Camino a la frontera, la caravana de Zen se detuvo en un pequeño poblado para establecerse mientras investigaba el funcionamiento de la red de contrabando. No podía quedarse en una base militar por las sospechas de complicidad de los soldados de la zona. Debían actuar con mucha cautela. Al cabo de unas entrevistas, visitas de campo y sesiones de espionaje de Obi, el equipo de Zen descubrió a los comerciantes y soldados involucrados. En un operativo sorpresa, los capturaron a todos. Si bien, pensaron que con eso había terminado el asunto, durante el interrogatorio, descubrieron que aún había más personas involucradas. La red operaba en función de órdenes dictadas desde Lyrias.
Con tal de atrapar a las mentes maestras, liberaron a unos de los empresarios encargados de brindar los reportes a Lyrias; y dejaron que hicieran su trabajo, pero acompañados de Obi y otros guardias encubiertos. La caravana de Zen supervisaba el desarrollo de la misión, desde lejos. A modo de que cuando el momento llegara, procedieran con las capturas. El operativo marchaba de maravilla hasta que se dieron cuenta que el arquitecto de la red era nada más y nada menos que el hermano mayor de Haki, la futura Reina de Clarines. En consideración a la incertidumbre que eso podía ocasionarle al futuro de su hermano, Zen vaciló por un momento en llevar a cabo las capturas. No obstante, recordó la manera de ser de su hermano. Por nada del mundo, estaría de acuerdo en ocultar errores de familias corruptas, por más cercanas que fuesen. Iría en contra de la rectitud con la cual los Wistaria han gobernado en los últimos siglos. Entonces, actuó conforme a lo planeado y capturó al hermano de Haki.
Las noticias no tardaron en llegar a Lyrias. Las riquezas de la familia de Haki estaban bajo investigación, por la participación de su hermano en la red de contrabando de mercancías de alto valor tecnológico. Incluso, la administración de Haki como gobernadora del distrito académico estaba bajo investigación, mientras se evaluaba si había autorizado la salida de diferentes mercancías, sin haber pasado los debidos controles tributarios.
La caravana de Zen llegó a la ciudad. No recibió el trato cálido de siempre. Para diferentes nobles, era el rostro de una cacería real que ni siquiera mostraba compasión por la familia de la futura reina. A su vez, los pobladores lo veían con recelo ya que la familia de Haki era muy querida en la ciudad.
Ante el estrés del momento, Shirayuki se esforzó con encontrarse con Zen lo más pronto posible. Él se alegró mucho por su iniciativa e incluso hizo arreglos para que pudieran pasar la mayor parte de la tarde juntos. Al estar en primavera, Shirayuki lo llevó a un campo de flores que había descubierto recientemente en una de las montañas. Zen se quedó dormido por un tiempo en su rezago. Tenía mucho tiempo de dormir con esa tranquilidad.
Al despertarse, recordó cuánto la necesitaba y lo mucho que quería despertarse a su lado. Con esos sentimientos a flor de piel, sacó el anillo que le había entregado su hermano y le propuso que fuera su esposa, a pesar de que no tenía certeza en qué momento podría llevarse su unión. De acuerdo con lo conversado con su hermano, podrían casarse después de que él se casara con Haki, pero tras el descubrimiento de la participación de la familia de Haki en la red de contrabando, no sabía si su hermano seguiría en pie con la boda. Shirayuki le dijo emocionada que no importaría esperar el tiempo que fuera ya que no podría pensar en tener un compañero de vida que no fuera él. Antes de que anocheciera, regresaron a la ciudad y celebraron su compromiso con Mitsuhide, Kiki y Obi.
Tras haber comido y bebido un poco, Zen, Mitsuhide, Kiki y Obi fueron a dejar a Shirayuki a la zona del palacio en donde ella se alojaba. Zen no quería irse. Mientras luchaba con sus deseos de quedarse más tiempo con Shirayuki, escucharon una fuerte explosión. Sin dudarlo, todos fueron al lugar de los hechos. El humo venía de los calabozos en donde estaba el hermano de Haki. Zen le pidió a Shirayuki que se quedara en un lugar seguro, pero ella se negó. Ella debía ir para ayudar a las personas que estaban heridas. Zen no tuvo más remedio que dejar que fuera con ellos.
Los calabozos estaban hechos un desastre. Los guardias y prisioneros estaban malheridos. Mientras revisan las celdas, notan que el hermano de Haki había escapado. Zen envío a Obi que buscara de inmediato rastros de su escape, mientras los demás se quedaban evacuando a los heridos. Al cabo de unas horas, Obi regreso. El hermano de Haki se dirigía junto con unos mercenarios a la frontera. Él escaparía antes de rendir testimonio en contra de su familia. Impulsado por una sed de justicia, Zen, Mitsuhide, Kiki y Obi se fueron a perseguirlos. Sin embargo, en el camino fueron emboscados por unos mercenarios asiáticos. Desde los árboles, les dispararon dardos envenados. Al cabo de unas horas, fueron encontrados por guardias que se unieron a la persecución tras desmantelar los explosivos que quedaban activos en los calabozos.
