Habitación (I Parte)

Un sonido estrepitoso comenzó a sonar en una habitación, ocasionando que dos figuras se muevan debajo de las frazadas color granate; una cabeza de cabellera negra se dejo ver, seguido de unos fuertes hombros con unos brazos que tentarían hasta a la mujer más pura e inocente y un torso muy deseable y bronceado acompañado de unas finas gotas de agua mientras que una melena negra más larga que la anterior hacía acto de aparición.

-Puta madre Kouga, ¿cuántas veces te tengo que decir que no pongas el despertador cuando este en tu casa?

El mencionado apago el despertador que se encontraba en la mesa de luz y se inclino hacia su compañera femenina, apoyándose en su codo izquierdo para ver un rostro tanto hermoso como disgustado, admiro su largo pelo negro, su piel blanca, bajo su mirada azulada por las perfectas cejas y la fina nariz, sintiendo un extraño calor por todo el cuerpo al ver los labios hinchados y al igual que el cuello rojos.

-¿Qué estas mirando?- interrogó la mujer, abriendo sus ojos castaños y sintiendo molestia y vergüenza por estar siendo observada de esa manera.

-Nada, solo te estoy mirando, ¿acaso no puedo hacerlo?- puso media sonrisa y la agrando al ver que sus ojos lo esquivaban, escondiéndose bajo su brazo izquierdo y se sonrojaba a más no poder.

-No te di permiso- Se rasco la nariz y bajo ambos brazos, llevándose consigo la sábana, dejando al descubierto su torso desnudo para alegría del pelinegro.

-Sabes, si quieres podemos quedarnos en la cama- Dio la vuelta para sacar sus musculosas piernas del enredo en que habían quedado las sábanas y se quejó suavemente por la sensación de sus pies con el frío suelo.

-Tenemos que ir, hoy va a venir la inspectora de educación a ver la clase de la practicante de economía y…- Empezó a decir al tiempo que se levantaba pero fue interrumpida por una sombra que la tumbo en la cama.

-No podemos faltar, además yo soy la mejor en la clase de economía- finalizo el joven imitándola.

-Esa una imitación muy burda, ¿no te parece?- cuestionó con una expresión inocente, tocándole ambas mejillas para afirmar su opinión.

-No lo creo- bromeo pícaramente y acercando peligrosamente su mano derecha que se encontraba en su cintura a otra zona muy especial y visible.

-Kougaaa, no, no quiero. No me toques el trasero.

-¿Qué es lo que no quieres Kagome?- Coqueteo con un guiño y pasó su inmensa mano por la pierna flexionada, consiguiendo que la chica mordiera su labio inferior, ¡como le encantaba que ella hiciera eso!

Subió su mano lentamente por su pierna, apoyándola pacíficamente en el muslo, como diciendo que no haría nada que ella no quisiera aunque su mirada advertía otra cosa.

-Eres un pervertido- Kagome entrecerró sus ojos amenazadoramente y puso sus manos en la retaguardia de Kouga que se encontraba cubierta por unos calzoncillos blancos que le llegaban un poco más arriba de la rodilla, palpando sus músculos y atrayéndolo hacia ella, causando una agradable fricción con las piernas de la chica.

-Aja- comentó sarcásticamente, levantando ambas cejas y asintiendo con la cabeza- Si tu madre estuviera al tanto de las actividades con las que te diviertes...- Estaría de acuerdo.

-Te dejaría encerrada por el resto de tu vida.

-Si estoy contigo no me importa, cariño-Guiño el ojo y sonrió

lujuriosamente.

-¿En serio?- Puso sus labios cerca de los de Kagome, apreciando lo caliente que estaba su respiración con su rostro. Movió su boca a su mejilla y luego a su cuello, rozando cuidadosamente cada retazo de piel con la que hacía contacto.

Escucho como aquel excelente espécimen del género femenino aguantaba la respiración y decidió castigarla con una brusca mordida en la clavícula.

-Auch, siempre te comportas como una bestia en celo- Se quejo Kagome- No vayas a dejarme más marcas, si sigues por ese camino me vas a dejar sin cuello.

-Te lo mereces por dejarme hacerte el amor tan lentamente…además no importa si tienes o no tienes cabeza -comento distraídamente Kouga, le interesaba más besar su cuello- La única zona que me importa es la que tienes entre las piernas.

-Solo me quieres por mi cuerpo- Abrió sus labios y se arqueó hacia el chico que se acercaba a sus pechos, dando besos como una serpiente y cada vez más cerca de sus duros botones.

Kouga no pudo contestar, estaba demasiado ocupado besando sus pezones, los lamio y se los metió en la boca, como si se trataran de un exquisito chupetín, los mordió con ansias contenidas pero con la pasión que sentía recorrer en las venas.

Mientras Kagome no podía evitar arquearse ante tal goce, y como no si sentía un escalofrío en su baja espalda y un frescor en las aureolas que contrastaba con el calor de la boca de Kouga en sus torturados pezones.

Coloco sus manos un poco más arriba de la nuca y las enredo fuertemente en su pelo, presionando su cabeza contra su torso arqueado para poder intensificar todas las sensaciones que electrificaban su cuerpo.

