Disclaimer: Harry Potter no me pertenece.
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Lo que nunca has tenido
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6.- Aunque se vista de seda...
Es viernes; no estás nervioso ni emocionado. Todo el mundo habla de esa extraña fiesta y a la cual la mayoría de ellos no están invitados; eso es lo que se murmura en los pasillos. Eso y a quién habrá invitado Sirius Black.
Esto último no te puede importar menos, quizás te importaría si él hubiese invitado a una chica estúpida que le pise la túnica en la escalera y provocara que se caiga y se golpee en la cabeza. En ese caso, o cualquier otro donde termine con el cráneo en dos, sí te importaría. Pero como esos factores no los puedes manejar tú (sin que te sorprendan) prefieres quedarte tranquilo y que los malditos murmullos y cuchicheos se calmen para que te dejen leer en paz ese libro que tanto te costó conseguir.
- ¿Y sabes leer, Quejicus?
Es ese imbécil de Potter con su típico tono de voz socarrón y prepotente. Alzas la mirada y buscas tu varita rápidamente. No lo dices, no abres la boca, sólo piensas. Hay una pequeña vibración entre tus dedos y luego James Potter está colgando en el aire, de cabeza. Suelta una serie de improperios en contra tuya; la mayoría de ellos son palabrotas y tú te levantas del piso de piedra, guardas tu libro y te vas sin más. Total, crees que nada grave te puede pasar por eso.
Estás tan sumergido en aquel texto que no te habías dado cuenta que la hora de comer ha llegado. Sales de las mazmorras siendo víctima de una sensación incómoda, algunos lo llaman desasosiego. Ni siquiera te habías acordado que no has comido casi nada hasta que ves aparecer frente a ti una cantidad de comida suficiente para que el guardabosques ése coma cinco veces; él y toda su familia.
Hasta entonces nunca habías caído en cuenta, pero de pronto tienes la certeza que debe tener familia perteneciente a los gigantes porque nadie es tan grande, no humanamente al menos.
Otra bestia metida en el colegio, quizás cuantas más habrán. Al parecer Hogwarts verdaderamente terminará convertido en un zoológico tal como dice aquel señor del que tanto habla Lucius. Aquel señor que les promete a cada uno el lugar que les corresponde. La reivindicación de la magia, sin temores ni prejuicios, y detener todo el daño que ocasionan los muggles.
Nunca le has visto, nunca has hablado directamente con él, pero cada vez que alguien te cuenta cosas, detalles o extractos de sus palabras, algo en tu interior se abre. Es como si quisieras conocerlo, observarlo fríamente y comprobar si aquel que se plantea como un líder para los nuevos tiempos es alguien tan inteligente como su mensaje.
Al volver del Gran Comedor te encuentras con una sorpresa. Hay una túnica limpia sobre tu cama. Es de color negro, negro profundo. Sabes inmediatamente que esa no es tu túnica porque la tuya ya tiene ese tinte grisáceo y miras en todas direcciones intentando descubrir de dónde salió aquella. Por un momento no quieres ni siquiera tocarla, crees que podría ser alguna broma dirigida en tu contra, una venganza por lo que le hiciste a Potter. Te sientes víctima de delirios de persecución y una sonrisa atraviesa tu rostro, entonces te atreves a tomarla entre tus dedos.
La túnica tiene la tela suave y ligeramente perfumada. Cuando te la pones un sentimiento irracional se apodera por completo de ti, te miras de reojo en un espejo y descubres que te ves genial.
También descubres que eso te hace feliz.
La túnica no trae nota alguna, sólo estaba cuidadosamente doblada sobre la cama. Cuando le preguntas a Rosier de dónde salió, éste se encoje de hombros y dice que una lechuza del colegio la dejó caer sobre tu cama.
Dudas sobre si usarla en la fiesta o no.
Pero de pronto sientes algo cálido dentro de ti, como si pequeñas luces te invadieran por completo. Reconoces el suave olor de la túnica, aquella dulce fragancia que es tan familiar. Más que mal, la has sentido casi toda tu vida. Suprimes una sonrisa enorme, sólo para que Rosier no la note y disimuladamente pasas tu dedos por la tela, intentando que aquel sencillo gesto pase por un intento de estirar la túnica y que no se note que en el fondo estás acariciando la ropa imaginando que es otro cuerpo el que tocas.
