Que qué hago aquí otra vez, os estaréis preguntando confusas. Pues bien, Lledó no me hizo ni puto caso en aquello de no pedirme más one-shots, eso resume bastante bien la explicación xD Hablando ya en serio, es culpa mía por escribir el primero, ahora quiere uno por cada fecha especial O.o Este segundo capítulo es por su santo, día hoy 3 de mayo.

Ah, y muchas gracias a todas las que os molestasteis en leer y dejar un review en el capítulo anterior, se agradece saber que la parodia también es bien recibida ;) Espero que éste también os guste aunque creo que es más serio que el otro.

OUAT, según mis abogados, sigue sin ser mío (qué desperdicio).

-SQ-

Crónica de un cuento sin censura – la secuela

- Oops.

Fui yo la que dijo aquello, que por supuesto era un comentario perfectamente lógico dada la situación, pero la cosa no quedó ahí.

Lledó reaccionó al fin, sólo que no como yo me esperaba. ¿Que qué hizo en vez de disculparse y salir por patas? Pues la croqueta. Literalmente. Empezó a retorcerse en el suelo, golpeándolo con los puños y gritando algo que sonaba mucho a "¡SWANQUEEN ES REAL!" y "¡SWANQUEEN ES CANON!", dejando salir todo lo que se había tenido que guardar en el silencio del armario (bonita metáfora).

Tras unos segundos se abrazó a mí, y entre lágrimas se aferró a mi hombro para golpearme de nuevo sin dejar de gritar que ella tenía razón desde el principio. Sin encontrar una expresión mejor para describirla, y citando textualmente lo que ella misma dijo después, "parecía una puta loca". Aunque yo casi prefería aquello a que propusiera un trío.

Emma y Regina aún nos miraban en shock, pero la rubia empezaba a poner cara de enfado, así que balbuceé algo parecido a "perdónyanosvamoslosentimosmucho" y arrastré a Lledó hasta la puerta que, por supuesto, estaba cerrada con pestillo.

Mientras yo luchaba con la cerradura, mi querida hermanita volvió a darse la vuelta. ¿Para qué? Para darnos fama de aún más pervertidas mirando las piernas de la alcaldesa, que aún tenía el vestido un poco subido. Ahí fue cuando vi la mirada asesina de la sheriff y creí que sería hija única. Pero por suerte abrí el despacho y salí escopeteada con Lledó del brazo antes de que nos cogieran.

¿Que porqué os cuento todo esto? Porque obviamente no aprendimos nada y hemos vuelto a Once Upon a Time, aunque esta vez con un plan elaborado en mente.

Veréis, aunque este mundo abstracto vaya por su cuenta sin seguir el guión de la serie que se ve por televisión, hay momentos en los que las personas tienen que estar en el lugar y momento exactos en los que ha estado su personaje oficial. Algo así como que los actores interpretan las escenas que se emiten y luego estas personas con mentalidad propia siguen con su vida, pero necesitan un par de minutos para procesar la transición y moverse de un sitio a otro.

Y esos minutos son una mina de oro para nosotras, tanto los de antes como los de después de la escena oficial. Un gran abanico de posibilidades, a cada cual más retorcida.

La última vez no nos importaba dónde caer, por lo que no prestamos atención a ello, pero para ésta fijamos un punto concreto como meta y aparecemos en el capítulo 15 de la tercera temporada, al lado de casa/granja de Zelena. Entramos sin llamar y realizamos un cambio muy necesario antes de volver a salir y escondernos en la parte trasera.

Regina y Robin aparecen al poco, producto de haber rodado en dicha vivienda, y los miramos a escondidas por la ventana. Él todavía tiene un vaso de whisky en la mano, y desliza el otro sobre la mesa ofreciéndoselo a ella. Pero la alcaldesa sólo quiere salir de allí y lo rechaza amablemente antes de marcharse.

Robin se queda de pie, con el ceño algo arrugado. Nosotras cruzamos los dedos. Él se lleva el vaso a los labios, da un buen trago... y escupe, tosiendo más bien a lo bruto.

Lledó no aguanta más y empieza a descojonarse por los suelos mientras el arquero trata de limpiarse la lengua con la mano, y yo mejor no os digo lo que había en la botella de supuesto licor, no vaya a ser que alguien me denuncie por daños psicológicos.

El tipo parece escuchar el escándalo que estamos montando afuera y sale a nuestro encuentro, pero nosotras ya hemos echado a correr y no es capaz de alcanzarnos.