Kouga siguió bajando sin dejar ningún fragmento de piel sin besar y apretó con ganas sus pechos, ganándose un golpe por parte de Kagome y contraatacando con una suave mordida debajo del ombligo para luego lamerlo, regalándole una risa sofocada.

Si Kagome si sintió muy bien al ser tocada en sus pechos casi se desmaya al sentir una lengua traviesa hacerse paso por sus labios mayores, a pesar de que a Kouga le encantara tocarla y besarla íntimamente jamás se iba a acostumbrar a esa sensación de caer al vacío que le estremecía todo el cuerpo.

Kouga lamio su intimidad y metió su boca para cerrarla ya que sabía que era la perdición de Kagome cuando lo hacía, notando el temblor que acudió a su cuerpo le agarro de las caderas para controlar la vibración, beso desenfrenadamente su zona íntima, logrando que su lengua se hiciera paso y metiéndola más profundamente si era posible, tratando de agarrar sus enormes pechos que se resbalaban de sus manos por el sudor que cubría su hermoso y muy bien proporcionado cuerpo.

Se daba cuenta al escuchar la sábana rasgarse que Kagome estaba a punto de llegar, por lo que decidió bajar un poco el ritmo y dar un golpe bajo, alzo un poco su rostro y le toco con delicadeza su clítoris, agudizando los oídos para apreciar los gritos de Kagome, continuó con ese ritmo por unos segundos y lo aumento gradualmente ya que quería penetrarla de una vez, su hombría le estaba empezando a doler no solo por la excitación sino también por la presión que estaba ejerciendo contra el colchón.

Subió por todo su cuerpo y beso delicadamente sus pezones erguidos, al contrario de sus dedos que bajaron para terminar la tarea que estaba cumpliendo su boca de una forma ruda, hundió el rostro en su cuello para poder morderlo, deteniendo la queja de dolor que le ocasionaban las uñas de Kagome en sus bíceps y el apretón que le regalaban las piernas flexionadas a su mano.

Abrazó a una Kagome dominada por el orgasmo y se limpio los dedos en la sábana, pensando que era la tercera vez que Kagome rompía sus sábanas, sin contar las veces que habían roto las suyas…las de su madre…y las de sus amigos cuando amablemente les habían ofrecido hospedaje, aguardo unos instantes en los que Kagome trataba difícilmente de respirar y se obligo a controlarse, aprovechando su "inconsciencia" para sacarse la ropa interior.

-Creo que voy a tener que comprarte unas sábanas- Kouga la ignoró y puso sus manos en el trasero de ella para luego embestirla salvajemente, besándola para acallar su clamor por la fuerza con la que le poseyó, Kagome pasó sus brazos por debajo de los de él y se abrazo forzosamente a sus hombros, tratando de acostumbrarse a su virilidad aunque creía que el muy bestia le había roto los huesos de la pelvis por el leve crujido que escuchó.

Le besó delicadamente, disculpándose por su brutalidad y besó su frente, permitiendo que Kagome emitiera un sonoro lamento.

-Kouga, me duele, es grande y fuiste muy brusco- A pesar de su comportamiento animal, le encantaba que él hiciera eso aunque luego andaría en silla de ruedas por los próximos dos días.

Espero unos momentos en los que Kagome respiraba ahogada y empezó a moverse perezosamente, se le cerraron los ojos por el estremecimiento de satisfacción que viajó desde su amigo que no era nada chico y transitó todo su cuerpo.

Alzó sus brazos y se agarro con fuerza de los barrotes de la cama, apretando la mandíbula hasta el punto de sentir una punzada de dolor y comprimiendo los ojos aún más, sólo para no hacerle pasar mal rato a Kagome, no sólo porque sentía algo muy especial por ella (no es que estuviera enamorado, por supuesto que no), sino que era su mejor amiga, su tutora (nunca habría llegado a la universidad sin su ayuda), y los más importante de todo…era su amante, y si le lastimaba mucho se iba a ganar una buena paliza y no le iba a dejar tocarle, besarle y hacerle el amor como a él le encantaba hacer siempre que tuvieran unos minutos libres y una superficie relativamente sólida donde apoyarse.

Siguió meneándose verticalmente, en un vaivén muy tranquilo y placentero para Kagome pero torturante para Kouga.

"Ahh, ay Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre aquí en los momentos de juego como en el orgasmo, dame el autocontrol necesario para no destrozarla de placer y perdona mis ofensas y mi egoísmo carnal como tienes que perdonar la necesidad de control de Kagome tanto como su manía de corregir los errores ortográficos (N/A: culpable._.), no me dejes meter la pata y líbrame de esta tortura amén".

Poco a poco fue subiendo el ritmo, impulsándose con ayuda de los barrotes y meneando sensualmente su trasero, creando un momento muy placentero para ambos en donde se encontraban en un lugar al que nadie más que ellos podían acceder.