7.- ...A algunos les gustan los monos.
- Es increíble. Si hasta te has puesto ropa limpia.
- No es sólo eso, Cornamenta. Quejicus se lavó el pelo también...aunque con aceite.
Y las risas irónicas estallan detrás de las palabras de Potter y Black. Esa turba de descerebrados que siempre les siguen emiten los ronroneos como si fueran alimentos para sus dioses, probablemente piensen que eso son. Sientes las mejillas acaloradas; mitad vergüenza, mitad rabia. Quieres sacar tu varita y hacer todos esos trucos que has perfeccionado, poner en práctica todos esos hechizos que has descubierto en libros olvidados que no lee nadie, muchos de ellos perdidos en la sección prohibida de la biblioteca.
Han logrado que esa chica de rizos oscuros se evapore de tu lado. Y ahora las mejillas se rellenan sólo de rabia. Pero recuerdas que estás en una fiesta, y que tú eres distinto. Tú sí te sabes comportar y demostrarle al mundo lo muy correcto y refinado que puedes llegar a ser, es tu oportunidad y no dejarás que esos imbéciles te la arrebaten de las manos. Así que te alejas sin decir una palabra, sólo les dedicas una mirada cargada de odio que estás seguro que sabrán interpretar. Algún día, piensas, algún día te las van a pagar todas. Te mezclas, masticando tu rabia, entre un mar de túnicas coloridas y elegantes, te pierdes tanto como puedes y cuando Slughorn repara en ti, te saluda afectuosamente.
Te acerca a un grupo de gente muy añosa y te presenta como un chico con gran talento para las pociones. Todos agregan con palabras vacías que las pociones son muy importantes, que los aportes de dicha ciencia son uno de los mayores avances en la magia y simulan estar interesados en lo que tú puedas hacer en el futuro. Slughorn te abandona a tu suerte, te deja con aquellos señores empolvados, y él se dirige hasta la mesa de los bocadillos. No sabes muy bien qué decir para dejar en claro cuánto vales, así que sólo escuchas y asientes como si lo que ellos hablaran realmente te importara. Esa fiesta es tan aburrida que sientes que podrías quedarte dormido de pie en cinco minutos más, y eso sucedería si no vieras abrirse paso entre la gente a la sonrisa más bonita que tus ojos oscuros han captado.
Lily.
Y ella parece desplazarse sobre un mar de espuma, su túnica se mueve ligeramente al compás del baile de sus párpados. Sientes que te falta el aire, y que quizás deberías cerrar la boca. Sientes una sed violenta y un calor en el fondo del estómago. Ella aún no te ha visto y cuando acerca sus labios al oído de Remus Lupin, o mejor dicho, el asqueroso lobo, aprietas con fuerza tu botella de cerveza de mantequilla.
Quisieras ser tú el que recibe ese comentario, quisieras ser tú quien está a su lado. Qué dices. ¡Deberías ser tú! Y guiado por la ira más demencial te acercas a ella, no sabes muy bien qué vas a decirle, pero eso da igual. Lo importante es tenerla cerca, tan cerca como puedas. Porque no hay nadie en ese lugar que se merezca a Lily tanto como tú, no hay nadie que la conozca mejor que tú. Te pertenece por derecho propio, te pertenece desde el primer momento que la viste. Al igual como tú le perteneces a ella.
- Qué guapo te ves, Sev. Si no fuéramos amigos quizás te engañaría para llevarte a la torre de astronomía.
Y comprendes porqué la quieres tanto. Con ella todo es fácil, casi como respirar. No necesitas tener la conversación mentalmente preparada, no necesitas eso, ni tocarte el pelo como lo estás haciendo inconscientemente. Y recién te das cuenta de sus palabras. Sí, por favor, piensas, mientras ves a Remus Lupin torcer los ojos hacia el cielo, como si no comprendiera a Lily.
- ¿Tienes un minuto? -Te pregunta ella, y no alcanzas a responder cuando el monstruo de Lupin se va, como si lo hubieras echado. Ella lo mira un segundo y le dedica una de esas sonrisas que usualmente te regala a ti. Qué poco te gusta Remus Lupin, no sabes por qué pero lo consideras mucho más peligroso que el estúpido de Potter. -Lo siento, me hubiese encantado entregarte el regalo en persona, pero preferí adelantarme un poco... Espero que te haya gustado.
