Nota: Gracias por los Reviews, me estoy tomando mi tiempo con el tema de las historias, pero continua... si, es feo verla así, pero tenía que hacer un espejo de como se encontraba Bella sin Edward y que su amistad con Jacob fue lo que la 'salvó'. Y si mal no recuerdo, ella estaba en modo zombi. Pon lo mismo pero en un lugar al que no reconoces y tadah! desastre...

La canción original es "Freak on the Leash" de Korn, pero me basé más en la que cantan con Amy Lee... da igual, después de todo, la traducí... mal pero está hecho.

Bueno, sin más, el segundo capítulo.

Besos y cuidense,

Luna Ming


Ruedas del Destino II

Memorias

Estacionó el auto que había alquilado en cuanto había llegado al país.

Ella le había dicho que le encontraría ahí, así que no daría la espalda al deber. Un deber que le llamaba aun más fuerte que el de proteger a su manada y a Bella.

El deber de proteger a una hermana, enredada en un juego muy parecido al que se había librado entre los chupa-sangre y los suyos. El juego que le había enfrentado a la sanguijuela llamada Edward en busca del afecto de Bella.

Cuando la había visto por primera vez le recordó a cuando se encontró con ella luego de la partida del 'frío'. Perdida y sin vida. Sin razón para seguir, pero con esperanza de su regreso, la suficiente como para no acabar con su existencia antes de tiempo.

La única diferencia era que Bella estaba así por un vampiro, un ser que era fácil odiar de tan solo mencionarlo. Ella, en cambio, había imprintado en un lobo… o al revés, como guste más verlo. Ella no tenía por que estar como estaba, el lobo siempre le buscaría.

Eso, precisamente es lo que implica la imprisión, el aceptar al lobo. Esa era la paz que traía la pareja destinada no solo al condenado, sino que también al, como ella les llamaba, 'Bendito'. Pero uno tiene que desearlo, desearlo o aceptar la desaparición de la única persona que es capaz de entregarles eso.

Por lo general es la mujer la que muere, siendo físicamente la más débil, pero por lo general se trata de la persona totalmente mortal de ser al revés. Un proceso mortífero, lento y doloroso… el sentir el alma ser desgarrada.

Y este, este condenado que había conseguido un regalo tal como una persona que le trajera paz a su pobre alma y lo estaba desperdiciando. Esa posibilidad única, esa posibilidad que él no tuvo. Porque él se tuvo que enamorar antes de imprintar.

No había tenido la opción de amar primero a su persona destinada exclusivamente para él, no había podido decidir el envejecer al lado de la mujer que amaba. Mujer que se iba a casar con una sanguijuela porque le amaba más que a él y él solo podía observar como arrojaba su vida a la basura.

Detuvo sus manos que temblaban dando un gruñido gutural, para luego alzar un puño y golpear en la puerta fuerte y claro con toda la intención de llamar la atención de quien estuviera dentro.

Al instante una mujer abrió con rostro sorprendido.

Ella le había dicho que la casa no se debería ver por nadie, salvo por quienes sabían la localización exacta, la cual solo había podido conseguir de un papel que se encontraba en el bolsillo del pantalón vaquero con el que había llegado. La tela estaba en tal estado que luego de vaciar los bolsillos habían tenido que quemarlo.

La mujer era alta y delgada y llevaba el cabello corto y parado de un color rosa chicle. Esta debía ser la esposa del condenado.

"Me presento, soy Jacob Black y vengo a hablar con un tal Remus Lupin." Aclaró.


"30 segundos hasta que lleguen a la puerta, son dos muchachos." Resonó la voz de Alice.

"¿Cuales son sus intenciones?" Intercedió Rosalie en guardia mientras miraba por la ventana a una motocicleta que se acercaba a un par de kilómetros atravesando el bosque.

"Buenas, creo. Uno es como nosotros…" Agregó al final.

"No puedes ver el futuro de ellos tampoco." Señaló Edward sorprendido ante lo que observaba en la mente de ella. Confusión, frustración, trataba de ver el futuro directamente de las decisiones de estos individuos, pero no lograba hacerlo.

