Marierux: Muchas gracias por tus palabras, esperamos que te guste este segundo capítulo. Gracias por leer y comentar, ya que ahora no sólo verás sufrir a Kurt, sino que su situación trae más de una consecuencia. Nos leemos!
akaaka: Muchas gracias! esperamos que te guste la continuación, qué estés muy bien y gracias por leer!
DessKlaine: Exacto! OMG! Porque lo que puede pasar entre ellos y lo que se viene en el próximo capítulo... es de temer realmente, ya que lo que afecte a Kurt afectará a más de un personaje y créenos cuando te decimos que todo puede ser más complicado de lo que parece. Gracias por leer y comentar, esperamos te guste lo que sigue! nos leemos!
candy: Cierto, en muchas historias violan a Kurt, y todo eso tiene una gran consecuencia, aquí no es la excepción, pero el hecho de que Blaine sea el psicólogo y que aparezca otro personaje en acción en este capítulo, es lo que puede hacer la diferencia. Esperamos que te guste lo que sigue! Gracias por leer y comentar =)
Gracias como siempre por seguirnos en esta historia, esperamos que lo que sigue sea de su completo agrado, nos estamos leyendo :)
Julieloveskurt-Anixita
Advertencia: Este capítulo contiene Lemmon.
Kurt salió del despacho de Blaine furiosamente, azotando la puerta tras él y dando zancadas que poco a poco se fueron convirtiendo en un trote acelerado, con sus manos cubría su boca tratando de mitigar el llanto que escapaba sin control; mientras la recepcionista miraba atónita su huida.
Finalmente llego a la puerta de vidrio por la que apenas unas horas antes había entrado; suavemente recargo su frente en ella, tratando de recuperar su respiración, pues entre el haber corrido y el llanto era demasiado difícil hacerlo con normalidad. La sensación del cristal frio sobre su piel le provoco un escalofrió que recorrió su espalda y entonces ya no pudo más, el llanto que había estado aguantando desde que salió de su casa lo hizo desplomarse al piso sollozando sonoramente y temblando sin control.
De nuevo la misma pregunta que había rondado por su mente durante todos estos días volvía a golpearlo… ¿POR QUÉ? Era todo lo que quería saber, ¿Por qué a él le había sucedido esto? ¿Por qué además de todos los malos ratos que ya tenía que pasar en la escuela tenía que venir ahora esto? ¿Por qué no era capaz de hablar y sacar a la luz al culpable? ¿Por qué seguir viviendo si su vida era un infierno? ¿Por qué tenía tanto miedo? ¿Por qué a nadie le importaba lo que le sucediera? ¿Por qué no simplemente desaparecía de la faz de la tierra?
Después de llorar por lo que pareció una eternidad, se detuvo; hipando se limpio las lágrimas que ya estaban marcando surcos sobre su rostro con la manga de su abrigo, se levanto del piso con dificultad, y luego acomodo su ropa y su cabello. Se detuvo a mirar a su alrededor un momento y trato de hacer un recuento de lo que había vivido en las últimas dos horas; dentro del consultorio de Blaine había sucedido algo, ciertamente lo sabía, durante esas dos horas había experimentado un sentimiento de paz que no había sentido desde quien sabe cuando, sus temores se habían ido, o por lo menos se habían hecho pequeños. A pesar de que Blaine era un pedante que parecía estar más interesado en el costo de las consultas, tenía algo que Kurt aun no podía descifrar, ese algo le había inspirado algo parecido a la confianza y le había hecho revelar su secreto mejor guardado. Si se ponía a pensar en un porque, definitivamente no lo había, simplemente había sucedido; no sabía si había sido sus insistencia a hacerlo a hablar, la calma con la que había recibido el golpe que le había propinado, o la inquebrantable sonrisa que mantuvo durante las dos horas de sesión; incluso llego a sentir por un momento que al psicólogo le interesaba lo que le sucedía. Definitivamente Kurt no entendía nada de lo que había sucedido ahí.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando a lo lejos vio la camioneta de su padre estacionarse en la acera de enfrente; respiro profundamente un par de veces y luego camino lentamente para encontrarse con su padre. Mientras cruzaba la calle le hizo una seña de saludo y trato de sonreírle, aunque ciertamente no pudo más que poner una mueca chueca en su rostro. Burt le abrió la puerta del copiloto y le sonrió, lentamente Kurt se acomodo en el asiento y no dijo nada. Burt lo miro unos segundos esperando a que dijera algo, pero no sucedió; el ojiazul solo centro su atención en sus manos que descansaban en su regazo. Burt entendió y puso en marcha el auto.
