Capítulo 2: La búsqueda.

Leon despertó con una resaca como hace mucho no lo hacía. Todo le daba vueltas y la cabeza le estaba matando. Se levantó de la cama en la que anoche había disfrutado la compañía de una mujer de la que apenas recordaba su nombre. Ella ya no estaba, probablemente se habría ido temprano a juzgar porque no estaba ninguna de sus pertenencias en la habitación del agente.

Para curar una resaca, no había nada mejor que una bebida hidratante y tal vez un par de cervezas más, así que el rubio se dirigió a la cocina a buscar la cura para su malestar. Afortunadamente el refrigerador tenía lo que el agente necesitaba para mejorar. Sacó una cerveza y se dispuso a ordenar algo para desayunar, pues no le apetecía mucho preparar algo con semejante dolor de cabeza. Cuando tomó el teléfono de la mesa de centro de su sala, se percató de que había una nota, seguramente de la mujer con la que se había revolcado apenas hace unas horas.

"Anoche fue maravilloso… me gustaría volver a verte. Llámame." Decía la nota junto a un número de teléfono. Leon esbozó media sonrisa al recordar que su don con las mujeres nunca se había perdido y que les había demostrado a los imbéciles de sus amigos que él seguía siendo tan encantador como siempre. Después ordenó algo de comida china para desayunar y se sentó a mirar la televisión. Entonces apareció un comercial de Terra Save, donde pretendían desmentir un gran chisme que se había generado alrededor de la organización por parte de su ex jefe acusado de ser partícipe de un atentado terrorista en las Bahamas; pero eso no era lo importante, sino el recuerdo de su hermosa pelirroja.

¿Qué habría sido de ella? ¿Seguiría soltera? ¿Le amaría todavía? ¿Sería la misma persona que conoció hace años? Todas esas preguntas aparecían en la mente de Leon y surgían muchas más. Necesitaba ponerse en contacto con la menor de los Redfield cuanto antes, y nadie mejor que Sherry para ayudarle. Tomó su celular y llamó a su rubia favorita esperando que no metiera demasiado las narices.

—Hola Sherry— saludó Leon

—¡Leon!— contestó la entusiasta Sherry — ¿Cómo has estado? ¿Disfrutando tus vacaciones?—

—Sí, algo así…—

—Jake me ha dicho que anoche fueron a una discoteca, ¿se han pasado de copas?—

—Tranquila, pequeña. Tu novio bebió sólo un par de cervezas, no necesita ponerse ebrio, él siempre parece borracho. Por cierto… ni siquiera me ha pedido permiso para ser el novio de mi rubia favorita, ¿tengo que actuar como padre responsable o puedo confiar en ambos?

—Tranquilo, papá— respondió Sherry, acentuando la palabra "papá"— Ya soy una adulta, sé lo que hago. A todo esto, ¿a qué debo tu llamada? ¿Es que acaso no puedes vivir sin la oficina?—

—No es eso. En realidad necesito que me hagas un favor.

—Lo que sea.

—¿Aún estás en contacto con Claire?

—Ah, ya veo a dónde va todo esto— responde Sherry con picardía —Acabo de mandarte su número, espero tener noticias de ustedes dos pronto. Me haría muy feliz que mis padres prestados por fin estuviesen juntos de verdad. Aunque supongo que tendrás que esforzarte mucho, no es un buen momento para buscarla…

—¿De qué estás hablando?

—Ya lo sabrás, ¡hasta pronto, Leon!— Sherry colgó el teléfono dejando con una incertidumbre de muerte al agente.

Miró la bandeja de mensajes de su teléfono y encontró el número de Claire, pero lo que Sherry le había dicho, no lo había dejado para nada tranquilo. Para quitarse de dudas, era mejor que su chica le aclarara todo. Se armó de valor para llamar al teléfono de la pelirroja e invitarla a salir. El teléfono sonó varias veces, pero ninguna de ellas contestó. Tal vez estaría ocupada con su trabajo o en una misión de rescate. Así que Leon decidió esperar el resto de la tarde para volver a llamar y mientras tanto se dedicaría a su resaca.

Eran las 8:00 p.m. y Leon estaba en la lavandería, tenía mucha ropa sucia que lavar. De pronto, su teléfono comenzó a vibrar en su chaqueta, estaba recibiendo una llamada de Claire. Después de todas sus súplicas, al fin el amor de su vida se había acordado de devolverle la llamada al agente.

— ¿Leon?— dijo Claire en forma de saludo.

—Hola Claire.

— ¡Hey! ¡No sabía que este era tu número! Me da mucho gusto oírte, ¿cómo has estado? — Claire era la misma mujer entusiasta y amable de siempre, el agente sonrió ante el saludo de la menor de los Redfield.

—He estado bien, un poco saturado de trabajo, pero justo ahora estoy de vacaciones, ¿cómo has estado tú?

—He estado mejor. El trabajo, asuntos familiares y asuntos personales me absorben casi todo el día.

