¡Hola!

Aquí vengo a traerles la conti después de varios días, muchas gracias por todos sus reviews, espero que este capítulo también les guste, aunque no es demasiado emocionante, pero no se preocupen, que las cosas se irán poniendo mejores después de este ^^

Bueno, sin más les dejo leer.

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Capítulo 2: Y llegaste a mi vida

—No puedo creerlo, de verdad lo hizo.

Matsuri miraba sorprendida todas las cosas nuevas que había ahora dentro de su departamento, incluso más de lo que había perdido. Ya habían pasado unos días desde su accidente y ahora se encontraba bien, aunque aún tenía algunas partes del cuerpo medio inflamadas, pero nada más.

—Mira esto Matsu, es precioso – Le dijo Sari sacando una de las blusas que había en las tantas bolsas. La castaña se acercó sorprendida al ver aquello; esa ropa era de marca y muy cara, todo lo que le habían enviado costaba un ojo de la cara.

—Esto es demasiado, debo devolvérselo – Matsuri se acercó al teléfono dispuesta a marcar el número, pero al tomar con su mano el auricular, su amiga Sari se encargó de quitárselo y volver a colgar.

—¿Qué estás loca? Esto es lo menos que mereces después de que ese tipo casi te mata ¿Cómo que le vas a devolver estas preciosuras? ¡Me tienes que prestar algo egoísta!

—P-pero Sari, tampoco es que casi me matara, sólo fue un golpe leve y además, esto es demasiado, yo tenía muchas menos cosas y más baratas, no puedo aprovecharme del accidente para obtener todo esto – Razonó la chica de orbes negras, mas su amiga no quiso entender razón, no con todas aquellas prendas tan bonitas, pues tenía la ilusión de poder lucir algunas ya que siendo tan amable Matsuri, seguro que se las prestaría.

—Pues yo digo que está bien, además el sujeto seguro que se ha pasado a propósito, ya sabes para que pienses que es bueno – Sari se alejó de su amiga, abrazando un pantalón que había amado. Mientras que Matsuri sólo bajaba la mirada, cuando un tierno sonrojo se asomó por sus mejillas.

—Él es una buena persona, yo sé que lo que hizo no fue con intención – De un momento a otro pudo recordarlo, había memorizado su seria expresión, la perfecta serenidad de esos ojos aguamarina que eran los más hermosos que ella había visto en su vida, el bello color rojizo de esos cabellos rebeldes, o el simple y divino blanco de su piel.

Jamás había visto a un hombre tan lindo, ni siquiera aquel que había sido su novio se le podía comparar.

—Digas lo que digas, no te permitiré regresar nada, al menos no sin haberlo usado todo primero – Comentó Sari, quien sin más se metió en la habitación con unas cuantas bolsas en sus manos.

—¡Sari! – La llamó Matsuri con el ceño fruncido, pues si ella usaba esas cosas entonces ya no las podría devolver.

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—Y entonces Gaara ¿Aún no logras conseguirle el jardín a tu hija? – Le preguntó su mejor amigo, nada más y nada menos que Naruto Uzumaki, aquel famoso actor.

Estaban ambos en una fuente de sodas que además contaba con una pequeña guardería para los niños. Desde su lugar Gaara observaba a su hija jugar con otros niños de su edad, así que se sentía más tranquilo, había estado muy estresado desde que ella vivía con él, sobre todo por tener que arreglar varios asuntos legales para que le dieran la tuición de la niña.

—No, con todo lo que he tenido que hacer no he tenido tiempo, tantos papeles, asuntos con la empresa… ha sido una semana infernal – El pelirrojo suspiró pesadamente. No lo pensaba, pero cuidar de una niña sí que tenía sus problemas, vaya que le había costado mantenerla tranquila.

Además de que Amaya era muy inquieta, estaba el hecho de que la ausencia de su madre le estaba afectando demasiado, casi todas las noches se había despertado llorando, mientras repetía el nombre de Sayuri, seguro que tenía alguna que otra pesadilla. Pero eso no estaba bien, Gaara no quería que su hija siguiera pensado en esa tragedia, quería verla feliz, alegre como era ella.

—Bueno amigo, te tengo una pequeña solución – Naruto sonrió alegremente. Él muchas veces era capaz de quitar las preocupaciones de las personas con esa sonrisa tan encantadora, siempre había sido alguien muy especial.

Gaara le miró algo dudoso ¿Cómo podría ayudarle Naruto con este problema?

—¿A qué te refieres?

—Verás, tengo una prima que tiene una amiga que trabaja en una guardería bastante reconocida y buena, se llama "Kunoichi's garden" y seguro que ahí podrás poner a Amaya-chan.

Naruto le entregó un papel con un número telefónico anotado, por lo que Gaara lo recibió, mirándolo con curiosidad. No parecía una mala idea, tal vez era justo el lugar que necesitaba, si cuidaban bien de su hija podría por fin volver adecuadamente a su trabajo, a fin de cuentas tenía muchas cosas pendientes.

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Corrió hacia su habitación después de una nueva discusión con su padre, quien como siempre la subestimaba y le recordaba lo inútil que era, que jamás serviría para llevar el puesto de la presidenta de la empresa Hyûga, nunca sería lo suficientemente buena.

—¿Por qué? – Se preguntó, tratando de no derramar más lágrimas, escondiendo su rostro entre las almohadas.

Apretó fuerte un conejo de peluche, cuando de pronto notó que en la televisión pasaban un comercial que a ella le gustaba mucho.