Durante todo el camino, Burt miraba a Kurt intermitentemente, tratando de buscar la forma de hacerle plática, su hijo tenía la miraba clavada en algún sitio de la ventana. Definitivamente esta no era la reacción que Burt esperaba de su hijo después de su primera sesión de terapia psicológica; claro que no esperaba que Kurt saliera del consultorio riendo y parloteando como siempre lo había hecho, sin embargo si esperaba por lo menos un avance, una señal de que estaban llendo por el camino correcto, desgraciadamente ahora parecía estar peor; su rostro no reflejaba más que tristeza, a pesar de que cuando sus miradas se cruzaban el castaño intentaba sonreírle. El recuerdo de lo que ahora Burt llamaba el viejo Kurt hizo que un puño invisible estrujara su corazón dentro de su pecho, así que decidió no darle más vueltas al asunto y hacerle alguna pregunta cualquiera, por lo menos para saber que su hijo no se había quedado mudo.
—Kurt— dijo el mecánico tímidamente, mirando a su hijo por el rabillo del ojo —KURT— levanto la voz al ver que el muchacho no respondía
El ojiazul salió de su letargo con un pequeño brinco y miro a Burt:
—¿Qué sucede?— respondió el castaño mientras se detenían en un semáforo en rojo
Burt aclaro su garganta y dijo —¿Te gustaría algo especial para cenar? Creo que es hora de poner en práctica las clases de cocina que me has estado dando—
El ojiazul frunció el ceño, negó con la cabeza y respondió —Cualquier cosa esta bien, no tengo hambre de todos modos— luego regreso su mirada hacia la ventana. Burt tomo con fuerza el volante, frustrado ante su intento fallido, sin embargo no se rindió:
—Tal vez podría preparar esa ensalada que te gusta, con los productos orgánicos que tanto insistes en comprar, y luego podría acompañarte a ver alguna de tus películas musicales—
El castaño solo lo miro de nuevo fugazmente y asintió un par de veces mientras se mordía el labio; después de esto Burt decidió dar por terminada la charla y volvió a centrar su atención en el camino.
Veinte minutos después ya estaban estacionándose en el garaje de la residencia Hummel, el ojiazul bajo rápidamente del auto, abrió la casa con su juego de llaves y camino directamente a encerrarse a su habitación. Burt solo lo siguió con la mirada hasta que se perdió en el pasillo.
—La cena estará lista en un rato— grito el hombre mientras caminaba a la cocina, recibiendo como respuesta el estruendo de la puerta de Kurt cerrada de golpe.
Ya en la cocina, se dispuso a sacar los ingredientes de la ensalada y los puso en la mesa que estaba al centro de la habitación; cuando tomo la lechuga y empezó a deshojarla, recordó que hace mucho tiempo que él no se hacía cargo de la cena, siempre era Kurt el que estaba de aquí para allá en la cocina, preparando platillos a base de vegetales y hierbas que más bien parecían comida de conejo, siempre era Kurt el que estaba ahí dándole fuerza y ánimos para seguir el día a día, el que no lo dejaba sentirse solo; incluso en esos días del año en los que la ausencia de su esposa se sentía más fuerte.