—Es una pena, quería invitarte un café. Hace mucho tiempo que no charlamos y me gustaría que nos pusiéramos al día, ¿qué dices?—

—Llamas en buen momento, tengo asuntos de trabajo en Washington y mi vuelo llega pasado mañana a las cuatro de la tarde, ¿pasas por mí?—

—Seguro. Nos vemos entonces.

—Hasta entonces.

¡Sí! Leon estaba emocionado por su próxima cita. Estaba decidido a recuperar a su Claire a como diera lugar. Se dio prisa a terminar sus deberes y fue volando a su departamento a preparar la recámara de huéspedes que estaba muy desordenada. Nadie había pisado aquella habitación desde que su colega, el mandilón de Billy, se fue a vivir con él por un tiempo cuando había peleado con Becca y ella le había echado del apartamento sin tocarse el corazón. Recuerda a un Billy sentimental, uno que no salía de cama en todo el día si no era para ir al baño o buscar algo de comer en la cocina; a Leon le parecía más como una adolescente viendo películas románticas para "sentirse mejor" después de que le rompieran el corazón. Justo entonces, el agente se preguntaba, ¿realmente Billy será hombre? El rubio soltó una carcajada ante el recuerdo, pero su rostro cambió enseguida de expresión al revisar debajo de la cama, ¿un pedazo de pizza? ¿Es en serio? Ok… Scott entendía que su colega no fuera el hombre más limpio del mundo, pero eso era un asco. Más tarde encontró una caja de pañuelos de papel y junto a ellos un tarro de vaselina. Qué perturbador…

Leon ni siquiera quiso tocar eso con sus manos, así que con la escoba jaló los productos y con unos guantes de látex que tenía guardados, los puso en una bolsa de basura junto con otros objetos que había dejado el inmaduro Coen. Las sábanas olían a pies y tenían unas dudosas manchas de color café. Tal vez podrían ser de comida, pero el agente no se atrevió ni siquiera a llevarlas a la lavandería. Daban vergüenza. Así que las tiró a la basura junto con todos los objetos curiosos y desagradables que encontró en la habitación de huéspedes. Limpió todo a consciencia. No le faltó ni un solo rincón pues, quería impresionar a Claire con un departamento que se viera maduro, como el de un hombre y no como el de un muchacho universitario. Puso sábanas nuevas, un edredón recién lavado y almohadas limpias para su pelirroja. Había toallas limpias en el baño, jabón, shampoo y papel. A las 11:00 p.m. Leon había terminado su sesión de limpieza y estaba totalmente agotado, así que se fue a recostar sin más preámbulos anhelando que amaneciera pronto para volver a ver al amor de su vida.

11:30 a.m.

Leon abrió los ojos con pesadez, pues aún se sentía cansado. El trabajo lo mantenía distraído en todo momento y no había tenido tiempo ni de darse cuenta de lo cansado que estaba. Su cuerpo ya no era el de un joven y no resistía lo mismo que antes, aunque estaba en mejor forma, él sabía que la resaca de antier, probablemente le seguiría molestando hasta mañana. Nada de eso importaba, pues la verdad estaba emocionado por ver a su Claire. Aunque no estaba seguro de que Chris aprobara que se vieran, después de todo seguía siendo un hermano sobreprotector y celoso.

Se levantó para desayunar algo sustancioso, el hambre que tenía era inmensa. Prendió la televisión y puso el canal de noticias para enterarse un poco de lo que sucedía en el mundo. El resto de la mañana pasó de prisa, y la tarde pasaba ligeramente más lenta. Las ansias comían a Leon, quien no recordaba haberse puesto así por una mujer desde su primera cita. Si bien era cierto que estuvo enamorado de Ada, ¿cómo es que nunca se sintió de esta forma? Tal vez su interior sabía que Claire era a quien amaba en realidad, lo absurdo fue haberse dado cuenta después de tanto tiempo.

La hora había llegado, Leon se echó un vistazo en el espejo antes de salir al aeropuerto. Su cabello se veía bien y empezaba a dudar que su barba le favoreciera cuando la Redfield lo viera. Tomó las llaves de su Lamborghini y manejó hasta el aeropuerto de Washington a esperar la llegada de su cita. Entró a la sala de espera y miraba el reloj cada 20 segundos. A pesar de que no faltaba mucho para la llegada del vuelo de Claire, al agente le parecía eterno el tiempo. De pronto escuchó el anuncio de que el vuelo 721 acababa de llegar. Leon se puso de pie en cuanto vio que la puerta de la sala de espera se abrió. Pasaron varias personas y ninguna de ellas era la pelirroja, el rubio comenzó a ponerse nervioso en ese momento. Dos minutos después apareció el amor de su vida con una maleta gigante y una sonrisa deslumbrante. No había cambiado nada. Por su parte, Claire se quedó atónita cuando vio a Leon. No podía negar que se veía fenomenal y que la barba le sentaba de maravilla. Algo renació en su pecho, un sentimiento como de adolescente cuando veía al chico más guapo de la escuela. La mirada de ambos chocó y como el roce de dos piedras, la chispa se encendió de nuevo.

¿Podrá existir más que una amistad entre ellos después de lo que Claire tenía que contarle?