—Naruto-kun… - Sus mejillas se sonrojaron de sólo pensar en él, le encantaba ese actor y no podía creer aún que le había conocido.

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Sasuke estaba saliendo del estudio de grabación, ya que trabajaba actualmente en su segundo disco y tenía muchas cosas que hacer respecto a eso, además de las grabaciones que tenía pendientes de la telenovela que hacía con Naruto.

—¡Sasuke-kun! – Escuchó esa escandalosa y molesta voz, que le hizo temblar nerviosamente. Sakura no le había dejado en paz desde aquel día, lo seguía a todas partes y le llamaba por teléfono cada cinco minutos, no lograba quitársela de encima —. Hey, Sasuke-kun, hola – Le saludó la peli rosa, abrazándolo por la espalda.

El Uchiha trató de calmarse, no quería alterarse y terminar por gritarle que lo dejara tranquilo, tampoco era un monstruo como para herirla de esa manera, pero de verdad ya no la soportaba ¿Es que ella se pensaba que era su novia o algo?

—¿Qué sucede Sakura? – Preguntó de mala gana, tal vez si la trataba fríamente ella se hartaría y terminaría por alejarse por propia voluntad, pero lo había intentado todo este tiempo y no había dado ningún resultado.

—Sasuke-kun – La chica le tomó del brazo mientras sonreía alegremente —. Dime ¿Te gustaría cenar conmigo mañana?

—No creo que pueda, tengo mucho trabajo – El azabache se soltó y se alejó sin más, dejando a la chica algo desconcertada. Era extraño ¿Por qué la trataba así después de lo que había pasado entre ellos?

—Pero Sasuke-kun – La chica le siguió los pasos tratando de continuar con esa sonrisa, aunque muy dentro sentía deseos de llorar. Pensaba que entre ellos había algo especial, pero tal parecía que para Sasuke había sido sólo una más y eso le dolía mucho —. Por favor, sé que puedes hacerte un tiempo.

Estaba molesto ¿Por qué no dejaba de fastidiarle la vida?

—Escucha Sakura – Ya lo había decidido, Sasuke le diría que lo de aquella noche fue un error y lo único que deseaba ahora era que ella le dejara de molestar, pero cuando estaba a punto de decirlo comenzó a sonar su celular. Chasqueó la lengua y tomó su móvil rudamente —. ¿Bueno? – Sin embargo al oír la voz del otro lado extrañamente se calmó —. Oh… prima…

Mientras, la Haruno sólo arqueó una ceja, no conocía a esa prima de Sasuke y además ¿Qué era lo que él iba a decirle?

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Gaara caminaba llevando a su hija de la mano, mientras la niña daba pasitos largos como si estuviera tratando de pisar algo en el suelo. Iba sonriendo alegremente y tarareando una canción.

—Papi – Habló de pronto, sin dejar de caminar. Se dirigían hacia aquella escuela que Naruto le había mencionado y Amaya insistió en caminar hasta ese lugar, pues ansiaba ir de la mano con su padre.

—¿Qué pasa Amaya? – Preguntó el pelirrojo seriamente, tan inexpresivo como siempre, pero aún así Amaya sonreía porque ella siempre lo había visto así, estaba acostumbrada a no verle alegrarse sinceramente, era sólo una niña y aún así se podía dar cuenta de todo.

—Papi… ¿En la escuela hay muchos niños como yo?

—Claro – El Sabaku No se acercó a la niña, levantándola entre sus brazos para subirla a sus hombros, cosa que a ella le encantaba, le gustaba ver todo desde tan alto mientras acariciaba los cabellos rojos de su papá —. En la escuela conocerás muchos amigos, yo no podré cuidarte todo el tiempo porque tengo trabajo, pero estaré contigo todo lo que pueda.

—Papi… - Susurró Amaya, apoyando su carita sobre el rojizo cabello de Gaara —. Papi, yo quiero un cabello rojo como el tuyo.

—¿Por qué? – Una pequeña sonrisa se asomó en los labios del joven, observando hacia arriba a su niña, que lo miraba divertida —. Tu cabello es muy bonito, pareces una muñequita.

—¡Soy una muñequita! – Exclamó emocionada Amaya, mientras aplaudía con sus pequeñas manos y algunas de las mujeres que pasaban con sus hijos se quedaban viendo la escena con ternura, no era muy común ver a un padre y a una hija tan unidos, casi siempre era más con la madre —. Papi, te quiero mucho.

Gaara detuvo sus pasos por un momento, estaba algo sorprendido porque nunca esas palabras le habían causado tal efecto. Muchas mujeres le habían dicho que lo querían, que estaban enamoradas de él, pero que lo dijera su pequeña hija era distinto, le hacía sentir una infinita felicidad dentro de él, significaba que no estaba tan mal después de todo, que tal vez no era tan malo siendo padre soltero.

—Yo también te quiero hija – Respondió con una pequeña sonrisa, siguiendo el camino sin dejar de mirar al frente.

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Dejó la maleta sobre el suelo del aeropuerto, soltando un enorme suspiro al sentirse por fin en casa.

—Vaya… hasta que llegamos a Japón – Dijo animado, mientras su esposa solamente se cruzaba de brazos con fastidio, desviando la mirada y entornando los ojos.

—Ya lo tienes Kankuro, después de todo lo que insististe para volver aquí estamos – Masculló enojada, estaba de mal humor porque no quería volver aún, a ella le gustaba estar de viaje y conocer nuevos lugares, gente nueva, no estar encerrada en una ciudad.