Pero ahora no era así… Burt aun tenía fresco en su memoria el recuerdo de un Kurt completamente ausente cruzando la puerta de entrada unos días atrás; sus enormes ojos abiertos y perdidos, su respiración sonora y acelerada, su cabello algo desordenado. Al igual que el día de hoy, el castaño había subido las escaleras con dificultad, llendo directamente a su habitación y encerrándose ahí; confundido el mecánico había intentado hablar con él, descubrir que le sucedía a su hijo; pero lo único que obtuvo con respuesta fue un "no me siento bien, seguramente me contagie de ese virus que ronda McKinley últimamente".
Al día siguiente las cosas habían transcurrido igual, Kurt se rehusó a levantarse de la cama para ir a la escuela, al parecer seguía enfermo. Y de alguna manera Burt le creyó, su hijo siempre había sido un alumno modelo, siempre era el primero en levantarse con entusiasmo y nunca faltaba a la escuela a menos de que fuera por causas de fuerza mayor. Sin embargo los días pasaron y las cosas empeoraron, Kurt dejo de comer, apenas y tocaba la comida que Burt le llevaba a su habitación y no quería hablar, solo quería dormir; tampoco quería ver al doctor ni ir al hospital.
Asi que una mañana Burt decidió ir a McKinley para saber más acerca del supuesto virus del que su hijo se había contagiado, sin embargo se llevo una gran sorpresa cuando la enfermera le aseguro que ningún alumno se había presentado enfermo en las últimas semanas. Cuando el mecánico se disponía a caminar por los pasillos de la preparatoria rumbo a la salida completamente abatido y confundido, se encontró con Emma Pillsbury, al verlo el rostro de la mujer se obscureció de inmediato, ella lo invito a su oficina y le pregunto por Kurt; fue ahí cuando Burt pudo finalmente hablar con alguien de lo que le sucedía a su hijo. Emma lo escucho atentamente con un dejo de tristeza en su rostro, y sin más le entrego la tarjeta de presentación de un psicólogo, asegurándole que era la forma más segura y cercana de ayudar a Kurt.
Sin embargo, no había sucedido nada. El hombre se quito la gorra de beisbol que usaba ese día y la lanzo al piso frustrado mientras se frotaba a frente; después de hoy, ya no sabía que más hacer.
Cuando la comida estuvo lista, sirvió un plato de ensalada y un poco de jugo de frutas en un vaso grande y lo puso sobre una bandeja para llevárselo al ojiazul. Cuando estuvo frente a la puerta de la habitación de Kurt, toco un par de veces pero no recibió respuesta, así que abrió lentamente la puerta y entro. Kurt estaba boca arriba sobre su cama con los ojos cerrados y las manos sobre su estomago.
—Tu cena esta lista hijo— dijo Burt, mientras ponía la bandeja sobre la mesita de noche
Kurt abrió los ojos y se incorporo recargándose sobre sus codos para mirar a su padre
—No debiste haberte molestado trayéndola hasta aquí, te dije que no tenía hambre—
Burt no hizo mucho caso del último comentario de su hijo, tomo el plato de la bandeja y se lo entrego. Kurt lo miro con el ceño fruncido y vacilo un poco antes de tomarlo. El castaño miro a su padre, el gesto del hombre era de genuina preocupación, y a pesar de todo, eso aun le importaba, su padre era todo para él y no quería hacerle daño, así que lentamente comenzó a comer.
El hombre se sentó al borde de la cama y espero a que Kurt diera un par de bocados a su ensalada y comenzó a hablar:
—¿Qué tal la sesión con el doctor Anderson?—
Kurt bajo la mirada al plato y comenzó a juguetear con las hojas de lechuga y el tenedor, luego en un susurro respondió:
—Bien, ya sabes cómo son esas cosas…—
—¿Cómo te sientes después de hablar con él?— cuestiono Burt
—Bien…— susurro Kurt sin despegar la mirada del plato.
