Podía escuchar sollozos provenir de ella. La curiosidad abundó en mí. Mi corazón latía estruendosamente. Alcé mi mano para tocar su hombro. Una estruendosa carcajada psicópata provino de ella. Retiré mi mano inmediatamente. Ella volteó rápidamente dándome la cara.
Me quedé aterrada. Ella… era yo. Su rostro era el mío solo que era como un demonio. Mi antiguo flequillo estaba en su apariencia. Sus ojos mostraban demencia, eran de un color celeste claro y con bordes azul zafiro. Su larga y ensangrentada sonrisa mostraba unos perfectos y blancos dientes acompañados con colmillos. En su mano sujetaba un cuchillo lleno de sangre. Pude deducir que se había cortado en ese momento la sonrisa. De sus ojos lágrimas salían sin control.
-Sonríe…- dijo entrecerrando los ojos y ladeando la cabeza.- Nunca dejes de sonreír.- dijo mientras más lágrimas salían de sus ojos.
Comencé a retroceder. De los nervios y la torpeza caí sentada en el gras con las hojas secas rodeándome.
-¿Q-quien eres?- pregunté aterrada.
-Soy tú… Chelsea.- dijo ella anchando más su sonrisa haciendo que esta sangre más, se acercó a mí hasta que quedamos cara a cara, se acercó lentamente a mi oído. Su gélida respiración me provoco escalofríos.- Somos una.- concluyó.
-No…- susurré.- ¡Aléjate de mí!- grité empujándola.
Me levanté y comencé a correr como si mi vida dependiera de ello. Sentía mi respiración agitada, comencé a sudar en frío, mis piernas me temblaban.
-¡Nunca huirás de mí!- la escuché gritar.- ¡Nadie huye de si mismo!- gritó lanzando carcajadas.
-¡No!- grité soltando más lágrimas del miedo.
-No puedes huir de tu propio demonio.- la escuché susurrar en mi oído.
Desperté de golpe y aterrorizada. Estaba en mi cuarto. Era de noche. Llevaba mi pijama. Mi short negro y mi enorme polo de la banda Alesana. Miré a todos lados. La oscuridad inundaba mi cuarto dejando solo vagos reflejos de luz del poste que estaba al lado de mi casa. Me senté en mi cama aturdida y confundida. Me aferré a las sabanas mientras respiraba agitadamente. Nada de esto está pasando. Es una pesadilla.
Un sonido estruendoso llegó a mis oídos Me levanté de un salto. Escuché unos gritos de histeria provenir de la cocina. Esos gritos eran de mi papá. Eran gritos desgarradores de dolor y depresión. Volví a escuchar algo romperse.
-No, papá…- dije saliendo de mi habitación.
Bajé las escaleras rápidamente sin ningún momento que perder. Allí estaba él. Sentado en el suelo sollozando. Se veía tan indefenso así. Me rompía el alma tan solo mirarlo. Miré el suelo, había varias botellas de licor rotas esparcidas por doquier. Las había roto todas… No me importó el hecho de cortarme por estar descalza. Avancé hasta él y me arrodillé frente a mi padre. Con ambas manos tomé su rostro. Lo obligué a mirarme. Sus verdes ojos estaban bañados en lágrimas. No evité más y yo también me permití derramar más lágrimas. No necesitábamos hablar. El extendió sus brazos y me abrazó acunándome como si fuera un bebé de nuevo. Me meció y comenzó a acariciar mi cabello con delicadeza como lo hacía mi mamá.
Ambos temblamos de impotencia por no hacer nada. Me aferré con fuerza a su blanca camisa desahogándome mientras lloraba con fuerza. Sentía un inmenso dolor en el pecho, como si estuvieran presionando mi corazón y lo estuvieran estrangulando. Algo se retorcía en mi interior.
