2.- Comienzo
¿Cuánto tiempo había pasado desde que él no conocía la luz del sol? 10. 20. 50 años. Él tenía más de 500 años, pero la apariencia de un joven. A pesar de tener mucho tiempo y una memoria nítida no lograba recordar la razón por la que fue atrapado en ese viejo y apestoso pergamino. Aunque la razón misteriosa por este día no importaba en lo absoluto. Era libre. Extendía sus manos para tratar de alcanzar la luz, respiraba aire limpio y sentía el olor de las flores, nada más podría hacer feliz a Syaoran.
La razón de su libertad estaba ahí, acostada en la cama. Lleva dos días así pero finalmente la magia ha hecho efecto. Esa vieja como él le decía, de cara cansada y algo arrugada se había convertido en una joven de 17 años.
Syaoran por su parte, no puede evitar sentir curiosidad de verla y tocarla. Se recuesta a un costado y percibe su semblante infantil; nariz respingada, labios carnosos que junto con las mejillas recobraron el tono rosado, sus pestañas se posan dejando ver lo largas que son. Su cabello castaño es suave y brilloso. Con la yema de su dedo recorre la curvatura de sus hombros hasta las caderas.
-No entiendo cómo pudiste mantenerte virgen con este cuerpo tuyo.- Susurra.- Pero… no duraras mucho así.- Sonríe malicioso tomando ambas muñecas débiles posándose encima de Sakura.- Entre más rápido te entregues, mejor para mí.
Pero no contaba que sus oscuras intenciones se vieran intervenidas por el ataque de un pequeño gato dorado que rabioso lo comenzó a rasguñar y maullar para defender el desprevenido cuerpo de su adorada dueña.
-¿De dónde carajos saliste tú?- Se limpia el rasguño que le hizo con su lengua desapareciendo por completo la herida.- Asumo que debes de saber quién soy yo, gato listo
El gato, llamado Kerberos, por su parte no dejaba de erizar su pelaje ante la extraña presencia de Syaoran en la casa y sobre todo que este encima de su adorada ama.
-Para tu información, ella también es mi ama, te guste o no.- Lo toma ágilmente del pelaje, molestando como un niño pequeño al gato.- Compartimos lazos, animal de peluche
Mientras él molestaba a Kerberos, el ruido despertó a Sakura de su profundo sueño abriendo poco a poco sus ojos y lo primero que vio fue a ese demonio jugando con su mascota.
-¿K-Kero?- Adormilada interrumpe la pelea entre ambos "sirvientes." Kero, al escuchar su voz se lanza en sus brazos, sin antes terminar de rasguñar de nuevo al intruso de Syaoran, lamiéndola y ronroneando.- Kero… también te quiero mucho.- Se conmueve y lo acurruca en su pecho. Syaoran solo observa el momento conmovedor entre el animal y su dueña.
-Así que de cariño le dices Kero.
Sakura se detiene para observar detenidamente a Syaoran.
-Aún sigues aquí… Pensé que todo había sido un sueño.- Susurra mientras acaricia el pelaje de Kero.
Syaoran frunce su ceño. Se indigna por la incredulidad de la ahora no vieja.
-Si tanto dudas de lo que pasó, ¿Por qué no vas al tocador a verte?- Lo señala.
-¿Al tocador? –Duda.
-Sí, no sabía que eras tan bella de joven.- Sonríe triunfante, entonces la curiosidad de Sakura recorre su cuerpo y deja en la cama a Kero. Dudosa camina lento hasta que ve en el reflejo del espejo a otra chica completamente distinta. Asustada se lleva ambas manos a la boca.
-¿Q-Qué hiciste?—. Tiembla.
-Te he dado lo que más querías.- Syaoran toma de sus hombros por detrás.- Solo obsérvate, ya no eres la misma de hace dos días. Tienes 17 años una vez más.
Sakura no pronuncia ni una sola palabra, pasmada sigue observando el reflejo que le regala el espejo del cuarto de Nadeshiko. Es idéntica a cuando era joven. Su piel es brillante y firme, las líneas de expresión que tenía han desaparecido, sus ojos ahora tienen el brillo que habían perdido hace tiempo tras. Mira sus manos, las pecas que tenía ya no estaban y las venas saltadas tampoco. Incluso la ropa le quedaba holgada. Era más delgada. Tenía 33 años menos.