Burt cerró los ojos y respiro profundamente tratando de no explotar, no era posible que todos sus intentos por avanzar un poco en este asunto terminaran con Kurt respondiendo monosílabos. Después de calmarse un poco volvió a intentar suavemente:
—¿Cuándo piensas volver a la escuela Kurt? No es bueno que pierdas tantas clases—
Pero Kurt no respondió, seguía jugando con la comida, en ese momento Burt ya no pudo controlarse más, todo eso era demasiado; las lagrimas comenzaron a agolparse en sus ojos, por impulso tomo a Kurt de las muñecas con una mano y con la otra tomo la barbilla del castaño y levanto su rostro para que lo mirara.
—Kurt, hijo; por favor dime algo, lo que sea. Dime que te sucede, dime qué puedo hacer para ayudarte; pero por favor respóndeme—
El ojiazul fijo sus ojos en los de Burt y su sangre se helo, no era posible que ahora también estuviera haciendo sufrir a su padre, lo estaba dañando con sus tonterías; por no hablarle con la verdad y decirle lo que le sucedía, por ser tan débil. Pero no podía hacerlo, no podía decirle la verdad de lo que había ocurrido, eso haría que las cosas se pusieran peor, lo dañaría aun más si revelaba todo, su corazón no podría soportarlo y volvería a caer enfermo y simplemente no lo merecía, su padre merecía tranquilidad una vez en su vida, había lidiado con tanto en los últimos años y todo por su culpa. Tenía que hacer algo, por su padre; el ya no importaba.
El castaño respiro profundamente y trato de poner su mejor cara —No me pasa nada papá, de verdad; simplemente estaba cansado, de las tareas y de todo el esfuerzo que conlleva la escuela. Pero tienes razón, es tiempo de volver sino tendré muchos problemas— hubo una pausa larga, Burt solo miraba a su hijo tratando de descifrar si lo que le decía era cierto. Kurt supo de inmediato que su respuesta no había sonado convincente, así que saco toda la fuerza que tuvo para continuar:
—El lunes volveré a la escuela, lo prometo; me esforzare para ponerme al corriente y después todo estará mejor, ya verás papá—
Sin pensarlo dos veces, el castaño se lanzo a los brazos de su padre y lo abrazo fuertemente. Burt tardo unos segundos en responder el abrazo pero se sintió un poco más tranquilo al rodear la delicada figura de su hijo.
—Te prometo que no volverás a preocuparte por mi papá, no más— Kurt le susurro al oído.
Ambos se abrazaron por unos segundos más, mientras Burt deseaba con todo su ser que su hijo estuviera diciendo la verdad, Kurt se daba cuenta que ya no había vuelta atrás; tenía que volver a McKinley, por su padre, por él tenía que hacer todo su esfuerzo por volver a ese infierno, por volver a toparse con quien había arruinado su vida sin piedad alguna y hacer como si nada hubiera pasado. Incluso tal vez tendría que volver al consultorio de Anderson. Solo esperaba que de alguna forma sus esfuerzos valieran la pena.
Blaine reacciono completamente hasta que la puerta del consultorio retumbo frente a él, definitivamente la revelación de Kurt le había tomado por sorpresa. Se paso las manos por el rostro y dio un par de pasos hasta alcanzar la silla de su escritorio, lentamente se sentó sin despegar la mirada de la puerta.
No era a primera vez que tenía un paciente que se rehusaba a hablar, que se ponía a la defensiva o que no se prestaba para generar empatía. Tampoco era el primer paciente que lo atacaba, todos los días recibía por lo menos una amenaza agresiva o una mirada fulminante; y tristemente no era la primera vez que tenía un paciente que había sido violado.