Habla de la túnica. Pero ella procura no mencionarla.
- No tenías porqué molestarte.
- ¿Cómo que no? Pronto será tu cumpleaños y te mereces eso y mucho más. Deberíamos hacer algo especial, quizás deberíamos hacer un concurso. ¿Qué te parece si competimos por el muñeco de nieve más grande? -Tu cumpleaños, Severus, ese día que sería como cualquier otro si no fuera por Lily Evans. Si estuvieran solos, si Lucius Malfoy no te estuviera mirando de reojo estás seguro que la abrazarías ahí mismo, del modo más fuerte que tus brazos pudieran apretar, aunque no tengas ni una pizca de ganas de esculpir un muñeco de nieve.
Y te pierdes en los ojos verdes de Lily, ya no hay fiesta, ni Malfoy, ni Potter, ni nada. Sólo estás tú y ella, rodeados de pequeñas estrellas que palpitan lentamente. Lily se acerca, notas que se pone de puntas y te besa en aquel lugar que no es labio ni mejillas. Te besa en la comisura de los labios y tú sientes que explotas y que te repartes en el infinito en menos de un segundo. Te dice suavemente "Feliz cumpleaños. ¿Sabes que te quiero, cierto?" Y tú nuevamente no alcanzas a responder porque ella se suelta de tus dedos suavemente para irse con los chicos de su casa, con los imbéciles Gryffindors.
8.- Las promesas se cumplen, o eso has oído.
No puedes creer lo que ha pasado. No, no, no. Simplemente no sabes si fue realidad o un extraño sueño. Estás tendido de espaldas en tu cama, con los ojos fijos en el oscuro techo, y mientras tanto tu cabeza no te da tregua; no te deja dormir. Ni siquiera te has sacado la túnica, estás tan impresionado como nunca te has sentido antes.
Quizás se deba a que nunca antes alguien te había cogido de los hombros y te había arrastrado hasta aquella aula del colegio. Porque nunca antes habías escuchado hablar a los padres de tus compañeros y porque nunca lo habías oído a él, aquel que, mirándote fijamente a los ojos, te prometió que afuera habían tantas cosas por obtener.
Cualquier cosa. Lo que quieras.
Esas palabras no dejan de repetirse en tu cabeza, casi puedes ver como los labios de ese extraño hombre se curvan en una sonrisa de humo al pronunciar la frase.
Cualquier cosa.
Dinero, poder, gloria, reconocimiento, la mejor y más pura de las magias, lo que sea. Incluso eso que no te atreves a decir en voz alta. Sólo hay lugar para los que son lo suficientemente valientes y sinceros. Los que no se engañan poniéndose una venda en los ojos, los que no temen tener todo lo que merecen.
Cualquier cosa.
Y no puedes dejar de preguntarte si esa promesa incluye a Lily.
Porque tú no existes sin ella, porque no eres Severus Snape. Serías solamente Snape o Quejicus, pero nunca más Sev. Porque sin ella no necesitas poder, ni reconocimiento, ni siquiera quieres la magia. Tener todas esas cosas sin Lily, sería como un viaje al desierto sin agua.
Por eso suspiras, y te acomodas entre las frazadas. Porque descubres que realmente no importa. Cuando seas realmente alguien importante, cuando tengas todas las cosas que te mereces, cuando puedas ocupar libremente todos tu poderes y desatar el potencial que mantienes encerrado en la jaula de tu cuerpo, piensas que podrás estar con Lily sin que importe todo lo demás.
9.- Pruebas
Te da lo mismo la lluvia, no eres una estúpida muchacha que se cuelga en los ventanales del castillo a contemplar las gotas de agua resbalar por los cristales. Eso se lo dejas a las chicas de Hufflepuff. No te gusta, ni te molesta. Cuando vas al invernadero al anochecer, a buscar los pétalos de orquidea africana que sólo se abren a esa hora no te importa que el cielo se caía a pedazos con la tempestad que se desata. Es invierno, que más da, se supone que debe llover. Sólo te colocas una capa que tienes desde tu primer año y que te llega mucho más arriba de los tobillos.
