¡Hola!

Esta nota es para dedicar el presente capítulo a mi querida amiga:

******* Geisha Pax *******

Gracias por apoyarme en este pequeño proyecto de edición. Significa mucho para mí contar contigo después de tooooodos estos años de haber subido el fic.

Les ofrezco una disculpa si les molestó que haya borrado el anterior, es sólo que sí haré varios cambios y para poder traerles esta nueva entrega quise hacer el proceso completo.

Les informo que voy a tardar un poquito en actualizar los primeros capítulos porque… Bueno, la vez pasada le dejé las cosas muy fáciles a Leon, así que lo haré sufrir. No lo pude evitar.

Los reviews que recibí fueron de:

GeishaPax: Retorno a la escritura con la edición de una historia que amo. Espero que te gusten los cambios. Y por favor, indícame cómo formar parte del grupo de Behind De Horror y me uniré al lado oscuro, me has convencido. ¡Besos!

Nicole Redfield: Antes que otra cosa, muchísimas gracias por seguir mis dos fics. Respondiendo a tu duda: Es la misma historia, pero le agregaré varios temas que no toqué la vez pasada. Leon tuvo en la primera edición el camino despejado con Claire… Pues no más. Básicamente, el contenido final no se verá alterado, pues existe una secuela de la historia, y la verdad, es que amo los finales felices. Espero seguir contando con tu apoyo. Te mando muchos besos y abrazos.

DIANAX: Hola, será editado, le agregaré algunas locas ideas que se me cruzaron, pero en general, la historia será la misma. Discúlpame por haberlo borrado de forma precipitada. Actualizaré lo más rápido posible. Besos.

Shinobu Echizen: Es un enorme halago que hayas leído el fic tantas veces. ¿Sabes? Al leer tu review creo que cometí un error al borrar la otra historia. Fue como quitarles la copia del libro que tenían y echar todo a la hoguera. Pero prometo compensarlos. Subiré lo más rápido que pueda. Diciembre es época de baja en el trabajo para mi, así que avanzaré rápido. Gracias por continuar leyéndome. Espero seguir contando con tus comentarios, y si algo no te gusta, por favor, házmelo saber. Te envío muchos besos.

Gracias por leerme y los dejo con el segundo capítulo.

Pily-chan.

CAPÍTULO II… REUNIONES.

Leon intentaba decidir cuál platillo ordenar, cuando una rubia bastante linda atrajo su atención. La chica se acercaba a su mesa y sonreía abiertamente. En cierta forma, lo fastidió que las chicas empezaran con su usual acoso de ese modo tan desvergonzado.

-¡Buenas tardes! –dijo la bella rubia en inglés, lo cual lo pilló un poco desprevenido, pero no lo suficiente para intentar averiguar algo con esa chiquilla. Tal vez si no le respondía, ella se iría, pero no podía ser tan descortés.

-Hola –respondió en el mismo idioma, de la forma más cortante posible.

-Veo con tristeza que no me reconoces, Leon S. Kennedy.

Eso sí que lo sorprendió. Una cosa era que una mujer lo saludara y otra muy diferente que esa persona, a quien él no reconocía, lo conociera a él. Tantos años de trabajos infiltrados para el Gobierno hizo que se activara su alerta personal.

-¿Te conozco?

-¡Oh, rompes mi corazón! Aunque entiendo, han pasado varios años. Pero apuesto que sabes quién es esa linda pelirroja de blusa azul –señaló Sherry mientras con su dedo índice indicaba brevemente la dirección en la que podía verse a Claire, de perfil.

Leon abrió bien grandes los ojos, y eso que no acostumbraba a demostrar sus emociones. Pero hallar a su amiga en ese lugar, en ese país, era lo último que esperaba.

-No me sorprende que a ella sí la recuerdes. Vengo a invitarte a nuestra mesa. ¿Qué dices?

Todo hizo clic rápidamente. Wow, pues sí que habían pasado los años. Claire había cambiado un poco. Pasó de ser una jovencita a toda una mujer, y muy hermosa por cierto. Pero el tiempo transcurrido se evidenciaba más en…

-Sherry Birkin…

Aunque su apellido había cambiado, ella no quiso aclarar nada en ese momento.

-Te felicito, no tienes tan mala memoria como empezaba a creer. Pero no te culpo, después de todo fuimos presentados hace mucho cuando viajábamos en un tren y no convivimos más de una semana…

-No podría olvidar eso, pequeña Sherry.

Ella sonrió. Las vueltas que da la vida. Leon tenía ante sus ojos a nada más y nada menos que Sherry Birkin. Aunque, según sabía, ya no se apellidaba así. Hacía tiempo que no veía a Claire, pero se mantenía informado de los aspectos más importantes de su vida, y estaba al tanto que la pequeña Sherry había solicitado el cambio de su apellido por el de Redfield hacía un par de años más o menos.