Sin embargo, Kurt Hummel era diferente; regularmente las personas que habían atravesado ese tipo de situaciones llegaban al consultorio demandando toda la ayuda posible, si bien no lo expresaban abiertamente, alguna acción o frase inconsciente los delataba. Pero con Kurt no había sido así. Blaine ya tenía un antecedente para comenzar con Kurt, Emma Pillsbury le había hablado de los problemas que presentaba Kurt, pero no lo comento en un principio, esperaba que Kurt lo dijera voluntariamente; pero nada sucedía, el joven solo estaba a la defensiva. Hasta cierto punto sus barreras resultaban admirables, ni siquiera el lenguaje corporal lo delataba, la frente siempre en alto, la espalda recta, un aire de superioridad que parecía ser nato; incluso la forma de cuestionarlo, eran atípicas en una persona que atravesaba problemas como los de Kurt. Por eso, luego de un rato de insistencia y nada de avance, decidió probarlo; incrementar su furia hasta que explotara, meterse completamente al papel del analista. No fue necesario mucho esfuerzo, cuando el ojimiel sintió el puño de Kurt impactándose sobre su rostro después de la primera intrusión a su zona de confort, sabía que había dado en el blanco.
Pero eso duro muy poco, inmediatamente Kurt había levantado de nuevo su muralla invisible y se había negado a hablar, y a explicar el porqué de las lagrimas que caían sobre su rostro. Entonces Blaine lo supo, supo que la versión de Emma era apenas el principio de algo más grande y serio; pero no podía probar nada si Kurt no hablaba.
El resto de la sesión, Blaine se dedico a pensar en formas de llegar a Kurt, estaba resignado a que por ese día no iba a lograr nada; tal vez por eso la revelación final lo descontrolo tanto, o tal vez por los pocos segundos de vulnerabilidad genuina que Kurt mostro antes de desaparecer por la puerta.
El psicólogo brinco en su asiento cuando el teléfono sobre su escritorio sonó, tomándolo por sorpresa; con un movimiento torpe lo respondió para encontrar la voz de su secretaria detrás de la bocina para avisarle que se retiraría; Blaine volvió a sorprenderse cuando miro al reloj se dio cuenta que habían pasado casi cuarenta minutos desde que Kurt se había ido. Asi que decidió que también era momento de irse; tranquilamente tomo sus cosas, las guardo en su portafolio y salió hacia el estacionamiento con rumbo a su casa, para no volver hasta el lunes.
El camino de regreso a casa fue muy tranquilo, en cuanto abordó su auto encendió la radio y comenzó a cantar. Cantar seguía siendo la única cosa que lo relajaba al instante, por unos momentos se olvidaba de quién era y todas las responsabilidades que su profesión conllevaba.
A mitad del camino se detuvo en su restaurante italiano favorito para comprar algo de cenar, ya que la cocina no era uno de sus talentos, y finalmente después de media hora ya estaba frente a la puerta de su departamento.
Blaine vivía en un hermoso departamento de tres recamaras con vista a la ciudad en una buena zona de la ciudad, el cual compartía con su novio Sebastian Smythe; ambos eran muy felices viviendo juntos. Él y Sebastian se habían conocido en su último año de preparatoria en Dalton, la química entre ellos fue innegable desde el primer momento en el que cruzaron miradas, rápidamente se volvieron amigos cercanos; ambos compartían la pasión por el canto y las mismas ambiciones e incluso las aspiraciones a futuro. Después de un par de meses de amistad, Sebastian decidió dar el siguiente paso en su relación y le declaro su amor.
La mayoría de sus amigos y conocidos no le veían futuro a dicho noviazgo, Blaine siempre había sido el chico sonriente, tranquilo, centrado, impecable y jovial, Sebastian en cambio era el extrovertido, arrogante, superficial y frio; sin embargo sus personalidades se complementaban de una manera única y a la larga esto era lo que los seguía manteniendo juntos.
Después de graduarse ambos decidieron ir por el camino de la medicina, aunque desde diferentes perspectivas; Sebastian tomo el camino que lo llevaría a cumplir su eterna ambición de ser cirujano plástico, y Blaine descubrió que lo suyo era ayudar a las personas de forma más cercana y decidió convertirse en psicólogo. Durante sus años de universidad su relación sufrió altibajos, peleas en su mayoría; luego dejaron de verse por algunos meses, trataron de salir con otras personas y probar otras cosas; sin embargo no fue difícil darse cuenta de que lo que tenían iba más allá de dichos conflictos y volvieron a estar juntos para no volver a separase jamás, o hasta ahora era lo que seguían esperando.