En tu camino hacia las enormes puertas de roble, ves a lo lejos el pelo rojo de Lily Evans. Es miercóles; piensas que debe estar haciendo la ronda por el castillo, cumpliendo sus misiones de prefecta. Notas que su paso es lento y tranquilo, que lleva esa bufanda de colores rojos y amarillos que tanto te desagrada y por supuesto, notas que camina sola.
Apresuras tu paso y te desvías hacia la izquierda, siguiéndola. Dices a media voz su nombre. Lily.
Y ella se da vuelta y te sonríe. Te pregunta qué haces tan tarde fuera de tu sala común, pero no lo dice recriminatoriamente.
Tú no contestas, le preguntas porqué está haciendo la ronda sola.
Ves como ella estrecha los ojos y frunce los labios antes de contestarte. -Porque Remus está enfermo.
¡JA!
Intentas explicarle una vez más que aquella es la falacia más grande del mundo. Le dices que es luna llena y que probablemente anda aullando entre medio del bosque vuelto loco, que estás seguro que le has escuchado otras noches. A Lily le aparece una pequeña arruga entre medio de las cejas y te dice que deberías dejar de pensar esas cosas y dejar a Remus en paz.
Y es entonces cuando te llenas de una ira inexplicable. No entiendes porqué no te cree, le has dado pruebas casi irrefutables. Sabes que Lupin es un monstruo, sabes que lo protegen esos tres descerebrados, que todos juntos se hacen llamar "Los Merodeadores" y que hacen un montón de cosas terribles y prohibidas. Has visto ese apelativo escrito en los baños de hombre y cada vez que te acuerdas no puedes dejar de pensar que es el nombre más estúpido que has escuchado en tu vida.
Lily te dice que no quiere discutir contigo y te deja solo, parado en medio de un pasillo del primer piso. La ves subir los peldaños y pierdes su imagen cuando oyes un gran estruendo y las escaleras cambian de posición.
Bastante enfadado sales del castillo y la lluvia que antes te daba lo mismo ahora te molesta. Parece que el universo se ha conjurado en tu contra. Recoges los pétalos rápidamente y estás dispuesto a irte a tu habitación, pero una idea que empezó como una débil luz ya casi se ha apropiado de ti. ¿Qué pasa si tienes razón? ¿Qué pasa si las otras veces que has ido a los invernaderos en mitad de la noche ha estado Lupin escondido entre medio del bosque? ¿Qué pasaría si descubres qué es todo aquello que ocultan los idiotas de Gryffindor? Seguramente los expulsarían, seguramente Potter no estaría más ahí para lucirse con su escoba al hombro, ni la copa de Quidditch. Ya nadie te diría "Quejicus", ni gritarían que eres un grasoso perdedor.
Tú vida sería casi perfecta, ya nadie se reiría de ti, a nadie considerarían más listo, nadie te quitaría el lugar que te corresponde, nadie te intentaría robar a Lily.
Casi perfecta, después sólo tendrías que deshacerte de tu padre.
Te quedas esperando por ese algo que te hará tan feliz, oculto bajo la lluvia.
10.- Túneles
Pero ese algo nunca llegó. Tenías los pies helados, la ropa completamente empapada y la nariz se te tapó con mocos. Sofoscaste muchas veces los estornudos que te invadían para que nadie se diera cuenta que estabas ahí, pero nada ocurrió. Minutos antes del amanecer te levantaste de tu escondite, de aquellos matorrales que no servían para refugiarte de la lluvia y caminaste lentamente hasta tu habitación, rogando porque nadie te descubriera.
Y ahora te das una ducha caliente que no sirve para aliviar el malestar que se extiende por tu cuerpo, sientes la cabeza abombada, te duelen los huesos y los músculos. Por un segundo piensas en ir a la enfermería, pero luego reflexionas y decides que mejor te ocupas tú mismo de tus medicamentos.
Con la nariz enrojecida subes desde las mazmorras hasta el Gran Comedor. El idiota de James Potter te espera en la entrada, por supuesto, está también ahí Sirius Black. Tan pronto te ven sus ojos se abren e intentan infructuosamente suprimir una sonrisa sarcástica. Te preguntan. - ¿Qué te pasó, Snape? - Como si realmente les interesará. No respondes, intentas seguir tu camino hasta la mesa de Slytherin, pero te flanquean el paso. Todas tus facciones se contraen y alzas la mirada hasta la mesa de los profesores. El Director está mirandote a ti y a los otros dos imbéciles.