-¡Oh, oh! Sólo basta que se quede sola unos minutos para que se le acerquen las moscas… -comentó la rubia un tanto enfadada. Y curiosamente, Leon sintió cierto retortijón en el estómago cuando vio a ese enorme rubio acercarse a su amiga-. Entonces qué, Agente Kennedy, ¿acepta la invitación o tendré que hacer sufrir a esa montaña andante la próxima media hora? Eso suponiendo que Claire no lo saque a patadas antes.

En ese mismo instante, el camarero se acercó a la pareja que conversaba, y deslizando su silla le ofreció el lugar a Sherry. Pero Leon intervino diciendo:

-Cambiaré de mesa. Tome mi orden allá, por favor.

Sherry quedó encantada de que su plan comenzara a dar resultados. Siempre pensó que aquel par hacía una pareja de ensueño, pero ellos aparentemente no compartían su idea. Bien, tenía una semana de pura diversión para hacer que aquellos dos comenzaran a darse cuenta de un par de cosas…

Pensando en la delicia que degustaba, Claire decidió beber un poco de vino para evitar pedir un segundo plato de camarones cuando Sherry regresara a la mesa. De pronto, una enorme masa muscular se colocó frente a ella, tapándole la visión hacia la zona de los sanitarios, por donde su pequeña había caminado. Claire levantó la vista y encontró que el robusto hombre no era para nada desagradable físicamente hablando. Sus rasgos eran armoniosos aunque un tanto toscos, lo cual estaba bien debido a su complexión.

-Buenas tardes, hermosa –dijo en español-. Espero no ser imprudente, pero me percaté de que tu amiga se retiró. Y honestamente, pienso que es un crimen que una muñequita como tú esté sola.

Con eso tiró todos los puntos que pudo haber juntado al ser valiente y acercarse. Detestaba que la llamaran muñeca en cualquier idioma. Le parecía denigrante. ¡Como si sólo fuese un maniquí cuyo único deber es lucir bien!

Podía decir que una de las cosas que le gustaba de Neil era que siempre la había tratado con respeto y sobre todo, como su igual. Él tenía vasta experiencia en el tema del bioterrorismo y ahora que ella trabajaba en vinculación directa con Terra Save, particularmente con el jefe del área, llamado Neil Fisher, él pudo haber actuado como muchos de los patanes con los que se había cruzado a lo largo de su carrera en el área, intentando intimidarla para mostrar lo macho que podía ser mientras se golpeaba el pecho cual orangután, pero él jamás había sido prepotente o grosero.

Hacía casi una semana ellos habían hablado. Neil preguntó con total seriedad, durante una salida a tomar café, si tenía alguna oportunidad con ella; por primera vez desde que su mundo dio un giro abrupto involucrándose con la extinta Umbrella, Claire se cuestionaba si a Neil Fisher, ese atractivo hombre de trato amable e inteligente como pocos, también le diría que no deseaba sostener una relación… Lo había hecho ya con tantos otros que a veces pensaba que algo se había roto dentro de ella de forma irreparable…

Pero ese era otro tema, en ese preciso momento debía despachar a ese individuo.

-Gracias, pero no hablo español… -contestó en inglés tratando de marcar un límite. Era ventajoso que ella hablara con fluidez cinco idiomas, entre ellos español, pero simplemente no quería tener que ver nada con ese hombre.

-No te importa si me siento, ¿verdad? –Hablo él en un inglés bastante correcto.

Claire se dio una cachetada mental. Diablos, no sería tan fácil; debió responder en japonés o alemán, era menos probable que la gente manejara esos idiomas en América. Buscaba afanosamente el modo menos hostil de pedirle al sujeto grandote que se largara. No le gustaba ser grosera, pero tampoco quería que el tipo se instalara en la mesa. Antes de poder responder, unas cálidas y firmes manos se posaron sobre sus hombros, cubiertos únicamente por los finos tirantes de su blusa, mientras escuchaba muy cerca de su oído:

-Claire, lamento la tardanza, pero tuve un inconveniente…

¡Esa voz! Inconfundible. Varonil, grave, seria, y a la vez, cálida. ¡No podía ser cierto! Se quedó embobada al girar su rostro hacia la derecha y mirarlo en toda su magnificencia. Leon Scott Kennedy. Luego de haberse inclinado para hablarle, su postura se volvió rígida. Su impecable cabellera lucía tal y como la recordaba. Esa camisa azul amoldándose a todos y cada uno de los músculos de su pecho, con ese pantalón caqui suelto, y su fresco calzado veraniego lo hacían verse… Wow.

-Hola, Claire. Tuve que traer a tu novio casi de la mano… -comentó la rubia, poniendo especial énfasis al pronunciar la palabra "novio"- ¿Puedes creer que su sentido de orientación es patético? Irónico, si piensas que sabe manejar casi cualquier arma creada, particularmente los cuchillos.