Kankuro sólo la miró con fastidio, a veces su mujer se ponía muy pesada y no había ni quien la soportara, ni siquiera él mismo era capaz de eso.

—Bueno, sabes que necesitaba volver a mi trabajo, no puedo dejar todo descuidado sólo por atender tus caprichos – Sin más el castaño comenzó a caminar, dejando atrás a su mujer quien no era capaz de cambiar su cara de berrinche.

Estaba enamorado de ella, tanto así que había sido capaz de casarse, pero ya le estaba hartando que siempre se preocupara más de sí misma que de la relación que ellos tenían.

—¡Kankuro espérame! – Exclamó enojada.

—Tengo prisa Shizuka – Fue todo lo que dijo, sin detener sus pasos para esperarla.

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Amaya observaba como su padre hablaba con una extraña mujer de cabello rubio, tomado en dos coletas bajas y que tenía una prominente delantera, aunque ella no entendía muy bien cuál era el tema de la conversación, se suponía que era sobre ella y que pronto entraría en esa escuela.

Comenzó a mirar a todos lados, notando bonitos dibujos en las paredes y adornos infantiles en las puertas.

En el marco de una de las ventanas había un bonito peluche en forma de osito, así que se bajó de la silla en donde estaba, agitando sus pies como una balanza, para dirigirse al objetivo que tenía en frente.

—Oh, entiendo, es una verdadera pena – Dijo la directora de la escuela, ya que Gaara le acababa de relatar sobre el fallecimiento de su ex mujer y que ahora no tenía todo el tiempo del mundo para cuidar de su hija. La mujer le entregó unos papeles que debía firmar para ingresar a Amaya.

—Así es, mi hija aún es muy pequeña, pero sufrió mucho con la pérdida, imagine a un hombre como yo teniendo semejante responsabilidad de la noche a la mañana – Gaara soltó un suspiro, no era que se quejara de estar ahora con su hija, finalmente fue él mismo quien decidió tenerla consigo, pero su forma de vida se estaba viendo totalmente alterada.

—Claro, debió de ser difícil para ambos – Finalmente el pelirrojo acabó de firmar y entregó de vuelta los documentos a la mujer —. Bueno, creo que esto es todo, a partir del lunes puede traerla.

—Muchas gracias, Tsunade-san – Gaara se levantó y estrechó la mano de la rubia caballerosamente, para después darse la vuelta buscando a su hija con la mirada. Sonrió al verla tratando de alcanzar un osito de peluche sentado en el marco de la ventana, pero estaba demasiado alto para ella y aún estirando sus piecitos no lograba llegar —. Amaya, es hora de irnos.

—Pero papi, yo quería conocer al señor oso – Se quejó la niña bajando la mirada. Gaara se acuclilló frente a ella, posando una mano sobre su cabeza y sonriéndole.

—No te preocupes, papá te comprará un señor oso ¿Te parece?

—¡Sí! – Exclamó la pequeña con los ojos iluminados de felicidad. Tsunade sonrió al ver esa escena, para ella era muy común ver a padres con sus hijos, pero de alguna forma en particular, ellos se le hacían tiernos.

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—¿De qué hablabas con tu sexy primo? – Preguntó Sari con una sonrisa, cayendo sobre la cama de Matsuri mientras utilizaba una de las prendas que ella había recibido. A veces sentía envidia de Matsuri, no podía creer aún que fuese prima del famoso Sasuke Uchiha.

—Ah, le comentaba que ya estoy bien, es que Sasu siempre se preocupa mucho por mí, igual que Ita-kun, ambos son como mis hermanos mayores – Respondió Matsuri, sentándose a los pies de su cama para quitarse los zapatos.

—Tú eres una tonta, teniendo a un primo así de popular ¿Por qué nunca le has pedido que te presente a sus amigos famosos? Además ¿Qué ellos no son millonarios?

—Sari, tú sabes muy bien que yo no soy ninguna aprovechada – Sari simplemente suspiró ante lo que acababa de decir Matsuri, pues de verdad sí que era una terca, siempre quería hacer todo por su cuenta sin recibir ayuda de los demás, tal vez era demasiado orgullosa.

—Como sea… - La chica decidió cambiar de tema —. ¿El lunes comienzas a dar clases?

—Así es, por fin comenzaré – Dijo emocionada la chica de ojos negros, dejando caer su espalda sobre su gran cama mientras abrazaba un precioso vestido de tela blanca, que seguramente había sido un regalo demás de parte de Gaara, porque estaba claro que no era apropiado para trabajar, sino más bien para usar en ocasiones especiales —. Sabaku No Gaara… que hombre tan guapo, me pregunto si lo volveré a ver de nuevo.

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—Oh cielos… - Suspiró Naruto mientras se mojaba el cabello rubio con el agua de una botella. Llevaba el torso desnudo y estaba sudando mucho, pues acababa de filmar una escena en donde era un futbolista y estaban corriendo por una cancha a todo sol.

—Hace un calor de los mil demonios ¿No te parece? – Le preguntó un chico que se paró a su lado. Tenía el cabello castaño y la piel trigueña. Sus ojos eran de aspecto salvaje, al igual que las dos marcas rojas que tenía bajo ellos. Su cabello desordenado le daba la apariencia de un rebelde.

—Así es Kiba, y lo peor de todo es que tendremos que filmar todas estas escenas hasta que Asuma encuentre a esa chica que quiere para hacer el protagónico ¿No crees que le da demasiada importancia?