Robin – 0. Sestras – 1.

Nuestra siguiente parada es el final del 3x18. La pareja de antes vuelve a estar junta (pero no revuelta), esta vez al lado de una hoguera mal hecha. Él parece querer establecer una conversación, y ella rechaza sus intentos con una sonrisa diplomática que por alguna razón no lo echa para atrás. Los hombres pueden ser muy lentos a veces.

Nosotras lo vemos todo desde nuestra posición privilegiada: sentadas en la rama de un árbol, lo suficientemente cerca para ver y escuchar pero no ser vistas ni escuchadas. Ambas llevamos capucha y un pañuelo negro sobre la boca. No es que sea necesario, pero va con el ambiente. Y mola (?).

El caso, que Robin no entiende de señales y llegado cierto momento se acerca a Regina e intenta besarla. Mis reflejos son rápidos y agarro a Lledó antes de que se lance contra él sin paracaídas, diciéndole en silencio que espere nuestro turno de intervenir, pero la gran Meryl sabe que me cuesta lo mío pararla.

La alcaldesa lo empuja con determinación antes de que llegue a sus labios y pronuncia un "no" rotundo que haría orgulloso a cualquier ser humano viviente. Ella comienza a caminar, alejándose, pero él está empeñado en demostrar sus nulas capacidades de entendimiento y hace el amago de seguirla. El amago, porque Lledó y yo estamos más que preparadas y en el momento justo tiramos de la cuerda que colocamos allí previamente.

Robin queda colgado del árbol, boca abajo y de un solo pie, y sacude los brazos y luego el cuerpo como un auténtico títere de feria. Nadie diría que se pasa la vida en ese bosque.

Vuelvo a agarrar a Lledó, pero esta vez porque casi se cae para atrás de la carcajada que suelta. Y yo me uno a sus risas cuando el ladrón nos medio divisa y empieza a gritarnos.

- ¡Eh, vosotras! ¡Sé que sois las del otro día! ¡Bajadme de aquí!

- ¡¿Porqué habríamos de hacerlo?! - le contesto de vuelta, moviéndome para bajar las dos del árbol.

- ¡Yo no os he hecho nada!

- ¡¿Estás seguro?! - pregunta mi hermanita.

- ¡¿De qué estás hablando?! ¡Esto podría considerarse secuestro con agresión! - dice enfadado.

- Y lo que tú haces podría considerarse acoso – respondo con voz normal, ya que hemos llegado a su altura (o lo más cercano posible dada su situación).

- Eso no es asunto tuyo.

- Oh, lo sabemos – admite Lledó, dando comienzo a uno de nuestros muchos diálogos, agobiantes para el tercero en discordia.

- No es asunto nuestro – repito yo.

- Para nada.

- Pero...

- Siempre hay un "pero" - dramatiza ella.

- Quizás sea asunto de la sheriff.

- ¿De la sheriff? ¿Qué podría ella tener que ver en esto?

- Quizás quiera saber quien persigue a su novia – susurro como si fuera un secreto.

- Hmm... entonces deberíamos decírselo. Hay que ser buen ciudadano – y lo comenta con tanta inocencia que rompo la dinámica con una risa imposible de detener.

- Estáis locas – masculla él.

- Gracias – hablamos a la vez, y por ello chocamos los puños después en un gesto confidente.

- Como no me bajéis... - su amenaza queda incompleta cuando escuchamos la voz de un hombre llamando a Robin a gritos, y éste no tarda en contestarle. Cobarde -. ¡Little Jhon! ¡Por aquí!

A nosotras nos basta una mirada para entendernos.

- Hasta la próxima, campeón – me despido mientras Lledó le palmea el hombro con falso compañerismo.

Echamos a correr una vez más, pero aún así no llegamos lo suficientemente lejos como para no oír la histérica carcajada de Little Jhon.

Robin – 0. Sestras – 2.

La verdad es que hicimos lo que quisimos con él durante semanas, desde echar picante en su comida hasta pintarle la tienda de campaña de rosa, pasando por llenarle la ropa de polvos pica-pica (*cantando* "sufre, mamón, devuélveme a mi chica, o te retorcerás entre polvos pica-pica..."), cambiarle el arco por un tirachinas... y un gran etcétera. Pueden parecer bromas simples o comunes, pero ver al tipo éste saliendo a la calle con el pelo azul tras "modificar" su champú no tiene precio.

