Cuando el sol comenzó a asomarse por el horizonte, los rayos de luz cálidos ingresaron por la ventana, llegando a su rostro. Dipper abrió sus ojos perezosamente observando todo su entorno, desde las blancas paredes hasta el techo lleno de grietas en sus esquinas. Cuando despertó completamente pudo ver que nada había sido un sueño y que toda su familia había muerto en un terrible accidente aéreo.
Un suspiro agotador fue su respuesta a aquel pensamiento. Él llevo su única mano no tan vendada y la que aun podía medio mover a su rostro, sintiendo lo húmedo que estaba de sudor por el calor que hacía en la habitación, además de todas aquellas vendas que convertían su vida en un literal infierno.
Lastimosamente no podía darse el lujo de levantarse y cerrar las cortinas, pues hasta ese día sabía que no podía mover las piernas. No sabía si era por todas aquellas máquinas y vendas cubriéndole, o porque el accidente lo había ocasionado. Nadie parecía querer responder su pregunta.
Giró su rostro para ver a su lado aquella pantalla indicando los lentos y suaves latidos de su corazón. Aun lado se encontraban varias revistas para que leyera y un florero con hermosas flores dándole los buenos días.
¿Quién había sido?
Lo último que recordaba al despertar, fue ver los ojos de aquel cirujano que le salvo la vida en aquel hospital, y el mismo que sin saberlo se la había arruinado por completo.
No lo decía porque culpara a Bill de toda aquella desgracia que le estaba sucediendo, sino que entre más pensaba y pensaba, solo podía seguir llegando a la misma conclusión desde que despertó.
¿Por qué él?
De un mortal accidente en donde todos sus pilotos, pasajeros y azafatas perdieron la vida… ¿Por qué él tuvo la desgracia de ser el único en sobrevivir?
Dipper miro tristemente hacia la ventana que dejaba ingresar toda la luz solar e iluminaba la gran y solitaria habitación. Seguía sin poder recordar algo más antes del accidente y eso lo estaba matando por dentro. Se sentía como un completo desconocido, no sabía nada de su origen, ni los rostros de sus familiares, ni el suyo propio. No recordaba su fecha de cumpleaños, ¡ni siquiera sabía su nombre!
Dipper… ese había sido el nombre con el que lo había llamado Bill antes de despedirse, pero no podía estar seguro. ¿Cómo un médico que no lo conocía hasta hace poco sabría su nombre? Quizás era uno temporal hasta saber el verdadero, y eso lo hacia sentirse peor.
¿Qué es lo que se suponía que debía hacer ahora?
No tenía nada, ni a nadie. Era solo una persona perdida en el mundo.
Había perdido quizás lo más importante para cualquier ser humano en este planeta. Había perdido su identidad.
Salió de sus pensamientos al escuchar a alguien golpear suavemente la puerta de su habitación, y aun así no hizo nada. No quería moverse, quería dormir para jamás despertar.
Quería morir junto con sus recuerdos y su familia.
Al no recibir respuesta la puerta fue lentamente abierta, y una enfermera de cabellos rosas se asomó por ella, observando al chico verificando que estuviese dormido. Con cuidado entro en el lugar llevando un pequeño carrito con el desayuno de él y unas cuantas mantas para cambiar las de él.
—Hey Dipper… —susurró ella, acercándose levemente a él observando detenidamente su rostro.
El chico tenía sus ojos cerrados, mientras respiraba agitadamente. Al ver como el sudor cubría su rostro, se dirigió hacia la ventana (para alivio de él) y cerró las cortinas causando que se oscureciera levemente el lugar.
Volvió a acercarse al chico, y ahora con una sonrisa comenzó nuevamente a intentar despertarlo.
Dipper abrió nuevamente sus ojos, enfocando su visión en la persona a su lado. Era una mujer de cabellos cortos tan rosas como un pastel, sus ojos eran cafés y tenía una sonrisa cálida y sincera.
—Hola —saludó él, con una voz ronca por la sed que tenía, y por no haber probado bocado de comida en más de un día.
La enfermera sonrió tiernamente, antes de llevar su mano a la frente del chico sin importarle lo húmeda que estaba.
—Buenos días pequeño. ¿Qué tal amaneciste hoy? —preguntó ella en tono dulce, mientras con su otra mano oprimía uno de los botones de la camilla, causando que esta lentamente comenzara a elevar el torso de Dipper para que quedara en una posición más cómoda.