—Oye, lo hace por ti – Le recordó el chico de nombre Kiba, quien interpretaba el papel de su mejor amigo y además, rival por el amor de la protagonista, quien aún no había sido definida pues nadie convencía al director.

—Será como dices pero no me parece divertido, a mí me da igual quien sea la chica que actúe conmigo, mientras lo haga bien claro, porque todas las que han venido son una decepción incluso para alguien como yo, no son capaces de captar la verdadera esencia de Miyako, quien es una chica frágil y dulce, a ninguna de ellas le sale como debe ser.

—A veces pienso que nadie podría interpretar ese papel – Suspiró Kiba con decepción, pues lo que decía Naruto era cierto, incluso causar decepción en una persona como él ya era demasiado, pues era bien sabido que todo estaba siempre bien para Naruto.

Ninguno de esos dos chicos sabía que ese papel que tanto querían interpretar ambos, muy pronto lo llevarían a la vida real, con esa dulce chica como protagonista.

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Era de noche y la pequeña Amaya no se quería dormir. Llevaba puesto un pijama rosado en forma de conejito que Gaara le había comprado, y el cual ella adoraba por cierto. Estaba saltando sobre su cama con mucha alegría, mientras que Gaara trataba de leer unos importantes documentos en la sala, pero con todo el ruido que ella hacía era imposible.

Malhumorado se levantó y se dirigió al cuarto de su hija, lo habían amueblado los dos juntos, con cosas que ella misma había elegido en una habitación que a él no le servía para nada, al menos ahora le había encontrado un buen uso.

—Amaya, es hora de dormir, papá está muy cansado y tiene que terminar de trabajar – Dijo tratando de sonar lo más calmado posible, pero tanto ruido lo sacaba de quicio, aunque sabía que no debía gritarle a su pequeña era muy difícil controlarse adecuadamente; nunca había soportado a los niños.

—Pero papi, mi camita está muy divertida – Se quejó la niña, haciendo un puchero.

—Pues lo siento, pero mañana irás a la escuela así que duérmete ya, sino tendré que castigarte sin tu pijama de conejo.

—¡El conejito no! – Exclamó desesperada, metiéndose a la cama más rápido que un rayo, por lo que el pelirrojo apagó la luz y salió del cuarto, dejando la puerta abierta por si se ofrecía cualquier cosa.

Amaya cerró sus ojos verdes despacio, pero verdaderamente no tenía sueño, no quería dormirse aún.

Gaara se volvió a sentar en el sofá con el ceño fruncido. Llevaba tan poco tiempo con ella y le era muy difícil cuidarla y trabajar al mismo tiempo, por suerte una amable vecina la cuidaba a veces, pero ahora ya no sería necesario.

El timbre comenzó a sonar de pronto.

—Buf ¿Quién puede molestar a esta hora? – Se preguntó algo disgustado. Dejó sus documentos sobre la mesa de centro y se levantó para abrir la puerta, encontrando del otro lado a una hermosa mujer de largo cabello negro y profundos ojos azules, quien le sonreía alegremente.

—Hola Gaara, perdón por molestar tan tarde pero quería traerte esto – Dijo ella, ofreciendo una pequeña bolsita de color rosado con una cinta amarilla pegada —. Es para Amaya, espero que le guste.

—Gracias Yuki, pero no era necesario – Dijo Gaara algo frío, no era que su vecina le cayera mal ni nada, al contrario, pues ella le estaba ayudando con su hija, pero se notaba que no tenía muy buenas intensiones con él, lo había notado después de haberse acostado con ella la primera vez; era demasiado fastidiosa, se creía su novia o algo parecido y eso no le agradaba.

—No es nada, sabes que por ti haría cualquier cosa – Respondió alegre la chica.

—Bueno, yo ahora me voy a dormir así que nos vemos otro día, adiós – Sin más el pelirrojo cerró la puerta, dejando el regalo sobre una mesa junto a él. Se encaminó a la habitación de su hija y la encontró durmiendo como un angelito, pues al parecer el sueño le venció finalmente. Dio las gracias por eso y se dispuso a terminar su trabajo, ya que debía estar listo para pasado mañana y aún le faltaba más de la mitad.

A veces y sólo en estos casos, echaba de menos al odioso de su hermano Kankuro, o a la tonta de su hermana Temari.

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El fuerte llanto de un bebé resonó en sus oídos, haciendo que instantáneamente el apasionado beso entre ellos acabara. El chico de cabello negro, tomado en una desordenada coleta con aspecto de piña, se levantó un poco para mirar a su esposa, quien se encontraba debajo de él, sobre la cama matrimonial que ambos compartían.

La mujer rubia y de ojos entre azul y verde agua le miró con el ceño fruncido, haciendo obvio que no hubiese querido acabar con ese contacto, mas el deber le llamaba.

—Es injusto, siempre llora cuando estamos así – Se quejó el hombre, parándose para dejar libre el paso a su mujer.

—No te quejes, fuiste tú quien dijo que quería ser padre, así que ahora hazte cargo – Respondió rudamente, bajándose la camiseta que tenía subida hasta la cintura. Él rió por lo bajo; le encantaba esa actitud de rebelde que tenía su esposa, definitivamente la amaba.

—No seas problemática, no me estaba quejando, sólo decía que la bebé podría darnos un tiempo, pero bueno – Se acercó a la rubia, depositando un dulce beso en su frente —. Será mejor ir a verla, no ha parado de llorar y apenas son las diez y media.