Los guardias llegaron al palacio de Lyrias desesperados en busca de atención médica para el príncipe Zen y sus tres guardias personales. Dado que habían sido envenados con materiales extranjeros, se le pidió al equipo internacional de Shirayuki que los atendiera. Ella se conmocionó al ver el estado de Zen y sus amigos. Ellos estaban agonizando. El veneno estaba provocando sangramientos internos. Si quería que vivieran deben detenerlos. Tras aplicarles diferentes medicamentos, lograron reducir su velocidad. Con ello, ganaron tiempo para estudiar uno de los darnos envenenados y encontrar el antídoto. Después de varias horas, Yu Wu, uno de los investigadores procedentes del lejano Reino de Yuen, identificó la composición de sustancias aplicadas en los dardos y brindó una propuesta de remedio. Mitsuhide, Kiki y Obi empezaron a dar signos de mejora, pero Zen, no. Al parecer, su tratamiento previo de venenos, lo había hecho inmune a la cura. En su caso, lo único que podían hacer era esperar a que muriese. Shirayuki asumió la responsabilidad de comunicarle su diagnóstico.
Zen estaba descansando. Su piel estaba pálida, pero se esforzaba por mantenerse despierto. De esa manera, pensaba que preocuparía menos a Shirayuki. Ella se aproximó a la habitación y de manera gentil, lo ayudó a quitarse la ropa empapada de sudor por la fiebre, le dio sus medicamentos y luego, tomó asiento a su lado. Lo miró fijamente. En ese momento, Zen supo que algo no andaba bien. Ella le tomó la mano se recostó sobre su pecho y comenzó a llorar amargamente. Con su otra mano, Zen le acarició la cabeza. Ella le dijo: "Lo siento. Lo siento. No puedo salvarte". Zen le dijo: "No es tu culpa. No tienes que disculparte conmigo. Sé que has hecho lo imposible". Ella no dejaba de llorar. Él le dijo con resignación: "Shirakuyi, mírame. Levanta la cabeza y mírame". Ella siguió sus instrucciones. Él sujeto su cabeza con fuerza su cabeza y le dijo con determinación: "Debes prometerme que serás feliz". Ella lloró con mayor fuerza: "¿Por qué me pides eso?". Él continuó: "No me iré tranquilo si tú no me lo prometes". Ella le responde: "No quiero que mueras. Todo esto es tan injusto". Zen acerca su rostro al suyo y le dice: "Yo no quiero morir. De verdad, quería ser capaz de casarme contigo y tener una vida a tu lado". Ella lo abraza y le dice: "Te amo y te estaré contigo hasta el final". Él corresponde su abrazo y le dice: "Gracias". Ambos sabían que se enfrentarían al momento más triste de sus vidas, pero por el amor que se tenían, debían avanzar con valentía. En ese sentido, procuraron pasar la mayor cantidad de tiempo juntos y reírse de las cosas más absurdas.
Al enterarse de la situación, Izana y su madre llegaron a la Lyrias tan pronto como pudieron. Ellos llegaron a despedirse de Zen. Su madre lloraba luego de visitarlo todos los días y notar cómo la vida se le iba de sus manos. A pesar de los medicamentos, el deterioro en su salud se había cada vez más notable y rápido. Había perdido bastante masa corporal y le costaba mover su cuerpo. Tenía moretes por todos lados y vomitaba sangre, por las hemorragias internas. Shirayuki lo cuidaba con mucha dedicación. Sus compañeros investigadores la excusaron de participar en las actividades, hasta que su prometido muriera. Izana y su madre observan con admiración la manera en la que Shirayuki se esforzaba por alegrar sus días. Incluso consiguió que saliera a dar paseos en una silla de ruedas para mirar el anochecer.
Izana estaba indignado por el ataque a su hermano y había ordenado una profunda investigación sobre lo ocurrido. La familia de Haki había liquidado sus bienes y al día siguiente a la fuga, Haki y sus padres, se marcharon sigilosamente de la ciudad, mientras reinaba el caos por el atentado al príncipe Zen. De acuerdo a los informes, ellos habían logrado que sus socios del país vecino, les dieran asilo. Entre las pertenencias de Haki, encontraron una carta para Izana, en la que decía: "Izana, eres un gran hombre y cuando acepté tu propuesta de matrimonio, quería acompañarte en tu afán de volver a Clarines, un mejor lugar para vivir. Sin embargo, te metiste en los asuntos de mi familia y no puedo abandonarlos. Ellos lo son todo para mí. Tras ordenar la captura de mi hermana y poner a mi padre bajo el escrutinio público, no tuve más remedio que usar todo lo que estaba a mi alcance para librarlos de ti. Yo fui quien planeó el escape de mi hermano y contrató a los mercenarios extranjeros que atacaron a Zen. Les di la orden a los mercenarios de que matar a todo aquel que intentara perseguir a mi hermano e impedir que llegase sano y salvo al país vecino. De verdad, siento el dolor que Zen está pasando en este momento, pero no lo lamento. Era tu hermano o el mío. No me puedes reprochar el que defienda a los de mi propia sangre… De manera sincera, Izana espero que logres construir el Reino que buscas, sin mí". Dentro del sobre estaba el anillo de compromiso que le había entregado hace algunos años. Izana arrugo la carta, la tiró al suelo, miró el horizonte a través de la ventana y dijo, mientras derramaba una lágrima: "Juro por la muerte de Zen que los buscaré hasta el fin del mundo".