-¿Te gusta lo que ves?- Syaoran susurra en su oído.- Los milagros sí existen, ama.
¿Ama?
-P-Pero…- Toma aire.- ¡¿Cómo hiciste eso?!- Apunta al espejo.- ¿P-Por qué?
En eso, Syaoran se arrodilla enfrente de Sakura, un protocolo más serio que otorga veracidad a lo que está pasando entre ellos dos.
-Quizás se te olvidó por la conmoción.- Toma gentilmente su mano y posa sus labios, Sakura puede sentir un choque eléctrico.- Por haberme liberado de ese hechizo, te has convertido en mi ama. Y yo, Syaoran Li, como un demonio fiel y agradecido te he cumplido el deseo que tanto anhelaba tu corazón.
-Pero… Eres un demonio.
-Y tú también, ahora con esa nueva imagen.- Sus ojos azules parecen penetrar el alma de Sakura.- Una vieja dentro del cuerpo de una niña. Vieja Sakura.
-¿C-Cómo sabes mi nombre?
-En el momento en que nos besamos, te pase algo de mi magia. Sé todo de ti porque así tuve que encontrar en tu interior aquello que anhelabas.- Se pone de pie sin soltar sus manos.- Es un trato.
A Sakura le cuesta procesar todo lo que está pasando. En menos de tres días ha perdido a Nadeshiko y ahora resulta que gracias a su sangre virginal a liberado a un demonio que la hecho verse como una adolescente una vez más.
Es una oportunidad, ¿No es así?
No podía darse el lujo de dejarla pasar otra vez.
-Está bien.- Mira a Syaoran determinada.- Aceptaré esto que me estás ofreciendo, pero… si es un trato ¿Qué tengo que hacer para continuar así?
Syaoran sonríe, al parecer esta mujer no es tan ingenua como parece.
-Como todo en la vida, tiene un precio el brindarte mi magia. Cláusulas que debes respetar si quieres durar mucho tiempo así.
-¿Qué es?—Titubea.
-La única condición es que mantengas la pureza de tu ser, vieja Sakura.
-¿De mi ser?
-Sip. Podrás hacer todo lo que no hiciste. Vivir como no viviste. Tomar alcohol, vengarte de quien odias. Drogarte si te parece. Besar a quien tú desees. Incluso puedes matar.- Toma un mechón de su cabello inhalando su dulce aroma.- Pero no podrás perder tu virginidad.
Las mejillas de Sakura se sonrojan, no solo por escuchar de nuevo aquellas palabras sino por todo lo que conlleva la magia de este demonio que muestra ser uno muy poderoso.
-Si llegas a fallar.- Suelta su mechón.- Me llevaré tu alma al infierno, sin dudarlo.
-Y… ¿Sí nunca pierdo mi virginidad? ¿Viviré?
Syaoran vuelve a sonreír más enigmático. Ha llegado la hora de decir la verdad.
-¿Crees que un demonio te dejaría vivir después de habértelo dado todo?
Con esa oración ha quedado claro para Sakura.
-¿Entonces también moriré?- Traga saliva al escuchar la gravedad de sus propias palabras.
-Así es. Cuando tu alma descanse por haber cumplido sus deseos yo mismo te arrebataré la vida… Pero, si te parece imposible para ti, podemos anular ese contrato en este momento.
-¿Eh?
-Sí, si estás asustada por todo lo que te digo podemos terminar todo ahora.- Toma su mentón acercando sus bocas peligrosamente.- Solo con un beso.
Syaoran se acerca con la intención de besarla pero instintivamente Sakura reacciona tapando su boca. Él abre sus índigos ojos sorprendido, pero esboza una sonrisa al ver que su farsa a resultado. Una farsa que empujo más a la desesperación a Sakura para terminar de sellar su contrato.