Y su recién adquirido novio sonrió. El serio e inmutable agente sonrió. Dios, se veía terriblemente atractivo así. No era de sorprender que hubiese quedado muda.

-¿Quién es el caballero? –Interrogó Leon mirando fijamente al hombre, quien al toparse con la dura mirada del agente Kennedy se sintió extrañamente intimidado. El grandote era un sujeto de más de dos metros y definitivamente pesaba más de 120 kilogramos. Leon con una altura de 1.84 m. y 81 kilos lo había amilanado- ¿Conoce a mi prometida?

Claire casi se atraganta con su propia saliva al escuchar semejante frase. Miró al grandulón, quien ni siquiera se dio a la tarea de buscar en la mano izquierda de la angelical mujer una sortija, sólo supo que aquel no era su lugar, porque ya alguien estaba marcando su territorio.

-No, yo sólo… Sólo… ¡Vine a preguntar por su platillo! Parece delicioso. Bueno, me retiro. Gracias por todo, señorita.

Claire no tuvo oportunidad de responder, aún cuando hubiera recuperado el habla, ya que, como perro con la cola entre las patas, el enorme sujeto se alejó a toda prisa. Leon quiso echarse a reír a carcajadas, pero perder el hábito de mantenerse ecuánime era algo difícil. Sherry, sin embargo, no pudo contenerse.

-¡Ja, ja, ja! No puedo creerlo. Tan grandote y tan cobarde. No cabe duda de que eres de los buenos, Kennedy. Una mirada bastó para que saliera corriendo. ¡Ay, Claire! La próxima vez consíguete pretendientes con agallas.

-Gracias por tus sabios consejos, Sherry. Te aseguro que los tendré en cuenta -respondió con sarcasmo ante el comentario de la rubia. Al menos con eso comprobó que su cerebro aún funcionaba.

-Bueno, ¿qué? ¿No piensas saludar a nuestro invitado ahora que puedes hablar?

-Claro. Leon, que sorpresa verte aquí… Toma asiento, por favor. Sherry, ¿de dónde lo trajiste? Esto es parte del plan que armaron para que tomara unas vacaciones, ¿cierto?

Leon deslizó primero la silla de Sherry y procedió a hacer lo mismo con la suya mientras le respondía a su vieja amiga.

-Es un gusto volverte a ver, Claire. Sé que no es muy común que tú y yo nos encontremos sin zombies y monstruos a nuestro alrededor, pero por primera vez, aquí estamos sin tener que salir corriendo.

-¡Y juro que yo no tengo nada que ver con este encuentro! –Respondió la rubia subiendo los hombros y colocando las palmas de su mano hacia fuera moviéndolas frenéticamente unas cuantas veces para enfatizar su inocencia.- Él entró hace dos minutos y lo vi por casualidad.

El mesero hizo su aparición en ese momento, solicitando la orden del joven.

-Langosta a la catalana, por favor. Deduzco que Sherry tiene la edad suficiente, así que Claire, ¿te molesta si brindamos con champaña por este grato encuentro?

-¡Me parece una excelente idea! –respondió con una sonrisa y sus brillantes ojos azules rebosantes de felicidad. Leon sonrió en respuesta, era casi un acto reflejo ante la bonita expresión de Claire.

-Traiga la mejor botella, entonces.

Después de tres horas y dos botellas de fina champaña, las risas no cesaban en la mesa.

-Entonces, mi amiga, con el flequillo cortado de la forma más horrible que he visto en la vida y transmitiendo el tutorial en vivo, gritó a todo pulmón. Yo me preocupé por ella y entré corriendo a la habitación con mi bata, una mascarilla de aguacate por todo el rostro y los tubos que debía usar para rizar mi cabello porque al día siguiente tendría una exposición sumamente importante, totalmente a cuadro. El video aun circula por You Tu, por si alguien gusta sumarse a los millones que lo han visto.

Leon y Claire reían a carcajadas. Sherry cerraba la ronda de historias vergonzosas que estaban contando. Los tres estaban bastante alegres debido al alcohol que habían consumido.

-Chicos, no sé ustedes, pero creo que empiezan a vernos mal en este restaurante –susurró Claire arrastrando ligeramente las palabras.

-Debe ser porque nunca han visto personas felices en este lugar tan pretencioso –respondió Sherry apoyando el comentario de la pelirroja.

-Si a ninguna le gusta los sitios como este, ¿cómo llegaron aquí?

-Estábamos celebrando. Sherry cerró este periodo en la Universidad con las mejores calificaciones.

-¿Eres la mejor de tu clase?

-¡De todo el Campus! –Respondió la ex activista con absoluto orgullo, lo cual causó que Sherry se ruborizara aun más.

-No es para tanto –murmuró avergonzada.

-Claro que lo es –respondió Leon-. Eso en verdad merece una celebración. Yo jamás llegué ni a los diez mejores cuando fui estudiante.

