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La musa, el padre y el iluso
(Editado) Ha vuelto este fic con otro capítulo. La dinámica de la historia planea ser así: los capítulos impares transcurren en el "presente", y los capítulos pares cuentan lo que ocurrió 23 años antes. Así que este capítulo es un salto hacia el pasado. Y parafraseando el capítulo anterior, está situado cuando Hikari dejó a Takeru, Mimí salía con Koushiro y Takeru era periodista (y no hay hijos de por medio) — Aclaración editada para asegurar un mejor entendimiento del capítulo.
Disclaimer: Digimon no es mío.
Capítulo 2
Los disfuncionales.
—No —la respuesta de Takeru fue indebidamente cortante.
Ya había demostrado sus capacidades con anterioridad, se había ganado el derecho a escribir una buena historia ¿por qué seguían ordenándole ese tipo de banalidades?
—No tienes injerencia en esto.
Apretó los puños con fuerza pero no le quedó más que asentir ante su jefe y disculparse por cuestionar su autoridad… otra vez. Siempre olvidaba que las excusas carecen de validez cuando el orden jerárquico prima sobre la razón.
Cosas que ocurren en la Tokio tradicionalista.
Le aseguró una genial entrevista intentando creer sus palabras esta vez, pero apenas salió del despacho, volvió a su cubículo dando grandes zancadas y se desplomó en su silla giratoria con más fuerza de la usual.
Era evidente su mal humor.
—Qué pasa ¿problemas con el jefe? —la mujer del aseo siempre ha sido una cotilla.
A regañadientes, Takeru encendió el ordenador, sacó el bolígrafo de su bolsillo y lo hizo girar entre sus dedos antes de ponerse a trabajar.
Lo del lápiz era un mero capricho, le gustaba colocárselo en la parte de atrás de la oreja como hacen los albañiles. Decía que sólo así le llegaban las buenas ideas: el lápiz canalizaba la inspiración cósmica y mediante finos impulsos eléctricos conducidos desde el temporal hasta las falanges, las ideas se traducían en prosas largas que se plasmaban sobre el teclado del ordenador.
El bolígrafo detrás de la oreja le permitía pensar y ver las cosas con claridad.
Si hubiese adquirido ese hábito antes… tanta mala ideas con resultados catastróficos. Pero era sólo especulación, lo único indiscutible es que lo hecho, pues hecho está: ya no tenía caso seguir lamentándose ¿entonces por qué le encantaba? El gusto de lo triste dicen algunos, él no creía que lo suyo fuese por ese camino.
Resopló y maldijo. Luego se concentró en el presente.
Si quería escalar en este rubro, tenía que ser profesional. Le pidió a la secretaria que habilitara la línea telefónica, los dedos conocían muy bien la ruta. Se acomodó el auricular en el hombro y esperó.
—Tengo que hacerte una entrevista —no necesitaba presentación —entiendo si dices que no.
Esperaba que dijese que no.
—¿Ta-ta-takeru? Eh...
Otra mentira, realmente no podía permitirse una negativa.
—Puedo pasar mañana por la mañana ¿a qué hora grabas?
—Yo… De diez a doce, estoy ocupada antes de las diez.
—Correcto —Y colgó.
Al otro lado de la línea, y sin entender del todo qué había ocurrido, Mimí Tachikawa depositó una mano en su mejilla y su boca se entreabrió ligeramente.
Desconcertada y con remordimientos, al parecer eso significaba que había aceptado, lo cual no era bueno… ¿entonces era malo? Le aterraba una respuesta afirmativa. Miró la pantalla de su celular y ahora a ella le tocó hacer una llamada exprés.
―¿Y si nos vemos esta noche? ―tampoco necesitaba presentarse, de pronto se sentía muy nerviosa.
―¿Paso por ti o nos vemos allí? ―Eso significaba que sí: Koushiro jamás la decepcionaba.
Y en ese mismo momento, tres personas sonreían con satisfacción.
Pero ese fue el inicio de algo nuevo… algo distinto.