"No, no hay nada en ellos…"

"¿Jasper?"

"Preocupación y algo de molestia, pero no lo puedo sentir dentro mío como para poder modificarlo."

"Vienen por la chica… parecen músicos o algo por el estilo." Agregó Alice desde su puesto.

Arriba de las escaleras, Carlisle estaba tratando de tranquilizarle luego de la pesadilla, pero solo se había encontrado con los ojos en blanco de la jovencita que parecía luchar contra los demonios de su mente.

"¿Tu que dices, Ron? ¿Tocamos la puerta?" Preguntó una voz preocupada. De muchacho.

"No antes de despertar a Hermione, no sé cuanto tiempo pueda tomar esto." Respondió otro.

"¿Pero no sería más conveniente simplemente pedir permiso para entrar y llevárnosla?"

"No, Harry, son vampiros. ¿Recuerdas? Esas cosas que chupan sangre y tienen veneno en sus colmillos." Replicó el segundo en forma desesperada.

Lentamente Edward se asomó detrás de la cortina de una de las ventanas del frente para observar a los que hablaban.

El primero era un joven alto y pelirrojo de piel pálida. Los ojos de este estaban recorriendo todo el lugar con el distintivo tono rojo que solo podía indicar dos cosas: Era un vampiro que bebía sangre humana o era un neófito. Cualquiera de las dos no encajaba con la visión del otro joven parado a su lado. Este era humano y si el otro bebía sangre humana, no debería estar vivo… no que el control de un recién creado sea realmente buena…

El chico humano veía una ventana en particular, de donde salían los gritos de la joven mortal. Era sin lugar a dudas, más bajo que el primero, con cabello negro desordenado y brillantes ojos verdes que expresaban su preocupación. Más allá de su tamaño, también se veía excesivamente delgado, como si hubiera pasado hambruna.

"Como la chica…" Dijo en un susurro al resto de los presentes, atrayendo la mirada del más alto de los desconocidos a la cortina tras la que se escondía.

"¿En que pensaba el Profesor Lupin cuando la trajo aquí?" Trató de razonar el morocho mientras apartaba angustiado la mirada de la ventana donde los gritos se acababan de callar.

"No importa, ¿Recuerdas la canción?" Se apresuró el pelirrojo tratando de mantenerse controlado, a lo cual el otro le miró con preocupación ahora dirigida hacia él. "Deja de preocuparte, Harry, comí un oso de camino, recuerda." Aclaró el otro mientras sacaba algo de su bolsillo, un chupetín y lo colocaba en la boca. "¿Ves? Asunto solucionado."

El otro suspiro, volviendo a alzar la mirada a donde ahora sabía estaba la chica.

"Eso no me quita el complejo de héroe" Replicó en un tono de broma que no se reflejaba en sus cansados ojos. "Ya ni recuerdo cuando fue la primera vez que Hermione me dijo eso."

"Estamos aquí para llevárnosla con nosotros, no te preocupes, amigo, ella es más fuerte de lo que le damos crédito. Dijo que no permitiría que muriera y mirá, estoy vivo." Agregó tratando de aligerar el humor, a lo cual Harry frunció el seño.

"Si a esto le llamas vivo…" Repuso, pero tomó aliento volviendo a alzar la mirada. "Algo se lleva una parte de mi, algo perdido, nunca antes visto, cada vez que empiezo a creer, algo es violado y arrancado de mi."

No era precisamente la voz más maravillosa de todas, pero algo enseguida despertó en los vampiros del interior de la sala.

El primero fue Jasper, quien se dobló de dolor, angustia, tristeza, rencor. Las emociones eran demasiadas y ninguna era positiva. Sentía como si en su interior un agujero se abriera y le estuviera tragando. Su estómago pasó a ser como un agujero negro, todas sus esperanzas habían sido robadas…

La que le siguió fue Alice, que entró en un estado de trance, caminando ausentemente al piano, instrumento que no sabía tocar realmente, pero se encontraba con la necesidad de tocar las teclas, siguiendo el ritmo lento de la canción. Era más fuerte que ella, mientras comenzaba a ver el futuro de esos tres que habían llegado de manera extraña al cuidado de su familia.