Al entrar al departamento, inmediatamente se dio cuenta que estaba solo en casa, Sebastian aun no había llegado; rápidamente se dirigió a la cocina y puso las bolsas que contenían a cena sobre la barra de la cocina y se dispuso a arreglar la mesa para cenar. Regularmente los viernes eran los días que más tiempo pasaban juntos, ya que debido a sus horarios era muy difícil que coincidieran, por eso intentaban que cada uno de esos momentos fuera especial.
Después de dejar todo listo para cenar, Blaine se dirigió a su oficina y decidió trabajar un poco hasta que Sebastian llegara. Saco su cuaderno de notas de su portafolio y comenzó a analizar las anotaciones que había hecho de cada paciente del día. Registro los cambios y avances en cada uno de ellos y luego comenzó a transcribirlos en el expediente de cada uno de ellos que guardaba en su computadora; cuando llego a las notas de la sesión de Kurt se dio cuenta que estas estaban en blanco, dejo su libreta de lado y se recargo en el respaldo de su silla, ¿Qué debía hacer con Kurt? No sabía si tenía que abrirle un expediente, pues no tenía la certeza de que el ojiazul regresara para otra sesión; no sabía ni siquiera como comenzar a redactar un perfil para el joven, no tenía idea de cómo proceder.
Suspiro y decidió que lo mejor era consultar algo de teoría, se puso de pie y camino lentamente hacia el librero donde guardaba su enorme colección de libros y tomo un par, regreso a su asiento y se enfrasco en su lectura, no fue hasta que escucho la puerta de entrada que despego la vista del texto.
—Blaine, ¿Estas en casa?— La familiar voz de Sebastian lo hizo sonreír al instante.
—En la oficina Seb— respondió el moreno
Segundos después la puerta de la oficina se abrió y el rostro de Sebastian apareció con aquella sonrisa que solamente se mostraba con Blaine, sin un gramo de arrogancia.
—Mírate nadamas, siempre trabajando— dijo Smythe mientras entraba a la habitación y caminaba hacia donde estaba Blaine sentado mientras se despojaba de su bata blanca característica de los doctores, el aludido solo sonrió y asintió, luego pregunto mientras cerraba el libro que tenia frente a él:
—¿Qué tal tu día?—
—Lo de siempre; embelleciendo al mundo una persona a la vez— el ojiverde respondió mientras se sentaba sobre el regazo del ojimiel —Y tú qué clase de-…. Oh rayos, Blaine ¿Qué te paso en el rostro?— Sebastian tomo la barbilla de Blaine y giro su rostro hasta que el pómulo inflamado y enrojecido de Blaine estuvo frente a sus ojos.
El moreno se quedo en silencio unos segundos, ya había olvidado el golpe que adornaba su rostro. —Ah, esto… no es nada, solo algo que se salió un poco de control—
Sebastian se levanto y comenzó a dar vueltas por la habitación mientras agitaba sus brazos en el aire.
—¿Un poco? Blaine por Dios UN POCO, no puedo creer que sigan sucediendo estas cosas, ¿Qué fue ahora, un esquizofrénico, un sociópata, una mujer divorciada?—
Blaine se levanto y lo detuvo frente a él, puso sus manos sobre los hombros de Smythe y le dijo tranquilamente:
—No, ninguno de ellos; fue un adolescente, apenas tuvimos la primer sesión, se sintió presionado y se altero un poco, no es nada de gravedad— El moreno puso su mano sobre la mejilla de Sebastian y sonrió para tranquilizarlo —No fue nada Seb, de verdad te aseguro que para mañana no se verá tan escandaloso como ahora—
Sebastian tomo la mano de Blaine y deposito un suave beso en sus nudillos —Esta bien, te creo; ahora vamos a cenar, muero de hambre—
La cena fue muy agradable, ambos hablaron de sus trabajos y como había transcurrido su semana y luego Sebastian conto algunas anécdotas acerca de sus compañeros en el hospital. Cuando terminaron de cenar Sebastian se dispuso a recoger la mesa y a poner los trastes en el lavavajillas, y Blaine dijo que se sentía cansado y que tomaría una ducha.