—Seguro tiene hambre – Ella se levantó también, encaminándose a la habitación de al lado, en donde descansaba su pequeña hija de sólo cinco meses. Era una bebé pequeñita y de piel muy blanca, tenía ojos azules como los de su madre y delgados cabellos negros y rizados. Parecía una pequeña muñequita, pero cuando lloraba de esa manera no perdonaba a nadie —. ¿Qué pasó mi niña? – Preguntó, poniendo una voz graciosa mientras levantaba a la bebé de su cunita.

Inmediatamente, cuando su madre la sostuvo entre sus brazos, la pequeña dejó de llorar.

—Temari ¿Cómo haces para que Sumi se quede callada sólo con sostenerla? – Preguntó aún asombrado por los dotes que tenía su esposa, era realmente hermoso verlas a las dos juntas; a las dos mujeres más importantes para él.

—Es lógica Shikamaru, Sumi sabe que soy su mamá y que la amo mucho, es por eso que siempre se queda tranquila – Aseguró Temari, besando la frente de su bebé, mientras ésta cerraba lentamente sus ojitos. Sintió de pronto como su esposo la abrazaba por la espalda, acariciando los cabellos de su hija.

—Las dos son unas problemáticas – Susurró, y Temari rió al oírle.

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Hoy era un día importante para ella, finalmente había llegado el momento de empezar en su nuevo trabajo. El sol brillaba intensamente, dando la bienvenida a una nueva semana, después de un aburrido sábado y domingo en donde lo único que hizo fue ver a Sari probarse toda su ropa nueva.

Se vistió con una bonita blusa con flores verdes y amarillas, un jeans de color negro, bastante apretado y un bolero negro. Sus ojos estaban levemente delineados en negro y llevaba un sobrio maquillaje sobre los párpados.

—Te ves muy bonita amiga, ya verás que no pasará mucho tiempo antes de que consigas un novio – Aseguró Sari, quien parecía más emocionada que la misma Matsuri, que no dejaba de estar nerviosa.

—¿De verdad me veo bien? Y deja de decir cosas sobre conseguir novio, sabes que no es mi prioridad, lo que me importa es que todo salga bien.

—Matsuri, no tienes por qué pensar que siempre te pasará lo mismo, no todos los hombres son iguales a él – Matsuri bajó la mirada al oírla, no es que pensara de esa manera, sabía que no todos eran así, pero no podía evitar tener miedo a enamorarse, a conocer a otro hombre que le prometiera el cielo y le enseñara el infierno como lo había hecho ese al que amó tanto.

—Yo lo sé Sari, sé que no todos son malos como él, pero también que encontrar a una persona que me ame de verdad es algo imposible, por más que lo desee y que sea optimista al respecto eso no pasará – Dijo con tristeza, porque sentía eso en realidad, a pesar de querer soñar con que un día encontraría el amor, aún le atormentaban los horribles momentos vividos con él, cuando trataba de tocarla a la fuerza, cuando la golpeaba por no darle lo que quería.

—Matsuri… - Sari sólo la abrazó, tratando de hacerla sentir mejor, pero ella misma había vivido un mal romance con su último novio, pues este la había engañado con una mujerzuela barata.

—Bueno, será mejor que me vaya a trabajar, nos vemos en la tarde Sari, deséame suerte – La castaña sonrió alegremente, debía estar contenta de hacer realidad un sueño que tenía desde niña.

—¡Suerte amiga, te irá fenomenal! – Le animó Sari, haciendo un gesto de adiós con su mano derecha —. Y recuerda lo que te he dicho, encontrarás a un hombre que te ame, tal como yo lo haré.

—Como digas – Dijo la ojinegra con incredulidad, aunque no sabía que tan acertadas podían ser las palabras de la chica, pues a pesar de no creerlo, el amor ya estaba más cerca de lo que pensaba y pronto podría tenerlo a su lado.

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Detuvo el auto frente al establecimiento, mientras su pequeña pegaba el rostro y sus manitos al vidrio de la ventana, mirando todo el lugar con curiosidad.

—Papi, no quiero que te vayas… - Dijo Amaya bajando la mirada, se veía asustada y triste, pero Gaara sabía que esto debía pasar, ella tenía que aceptar que ir a la escuela era parte de su vida y su crecimiento, no siempre iba a ser una niña consentida.

—No te preocupes Amaya, que yo vendré por ti apenas salgas, no te pasará nada, aquí te cuidarán muy bien ¿De acuerdo? – Trató de darle confianza con una sonrisa y una suave caricia sobre su cabellera rubia. Bajó del auto y abrió la puerta, dejando ver a su hija con un lindo vestidito rosado con volados en la parte de abajo y una mochila con rostros de animé. Se veía muy tierna, como toda una princesita.

—Tienes que prometerme venir pronto papi, tendré miedo si te demoras – La niña bajó la mirada, tomando la mano de su padre para caminar junto a él hacia el interior. Gaara sólo asintió con la cabeza, sonriéndole a la pequeña.

Después de haber dejado a Amaya en el jardín se dirigió rápido a su oficina, tenía mucho trabajo incompleto y necesitaba ponerse al corriente, había descuidado demasiadas cosas por estar pendiente de su hija. Antes jamás lo hubiera hecho, sin embargo sabía que tenía otras prioridades ahora que era padre soltero.