-Pero ahora eres el Agente 007, así que no seas modesto –comentó Claire.

-Oh no, preciosa. El 007 sería mi Padawan. Soy el maestro Yoda.

-¡Petulancia: tu nombre es Leon!

Sherry sonreía fascinada por ver a Claire tan feliz intercambiando frases con Leon. ¿De verdad ellos no se daban cuenta de la complicidad que irradiaban, a pesar de haberse alejado uno de otro durante años?

-¡Y lo dice la "novia fugitiva"!

Claire dejó de sonreír. Hacía no mucho se había enterado de que ese era el apodo que le habían puesto en Terra Save, y que tuvo durante años, sin que ella se enterara. Y por supuesto que éste había sido bien ganado tras evadir todas las citas que pudo durante su estancia en la Organización.

-¿Cómo sabes de eso?

-Claire "modesta" Redfield, tienes un apellido reconocido y una fama que rebasa muros. Dejaste demasiados corazones rotos a tu paso por Terra Save, y los rumores cuentan que estas dispuesta a poner a prueba tu propio récord en la ONU.

Fue el turno de la pelirroja para que su rostro se tornara del mismo color que su cabello. Cielos, jamás había imaginado que semejantes rumores corrían sobre su persona. ¿Entonces Chris también sabía de eso? ¿Y Neil?

-Y por curiosidad –comentó Sherry-, ¿no te interesaría cesar esas habladurías, agente Kennedy?

-¡Tengo que ir al baño! –dijo a toda prisa Claire mientras se ponía de pie de forma precipitada, con tal de evadir lo que venía. No estaba huyendo, no era una cobarde. Simplemente era un… movimiento estratégico. Pero lo único que ganó fue un fuerte mareo.

Los reflejos de Leon, aunque entorpecidos por la bebida, se mantenían bastante bien, así que sin perder un segundo se paró y sujetó a Claire por la cintura evitando que ella cayera.

-¿Estás bien? –musitó en voz baja mientras caía en la trampa que suponían esos hermosos ojos celestes de la pelirroja.

-¿S-sí? –respondió ella en voz baja. Aunque el iris de los ojos de él también eran azules, tenían un tono completamente diferente a los de ella. Su mirada parecía hecha de hielo, pero ella sentía un delicioso calor corriendo por su cuerpo. Buscando algo de equilibrio tras el mareo, recargó s anatomía sobre la sólida y fuerte figura de Leon, a la par que sus manos se sujetaban de la camisa de él.

-¿Esa fue pregunta o afirmación?

-A-afirmación.

Sherry contuvo el aire, atenta al siguiente movimiento de ambos.

-Yo… Claire… Tú…

-¿Sí? –murmuró ella.

-¿Ne-necesitas ayuda?

-¿A-ayuda? ¿Para qué?

-Para… ¿caminar?

-No creo, ¿por qué?

-No sé…

Ambos, envueltos en su burbuja, hubieran permanecido uno en brazos del otro si…

-Buenas tardes. Fue un placer atenderlos, aquí tienen la cuenta…

Y el hechizo se rompió, pues el mesero, pensando que se habían puesto de pie para retirarse, intervino. Sherry nunca antes había deseado asesinar a alguien.

Claire carraspeó y con suavidad dio un paso hacia atrás hallando su propio balance. Leon, aún inseguro sobre si debía soltarla, mantuvo su mano en la cintura de ella, saliendo del trance lentamente. Parecía que unos minutos en compañía de su pelirroja favorita bastaban para atontarlo.

Claire, intentando hacer algo para no volver a perderse en esos hermosos ojos, metió la mano en la pequeña maleta que colgaba de su cadera para sacar su tarjeta de crédito, pero Leon comprendió lo que trataba de hacer, así que soltó la cintura de ella y con un movimiento fluido puso en manos del mesero su tarjeta de crédito de color negro.

-Leon, no. Por favor, déjame pagar. Recuerda que Sherry y yo estábamos celebrando.

-Y yo me sumé a sus planes sin consultarlas, así que lo mínimo que puedo hacer es invitarlas para agradecerles por eso.

-¡No, de ninguna forma!

-Preciosa, no discutas conmigo. Ha sido un privilegio estar conti- con ustedes. Simplemente déjame ser amable…

-Pero…

Sin que ambos se dieran cuenta, perdidos en la pequeña discusión que sostenían, Sherry hizo gestos al mesero para que se alejara e hiciera el cargo a la tarjeta que ya tenía en la mano. En su privilegiada mente un plan ya comenzaba a maquinarse, así que intervino:

-Ya que el mesero te cobrará la cuenta, Leon, propongo que, para que esto sea justo, mañana volvamos a comer y nos permitas invitarte algo –comentó Sherry con una enorme sonrisa.