Mas la mejor de todas sería, sin duda alguna, la última. Por la sencilla razón de que no nos haría falta ni llevarla a cabo para que hubiese espectáculo.

Estamos preparando todo lo necesario para la trampa en la calle adyacente a la torre del reloj, lejos de miradas indiscretas, cuando mini-bigfoot aparece bufando por la nariz y soltando improperios por la boca, la típica imagen de un toro venido a menos. Aunque le reconozco el mérito de haber usado su cerebro para algo útil y encontrarnos antes de tiempo.

- ¡Ya es suficiente! - nos grita -. ¡Quiero que me dejéis en paz de una vez por todas!

- ¿O si no qué? - le encara Lledó.

La expresión que pone entonces es de pura cólera, y durante un ínfimo instante temo que nos haga daño de verdad, sobretodo al verle avanzar un paso más hacia nosotras con claras intenciones de pelea. Pero antes de que nada pase un remolino rubio nos alcanza por la espalda, ocupa mi campo visual y se sitúa delante nuestra, colocando la palma abierta en el pecho de Robin y empujándole levemente hacia atrás.

- No vas a tocarlas – dice Emma con su voz de sheriff, y mi hermana me agarra el brazo emocionada por la presencia de la salvadora mientras suelta un chillido que todos ignoramos.

- ¿Qué? - es todo lo que se le ocurre preguntar a él. Sus habilidades lingüísticas me sorprenden cada día más.

- Que te largues, Robin – repite demasiado calmada -. No voy a dejar que les hagas daño.

- ¿Porqué no? ¿Tienes idea de todo lo que me han hecho?

- Sí, la tengo – afirma ella sorprendentemente, dejándonos a los tres con la boca abierta.

- ¿Y no has hecho nada para detenerlas?

- No lo creí necesario – se encoge de hombros, y realmente parece que disfruta enormemente con lo que hemos hecho -, sólo son inocentadas de crías.

- ¡Eh! - medio protestamos inmediatamente nosotras al escuchar ese apelativo, aunque igualmente enfrascadas en ese partido de tenis verbal.

- Pues eso sólo demuestra lo incompetente que eres – despotrica el ladrón sin hacernos ningún caso -. No sirves ni para controlar a unas...

- ¡¿Qué demonios está pasando aquí?! - una nueva voz se hace oír sobre los gritos de Robin, haciendo que todos nos giremos y empalidezcamos en diferentes grados.

- Ay dios, la que se va a liar – musito yo entre dientes.

Regina nos mira con un porte que sólo puede ser descrito como imposiblemente humano, una mano en su cadera, y sus ojos disparan dagas metafóricas que cortan más que todas las reales que he visto en mi vida. Normal que tenga novia y atraiga pretendientes idiotas.

- ¿Y bien? - reclama -. ¿Nadie piensa contestar?

- Estas niñas llevan semanas haciéndome la vida imposible – Robin nos apunta con el dedo buscando el favor de la alcaldesa, pero nuestro "¡no somos niñas!" muere en nuestras gargantas al escuchar la respuesta de la misma.

- Ya, ¿y? - dice con un simple arqueamiento de ceja, y Lledó llega al cielo de las fangirls.

- ¿Tú también lo sabías? - el tipo aún no se lo cree -. ¡¿Y porqué tampoco hiciste nada?!

Regina rueda los ojos con hastío.

- Porque eres muy pesado, Robin. Muy, muy pesado. Me imaginé que te vendría bien un escarmiento.

El hombre boquea un par de veces, pero no encuentra contestación a eso. Así que Emma aprovecha y toma el relevo de la conversación.

- Iba a ir a recogerte a la alcaldía – le dice a la morena -, pero ya que estás aquí... ¿te llevo a casa y te hago la cena de paso? - pregunta alzando las cejas en una clara invitación para algo más, y Lledó alcanza literalmente el nirvana.

Vemos a Regina disimular una sonrisa y extender el brazo, que la rubia entrelaza con el suyo antes de echar a andar a lo suyo y dejarnos atrás como si nada. Y por supuesto, ese es el momento que elige Robin para salir de su letargo. Más oportunista y no nace. Nos mira con ira y enfado, pero las palabras de la sheriff han debido de tener efecto y prefiere no abrir la boca e irse por donde vino con un bufido.

En definitiva: Robin – 0. Sestras – 16.

Por ahora.

*Sestra es "hermana" en ruso, y un guiño a la fantástica Helena de Orphan Black.

Gracias por leer x)