*.*
Mimí salió del loft que arrendaba calzando sus botines de charol. Le gustaban aquellos zapatos no sólo por sus motivos pintorescos o su comodidad (y sólo Dios sabe el placer que le causaba vestir con ellos), que también. No, la verdad era otra y le gustaba pensar en ella porque la hacían sentirse una mujer altruista: tenían poco taco, y mientras mayor la diferencia de altura con Koushiro más confiado se sentía este.
Los hombres no están al tanto de la clase de sacrificios que hacen las mujeres por ellos.
Se preguntaba si Koushiro se daba cuenta de aquellas cosas. Tal vez no, ellos eran una pareja disfuncional, sólo que no podían aceptarlo.
Lo vio apoyado en la pared del restaurante con el abrigo negro que tanto insistió que se comprara. Con la atención fija en su BlackBerry, se trataba de un hombre ocupado. Ambos lo eran, intentaban dejar sus agendas libres durante la noche, era el único tiempo que tenían para ellos.
Fugaces noches… el sol siempre se levanta antes de lo esperado.
Se apoyó a su lado y esperó a que Koushiro se diese cuenta de su presencia, el perfume siempre la delataba.
—Cinco minutos más y no me habrías encontrado —murmuró sin apartar la vista del móvil. Mimí odiaba no saber si Koushiro estaba enfadado o no.
—Tráfico —la excusa de siempre.
Koushiro levantó la mirada y movió la cabeza de un lado a otro en señal de reprobación, pero decidió no insistir, se veían tan poco que ninguno tenía ganas de discutir. No, en lugar de ello, le ofreció un brazo tal como debe de hacer un caballero. Decidieron saltarse la cena y caminar.
―Te oías preocupada ―le dijo Koushiro después de un rato ―¿Todo bien en el trabajo?
Se refería a la llamada telefónica.
―Sí, todo bien.
Pero se asió con fuerza al brazo de Koushiro. Él detuvo su andar y levantó con el índice el mentó de la muchacha para verla a los ojos. A la luz blanca de los faroles se veía mucho más incorpórea de lo que solía ser, y le habría encantado estrecharla contra las frías murallas del callejón más cercano, tal vez besarla y desnudarla… a veces le era difícil pensar estando cerca de ella.
Suponía que ya habría tiempo para ese tipo de cosas.
Ahora sólo quería verla sonreír.
―A estas alturas no deberíamos mentirnos.
Mimí también lo creía.
―Takeru me llamó esta mañana ―Koushiro se quedó callado ―dice que tiene que hacerme una entrevista.
Y recalcó el "tiene" porque le molestaba que se pusiera en contacto sólo porque estaba obligado a ello.
―No es tan raro ―A Mimí le sorprendió su respuesta ―tú eres una celebridad, él es un periodista… los periodistas entrevistan a los famosos.
―Eso ya lo sé, no soy tan tonta ―se cruzó de brazos y continuó caminando. El otro apresuró sus pasos para alcanzarle.
―No entiendo por qué te preocupa. Es ilógico que te sientas culpable.
Por su respuesta, Mimí comprendió que Koushiro entendía el motivo de su disgusto. Takeru engañó a Hikari. No se puede estar de lado de quien engaña a tu amiga, no era correcto aceptar su entrevista, no le debía favor alguno.
Y por su tono, supuso que volverían a discutir. Se trataba de un tema polémico, y ella no entendía por qué si la respuesta era clarísima.
―¿Vas a empezar?
Claro que iba a empezar. Siempre fue muy testarudo cuando creía que tenía la razón.
―No sabemos su versión de los hechos.
―¡Le confesó a Hikari que la había engañado! No entiendo qué más quieres.
―Tal vez tiene una buena excusa. La carne… es débil. Tienes que reconocer que fue valiente…
―¡El amor es incondicional! ―le interrumpió, no le interesaba saber cómo terminaría la frase ―Y no me salgas con tus lógicas explicaciones científicas sobre amor e impulsos biológicos. No me amargues el único rato que tenemos juntos ¿te cuesta tanto darme la razón alguna vez?
Él no quiso decirle que las cosas solían ser al revés, creía saber el verdadero disgusto de Mimí detrás de todo aquel asunto.
Cometió el error de decirle que el amor no era más que el producto de una serie de reacciones químico-eléctricas, para Mimí eso fue como haberle dicho que no creía en el amor.