No podía dejar de pensar en ella, en las veces que me cantaba para dormir. En su dulce voz, en sus ojos color miel, tan dulces y cálidos. En su rizado cabello de oro, tan suave que parecía de seda. Simplemente no podía. Ella lo era todo para mí y para mi papá. Ambos se habían casado desde jóvenes. Eran ambos su primer y único amor. Una verdadera y legendaria historia de amor. No podía ni imaginar lo que sentía mi padre en estos momentos. El perder al amor de tu vida, a tu alma gemela, a tu razón de ser y tener que cargar con tu hija y ser fuerte por los dos, cuando sabes que tú te estás muriendo poco a poco. Que tu mundo se derrumba y se hunde en la oscuridad ya que tu sol se fue y sabes que nunca regresará. No regresará si te quedas aquí… no lo volverás a ver a menos que tu vayas a ella.
-No me dejes…- susurré con la voz entrecortada.
Escuchar eso estremeció a mi papá. Me abrazó de manera protectora. Como solo un padre puede abrazar a su hija, mostrándole como la quiere y lo que daría por ella. Nadie sabrá lo que un padre es capaz por su hija, ese amor tan grande y tan puro que es capaz de todo. Ni la muerte sabe el sacrificio que un padre es capaz de dar. Mi papá hundió su cara en mi cabello aspirando mi aroma.
-Nunca bebé, jamás te dejaré.- dijo entrecortadamente.- justos saldremos de esto, te lo prometo…- Nos quedamos así abrazados.
Miré la ventana por el rabillo del ojo. Al frente de la calle allí estaba de nuevo. Ese ser que me estaba acosando. Alto, delgado, de negro y sin cara. Le miré no aterrada ni molesta. No quiero que sienta miedo u odio provenir de mí. Le dediqué una mirada de curiosidad y tristeza. Le miré fijamente sin parpadear. Quería salir y preguntarle quien era y porqué me seguía. Pero me sentía tan débil que no tenía la fuerza suficiente si para poder pararme. Más lágrimas amenazaron con salir de mis ojos. Un increíble ardor en estos no solo por el llanto sino también por el olor a licor en el piso me obligó a cerrarlos con fuerza dejando escapar más lágrimas. Los volví a abrir… y ya no había nadie allí. ¿Será mi imaginación? ¿Me estoy volviendo loca? ¿Por qué de pronto tengo estas alucinaciones?
/
(Slender POV)
Cada vez me convenzo más que ella será la siguiente. El desafortunado accidente de su madre será solo un impulso más hacia la locura. Tuve que apartar un poco a Jeff, su impulsos habría cambiado por completo la historia de esta chica. Pero pronto le permitiré acercársele a ella. Tal vez aún no es el momento para que entre en su vida, pero luego tal vez el mismo la termine de enloquecer. Mientras tanto, mis apariciones las tomará como "alucinaciones" Pero igual debo ser precavido. No queramos que al final no se quiera unir a la Creepyhouse. Al igual que Jeff, muero de intriga saber cómo se transformará en un ser demente y desquiciado. Pero no lo dudo ni lo pongo a prueba, cada uno tiene su lado oscuro, solo basta exponerlo.
A veces puedo notar su demencia. Solo que lo esconde muy bien. Aparenta ser una chica ordinaria y común. No se aleja tanto de los demás, tiene sus amigas, pero en el fondo se nota que le gusta la soledad, o será que a veces no se siente comprendida por ellas. Lo cual eso sería lo más lógico para que se aparte. Sentía cierto sentimiento de compasión y preocupación con ella. La veía al igual que Sally, como a una hija. Después de todo, veo como hijos a todos lo que habitan en la Creepyhouse. A todos les ofrecí refugio en aquella vieja pero cómoda mansión en el bosque. Después de todo, ellos no me temían. Yo solo quería una familia, y con ellos se logró. Ella no mostraba miedo al verme, al contrario, mostraba valentía. Cada vez que me veía podía ver una chispa de anhelo. Podía ver lo que quería. Era como un gato guiada a mí por su curiosidad.
Definitivamente, cada vez me convencía más que ella será la nueva integrante de la Creepyhouse. Y no puedo negar que estoy impaciente a que se nos una.
Tadaaaa c; ¿Rosas o tomates? ¿O ambos? No olviden dejar reviews y seguirme en facebook, como siempre el enlace está en mi perfil de autora ;D Hasta el próximo capi, Byeee