Se estacionó en donde siempre y bajó algo apurado, pues por haber ido a dejar a su hija se había atrasado un poco. Abordó el ascensor apenas entró a la empresa y cuando salió se dio cuenta de que como siempre, todo el personal femenino se le quedaba viendo embobado, como si nunca hubieran visto a un hombre como él. Eso le parecía un poco estúpido, la mayoría de esas mujeres eran casadas, pero se desvivían por verlo aunque sea un segundo, no eran más que tontas, superficiales e interesadas.

Cerró los ojos cuando sintió como su teléfono sonaba, pues seguro era la persona que él pensaba, lo que le causaba fastidio.

—¿Qué sucede? – Preguntó al responder al llamado, frunciendo el ceño con cierto enojo.

¿Ya has llevado a mi sobrina a la escuela? Espero que sea un buen lugar, no voy a permitir que le des una mala educación – Era la voz de Ino, que se escuchaba enojada y chillona como siempre. Gaara estaba harto de que ella se inmiscuyera en su vida, incluso cuando él estaba casado con su hermana mayor, sólo porque no podía aceptar que hubiera preferido a Sayuri en su lugar.

—No tienes por qué meterte en la educación de Amaya, escúchame bien, ella es mi hija, no la tuya, mejor ocúpate de tu propia familia y deja de meterte en la mía – El pelirrojo quiso dar por terminada la conversación cortando la llamada, pero no lo hizo al ver a cierta persona que le sorprendió de sobremanera. Él salía de su oficina, al parecer lo estaba esperando, se trataba de su hermano mayor, quien se suponía estaba de viaje con su esposa. Quiso decirle algo, pero Ino siguió hablando.

Amaya también es mi familia, sabes muy bien cuanto la quiero y me preocupo por ella, tú eres un pésimo ejemplo para una niña tan dulce, sabes muy bien por qué lo digo – Hubo un pequeño silencio, al parecer ella se arrepintió de decir algo y decidió cambiar sus palabras —. Sabes muy bien lo que le hiciste a mi hermana.

—¿No querrás decir lo que le hicimos?

No fue mi culpa, estaba borracha y lo sabes, además era una mujer casada y a ti no te importó.

—A ti tampoco, y que yo recuerde no te opusiste, igual que todas las veces anteriores antes de casarme con tu hermana ¿Y sabes qué? Me harté de esta estúpida conversación, adiós – Finalmente colgó la llamada, no le gustaba hablar de esas cosas con Ino, odiaba recordar lo que había pasado entre ellos dos, así que decidió olvidarlo por un momento y saludar a su hermano —. Oye Kankuro ¿En qué momento llegaste hermano?

—Hace unos días, perdón por no venir antes pero tuve unas cosas que hacer – El castaño se acercó a su hermano menor, dándole un fuerte abrazo, ya que hace meses no le veía y ambos estaban felices de volver a estar juntos, aunque no lo demostraran muy seguido se adoraban, siempre habían sido muy unidos, también con su hermana Temari.

—Suéltame, sabes que no me gustan los abrazos – Reclamó Gaara, apartando a Kankuro de su persona, pero éste sólo rió divertido.

—No decías eso la vez que te pille abrazado de Akiko-chan en tu cama – Se burló, provocando la ira en su hermano menor. Gaara sabía que Kankuro jamás lo dejaría de molestar por eso, cuando tenía dieciséis y tuvo su primera novia, él los había sorprendido en pleno "acto" y desde entonces le jodía la vida con sus bromitas.

—Eso ya fue hace mucho tiempo, era sólo un crío, ahora no soy así – No era del todo cierto, porque a pesar de que pasaran los años aún no lograba tener una relación estable, pero eso no quería decir que no hubiera madurado, simplemente no podía enamorarse de las mujeres de su entorno, eran demasiado frívolas para alguien como él.

—Y bueno, ya que estoy aquí dime algo ¿Cómo está mi sobrina linda?

Gaara suspiró, metiéndose las manos a los bolsillos, no sabía si Kankuro se reiría o no cuando supiera que estaba viviendo con Amaya, pues alguna vez dijo que nunca se convertiría en un padre de ese tipo, que para él era suficiente enviarle el dinero y verla de vez en cuando, nada más.

—Amaya está viviendo conmigo – Respondió al fin, a lo que el castaño le miró confundido, sin embargo antes de que preguntara se encargó de responderle otra vez —. Sayuri tuvo un accidente hace una semana y… murió…

Los ojos de Kankuro se abrieron con sorpresa, no tenía idea de eso y nunca pensó que algo así pasaría; su ex cuñada estaba muerta.

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Amaya se sentó frente a una pequeña mesa, al lado de varios niños más, todos con la cara triste porque extrañaban a sus padres. Se sentía un poco sola y perdida, sólo quería que su papá llegara a buscarla rápido, porque no le gustaba estar ahí.

—Papi… - Susurró bajando la mirada. Otra niña se sentó a su lado, se veía sonriente a pesar de estar asustada como todos.

—Oye, que bonitos ojos tienes – Le dijo admirada. Ella era un poco más alta, tenía el cabello corto hasta los hombros, de color negro y sus ojos eran cafés —. Mi nombre es Ami ¿Y tú cómo te llamas?

—A-Amaya…

—Que linda eres Amaya-chan – Sonrió la pequeña Ami, provocando una sonrisa en el rostro de Amaya también.

Justo en ese momento, por la puerta entró quien sería su maestra. No se veía muy segura de sí misma, además todos los niños la estaban mirando fijamente, pero trató de armarse de valor para hablar.