-No, no me agrada la idea –respondió Leon, mientras Claire sentía un leve pinchazo en su corazón ante el rechazo-. Pero tengo una contrapropuesta: Les permitiré pagar mi desayuno si mañana me dejan secuestrarlas todo el día e invitarlas a comer. Tengo planeado visitar una de las siete nuevas maravillas del mundo y me han dicho que hay sitios magníficos para probar comida exótica, ¿qué les parece?

-¡Por mí encantada! –Respondió con sincera emoción Sherry.

Una vez recuperada de la decepción que le causaron las primeras palabras de Leon, Claire asintió.

-Trato hecho.

-Entonces, si están de acuerdo, ahora mismo podríamos dar un paseo por la playa para despejarnos un poco por la bebida –comentó Leon mientras firmaba el ticket de la cuenta. Tan pronto como Sherry se puso de pie, se encaminaron hacia la salida tras agradecer al camarero con una generosa propina su atención.

-Sería perfecto.

-¿Por cierto, dónde debo recogerlas mañana? ¿Se están hospedando cerca de aquí?

-Oh no. Esta es la zona de lujo –contestó Sherry-. Nosotros elegimos un Hotel un poco menos pretencioso que los que hay por aquí… ¿Tú dónde te estás quedando?

-En uno de los Hoteles más pretenciosos de por aquí.

Sherry se sintió un poco avergonzada, pero en su defensa intervino Claire.

-Típico del Súper Agente.

Leon respondió con un falso tono ofendido.

-Oigan señoritas, denme un poco de crédito. Merezco consentirme tomando en cuenta lo que he hecho durante los últimos años, ¿o no?

-Y además, puedes pagártelo, así que supongo que está bien –dijo Sherry con una sonrisa.

Leon sonrió y subió sus hombros, restándole importancia.

-Bien, mi auto está cerca. ¿Quieren estar en estas playas atestadas de adolescentes o las invito a la playa privada de mi hotel?

-Privada, por favor. Aunque sea una desertora de mi generación, juro que no quiero tener que ver con los dementes estudiantes.

-Mi pequeña, eres una estudiante –comentó Claire con una sonrisa y un bello gesto que a Leon dejó ligeramente embobado-. Siendo justos, tú también deberías estar divirtiéndote con ellos, no con un par de casi ancianos…

-Bueno… Nunca he sido muy normal que digamos. No le encuentro sentido a embriagarse y perder todo lo humanamente posible con un desconocido.

Leon sonrió al escucharla hablar. Era gracioso, cuando él fue joven pasó por lo mismo. Jamás fue un adolescente con hormonas desquiciadas. Era bastante antisocial y prefería enfocarse en sus estudios o en pasatiempos antes que en relaciones fugaces. Quizá era porque él mismo había perdido a sus padres a temprana edad, y si bien su tío lo crió, fue difícil hallar en él a la figura de padre amoroso y comprensivo. Por lo que recordaba de sus charlas con Claire, durante las noches de insomnio luego de lo que Raccoon City, ella fue un poco más liberal, pero también tenía que ser juiciosa, pues solo tenía en el mundo a su hermano mayor y lo que menos deseaba era ser una carga para él.

Era increíble hasta qué punto podía ser similar la vida de tres personas que se conocieron por pura casualidad en una noche terrorífica. A pesar de que jamás deseó la vida que llevaba, siempre agradecería haberlas conocido aun en esas terribles circunstancias. Aunque no las frecuentaba, mantenía a esas mujeres dentro de su vida. Ellas le daban ese pedazo de humanidad que a veces sentía que perdía al concluir cada misión.

-Apoyo a la desertora –comentó el agente con una ligera sonrisa-. Vamos a caminar y divertirnos un rato en el mar. Después de lo que comimos y bebimos, a los tres nos caerá bien nadar un poco…

-Eh… Leon, no trajimos los trajes de baño.

-Pequeña pelirroja, esas son pequeñeces. Compremos unos y listo…

Con situaciones parecidas, los días pasaron rápidamente, seis días de paseos, risas y un extraño calor de hogar los albergó durante esa semana que estuvieron conviviendo. Leon jamás creyó que llegaría el día en que podría compartir tiempo de ese modo con Claire. Pasaba todos los días al hotel de las chicas para ir a desayunar, y durante la tarde, se dedicaban a explorar las playas y los centros turísticos. Cierto que su interés principal estaba enfocado en su amiga, pero de ninguna manera le incomodaba la presencia de Sherry. Al contrario. La jovencita lo impregnaba todo con su alegría. De pronto, sintió que en esa Sherry que ahora veía, estaba viviendo la pequeña niña de doce años a la que había conocido.

La más joven del trío estaba feliz. Adoraba a Claire y Leon había significado una parte muy importante durante el tiempo que habían pasado juntos alejándose de Raccoon City. Fueron pocos días los que estuvo con ellos antes de ser enviada con su tía, buscando en todo momento mantenerla lo más alejada del peligro. En aquellos tiempos, ella ya había desarrollado cierto apego por la pelirroja y sus maternales cuidados.