El resto se había puesto inquieto, como si hubiera un poder escondido en cada palabra que les ponía alertas y les hacía seguir la canción, cada palabra. Como si en si la letra no significara nada, sino el esfuerzo de atraer el alma quebrada de la humana de regreso a la tierra…

Pero Edward, él sabía lo que estaba pasando. Podía verlo, a cada palabra que decían, un nuevo pedazo de sus mentes se liberaba ante él. Como las piezas de un rompecabezas, la ranura en esa extraña protección mental de la joven mostraba un hueco vacío, pero no estéril, sino con falta de pensamientos presentes.

"La vida debe estar jugando conmigo." Continuó, pero las orejas de los no afectados completamente se alzaron al escuchar la voz de mujer responder en tono vacío.

"¿Quieres ver la luz?"

Entonces el pandemonio se desató junto con una memoria.


Una niña pequeña, no más de 11 años se encontraba parada en medio de un baño viendo a dos chicos, uno larguirucho y pelirrojo de ojos azules, mientras que el otro era bajo, de cabello negro y ojos verdes con una extraña cicatriz en la frente.

El rostro de ella estaba bañado en polvo, suciedad y lágrimas.

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La joven corría por un pasillo de paredes de piedra, llevaba algo en la mano, mientras apretaba un papel fuertemente en la otra.

Vio a una chica algo más grande que ella, que iba caminando cerca de un baño y lo primero que notó fue el agua que escurría por el pasillo.

"¡Clearwater! ¡Espera, es peligroso!" Trataba de llamar a la otra joven que no parecía tener más de 15 años.

"¿Eh? ¿Qué pasa, Granger?" Inquirió asombrada de que la otra chica le hablara.

"Sé lo que está dando vueltas por aquí, mirá, no hay que verle a los ojos. ¿Podrías confiar en mi?"

La otra joven miró el rostro desesperado de la más joven y asintió con pesadez. Nunca se arrepintió de ello.


"¡Bella!" Se escuchó el grito de Carlisle desde arriba a la vez que todos saltaban tras escuchar la voz femenina responder a los de afuera. No había pasado ni un segundo desde que las memorias le llegaron a su mente.

Rápidamente, Bella, fue hacia las escaleras tratando de no tropezar para llegar a donde le llamaban con un estrujón en el corazón que no sabía si era bueno o malo.

"¿No pueden tranquilizarse y dejarme ser libre?"

"Yo también."

Otra vez la voz congeló a Edward en su camino a las escaleras para recibir la fuerza de las memorias de esa joven tan extraña.


Los tres que aparecieron en las primeras memorias entraron al compartimiento de lo que parecía un tren estilo antiguo.

Pero todo se detuvo en cuanto los ojos de ella se posaron en el hombre durmiendo contra la ventana. El tiempo pareció detenerse, algo se había atorado en su garganta, su corazón palpitaba fuertemente contra su caja toráxica y su mente parecía haberse detenido en cuanto su mirada se posó en él.

"¿Quién creen que sea?"

"Remus J. Lupin."

"¿Y tu como lo sabes? ¿Qué pregunto? ¡Si tu lo sabes todo!"

"Lo dice su baúl."

En ese momento Edward pudo apreciar la apariencia del hombre que había ocasionado todo este dilema.

Un hombre de estatura media, cabello color arena con claras muestras de canas, grandes ojeras, delgado y de apariencia enferma…

Tan metido estaba en sus observaciones que no notó cuando la escena había cambiado.

La misma chica, aun joven, en medio del bosque con el chico de cabello negro, alzando sus manos a su boca en forma cónica y… lanzando un aullido.


Bella llegó arriba de las escaleras sin aliento, solo para ver a Carlisle con la chica más baja en su regazo con los ojos cerrados y lágrimas corriendo por su rostro.