-No.- Susurra insegura.- Yo acepto todo lo que me dices. Viviré hasta que todos mis arrepentimientos desaparezcan. No podría seguir viviendo, si la única razón que me mantenía de pie ya no está.- Aludiendo la muerte de Nadeshiko.- No me importara ser egoísta… Yo después de mucho tiempo, haré todo lo que quiera y diré todo lo que quiera. Te acepto como mi sirviente y verdugo.
-Entonces, celebremos.-
Toma de su cintura dejando sin escapatoria a Sakura, besándola una vez más. Igual de apasionado que la primera vez. La sensación es la misma, descargas eléctricas recorren su espalda y siente hormigueo por la avidez con la que es besada. Syaoran por su parte no pierde el tiempo ni la oportunidad de intentar seducirla. Travieso comienza a subir la blusa de Sakura acariciando la suave piel rejuvenecida y está seguro que si lo hubiese hecho antes estaría igual de perfecta.
Si él logra hacerla suya, todo esto acabará y no tendrá que preocuparse por ella nunca más. Después de todo, ninguna humana que había caído en su hechizo antes, se resistió más de unas cuántas horas para entregarse en cuerpo y alma.
-E-Espera— Sakura lo empuja, rompiendo el intenso beso.- Suficiente.- Trata de controlar el calor de su rostro, le avergüenza sonrojarse a pesar de tener 50 años. Syaoran no puede creer que alguien haya roto su beso y menos que una vieja, como él decía, haya sido la primera.
-Se nota que nadie más te había besado.- Dice seco incomodando el ambiente entre ambos. Sakura agacha la mirada apenada, pero como un dulce caballero, Kero que siempre estuvo atento a todos los movimientos se lanza de nuevo al rostro de Syaoran.
-¡Kero!- Grita Sakura.- ¡No hagas eso!
-¡Quítate estúpido peluche!- Gruñe Syaoran.- ¡Deja de molestarme idiota!
En medio de todo el alboroto y la furia descontrolada de Syaoran suelta un hechizo hacia Kero. Sakura se cubre de la gran luz que arrojo al suelo, asustada piensa que ha terminado con la vida de su amado Kero, pero grande es su sorpresa al ver a un niño de 8 años, con el cabello rubio y algo largo con ropaje tradicional, que continuo golpeando a Syaoran y también él, pero sus golpes algo sosos y podría decirse infantiles.
-¿K-Kero?- Se acerca hacia dónde están y Kero al escuchar la voz de Sakura detiene su "pelea." Con Syaoran para ir a abrazarla.
-¡Sakura!- Acurruca su cuerpo a la altura de la cintura de Sakura. Ella solo mantiene sus ojos abiertos como platos y ve a Syaoran con cara de "¿Qué está pasando aquí?"- ¡No te le acerques a ese demonio! ¡Es un abusivo! ¡Un pervertido!- Apunta el ahora Kero.
-¡Cállate!- Grita Syaoran fastidiado.- Gracias a mi magia mostraste una forma humana, pensé que serías una criatura mítica pero resultaste ser un mocoso inútil.
-¡Tengo más de 1000 años!- Grita la voz chillona de Kero y tal afirmación espanta a Sakura que solo ha vivido con Kerberos 7 años.- ¡Tú solo tienes 500! El mocoso eres tú, demonio apestoso.
Fuera de sus carillas Syaoran lo corretea en la habitación dejando a Sakura confundida y sin saber que hacer con ambos, pero entonces, el timbre de la casa se escucha. Baja rápido las escaleras olvidando por completo su condición "mágica." Al abrir la puerta se topa con Tomoyo, que trae consigo ropa doblada. Su corazón se detiene al momento que sus miradas se topan.
Oh no, seré descubierta.
-Hola, Sakura. ¿Cómo amaneciste este día?- Tomoyo sonríe.- Me fui algo preocupada en la noche pasada y no habías contestado el timbre. Aquí te traigo el uniforme de la escuela que te hice, ¿Ya vas a volver a ella verdad?
-¿A-A la escuela?
-Sí, después de que pase el luto de tu madre. Mira aquí te lo dejaré. Te veo en unos días en el instituto.- La abraza fuerte, mientras que ella sigue confundida.- No olvides mandarme un mensaje ¿Sí? O venir a mi casa.