—Muy adolorido. —respondió él sinceramente, cerrando sus ojos levemente al sentir dolor cuando la camilla se levantó.
—Eso es normal, pero no te preocupes que por eso estoy aquí. —ella quito las mantas que cubrían al castaño y las dejo a un lado, para después dejar sobre Dipper una mesita con un simple pero apetecible desayuno—. Adelante, come todo lo que quieras. Mientras yo ordenare un poco todo el lugar.
Ella tomo las mantas usadas y las dejo en el carrito que tenía, para después comenzar a limpiar la cama de Dipper y las almohadas que no estaba usando.
El castaño la observo curioso por unos segundos, para después centrarse en el desayuno y sin pensarlo mucho comenzar a devorarlo. Causando que la enfermera sonriera divertida por el apetito del chico.
No tomo más de cinco minutos para que ya no quedara rastro de comida sobre el plato.
—¿Qué tal te ha parecido? —preguntó ella acercándose nuevamente a él, causando que Dipper se sonrojara debido a su feroz apetito.
—M-Muchas gracias por la comida. —agradeció sonriéndole a la enfermera.
—No hay porque pequeño, ahora toma tu medicina y podrás seguir descansando. —él asintió y tomando el vaso con agua y las pastillas obedeció su orden—. Buen chico, eso aliviara un poco el dolor en lo que viene el médico a revisarte. —avisó ella dejando mantas limpias en su cama, y tomando los trastes del desayuno.
—D-Disculpe —la enfermera lo miro sonriente, esperando que terminara su pregunta—. ¿P-Podría decirme… su nombre? —pidió el castaño avergonzado por su petición, pero aquella enfermera había sido muy amable con él, y no quisiera olvidar su nombre.
Ella sonrió, tomando el carrito dispuesta a salir de la habitación.
—Puedes decirme Pyro, después de todo así es como me llaman todos. —ella camino hacia la salida, pero antes de salir volvió a mirar al chico—. El médido a cargo de ti no tardara. —sin decir más, ella se retiró del lugar dejando nuevamente solo a Dipper.
Cuando la enfermera se fue, Dipper no pudo evitar pensar en ella. Era la segunda persona que conocía y la que veía después de despertar, y sin duda había sido muy agradable de conocer. Ella poseía un aura muy tranquila y cálida que le traía mucha nostalgia y causaba que su corazón y cabeza dolieran levemente. Aquella enfermera le daba una sensación que se le hacía familiar, y que no podía recordar…
Cuando la puerta fue nuevamente abierta salió de sus pensamientos sorprendido, pues esta vez no tocaron y eso lo tomo desprevenido. Al ver hacia la puerta pudo ver y reconocer al mismo médico que lo había recibido cuando despertó, quien estaba recargado contra el muro anotando unas cuantas cosas en una libreta. Cuando termino levanto su resplandeciente mirada hacia él, causando que el castaño tuviera unos pequeños escalofríos al sentir aquellos ojos cubiertos de oro sobre él.
—Buenos días Dipper, espero no haberte molestado. —Bill con una pequeña sonrisa comenzó a caminar hacia él a paso lento.
El castaño lo observo casi hipnotizado, aquella manera de caminar tan segura parecía ser de algún tipo de rey de un país lejano, no la de un cirujano en un hospital.
—B-Bien, gracias… —susurró tímido agachando su mirada, por alguna razón sentía como si no fuera digno de mirarlo directamente a los ojos. Después de todo le debía la vida a él, y aunque no fuera exactamente feliz con eso no podía ser un desagradecido.
Cuando Bill llego a su lado, comenzó a observar las maquinas que se encontraban a su lado, verificando que todo estuviera en orden. Dipper aprovecho aquello para observarlo más detenidamente.
El cabello de Bill era un poco largo peinado hacia atrás, aunque algunos mechones rebeldes cubrían su rostro. Era rubio, pero aun así se veía en sus raíces más oscuro que el resto. ¿Sería tinturado? Dipper prefirió no pensar en eso. Paso a su rostro, sin duda lo que más llamaba la atención de él eran sus ojos, aquellos que eran tan brillantes como el agua reflejando al sol tan amarillo y dorado, ni lo sabía, el color de sus ojos no era algo que jamás hubiera visto. Podría estarlos observando todo el día y jamás descubriría el misterio que los envolvía.
Cuando esas dos joyas ámbar lo miraron, Dipper se sonrojo violentamente al verse descubierto y miro hacia el frente haciendo todo lo posible por evitar su mirada. Bill lo miro curioso por su actitud, pero decidió no tomarle mucha importancia.