El ojiverde lo vio perderse por el pasillo que llevaba hacia su habitación y negó con la cabeza; el moreno había estado muy poco participativo durante la cena y apenas había tocado su comida. Era algo extraño, pero este tipo de episodios eran típicos de su rutina, Blaine siempre tenía la cabeza perdida entre los problemas de sus pacientes; y eso era algo que Sebastian amaba de su novio, su pasión por el bienestar ajeno, la entrega total a su profesión, tanta dedicación; cada uno de sus pacientes recibía el cien por ciento de su atención y el pelinegro movía cielo, mar y tierra para ayudarlos y hacer su vida mejor; Blaine siempre había sido así, noble y cuidadoso. Sin embargo esta noche había sido diferente, Blaine había estado completamente ausente, y la preocupación y la incertidumbre se reflejaban en su rostro.
Cuando Smythe termino de limpiarla cocina decidió que la mejor manera de saber que sucedía con Blaine era preguntarle, se dirigió a su habitación y cuando entro en ella, Blaine estaba sentado en la orilla de la cama con una mano sobre el golpe de su rostro; ni siquiera había tomado su ducha, seguía ahí completamente vestido. Sebastian suspiro y se sentó junto a él y paso su brazo por los hombros del pelinegro, acercándolo a él.
—¿No quieres contarme que más sucede con ese chico?—
Blaine rodeo la cintura de Sebastian con sus brazos y se recargo en el hombro del ojiverde:
—Sabes que no puedo hacerlo, va contra mi ética profesional—
Sebastian soltó una risita y luego continúo:
—Además yo también soy médico, la gente me importa y no andaré divulgando por ahí la vida de tus pacientes; además, tu mejor que nadie sabes que si eso te está preocupando demasiado, lo mejor es que lo hables con alguien, antes de que el panorama empeore—
Blaine se enderezo hasta que pudo ver a Sebastian a los ojos y con una sonrisa irónica dijo:
—¿Estas tratando de usar mis métodos contra mí?—
—No puedes culparme, aprendí del experto— respondió Smythe
Blaine sonrió de lado y volvió a acomodar su cabeza sobre el hombro de su novio; Sebastian tenía razón, tenía que hablar acerca de Kurt con alguien antes de que su cabeza explotara, por supuesto que no iba a decirlo todo; además tal vez hablar con Sebastian le iba ayudar a encontrar las respuestas. Suspiro y comenzó su relato
—Bueno, este chico… Kurt, tiene un problema muy grave; sin embargo no parece querer que lo ayude, no quiere hablar y esta siempre a la defensiva, está furioso y ni siquiera se con certeza si volverá a sesión. Pero de alguna forma se que debo ayudarlo, pero no sé cómo—
Sebastian le dio un beso en la frente a Blaine y luego le respondió:
—Blaine, si el necesita ayuda volverá; tal vez no pronto, pero lo hará; se dará cuenta de que quieres ayudarlo y cuando menos te lo esperes se abrirá a ti. Sé que no es necesario que te diga esto, tu mejor que nadie lo sabe, pero a veces te concentras tanto en ayudar a tus pacientes que pierdes el camino… Por suerte estoy aquí para regresarte el rumbo—
El ojiverde tomo el rostro de Blaine entre sus manos y lo miro fijamente —Por ahora creo que es momento de que te relajes un poco y te concentres solo en ti y en tu pobre novio que extraña tenerte entre sus brazos toda la semana— luego comenzó a dar pequeños besos por todo el rostro de Blaine —No te preocupes por nada, yo me encargare de que te relajes y olvides todo lo que te agobia—