-Muchas gracias, Tomoyo.- Agacha su mirada.
-No te preocupes. Para eso están las amigas. Hasta luego.- Agita su mano y camina hacia su casa
Tomoyo no lo sabe, pero esas palabras tuvieron un significado especial para Sakura, que no recordaba que alguien se dirigiera a ella como "amiga." Al cerrar la puerta, no puede evitar derramar unas lágrimas y abrazar el uniforme escolar. Es de camisa blanca con un lindo cuello azul haciendo juego con una falda de tablones y algo de tul que levanta su vuelo.
Madre, ¿Puedes ver todo lo que está sucediendo?
Por las escaleras baja Syaoran con ahora un Kero que vuelve a ser un lindo gato dorado, que por cierto se encuentra dormido.
-Tu pequeña fieresilla se quedó dormido a mitad de una pelea.- Lo carga en su hombro y ve que Sakura esta observando con devoción el uniforme que le acaba de entregar Tomoyo.- ¿Te lo dio tu amiga?
-¿Cómo sabes?- Habla sin dejar de ver esa linda prenda.
-Porque también querías ser amiga de ella, así que ella está bajo una pequeña ilusión aunque es una mujer muy perspicaz, podría darse cuenta muy pronto.
-Me dijo que le mandara un mensaje, pero no entendí a lo que se refería… Nunca he tenido un celular.- Levanta la mirada hacia Syaoran.
-¿Has buscado en tu bolsillo?
-No.
-Hazlo.
Sakura hace lo que le indica y efectivamente, saca un celular que podría decirse es de los más actuales.
-Pero… ¿D-De donde salió? Yo no he comprado—
-Llámala magia.- Syaoran camina hacia ella y sonríe.- Cuando he dicho que haría realidad todos tus deseos hablaba enserio. ¿Cuándo irás al instituto?
-El lunes, supongo.- Sonríe tímida.- Muero de ganas por ponerme un uniforme de nuevo.
-Y yo muero por verte con el.
Como todo un casanova, Syaoran sabe como dirigirse hacia las mujeres que cumplidos las hacen felices y logran acelerar su corazón. De manera inteligente se acerca a Sakura acorralándola de nuevo contra la puerta y quiere besarla, pero una cola peluda se interpone entre sus labios.
-Ni creas que te dejare hacerlo, demonio apestoso.- Kero, ahora como un gato, podía hablar. Sakura suelta una risa sonora, no pudiendo creer todo lo que está pasando en su vida. Hace mucho que no reía y ambos chicos observan la espléndida risa que tiene su ama. Syaoran se queda pensando detenidamente en las facciones de Sakura como si las hubiese visto antes, pero no recuerda en donde y un toque melancólico invade sus pensamientos, Sakura se da cuenta del cambio repentino en el ambiente. Sus profundos ojos azules se posan y parecen inmóviles como si estuviera buscando algo en ella.
-¿Pasa algo?—Pregunta.
Syaoran parpadea para salir del trance en el que estaba.
-No, no pasa nada.- Revuelve el cabello de Sakura.- ¿Dónde está la cocina? Me muero de hambre, hace años.- Literal.- Que no he comido algo.
-¡Oh! Yo te prepararé algo.- Habla entusiasmada.- Y a ti también Kero.
-¡Sí! Los dulces de Sakura son lo mejor.- Chilla emocionado.- Pero serán todos para mí, no para el demonio apestoso.
-Sí sigues así, animal de peluche.- Lo toma de la cola.- Te convertiré en una bola de arroz y te comeré.- Lo amenaza Syaoran.
-Solo inténtalo.- Kero entrecierra sus ojos retándolo y no pasó mucho tiempo para que de nuevo ambos tuvieran la misma pelea de hace 15 minutos, Sakura los ignora y camina a la cocina para ponerse un mandil y comenzar a cocinar algo.
Hace tiempo que en la casa no había ruido. Hace mucho que no preparaba la comida para alguien más. Madre, los milagros si existen.
Madre, en nuestra casa, si hay magia.
La vida de Sakura estaba iniciando, una vez más.