—Mucho gusto niños, mi nombre es Matsuri y seré su maestra, espero llevarme bien con todos – Terminó con una dulce sonrisa, que hizo que todos se sintieran mejor, ya no parecían asustados por no estar con sus padres, pues esa joven maestra se veía muy simpática y buena gente.

Matsuri por su parte, miró a todos sus pequeños alumnos, eran unos quince en total, ni muchos ni pocos, sino la cantidad justa. Volvió a sonreír con emoción, pues todos le parecían lindos, en especial la pequeñita con cabello rubio y rizado, porque parecía una muñeca de porcelana.

Por fin estoy aquí, me siento muy feliz – Pensó la castaña, dando inicio a su clase.

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Eran como las cinco de la tarde. Ella cayó sentada sobre el sofá luego de haber hecho dormir a su pequeño Seichiro. Estaba enojada, se sentía tremendamente molesta con Gaara, por esa estúpida actitud que él tenía hacia su persona, como si no tuviera el derecho de preocuparse por su sobrina. Es cierto que siempre envidió a su hermana mayor por haberse casado con Gaara, pero eso cambió cuando conoció a su actual esposo, ahora era feliz con él y hasta tenían un hijo de dos años.

—De todas formas no lo dejaré tan fácil, Gaara va a saber que conmigo no puede meterse – Tomó su bolso y se dispuso a salir de la casa, tenía que averiguar en donde estaba su sobrina, o al menos se daría el gusto de fastidiarle la existencia a su ex cuñadito.

Luego de comprobar que su hijo seguía dormido, salió de la casa con dirección a las oficinas de Suna, dispuesta a hablar con el pelirrojo que le envenenaba la sangre, y no precisamente era que siempre se hubieran llevado mal.

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Gaara miraba la hora en su reloj de mano, ya eran aproximadamente las cinco cuarenta y cinco y su hija salía a las seis de la escuela. Al menos hoy había tenido tiempo de terminar muchas cosas pendientes y se sentía más aliviado respecto a eso, pero estaba un poco apurado, seguro tardaría unos veinte minutos en llegar al lugar y no quería dejarla esperándolo sola.

—Maldición – Se dijo enfadado consigo mismo, se suponía que debía irse más temprano pero se empeñó en terminar unas cuentas antes de bajar.

—Hola Gaara – Esa voz le hizo levantar la mirada cuando estaba por abrir la puerta de su auto. Frunció el entrecejo al verla ¿Por qué tenía que venir a molestarlo? Además su sonrisita no era nada agradable.

—¿Qué quieres Ino? No tengo tiempo para ti, tengo que ir por mi hija – El pelirrojo trató de pasarla de largo, pero la rubia se paró frente a su puerta, apoyándose en ella. Él sólo la miró de mala gana.

—Pero si lo único que quiero es acompañarte, quiero ver a mi sobrina, no tiene nada de malo ¿O sí?

Esto era el colmo, ella siempre encontraba la forma de hacerlo enfadar, de fastidiarle la vida, a veces se preguntaba en que estaba pensando cuando pasó todo eso, pero como fuera ahora no le negaría el ver a Amaya, no tenía tiempo para discutir las razones de no llevarla.

—Está bien, vamos – Dijo sin más, subiendo al auto y permitiendo que la rubia subiera también.

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—Demonios, esto de buscar trabajo está complicado – Sari caminaba por la calle, con su rostro enterrado en un enorme periódico, mirando la sección de empleos. Ya había llamado a varios lugares, pero siempre tenían a la persona antes de poder solicitar empleo. Estaba cansada ya, llevaba mucho tiempo sin dinero, Matsuri le prestaba de lo que le daba su tío, aunque no era mucho, pues si bien el tío de su mejor amiga estaba forrado en billetes, Matsuri no le permitía mantenerla, ella era demasiado humilde, o tal vez orgullosa, pero la razón que fuera, así era ella y punto.

Sari soltó un suspiro de resignación, estaba doblando una esquina cuando sin querer chocó con alguien, cayendo al suelo por el fuerte empujón que él le dio, aunque no había sido a propósito.

—Señorita, disculpe – Se agachó el hombre para ayudarla, tomándola de la mano. En ese instante ambos se miraron a los ojos, fue sólo un segundo, pero bastó para dejarlos sin habla a ambos —. Yo… no me fijé por donde iba – Terminó de decir Kankuro, aún perdido en la mirada grisácea de esa linda joven castaña.

—Yo tampoco, soy muy distraída, lo siento de verdad – Se disculpaba apenada Sari, cuando de pronto fue jalada, para ayudarla a ponerse de pie. Kankuro no calculó bien su fuerza, y terminó por abrazar a esa chica, pegándola a su cuerpo de manera bastante sugerente, lo que la hizo sonrojar como un tomate.

—P-perdón – La soltó inmediatamente y le hizo una pequeña reverencia, para después alejarse caminando, mientras Sari sólo le miraba de espaldas, tal vez ya no lo viera nunca más en su vida, pero había sido un lindo encuentro.

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Todos los niños estaban siendo recogidos por sus padres, pero ella estaba sentada, esperando sola a que su papá viniera por ella. Le prometió que la estaría esperando, pero ni siquiera había llegado, lo que la ponía muy triste.

—¿Pasa algo malo, Amaya-chan?

La niña miró hacia su costado, notando como su nueva maestra se sentaba junto a ella. Apenas la conocía, pero no había podido evitar ser encantada por ella, por esa calidez que tenía hacia ella y todos los demás niños, Matsuri era como su mamá; dulce y linda.