"¿Cómo está?" Preguntó alterada, buscando por toda la habitación si algo estaba mal. Había algo diferente en el ambiente y no sabía si era bueno o malo.

"Es raro… luego de la pesadilla ha empezado como a cantar… está respondiendo a la voz de esos dos chicos de afuera." Le avisó Carlisle. "No sé que música es y Alice en el piano no está ayudando…"

La chica, por primera vez desde que Bella le había visto en la casa de Jacob, se movió del regazo de Carlisle con pasos pausados, dibujando una sonrisa amarga en su rostro y apoyando una mano en la ventana para ve hacia fuera.

"A veces no puedo soportar este lugar, a veces es mi vida la que no puedo saborear. A veces es mi rostro al que no puedo sentir. Nunca me verás caer en desgracia."

Una mano de ella fue a la parte baja de la ventana destrabándola y abriéndola de par en par, para luego asomarse. Sus ojos vacíos encontraron los ojos rojos del pelirrojo y luego los verdes del morocho, asintiendo levemente con la cabeza.


Era otra memoria.

No, eran varias que se aceleraban por su cabeza a una velocidad inaudita…

Los tres chicos viendo un enorme cáliz del que brotaban llamas azules.

Un cuerpo tendido en el suelo en medio de la noche curiosamente parecido a él, pero que no era.

Una mujer vestida de rosa dando lecciones.

Un hombre apuntándole con algo y una luz púrpura.

Otro hombre cayendo hacia atrás a través de una arcada…

'Algo se lleva una parte de mi,

Tú y yo estábamos destinados,

Una puta barata para mí,

Algo se lleva una parte de mi.'

Un vampiro en una fiesta de ojos rojos, pero sonriente entre varios mortales.


"Alguien que detenga a Alice."

"Hazlo tu, yo tengo a Jasper." Escuchaba Edward cuando la última memoria se detuvo y pudo alcanzar su cuarto donde vio a Bella y a Carlisle duros como piedras mientras observaban a la extraña chica inclinarse sobre la ventana abierta.

Se acercó rápidamente para observar sobre su hombro a los otros dos que miraban con sonrisas a la joven. Si mal no recordaba, el pelirrojo se llamaba Ron y el chico de anteojos Harry.

El pelirrojo aun no había dicho nada desde que la música había empezado, pero estaba estirando los brazos hacia arriba en clara invitación para la chica.

Fue entonces que abrió la boca desde que todo lo que había pasado en solo un minuto. Y fue para seguir esa tortura que la casa estaba sufriendo.

"Sintiéndome como un fenómeno con correa, sintiendo que no tengo satisfacción. ¿Cuántas veces me he sentido muerto? Nada en mi vida es gratis."

La chica seguía respondiéndole, pero cada vez con más soltura a cada palabra que decía otra memoria le invadía que no tenía sentido…

Hasta que el dormitorio desapareció delante de sus ojos… una memoria muy vívida. Algo que acosaba al pelirrojo y a la chica por igual. Una memoria que estaba impregnada en cada aspecto de sus seres…


"¡RON!" La castaña se arrodillaba entre tierra y sangre para alcanzar a su amigo y zarandearle fuertemente.

El chico tenía el cabello desordenado y sucio, estaba tan golpeado como la chica, tal vez un poco menos, pero los cortes eran interminables.

"No va a sobrevivir… fue un Sectusempra, tiene demasiados cortes y estoy demasiado agotado como para poder sanarle completamente." Se quejó el chico morocho en el suelo contra el tronco de un árbol. Se estaba sosteniendo un costado, mirando triste a su amigo que ahora poseía los sabios azules por la falta de sangre y una mueca de dolor inconfundible.

"No nos podemos rendir ahora, Harry. Ron tiene que vivir… si uno de ustedes muere, yo también lo haré. Lo necesitamos, Harry, no podemos dejar que muera…" Murmuraba entre sollozos ella, mientras desesperada trataba de limpiar el barro del cuerpo del pelirrojo con un trapo tan sucio como sus ropas.