Kagome poso sus delicadas manos en su retaguardia, ayudándolo a profundizar y negando con la cabeza para no perderse en el vacío del orgasmo que se avecinaba, gimiendo un casi incomprensible Kouga, intentando llamarlo para besarle apasionadamente a lo que este mordió su mejilla con ganas en donde se encontraba dándole cosquillas con la nariz en cada embestida y con su respiración y le lamio enérgico los labios para meterle la lengua y no dejar ningún espacio sin probar.

Ya casi llegaban, ya casi, un poco más y llegaban, apuraron el ritmo, convirtiéndolo en un desenfreno total, subiendo el tono de los jadeos y gemidos, pasando a ser unos gritos ahogados por los besos y por el calambre del goce que los envolvía, la pobre pared machacada era golpeada cada vez más fuerte por la cama, que imitaba el movimiento descontrolado y salvaje que realizaban.

Kouga no aguanto mucho más y pasó su mano derecha por la baja espalda de la mujer mientras que su mano izquierda se afirmo por debajo de sus hombros, embistiéndola con toda la fuerza que era capaz de utilizar y mordiéndose el labio inferior hasta el punto de partirlo para no gritar, entreabrió los ojos para mirar el rostro de Kagome que se hallaba regodeándose en su propio mundo, se veía tan sensual con los ojos cerrados, al igual que él aguantando los gritos con un fuerte apretón de la mandíbula; ambos apelaron al autocontrol para mirarse con pasión y mostrar con la mirada todos los sentimientos y sensaciones que los rodeaban de una forma maravillosamente deliciosa.

Kagome adelanto sus labios en un mohín muy sugestivo y lo beso torpemente, tratando de transmitirle un poco de su euforia aunque no se acercara ni un poco a hacerle saber lo que le pasaba en ese momento, juntando las caderas con las de él para aumentar el goce.

Se agarraron firmemente con lo que tenían a mano e empezaron un vaivén lento pero más profundo, gimiendo placenteramente con el roce excesivo de sus cuerpos hasta que toda una gama de colores y sensaciones explotó frente a sus ojos, no dejando ninguna parte de sus sudorosas figuras sin convulsionarse descontroladamente.

Kouga desertó la idea de salir del interior de Kagome y caer a su lado para apoyar todo su cuerpo en el de ella, metiendo la cabeza en el espacio entre el hombro y el cuello, absorbiendo el oxígeno circundante, Kagome solo atino a relajar sus brazos a sus costados, su pecho se movía de arriba a abajo; así se quedaron por unos minutos, proporcionándose halagos, mimos y muchos besos, hasta que decidieron levantarse y darse una buena ducha que fue larga gracias a las constantes caricias y bromas por parte del joven hombre.


-Son las 9 y 20 pasadas, ya llegamos tarde así que mejor quedémonos en casa a disfrutar del otro.- Propuso un Kouga socarrón al escuchar pasos que entraban a la cocina y se detenían cerca de él para luego ver un par de brazos posarse en su abdomen.

-Que guaso eres, mi amor- Le beso en la nuca y camino ágilmente hasta la nevera, inclinándose, buscando la leche, no dándose cuenta de la encantadora vista que le otorgaba al pelinegro quien pensaba que se la iba a comer entera. No creía que fuera gran cosa lo que llevaba, un jean ajustado de color azul oscuro, unas botas color beige y una fina polera negra ajustada a sus sensuales curvas que eran suavemente remarcadas por su largo pelo azabache hasta la cintura.

Se sobresalto cuando al darse la vuelta fue empujada por un ardiente beso de Kouga, causando que un frío doloroso recorriera su cuerpo al sentir la heladera a su espalda.

-Te ves muy bien, ¿lo sabías?- Kagome miro la vestimenta de su compañero, mocasines negros, jeans negros con una camisa a cuadros negra con unas pequeñas rayas de color violeta claro que podían ser fácilmente confundidas con un blanco desde lejos, pero ella estaba cerca, muy cerca y notó como se zarandeaban los pelos de su incipiente barba al exponer una enorme, blanca y perfecta sonrisa, demostrando así que no le molestaba para nada que le vieran de esa forma descarada.

-¿Te gusta lo que ves preciosa?- Aguanto la risa que acudió a su garganta por el tono de voz profundo que utilizo y subió el brazo izquierdo de Kouga que tocaba lujuriosamente su cintura, pasando por debajo y empezando a preparar el desayuno.

Este paso tranquilo entre risas y miradas llenas de sentimiento entre los dos mientras degustaban de las tostadas con manteca por parte del gran chef Kouga y el café con leche cortesía de Kagome.

Se colocaron unos abrigos y salieron entre besos y abrazos del apartamento del chico, dirigiéndose hacia el ascensor, ignorando las miradas de reprobación de un anciano y otro joven en la espera del cubículo; al salir del edificio de 8 pisos a la calle Kouga puso su brazo derecho por los hombros de Kagome de una forma posesiva y esta metió su mano izquierda por debajo de la gabardina negra, similar a la que tenía ella puesta, ajenos a la mirada de furia del hombre que se encontraba muy cerca de ellos, tanto como para tocarle el hermoso pelo a la chica que ondeaba como una bandera al frío de Tokio.