Ese día la bruja había despertado con un humor particularmente desagradable.

No era que siempre fuera un encanto de persona, pero al menos con el tiempo se hizo soportable para la vida de Sakura. En cambio, había pasado toda la mañana y parte de la tarde murmurando algo sobre esperar a una persona y enrabiándose cada cinco minutos por no tener la paciencia suficiente. A veces ocurría eso, la bruja soñaba que alguien se acercaría a su casa aquel día y luego preparaba una trampa para recibirlo. Esa pobre gente no tenía idea que iba a meterse directamente a la boca del lobo, nadie que entrara por esa puerta volvía a salir.

Esta vez Sakura podía deducir qué era diferente, probablemente se tratara de un mago. Era lo único que podría poner a la anciana tan eufórica e impaciente. Generalmente, los únicos que llegaban hasta allí eran viajeros extraviados, gente común y corriente que servían de sacrificio para los conjuros más perturbadores. Pero si se trataba de un usuario de la magia, aquello adquiría un valor mucho más elevado: se apoderaría directamente de su fuente de poder, hasta dejarlos vacíos.

Fuera quién fuese, ella esperaba poder encontrar a esa persona antes que la anciana, y así salvarle la vida. Ya había sucedido en otras ocasiones, algunas veces funcionaba, pero la mayoría del tiempo no. Era probablemente por eso que la bruja la había torturado todo el día con un sinfín de tareas pesadas, para que no tuviera oportunidad de arruinar sus planes. Había sido descubierta ayudando a las víctimas, y obviamente trajo severos castigos hacia ella, pero no le importaba, era lo mínimo que podía hacer para compensar toda una vida de pecados.

-Llevas todo el maldito día fregando ese caldero -no había visto a la anciana que la miraba desde la puerta trasera de la casa-. Todavía te queda un montón de utensilios por lavar, así que te recomendaría que te apuraras y dejaras de perder tiempo conspirando en mi contra.

-Yo no estaba… es decir sólo estoy concentrada en…

-No me engañas, pedazo de basura, sé muy bien cuáles son tus intenciones -se dio la vuelta y comenzó a caminar de vuelta al interior-. Aunque pensándolo bien, no sé de qué me preocupo, no eres lo suficientemente inteligente ni capaz para lograr engañarme.

Sakura siguió con su mirada, cargada de odio, a la anciana mientras desaparecía por la puerta. Luego se levantó del banco donde estaba sentada y, no sin esfuerzo, comenzó a arrastrar el caldero hasta la casa sin importarle que se ensuciara con la tierra, ese maldito caldero de todas formas había pasado por cosas peores e imposibles de limpiar a estas alturas. Odiaba que la obligaran a hacer esos trabajos, pero odiaba más todavía cuando se tenía que esforzar inútilmente, aquella bruja no paraba de encontrar nuevas formas de fastidiar su vida, y había sido así desde que tenía memoria. Cómo le gustaría a veces tener el valor y fuerza necesarios para algún día…

-Disculpe, señorita.

Dio un respigo, y de la sorpresa se pegó en el pie con el pesado caldero. Soltó una exclamación a causa del dolor y luego alzó la mirada para buscar a la fuente de aquella voz.

-¿Se encuentra bien? -a pesar de la pregunta, ni el tono de voz ni la expresión de su rostro mostraban preocupación alguna.

Era un hombre. Uno que no debía tener más allá de veinte años. Alto y de cabellos negros. Tenía una ceja levantada a modo de interrogación, pero algo en su postura no cuadraba con su actitud relajada. Estaba levemente inclinado, casi imperceptiblemente, y su mano derecha estaba apoyada en su costado izquierdo, como sosteniendo algo. Para ella, que analizaba en silencio a las pocas personas que se topaba, no pasó desapercibido que el hombre estaba herido, probablemente a eso se debía su visita.

Y aun así dijo:

-Lárguese de aquí.

Su expresión cambió rápidamente de incredulidad a enojo.

-¿Qué demonios…? -dejó toda la formalidad de lado- Escucha, niña, no tienes idea de con quién estás…

-¡Ahora! -su tono era urgente, pero no levantó la voz.

Él no volvió a decir nada, pero la miró fijamente, un poco aturdido por la expresión de horror y preocupación de ella.

-¿No me oyó? -Se acercó rápidamente a él, sus movimientos eran desesperados y nerviosos- No tengo tiempo de explicarle, usted tiene que…

-¡Vaya, pero si es un visitante!

Sakura vio como la mirada de él se despegaba de ella y se posaba en algún punto detrás suyo.

-Por favor, perdone a esta muchacha -la anciana, con su más sínica expresión de hospitalidad, apartó ligeramente a Sakura del camino y se acercó al hombre-. Está loca, no para de decir cosas sin sentido. Adelante, parece estar cansado, nos alegra tener visitas de vez en cuando.

-Si… así lo parece -dirigió una última mirada difícil de descifrar a Sakura y luego siguió a la anciana.

Antes de que las sombras del interior la ocultaran, la bruja clavó sus fríos y espeluznantes ojos en ella. No necesitó articular ni una sola palabra, ni siquiera el menor gesto, para que la invadiera un miedo profundo y desgarrador.

Respiró hondo, una, dos veces.

Luego se calmó, y avanzó estoicamente hacia el caldero, continuando con su labor de llevarlo a la casa. Desde un principio tenía claro qué le pasaría si ayudaba al visitante, ya había tenido que soportarlo unas cientos de veces.

Pero, si tan sólo hubiese logrado salvarlo, su calvario no sería tan amargo.