—Bien, todo parece en orden. Es momento de revisar cómo están avanzando tus heridas. —Bill se agachó un poco, lo suficiente para que Dipper lo viera—. ¿Podría? —preguntó como todo un caballero, sonriendo de forma encantadora. El castaño solo pudo asentir sintiendo como la temperatura de su rostro aumentaba—. No te preocupes, no te haré daño.
Bill con mucho cuidado movió las mantas que cubrían al castaño y las retiró de su cuerpo, dejando a la vista sus piernas vendadas hasta los dedos de los pies, y los cables que rodeaban a estas. Llevo una de sus manos hasta su rodilla derecha y comenzó a apretar varios puntos de esta.
Mientras él chequeaba que el estado de Dipper estuviera bien, el castaño solo podía perderse más y más en aquel médico que mientras más lo observaba, mas irreal se volvía a sus ojos. Pudo observar que tenía un arete en su oreja izquierda, uno en forma de triángulo amarillo. De perfil su rostro se veía igual o mucho mejor que antes, si es que eso era posible.
—Parece que todo está en orden —cuando Bill termino de revisarlo, Dipper quito rápidamente su mirada de él—. ¿Cómo te sientes? —preguntó sentándose a su lado, centrándose en el menor.
Dipper miro tristemente hacia sus piernas, causando que la sonrisa de Bill se borrara.
—¿Volveré a caminar? —preguntó con cierto temor—. ¿Volveré a ser como sea que fuera antes? —Dipper miro nerviosamente a su lado, sin verlo a los ojos.
—Bueno, tus piernas parecen estar perfectamente. Solo están un poco agotadas y lastimadas pero nada que no pueda solucionarse con mucho descanso. —Bill sonrió, para después llevar su mano a la cabeza de Dipper y acariciar sus cabellos, en un gesto cariñoso— Lo demás ya dependerá de ti.
Dipper ahora cambio su mirada a una confundida.
—¿Y cómo se supone que haga eso, Doctor? —preguntó aun algo triste el menor.
—Con mucha fe y esperanza, además de confianza y talvez algo de dinero. —respondió Bill divertido—. No te preocupes, después de todo no vas a estar solo.
Ante sus palabras, Dipper soltó un suspiro.
—¿P-Podría pedirte un favor…? —preguntó tímidamente el castaño juntando los dedos de sus manos y jugando con ellos—. ¿Podrías ayudarme a llegar al baño?
Bill sonrió con ternura ante su pedido, sabiendo que a Dipper le avergonzaba mucho no poder hacerlo por su cuenta.
—Claro que sí. —respondió él levantándose para después comenzar a remover los cables del cuerpo del castaño.
El rubio solamente dejo conectado a su brazo el suero que lo dejo en manos del menor para evitar removerlo, luego con mucho cuidado lo ayudo a levantarse. A Bill le tocaba prácticamente cargar a Dipper, pues él no podía mover aun sus piernas. Lentamente fueron acercándose al cuarto, y al llegar lo dejo sentado en el inodoro.
Guiñándole un ojo, Bill salió y dejo al castaño solo, no sin antes decirle que le avisara tan pronto terminara.
Cuando por fin se vio solo, Dipper con todo el esfuerzo que podía hacer logro sostenerse del lavamanos que no estaba tan lejos de donde estaba, y logro mantenerse frente a él para por fin mirar su reflejo en el espejo en la pared y ver cómo era realmente él.
Lo primero que vio fue sin duda aquel alborotado cabello castaño que no parecía haber sido peinado en meses, seguido de sus ojos los cuales eran cafés y combinaban con su cabello, y sus pestañas eran increíblemente largas que parecían las de una modelo. Aquellas ojeras que adornaba la parte baja de sus ojos por la falta de nutrientes, y las pocas pecas que adornaban sus mejillas. Su nariz era pequeña, normal, y sus labios estaban resecos por la poca cantidad de liquito que había bebido. Y claro, no podían faltar aquellos cortes y curitas que adornaban también su rostro.
Aquel reflejo causo que Dipper lograra deprimirse un poco más, no reconocía a aquella persona que estaba frente a él. Por lo que veía era un adolescente de entre 18 y 22 años, no poder recordar ni su edad también lo deprimía bastante.
Él llevo sus manos hacia su rostro, sintiendo la suavidad de este. Luego a su cabello, sus mejillas, su cuello y así por todo su cuerpo.