—Mi papi todavía no llega – Respondió bajando la mirada, lo que conmovió a la castaña, que se preguntaba quién podía ser el padre de esa niña y como era tan cruel de dejarla esperándolo, cuando era tan pequeña e indefensa.

—No te preocupes, seguro tu papi se retrasó, pero vendrá a buscarte, sólo espera – Le ofreció una cálida sonrisa a la niña, quería darle ánimos y acompañarla hasta que llegasen a buscarla, pues era la única que iba quedando, el último niño acababa de irse con su madre.

—Sí, Matsuri-sensei – La pequeña rubia soltó una dulce sonrisa, se puso de pie y levantó una de sus manitos al aire, en pose de victoria —. Mi papi es el más lindo de todos, y seguro vendrá por mi muy pronto.

—¿Quieres mucho a tu papá?

—¡Sí! – Asintió Amaya, afirmando también con la cabeza.

—Entonces debe ser el más lindo de todos, así como dices tú – Dijo alegremente, viendo como Amaya seguía sonriendo con felicidad. En eso sintió el sonido de un motor de auto, así que se volteó por la curiosidad.

Un automóvil negro, de último modelo se detuvo en frente de ellas, y de ahí bajó alguien que la dejó totalmente anonadada; se trataba de ese hombre que conoció la semana pasada, el que la atropelló, el que le había causado la mayor impresión de su vida, era Sabaku No Gaara.

—¿Pero qué…? – No alcanzó a preguntarse qué hacía él ahí, cuando vio correr a la pequeña Amaya hacia ese hombre, quien la recibió con los brazos abiertos y la levantó por los aires, abrazándola luego muy tiernamente.

—¡Papi, que bueno que llegaste! – Exclamó contenta la niña, haciendo que Matsuri se sorprendiera aún más, no podía creer que precisamente él era el padre de Amaya ¿Eso significaba que era un hombre casado?

—Perdón por la demora hija, sabes que papá tiene mucho trabajo – Gaara bajó a su hija hasta el suelo, levantando la mirada en el mismo momento. Sus ojos se deslumbraron ante lo que veía, era esa jovencita que había atropellado, pero hoy lucía totalmente diferente. Llevaba puestas las cosas que él le regaló, estaba maquillada, y se veía preciosa, era sin duda la mujer más hermosa que había visto y eso lo supo cuando sintió como se aceleraban sus latidos —. Amaya… ¿Quién es ella? – Le preguntó a su hija en voz baja, para que sólo ella oyera.

—Es Matsuri-sensei ¿Verdad que es muy bonita papi? – Gaara sólo asintió con la cabeza, delineando una pequeña sonrisa que nadie pudo notar. Dejó a Amaya junto a su auto y se dirigió hacia donde estaba parada esa linda chica, que al ver que se encaminaba hacia ella bajó la mirada apenada.

—Buenos días, no pensé encontrarte aquí – Le saludó, agitando una de sus manos. Ella mientras tanto veía hacia el suelo, no se atrevía a cruzarle la mirada, se sentía un poco tonta con sólo pensar en que él era casado, tenía una hija… seguro estaba muy enamorado de su esposa.

—H-hola… n-no sabía que tú, que usted tenía una hija… es muy linda – Se maldijo por dentro ¿Por qué demonios debía estar tan nerviosa? Era como si nunca hubiese hablado con un hombre antes, bueno al menos no había hablado jamás con uno tan guapo, pero aún así eso era patético.

—Gracias, mi Amaya es una princesa – Gaara dirigió una fugaz mirada a la niña y luego volteó a ver a Matsuri nuevamente —. Matsuri ¿Cierto? – Ella asintió con la cabeza —. Nos vemos otro día.

Las mejillas de la chica se tiñeron levemente de rojo, mientras que su corazón se aceleraba sin control. No entendía por qué le pasaba eso, ni siquiera conocía a Gaara, pero aún así era capaz de ponerla tan nerviosa ¿Qué sería lo que le sucedía?

Gaara caminó hasta su auto e Ino se asomó para saludar a su sobrina, la cual abrió la puerta y brincó emocionada a sus brazos. Al ver aquello Matsuri enseguida saltó a la conclusión de que esa hermosa mujer rubia era la madre de Amaya, y por tanto la esposa de Gaara.

Sintió una pequeña punzada en el pecho, que iba creciendo a medida que ellos se alejaban; eran una hermosa familia, una familia muy linda.

Él está casado… - Pensó, bajando la mirada con decepción.

Continuara…

Gaara y Matsuri vuelven a hablar en la escuela, sin la presencia de Ino ni de Amaya, en donde ella descubre que en realidad no está casado. Kankuro pelea con su esposa y se va de la casa por el día, encontrándose con Sari una vez más. Ino busca la manera de acercarse a Gaara como antes, pero descubre que él está con alguien y piensa que tiene una relación con esa persona, lo que la enfurece. Naruto vuelve a ver a Hinata y al observarla fijamente, se da cuenta de que ella tiene un carisma muy especial, que puede servir para interpretar aquel papel, sin embargo no sabe en qué lío se está metiendo.

Próximo capítulo: Enrédame contigo.

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Bueno, eso ha sido todo por ahora, espero que les haya gustado. Como ven, en el próximo capítulo sucederán cosas mejores, pronto comenzará el romance y los enredos vienen de parte del NaruHina jojo, al igual que habrá más personajes, pero mejor me guardo lo demás.

Nos leemos muy pronto ^^

¡Bye!