- Quizás no deberías salir en las noches de lluvia. ¿Ves cómo estás ahora? Los mocos se te caen y créeme, no es algo muy bonito de ver. Probablemente a Lily le des más asco del que ya le produces. Pobre, realmente hace grandes esfuerzos para obviar tu pelo, Quejicus, pero tú te empeñas en ser cada día más asqueroso.
Te tiembla la barbilla sólo de rabia, quieres partirle la cara a los dos, y te importa poco si es con la varita o a puñetazos, como los muggles. No entiendes cómo saben ellos que estabas en mitad de la noche en los terrenos, bajo la lluvia. Estuviste ahí toda la noche, con todos tus sentidos atentos y nada ocurrió. No entiendes, realmente eso escapa de tu comprensión.
Los empujas un poco para avanzar hasta tu mesa y tratar de olvidarte de esos dos, pero entonces Sirius Black se acerca rápidamente y te dice. -Si quieres saber qué hacemos, Quejicus, sólo tienes que decirlo.
Notas la mirada alegre de James al escuchar a su amigo. Ambos se alejan riéndose estrepitosamente y tú caminas en dirección opuesta, hasta el lugar seguro que es la mesa de Slytherin. No sabes si fueron ellos o tu resfriado lo que te ha quitado el apetito. O quizás fue ver a James Potter hablándole a Lily, o el hecho que ella finja que no le oye, pero disimuladamente se está riendo, y las mejillas se le han llenado de color.
Mulciber te dice que te acerques un poco más, que oigas lo que Lucius está planeando. A Malfoy le brillan los ojos mientras susurra que sería bueno darle una lección a los Gryffindors, sobre todo a esos que se creen tan simpáticos y graciosos. Alguien protesta y agrega que es mejor elegir inicialmente un blanco más fácil.
Avery dice que quizás deberían darle una lección a un sangre sucia. Tu corazón se aprieta por un segundo, piensas que elegirán a Lily y en ese instante la odias por ser tan llamativa, por no tener esa capacidad que a ti te sobra; la cualidad de hacerse invisible y pasar desapercibido.
Una chica murmura que deberían elegir a Mary Macdonald, porque ella ha logrado que Gryffindor supere por veinte puntos al reloj de arena de Slytherin. Todos giran los ojos hasta el marcador y notan que hay menos esmeraldas que rubíes. Todos asienten y planifican la broma.
Estás directamente involucrado, eres quién apuntará su varita contra la chica mientras los otros la distraen. Estás escondido detrás de un tápiz y tus compañeros la tienen arrinconada, mientras le dicen que está mucho más bonita últimamente. Sabes que son mentiras, que sigue teniendo la misma cara fea repleta de acné. Susurras muy bajito y de tu varita sale un potente rayo luminoso. El rayo azul le pega justo en el rostro y a Mary Macdonald se le hinchan los labios como a un pez y las orejas le crecen hasta parecer las de un elefante. La niña se toca los labios, luego la nariz hinchada y roja como la de un payaso. Sabes que le duele, y ella se aleja corriendo y te arruina el golpe de gracia. Logra huir y que no se cumpla el plan original, pero estás conforme con lo que has obtenido. Logras escuchar sus gimoteos mientras tú y tus amigos estallan en risas.
Cuando atraviesas los pasillos, acompañado de tus amigos, ves a lo lejos a Lily y ella te sonríe. Apenas le devuelves el gesto, pero tan pronto como llegas a tu habitación escondes tu cara detrás de un grueso libro. No lees, no estudias, sólo piensas que si la vida es así de dulce y con Lily siempre sonriéndote, es el mejor de los sueños.
Nota de Autora: Quizás estás leyendo esto por curiosidad más que por otra cosa. Bien, lo comprendo perfectamente. A mi Severus Snape no me gusta ni un poquito, pero , como dije, este es un regalo. Y tiene mucho amor de por medio. Y es extraño, pero de cierta forma, a través de este fic, le he cogido un poco de cariño a Snape. En realidad entiendo que haya sido un hijo de puta con Harry. Lo entiendo, pero no lo comparto.
Muchas gracias por leer, muchas gracias por comentar.
Besos!
maite.