¿Quién se suponía que había sido él?
Al haber pasado varios minutos, Bill abrió lentamente la puerta del baño para evitar molestarlo, pero al verlo las palabras murieron en su garganta. Si aquella mirada de tristeza que poseía el castaño mientras miraba su reflejo era mala, ver como las lágrimas amenazaban con salir era peor.
—¿Quién soy yo, señor Bill? —preguntó en un susurró el castaño, sorprendiendo al mayor que pensaba que no había notado su presencia—. ¿La vida llega al final cuando uno ya no puede reconocerse a sí mismo? —dijo mientras llevaba una de sus manos a sus ojos e impedía que las lágrimas salieran.
Esa imagen logro destrozarle un poco el corazón a Bill, más que nada porque Dipper le recordaba mucho a su persona especial.
—La vida solo llega al final cuando tú mismo lo decides —él se acercó a Dipper, tomándolo delicadamente de su cintura para evitar que cayera.
—¿Qué sentido tiene vivir cuando lo has perdido todo? —preguntó dejándose llevar por Bill, sabiendo que no tenía más fuerzas para mantenerse de pie.
El rubio, sintió un sabor amargo ante sus palabras.
—No tiene ningún sentido en verdad —admitió él sonriendo levemente, acostando suavemente a Dipper en su camilla para después volver a acariciar afectuosamente sus cabellos—. Pero tú aun no lo pierdes todo Pino —Bill llevo su mano a uno de sus bolsillos y saco una hoja doblada, la cual entrego a Dipper quien lo veía confundido por aquel apodo—. Aun tienes tu identidad, y tus recuerdos están en alguna parte esperando ser reencontrados.
El castaño tomo la hoja y la abrió sorprendiéndose bastante al ver que era un perfil suyo con su foto y con poca información sobre él.
—Mi nombre es Mason Pines… —dijo en un susurró, sintiendo como una pequeña esperanza comenzaba a crecer en él.
—Le pedí a la policía información tuya, no es mucho pero es un inicio para encontrar todo. —Bill suspiro, para después sonreír alegremente—. La vida te dio una oportunidad, no la desaproveches con tus estados deprimidos Pino. —dijo burlón, pero luego sonrió sinceramente—. Después de todo ahora me tendrás a mi jodiendote la vida.
Bill sonto una pequeña risa que fue más como un sonido celestial, para después tomar su libreta.
—D-Doctor… —Bill lo miro, y Dipper agacho su mirada—. Gracias. —dijo sonriéndole con todo el agradecimiento que podía.
Aquella sonrisa era la más sincera que Bill había visto jamás, y sin poder evitarlo un pequeño calor subió a sus mejillas. Sonriendo divertido, Bill nuevamente se acercó a él y lo tomo de una de sus mejillas y comenzó a pellizcarlo.
—Oh~ ¿Con que si podías sonreír después de todo? —el rubio comenzó a reír al ver las muecas que hacia el castaño por liberarse de su agarre—. Además de suertudo eres un Pino bipolar. —Bill soltó la mejilla del menor, la cual enrojeció y él lo miro haciendo un puchero que a Bill le pareció tierno.
—No soy bipolar. —respondió Dipper fingiendo enojo.
—Si tú lo dices —dijo sarcástico el rubio ganándose un bufido de parte del menor, él solo volvió a reír—. Descansa Pino. Volveré luego, si necesitas algo oprime ese botón. —Bill lo acomodo en la camilla y le señalo el botón que debía oprimir. Sin esperar más volvió a despeinar a Dipper y se dispuso a salir del lugar.
Antes de salir, Bill volvió a guiñarle uno de sus ojos a Dipper, y cerró la puerta.
El castaño soltó un suspiro, y miro hacia el techo.
Aquel médico era muy extraño, su actitud había cambiado a la de un niño molestándolo. Pero aun así estaba agradecido con él, estaba seguro que de no ser por él y su extraña amabilidad en esos momentos no estaría en el mundo de los vivos.
Él sonrió mientras cerraba sus ojos dispuesto a descansar, teniendo una imagen mental de aquellos ojos tan resplandecientes. Para Dipper los ojos de Bill eran tan misteriosos y maravillosos, pero también se habían convertido en la nueva luz de esperanza en la nueva vida que estaba descubriendo.
Hola!
Gracias por llegar hasta aquí, lamento la increíble demora pero la historia no ha sido abandonada. Desde ahora estaré actualizando mas seguido.
Gracias por tu infinita paciencia. ^^
