-¿No me reconoces, señorita Evans?-comentó el hombre con una sonrisa irónica en su rostro. Mostraba seguridad, lo que estaba haciendo lo tenía planeado, sabía lo que quería hacer. Esa vivienda ni siquiera era la suya, había obligado a una señora mayor a que saliese del hogar durante todo el día ya que sabía que Lily pasaría por ahí.-Pensé que en La Orden tendríais un mayor control sobre vuestra gente.-una fría y maléfica risa hizo que el cuerpo de Lily se estremeciera y no sólo por la fría temperatura que había en el ambiente. Ella intuía lo que iba a pasar y estaba aterrada con ello.-La verdad es que para ser una asquerosa sangre sucia estás muy buena—dijo finalmente quitándose él la camisa que llevaba. El hombre era realmente guapo, en cualquier otro momento y si Lily no estuviese enamorada de James Potter igual no le hubiese importado acostarse con ese hombre, pero ella no era así. La pelirroja nunca se había acostado con otro chico que no fuese su marido, ni siquiera había tenido la intención de hacerlo nunca, aunque en alguna ocasión había pensado en una forma de "más que amistad" con el mejor amigo de su infancia, Severus Snape. Seguramente eso nunca habría funcionado, eran de dos mundos diferentes. Demasiado diferentes. El hombre se acercó a ella desde un lateral de la cama y se quitó el pelo que le caía sobre el rostro, el pelo que a la mujer no le había dejado ver su rostro de verdad, sólo unas sombras.
-¡Dolohov!-exclamó Lily cuando pudo reconocer el rostro. Antonin Dolohov era uno de los mortífagos más temibles que había. Había asesinado ya a varias personas conocidas de Lily Evans y se sabía que uno de los hobbies del hombre era ir con sus amigos a cazar muggles. Eso asqueaba a Lily.- ¿Por qué?-La chica tenía ganas de llorar, no quería que Dolohov le hiciese lo que le iba a hacer, no quería que nada pasase. Tampoco quería darle el placer de llorar y no quería darle el placer de gemir, sería como una victoria. No quería que él ganase, pero sabía que el cuerpo humano era difícil de controlar. ¿Qué iba a hacer?
-En efecto, Evans.-comentó manteniendo esa sonrisa. Ella seguía aterrada y él disfrutando de su terror.- ¿Por qué? No sé, fuiste algo estúpida al venir aquí tú sola, ¿no sabes que estamos tras cada uno de vosotros? Tenía que pasar.- Dolohov paseó la mano derecha por el cuerpo de la mujer, que empezó a respirar más fuerte. Otra vez las ganas de gritar y llorar, pero por ahora era capaz de reprimir ambas cosas. En aquel momento fue cuando la mano del hombre llegó a donde la mujer no quería que llegase. Lily exhaló fuerte, a su cuerpo le había gustado eso y quería hacerla gemir, pero no podía hacerlo, no tenía que darle ese placer. La mano de él seguía jugando con ella, dándole placer, quería escucharla gemir, que ella disfrutase para que eso sonase a victoria. Ella a su vez no quería eso, intentaba reprimir todo mordiéndose la boca por dentro, pero sentía que no iba a ser capaz de hacerlo todo el tiempo.