Anderson sonrió y antes de que pudiera decir algo más, los labios de Sebastian se posaron sobre los suyos con un beso ansioso. Blaine correspondió al instante separando sus labios y dando entrada inmediata a la cálida lengua de Sebastian, quien comenzó a empujar lentamente a Blaine para que quedara de espaldas a la cama, inmediatamente el ojiverde se posiciono sobre el moreno y siguió besándolo. Blaine comenzó a pasear sus manos por la espalda de Sebastian, clavando sus uñas intentando ahogar los gemidos que este le provocaba al morder su labio inferior. Se besaron intensamente hasta que la ausencia de aire para respirar se hizo imposible de sobrellevar; ambos se miraron un momento, como tantas veces lo habían hecho, diciendo sin necesidad de palabras cuanto se necesitaban. Sebastian se enderezo solo para deshacerse de su camisa, sus pantalones y su ropa interior hábilmente, luego volvió a atacar el cuello de Blaine con sus labios mientras el moreno jugueteaba con su cabello cobrizo. Blaine se estremeció al sentir la erección de Sebastian rozando la suya, inmediatamente levanto la cadera en un movimiento rápido para aumentar el contacto. Ante esto Sebastian comenzó a desabotonar con rapidez la camisa de Blaine, cuando termino con los botones la deslizo sobre los hombros de Blaine y este termino de quitársela mientras Sebastian iba llenando de besos el camino de piel recién había quedado descubierto, Anderson gimió ante el contacto de los labios húmedos de Sebastian y llevo sus manos al trasero de este, los dedos de Blaine presionaban firmemente la piel de su novio, mientras Smythe seguía concentrado dejando marcas violáceas por todo el pecho descubierto de Blaine y su clavícula. El moreno seguía moviéndose frenéticamente debajo de Sebastian. Ninguno de los dos necesitaba decir nada, se conocían tan bien que sabían que necesitaba cada uno.
Las manos de Sebastian descendieron suavemente por el cuerpo de Blaine, hasta que una de ellas alcanzo la entrepierna del moreno y comenzó a acariciar lentamente su miembro sobre la tela del pantalón de Anderson, el ojimiel gimió con fuerza, arqueando la espalda y tomando el rostro del ojiverde y jalándolo con fuerza para volver a besarlo. Sebastian decidió que ya no debía hacer esperar más a Blaine y comenzó a desabrochar los pantalones del moreno con agilidad; primero se deshizo del cinturón, lanzándolo por los aires, y luego rápidamente abrió el botón y el cierre del ojimiel. Mientras la lengua de Blaine se deslizaba por su paladar, el ojiverde tomo el miembro de Blaine firmemente con su mano y comenzó a masturbarlo con fuerza, Blaine gimió tan fuerte que el sonido retumbo en las paredes de la habitación, ante cada sacudida, el moreno perdía más el control.
—Oh por Dios… Seb… Sebastian; mas rápido por…por favor—
Los gemidos de Blaine y la expresión de su rostro era lo más erótico que Sebastian hubiera presenciado en toda su vida, Blaine tenía los ojos cerrados y se mordía el labio inferior con fuerza, sus uñas se enterraban en su espalda y la sensación de dolor lo hacía perderse más. Un par de gemidos del moreno fueron suficientes para que se corriera sobre su estomago con fuerza, sin embargo no dejo que la fuerza de su orgasmo lo distrajera de su tarea con Blaine, el moreno gritaba más fuerte que antes, dejándole saber a Sebastian que también estaba al borde del éxtasis. Un par de sacudidas firmes y finalmente Blaine se corrió sobre la mano de Sebastian. El moreno soltó un último gemido y su cuerpo se relajo completamente. Smythe rodo para quedar recostado a su lado y luego rodeo la cintura de Blaine con sus brazos, mientras daba pequeños besos sobre sus hombros.
—¿Te sientes mejor ahora?— pregunto el ojiverde susurrando en el odio de Blaine
—Mejor que nunca— respondió le moreno, con la respiración entrecortada.
Sebastian sonrió y comenzó a dejarse vencer por el cansancio. Blaine se acomodo sobre su pecho y cerró los ojos, más tranquilo. Por ahora Kurt ya no ocupaba más sus pensamientos.