Por otro lado, era imposible no sentir la afinidad que emanaba ese par. Y a pesar de lo absurdo que pudiera parecer por la corta diferencia de edades que había entre ellos, Sherry tenía la sensación constante de estar en compañía de sus padres. No los que murieron en Raccoon... Esa pareja que no tenía tiempo para su hija. Ellos no. Sino los que debieron ser. Probablemente, esa felicidad que crecía y crecía en su interior, era lo que la gente común experimentaba al pasar tiempo en familia.

Para Sherry no pasaba desapercibida la alegría que Claire irradiaba. Ella siempre era gentil y sonreía, pero ahora veía un peculiar y hermoso brillo en su mirada. A veces incluso parecía soñar despierta, y eso sí que era extraño. En cuanto a Leon, a él había dejado de verlo desde hacía mucho años, pero Claire le había hablado de su encuentro en el aeropuerto de Hardvarville y de cuánto había cambiado. De la seriedad que siempre mostraba y que la misma Sherry pudo constatar en el restaurante, pero en el tiempo que llevaban conviviendo, Leon había sonreído muchísimas veces, y el 90% de esas sonrisas habían sido por y para Claire.

La pelirroja no cabía en sí de felicidad. Sus planes, claro está, se habían ido por la borda con la aparición de Leon, pero eso no le causaba conflicto alguno. Al principio se había sorprendido bastante al verlo, pero pronto entendió que lo que estaba sucediendo difícilmente se repetiría en la vida, así que lo disfrutaría y atesoraría esos recuerdos por siempre.

A veces se sentía ofuscada al captar las indirectas que Sherry les lanzaba a Leon o a ella de vez en vez. Aunque tuvo más de una oportunidad de encararla, la realidad es que no quería enfrentarse ni con ella misma. Sherry la conocía como nadie más y podría llegar a acorralarla. Debía dejar para después esa conversación, cuando estuvieran ellas dos y sin Leon a los alrededores.

Además, le estaba resultando tremendamente divertido ver a su viejo amigo desconcertado ante las preguntas tan directas que la jovencita le hacía; por ejemplo, si tenía novia, esposa, amante o algo parecido. Gracias a esos interrogatorios supo que él aún estaba soltero y sin novia. Por su parte, Claire mantuvo su teléfono celular apagado la mayor parte de día. Ya había recibido un par de llamadas de Neil, quien le comentaba que había tratado de localizarla, sin éxito, a lo que ella argumentaba que debía ser porque en algunos centros turísticos la recepción de señal era malísima…

No se sentía orgullosa de sí misma por mentir de semejante forma. Al llegar a Cancún sabía que sentía algo muy fuerte por Neil, y planeaba darle una oportunidad a su regreso. Pero las cosas habían cambiado ahora… Es decir, tenía claro que Leon era sólo su amigo y así sería para siempre, pero necesitaba que alguien le explicara eso a su idiota corazón que había decidido latir precipitadamente cada vez que lo veía acercarse, y ni qué decir cada que él le sonreía.

Se repetía que debía ser racional y entender que en cuanto las vacaciones terminaran todo volvería a ser como antes, pero no podía.

El sexto día de esas vacaciones, Sherry pensaba en lo rápido que había pasado el tiempo. Tendría que volver a la Universidad en dos días, por lo tanto, tomaría el vuelo de regreso a casa al siguiente día por la tarde. No le agradaba la idea de marcharse, pero si tenía que hacerlo, ella sería el detonante para que ese par finalmente tuviera un inicio. Quizá al principio había tomado como mero capricho juntarlos, pero al cabo de los días se dio cuenta de que entre ellos había algo. Tenían una complicidad difícil de explicar, sólo era cuestión de darles un empujoncito…

Estaban en la playa más cercana al hotel de Claire y Sherry. Iban a dar las diez de la noche cuando la hermosa rubia les informo que, para cerrar con broche de oro sus vacaciones, por primera vez en su joven vida iría a un antro que le habían recomendado algunas chicas de la escuela cuando les comentó del viaje.

Eso tomó por sorpresa a los mayores. A Leon le encantó volver a ver a esa Claire maternal, dando consejos a la rubia. Cuando la jovencita se retiró para cambiarse antes de salir, el agente no pudo evitar comentar:

-Ha cambiado mucho. Me cuesta creer que sea la misma niña que conocí en Raccoon City.

-Lo sé. Mi hermano, Jill y yo estamos orgullosos de ella. No solo es la mejor en su clase, también es una chica muy prudente. No te dejes llevar por la apariencia de impulsividad que causa a primera vista.

-Claire, aquí la única impulsiva eres tú –la pelirroja sonrió ante la afirmación de su amigo, no podía negar lo evidente-. Y de hecho, pienso que es bueno ese cambio en Sherry. Tengo muy fresca en mi memoria sus expresiones cuando la conocí en el tren. En aquel momento, esa pequeña temerosa y triste parecía cincuenta años mayor de lo que era. Ha recuperado su juventud, y creo firmemente que tú eres la causante.

