Querida Akari,

¿Cómo has estado? Ya empecé clases en mi nueva escuela. No es tan diferente como pensé que sería, es decir, no tan diferente a Tokyo. He hecho un nuevo amigo. Mi nueva casa se encuentra cerca a una base de lanzamiento de naves espaciales. Cada día, cuando regreso a casa, miro con atención al cielo. Espero ansioso a ver cómo despega la nave hacia el espacio.

Bueno, eso es lo que debería de haberte escrito. Pero nunca lo hice. Ni siquiera me molesté en enviar ni uno de los mensajes que escribí para ti en todo ese tiempo. Solo hubieran sido mentiras, porque la verdad es que la mayor parte del tiempo me la pasaba escribiéndote por mi móvil: tan solo lo sacaba y comenzaba a tipear pero, al final, nunca los enviaba.

Talvez pensarás que fui un tonto, pero la única verdad es que lo hice porque te amaba demasiado. Sí, yo estoy…estaba enamorado de ti desde nuestro primer encuentro, todo ese tiempo atrás. Hasta ahora no había tenido la valentía para decírtelo. Aún si esta es tan solo una carta, siento como si te hallaras justo frente a mí.

Esa vez creo que no esperaba volver a verte de nuevo, quiero decir, tras nuestra promesa bajo el árbol de cerezo. Pero nos encontramos, y fue justo como sin darme cuenta lo había imaginado. Tú con tu hermoso cabello castaño y los pétalos de cerezo revoloteando a su alrededor. Después de eso, el tren nubló mi visión de ti y, cuando terminó de pasar, tú también te habías desvanecido. Ese fue el momento en que caí en la cuenta que debía seguir adelante, como lo habías ya tú.

Esta es mi última carta. Aquí, he recolectado todos mis sentimientos pasados hacia ti.

Espero que acojas su contenido por lo menos por cuanto le toma caer a una flor de cerezo: cinco centímetros por segundo.

Te deseo lo mejor,

Toono.