Entonces ¿qué había entre ellos? A veces ella sentía que el afecto no era recíproco, y si justificaba a Takeru, podría ser que…
―Sabes que te quiero ¿no? ―Ya no sabía como convencerla.
Ella sonrió, a veces tenían que recordárselo. Y si bien ese día no pasaron a ningún callejón, durmieron abrazados en un sillón.
*.*
A Takeru le habían recomendado pasar por la panadería francesa que quedaba de camino al estudio de televisión. Decían que allí vendían el mejor pan que se podía encontrar en toda la ciudad, pero él hace mucho que había descartado eso de ver para creer, o en este caso, comer para creer.
Mucho había sufrido con el empirismo.
El nombre de Mimí aparecía grabado en una estrella metálica, de seguro había sido idea de ella. Ese tenía que ser su camerino.
—La chica de las mil estrellas —murmuró, antes de llamar a la puerta, aquel podría ser un buen titular.
Golpeó la puerta tres veces. Seguía pensando que era una mala idea.
—Pasa.
Tragó saliva y abrió, prefirió quedarse en el umbral. Mimí estaba sentada frente a un gran espejo con bombillos a su alrededor mientras se pintaba los labios de color coral. La joven ahogó el grito cuando notó quién se reflejaba tras ella.
—¡Takeru! N-No te esperaba tan temprano —la había tomado por sorpresa, se levantó de la silla con brusquedad— En diez minutos es la grabación, te dije estaba libre después.
—Lo sé —abrió el maletín y sacó una hoja de su interior —sólo vine a dejarte la lista de preguntas, tú respóndelas cuando puedas. Yo me pondré en contacto con tu agente para coordinar la sesión de fotos y el pago.
Le tendió la hoja pero Mimí no se la recibió. Incrédula. El joven notó su resentimiento manifiesto en su mirada ofendida y le dolió aquella actitud. Pero lo mejor sería ser cortante y distante, no quería volver a mezclarse con su pasado.
Dejó el papel sobre el tocador.
—Te ves bien —se despidió él y se fue por donde entró.
Porque sabía que se merecía al menos una palabra bonita. Después de todo le estaba haciendo un favor.
Mimí enrojeció, la sien le palpitó.
—¡Takeru, espera! —oyó que lo llamaban. Mimí sacaba la cabeza de su camerino y le apuntó amenazante —Tú… tú…
Quería gritarle, decirle la mala persona que había sido ¡increíble! Era como si hubiese olvidado su pasado. Pero entonces… no entendía su mirada triste, ni esa mueca decepcionada.
No logró decirle lo que pensaba. Tal vez se arrepintió de hacerlo.
—Ya —respondió él y se fue de forma definitiva.
Mimí se desplomó sobre la silla y tomó la hoja de papel. Preguntas sin sentido ¡qué era eso de preguntarle la edad! ¿acaso ya se había olvidado? Que frío… Se sintió ignorada, la gente solía prestarle atención, todos querían compartir tiempo con ella.
Su cumplido no era suficiente. Todos le decían lo bien que se veía, eso no tenía nada de extraordinario.
Odió a Takeru. No permitiría que nadie, menos él, le hicieran sentir mala persona. Le daría el peor material para una entrevista, a ver qué le parecía aquellos.
Los ojos los tenía vidriosos… ya le habían arruinado la grabación.
Hasta los hombres de letras son poco comprensivos. Creyó que Takeru se comportaría distinto… considerando todo el daño que ya había hecho, esperaba una actitud menos arrogante, intentando captar simpatía, y ella se la habría dado.
―¿De verdad se la habrías dado? ―Le preguntó Koushiro horas más tarde.
Tal vez no, pero eso tampoco iba a reconocérselo a él. Y aunque discutieron nuevamente, el piso se cubrió de prendas con rapidez. Cosas comunes entre los disfuncionales.
*.*
NOTAS DE LA AUTORA
Holas! Gracias por leer. La verdad es que me divierte escribir esta historia. Ok aún no aparece Takimishiro, necesito explicar bien el contexto de todo este embrollo. Dije que era una historia sencilla, básicamente por lo predecible que es. Pero aun así, espero les haya gustado, sobre todo a ti, Hikari Blossom.
Se despide Japiera. Adieu.