-Ella era una niña, después de todo. Sólo tenía doce años y vivió esa pesadilla. Pero no sólo fue lo que sucedió esa noche. ¿Sabías que nunca había tocado un videojuego? Sus papás le compraban cualquier cantidad de cosas para que no se sintiera sola, pero en realidad ella siempre lo estaba. No tuvo una infancia normal. Chris y yo perdimos a nuestros padres cuando éramos muy pequeños, y luego a nuestros abuelos, pero con mi hermano nunca me sentí sola. Aún en nuestras circunstancias él no permitió que me perdiera de ninguna etapa. Gracias a mi hermano fui por primera vez a un bar y él me ayudó a ahorrar para comprar mi motocicleta. No entiendo por qué los padres de Sherry, teniendo a una maravillosa hija, la ignoraban –Claire movió la cabeza con un gesto de desesperación, pero no queriendo abrumarse cambió de tema-. Por eso, cuando regresé a la Universidad, la visitaba con frecuencia y el lazo que creamos se hizo más estrecho…

-Algo me dice que la ves como una hija.

Redfield rió, y a Leon se le antojó el sonido más hermoso que pudo haber escuchado en su vida. Esos ojos azules de Claire, tan peculiares, se iluminaron al responder:

-Es absurdo, ¿no? Soy sólo siete años mayor que ella y no puedo evitar verla como una niña. Como la pequeña que conocí aquella noche, asustada, pero a pesar de todo, con las agallas suficientes para buscar el modo de sobrevivir en lugar de acobardarse.

-Tú también eras una niña, Claire. Una chiquilla que buscaba a su hermano.

-Oh, por favor, señor "soy todo un adulto". Tú sólo tienes un par de años más que yo. Y como diría alguien que conozco, eras un joven novato.

El antiguo policía no pudo evitar soltar una carcajada.

-Ya tenía tiempo que no me llamaban así. Por cierto, ¿cómo está Chris?

-De maravilla. ¿Sabías que Jill está embarazada?

-Algo escuché…

-¡Pues en unos meses seré tía!

-Y niñera del pequeño Redfield, supongo.

-¡No lo dudes! ¿Te imaginas? Un bebé en casa. Bueno, Jill será madre primeriza, así que tal vez no querrá apartarse mucho del pequeño, pero cuando lo haga…

-Claire, -la interrumpió con suavidad Leon- dime, si te gustan tanto los niños, ¿por qué no has tenido uno?

El comentario la hizo ruborizarse hasta las orejas. A Leon le pareció que eso era lo más encantador que había visto en mucho tiempo. Quiso tomar sus mejillas para percibir con sus propias manos la elevada temperatura que indicaban, pero si hacía eso, no podría detenerse luego…

-Bueno, no sé si sabes, Leon, pero no es como si pudiera pedírselo a Santa en Navidad. Los bebés no aparecen por generación espontánea. Ah, y por cierto, no los trae la cigüeña desde Paris.

-Pero imagino que hay sujetos, como el del restaurante del otro día, o alguno de los muchos que te miran, más que dispuestos a ayudarte en la labor.

El tema le estaba resultado escabroso a Claire, así que se salió por la tangente.

-Pues yo no veo ninguno ahora mismo. Además… -bajó su mirada con rapidez, pero él notó que ésta se entristeció momentáneamente; sin embargo, en menos de un segundo sonreía al agregar- Como sea… Mejor dime, ¿qué planes tienes para la cena? Si no estás ya fastidiado de mí, podríamos buscar un nuevo restaurante o ir a algún bar.

La voz de Sherry, quien venía corriendo con una enorme sonrisa y los ojos brillantes, señal de algo estaba planeando, llegó hasta ellos dos, antes de que Leon pudiera responder.

-¡Claire, se me ha ocurrido una genial idea!

-Ay no, desde la última vez aprendí que tengo que esconderme bajo la cama cuando empiezas con eso…

-Oh, Claire, no seas aguafiestas. ¡Leon, ayúdame a convencerla!

-Pero aun no has dicho cuál es tu plan.

-Cierto. Bien, ya que Chris no aprobaría que esté yo sola en un antro de mala muerte, como él lo llamaría… ¡Vendrán ustedes conmigo!

-¿Perdón? –Interrogó la pelirroja, incrédula.- Jovencita, ¿en qué momento supusiste que deseamos fervientemente asistir a un lugar repleto de adolescentes desquiciados?

-Bueno… a Chris no le gustaría saber que su pequeña Sherry fue a un lugar de esos, sin la compañía de un adulto responsable, así que creí…

-¿Sherry Redfield, pretendes chantajearme, niñita?

Leon estaba más que divertido al verlas discutir, pero sabiendo que Claire podría zafarse de la situación, le pareció entretenido dejar completamente acorralada a su amiga.