"Está bien, no tienes que preocuparte… estaré bien." Trataba de responderle su amigo moribundo.

"No, no estás bien." Negó ella entre llanto, hasta que vio una figura. "Espero que alguna vez me perdones esto…" Una sonrisa amarga apareció en sus labios cuando volvió a bajar la mirada e hizo gesto para que alguien se acercara. "Sanguini… muérdelo." Fue todo lo que dijo.

Y frente al pelirrojo ahora estaba el mismo hombre de la fiesta. El vampiro que caminaba entre los humanos como si fuera parte de ellos.


Negó con fuerza la cabeza sin notar que ella se había deslizado por la ventana más de lo que podría ser sano para un humano.

Cuando quiso verla ya era demasiado tarde. Se había dejado caer, pero el vampiro llamado Ron le había atrapado fácilmente. Estaba segura en el suelo cuando la última memoria le invadió.


"¡HARRY!"

Un hombre enorme cargaba con el cuerpo muerto del chico de ojos verdes. Gritos de histeria se escuchaban por todos lados. La mano de la joven se aferro a la fría de Ron mientras buscaba a su lobo entre la multitud, viéndole al lado de una mujer de cabello corto y parado en picos de colores extravagantes que parecían cambiar de uno al otro.

El hombre estaba con una mano en el bolsillo, como asegurándose de que algo continuara allí. En un momento, giró su mirada a ella con clara determinación.

De un momento a otro todo se había vuelto un caos, vio una pared de piedra caer y a alguien gritando por Fred. Sentía nauseas, estaba mareada, necesitaba que todo se detuviera hasta que un hechizo le golpeó de costado y lo único que pudo reconocer fue una figura… la del lobo.


El silencio inundó el lugar, como si se encontraran sumidos en el crepúsculo.

Aunque no necesitaban respirar, incluso los vampiros inhalaban pesadamente tratando de recobrar esa cordura perdida en solo unos minutos.

Alice sonreía de manera triste, sabía que los tres tenían un destino muy incierto, pero que estaban tratando de luchar con lo que les quedaba. Rosalie le estaba agarrando el hombro, hacía un instante estaba tratando de detenerle, pero ahora… se sentía vacía. Como si algo que estaba corriendo por sus venas se hubiera detenido.

Jasper suspiraba con alivio. Esos sentimientos que le habían chocado le habían agarrado desprevenido y todo había pasado antes de que pudiera ponerles orden y ahora… otra vez nada. Era como ver un cuadro y no saber que era lo que significaba. Ya no podía ver la profundidad de estos sentimientos como hacía solo un momento.

Emmett era quien se estaba encargando de sostener a Jasper mientras este se retorcía de dolor y rabia. Prefirió no soltarle durante al menos un segundo más, para asegurarse de que no se repitiera lo de hacía unos instantes. Habían roto la mesa de café de Esme, el televisor y dos de los sillones, sin contar las cosas que salieron volando y rompieron una de las ventanas. Estaba confundido, sabía que algo estaba afectando a su familia, pero no sabía que era pero estaba seguro que esos niños tenían algo que ver.

Esme, mientras tanto, observaba por la ventana a los tres amigos abrazados. Era extraño ver esa clase de lealtad entre los humanos al punto en que la raza no importaba. Solo conocía a una persona y esta era la novia de su hijo Edward. Ellos eran algo especial, había algo en ellos que le llamaba a acogerlos y tratar de protegerlos de todo el mal que rodeaba al mundo.

La última visión de Alice se aclaró a la vez que se paraba con su andar danzarín yendo hacia Jasper para ayudarle a pararse y tirando de su brazo para que se acercara a la ventana y regalándole una sonrisa.

"¿Qué pasa?"

"Ya verás… esto tiene que ver contigo. ¿Por qué no me dijiste?" Expresó con un puchero en los labios.

"¿Decirte que?"

Antes de que le respondiera, se escuchó unos murmullos y finalmente una voz femenina.

"Estos son mis amigos: Harry Potter y Ron Weasley. Y creo que no me presenté, soy Hermione Granger,"