-A mí no me molestaría ir… -comentó él mirando con una sonrisa de complicidad a Sherry.

-Leon Scott Kennedy, ¿dices que quieres ir a un sitio donde los jóvenes universitarios arman destrozos y se divierten de formas cuestionables? –Interrogó asombrada Claire.

-Razón de más para que Sherry no vaya sola –A Leon no le importó sonar como un padre sobreprotector mientras agregaba-. Y tampoco me agradaría que únicamente vayan tú y ella.

Claire tenía un punto para discutir, y abrió la boca para hacerlo, pero Sherry se le adelantó al decir:

-¡Y no pretendas que vaya yo con Leon porque haría que el pobre se aburriera horrores! Además, si tú no vas, él no querrá ir.

Claire lo miró con la esperanza de que él la ayudara, pero su amigo únicamente subió los hombros y asintió. Sí, había acorralado a Claire. Y su rostro resignado era fascinante.

-Bien, bien. Ya que no me dejan de otra, iremos. Pero ya que me están obligando a ir, no esperen que me divierta. Les aviso que estaré allí cual ostra…

OoOoOoOoOoOoOoOoO

"¿Desde cuándo las ostras bailan como Claire lo hace?" –se preguntó Leon mientras veía a las Redfield moviéndose sincronizadamente ante la estruendosa música en la pista de baile. Ellos se habían ubicado en el primer piso, donde estaba a zona VIP del antro, por lo cual, Leon tenía una excelente vista de la planta baja. Él se había quedado en la mesa, luego de haberse negado rotundamente a bailar. Sabía hacerlo, pero no le agradaba demasiado.

De pronto halló un inconveniente ante el hecho de haber permanecido sentado: detectó que él no era el único embelesado con la hermosa figura de Claire. Muchos hombres en las mesas de los alrededores casi babeaban, lo cual no era extraño, en realidad, pocas mujeres podían lucir unas piernas como las de ella. Ese mini vestido negro dejaba muy poco a la imaginación, pero no era para menos estando un lugar tan caluroso. Se abrochaba al cuello, lo cual agradó a Leon, porque podía ver toda la extensión de los brazos, y parte de la sensual espalda de Claire. Al menos Sherry tuvo la consideración de permitirles cambiarse de ropa antes de secuestrarlos. Leon se sentía cómodo con esos pantalones blancos y su camisa azul, ajustada cada músculo de su pecho y brazos.

Si bien la atención del ex policía estaba centrada en su amiga, no podía negar que la pequeña Sherry era bastante bella. Era gracioso que a él le pasara lo mismo que a Claire. Aún veía a la niña de doce años que conociera en Raccoon City. Pero obviamente, los demás veían a la beldad rubia que bailaba en el centro de la pista. Y no era de admirarse que fuese linda. Llegó a conocer a Annette Birkin, y a pesar de las circunstancias de aquel encuentro, era imposible no darse cuenta del atractivo de la científica. Su descendiente tenía mucho de ella. Era de esas rubias que llaman la atención a primera vista...

Su imaginación le jugó una pesada broma, pues de pronto viajó rápidamente, y cayó en cuenta que muy probablemente tendría serios problemas al alejar a los pretendientes de Sherry… y de la hija que aún no tenía… Especialmente si esa niña se pareciera a Claire.

Claire… prácticamente suspiraba al pensar siquiera en su nombre. Ella era diferente. A pesar de los años transcurridos, conservaba ese aire angelical imposible de explicar. Reflejaba inocencia y eso que sus movimientos de cadera poco o nada tenían de inocentes. En una de las muchas conversaciones que sostuvieron al permanecer con los STARS restantes, Becky, John y David, cuando salieran heridos de Raccoon City, ella le comentó que adoraba bailar y que en la universidad practicaba atletismo, lo cual explicaba esa figura tan deportiva. Suponía que Claire aún se mantenía en forma, pero no de modo tan exhaustivo. Su cuerpo había adquirido ciertas curvas que a los 19 no tenía, y eso la hacía verse asombrosa.

Esos días a su lado lo habían hecho despejar las dudas. Ahora tenía una certeza que le quemaba el corazón: Quería a Claire. ¿Amarla? Bueno, de eso no estaba tan seguro. Aun no tenía bien claro qué sucedía con Ada. No había hablado de eso con nadie. No había exorcizado ese demonio aún. Pero en definitiva, necesitaba una oportunidad con la pelirroja de sus sueños. Era necesario dejar de fantasear y ver si había un futuro para ellos, algo tangible. Disponía del tiempo para buscar esa oportunidad, y lo aprovecharía.

Bebía de su cóctel cuando, a su espalda, una voz que reconocería en el mismísimo infierno lo llamó:

-Jamás imaginé que encontraría al Agente Kennedy en un sitio de estos.

CONTINUARÁ…