Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes nos pertenencen, sólo este fic.
Cuidado con lo que deseas
Un fic de Mutty y Apolonia
Vegeta seguía llorando de la frustración, el nuevo guerrero miraba la escena entre divertido y apenado, mirando al orgulloso Saiyajin arrodillarse en el suelo, mientras sus lágrimas caían sin poder detenerse. Gotenks dio un paso al frente pero la inquietante frustración del hombre que, cuando Gotenks no existía, era su padre y su tío adoptivo, lo hizo reflexionar sobre su acción, y decidió despegar, y partir rumbo hacia la casa de Goku, todavía se había quedado con ganas de seguir luchando un rato, y además tenía que dejar al príncipe reflexionar sobre aquello que tanto le perturbaba la mente.
Vegeta seguía sumergido en sus propios pensamientos de martirio, arrancando parte de la roca del suelo mientras cerraba sus manos. Dejó de gritar, pero sus lágrimas seguían cayendo al suelo, mojando sus puños, sintiéndose impotente.
Y fue ahí que sintió la presencia de nuevo, fue ahí que sintió a una persona, de muy pequeño tamaño, flotando junto a él, mirando su desdicha, observándolo en su humillación. Por suerte su enemigo se había ido, a pesar de haberse fusionado, esos muchachos habían aprendido algo de discreción.
Vegeta cerró aún más fuerte sus ojos, y se sentó de la misma manera que lo hace un oriental a la hora de comer frente a la mesa, mientras seguía sintiendo esa molesta presencia que tanto lo enfurecía.
Giró su cabeza, abrió despaciosamente sus ojos y miró fijamente a la mujercita que estaba flotando, ahora visible, junto a su hombro. No medía más de treinta centímetros de largo, vestía un atuendo que parecía sacado de un baúl de ropa de teatro que ya no se usaba, de color violeta, tenía el pelo color chocolate, ojos grandes y vistozos combinando con el color de su vestido, un color de piel pálido, y una leve sonrisa en el rostro.
"¿Quién demonios eres?" Preguntó simplemente el príncipe.
"Mi nombre es Aminessa." Dijo dando una tierna sonrisa en dirección al rostro del Saiyajin.
"¿Qué demonios hace persiguiéndome, insecto?" Respondió preguntando el orgulloso guerrero, en un tono que denotaba el gran disgusto al respecto de la intromisión.
La mujercita cambió su actitud ante su grosera respuesta, y decidió que era el momento que había esperado para darle al orgulloso príncipe su lección.
"Vine aquí para hacerte entender un par de cosas, príncipe." Dijo, haciendo brillar un aura celeste alrededor de ambos, desconcertando a Vegeta, transportándolos a un lugar completamente carente de paisajes, completamente carente de colores, completamente vacío.
Todos estaban reunidos esperando al siempre héroe aparecer. Ya habían pasado cinco años de no reunirse, y ese día finalmente iba a ser el tan esperando reencuentro.
Bulma y Lunch eran las encargadas de preparar toda la comida, si Goku venía, eso quería decir que iban a necesitar camionadas de comida, iban a tener que trabajar muchas horas. Era sabido que Goku entrenaba demasiado, pero nadie entendía como le entraba tanta comida en el cuerpo, y como parecía no crecer al ritmo de los demás.
A Bulma siempre le llamó la atención su desaforada manera de comer, y mediante los años pasaban, cómo su cuerpo crecía tan despacio. "Quizá algún día investigue sus genes." pensó la peliazul. "Tal vez tenga algo que ver con su cola." Reafirmó la joven, mientras seguía preparando el suculento almuerzo.
"¿Qué se supone que eres?" Inquirió ofuscado el Saiyajin.
"Un hada, y vengo a traerte al mundo que deseaste." Sonrió victoriosa la jovencita.
"¿Qué demonios es esto, hada idiota?" Preguntó furioso el Príncipe, mirando a la escena de su mujer, con algunos años menos, en Kame House, preparando un almuerzo.
"Lo que tú deseaste Vegeta, un mundo donde Bulma no te conozca; un mundo sin ella contigo y sin ti con ella." Respondió sencillamente el hada, también contemplando la escena.
"Deja de decir idioteces." Espetó indignado. Giró su cabeza hacia donde se encontraba su mujer y gritó. "Mujer, basta de idioteces y vámonos de aquí."
Bulma seguía cocinando sin inmutarse en lo más mínimo. "¿Qué demonios?" dijo el Príncipe para sí. "Ya basta de juegos, mujer, deja de lado los berrinches y vámonos, ¡YA!"
El hada ahora flotaba junto a Vegeta, con los brazos y piernas cruzadas, mirando la escena un tanto triste y divertida a la vez.
"Vegeta, ¿has escuchado alguna vez sobre los tres fantasmas de la Navidad?" Preguntó al pasar la mujercita.
Vegeta se volteó a mirar a su indeseada compañera y respondió mirándola amenazadoramente. "No, y no me interesa escuchar estúpidas historias." Dejó de mirarla y volvió a su antiguo objetivo. "Mujer, basta de idioteces, ¡vámonos!"
"No te escucha." comentó el hada con sencillez. Vegeta se volteó de cuerpo entero, incrédulo, y miró al hada como esperando que repitiera lo que acababa de decir.
"No te escucha Vegeta, tu no existes en este mundo, como tando lo deseaste, ella no puede verte ni oirte, no puede sentirte; ella no sabe que estás aquí, porque no es tu cuerpo quien presencia todo esto, sino tu mente." Vegeta estaba haciendo un infinito esfuerzo por mantenerse calmo, pero no lo estaba consiguiendo.
"Al igual que en los tres fantasmas de la Navidad." Volvió a comentar el hada.
"¿Qué son esos tres fantasmas?" Preguntó el Príncipe observando a su mujer ocultando su melancolía, y tratando de calmar su creciente ira.
"Es una leyenda navideña, donde se le enseña a una persona tres cosas diferentes. Cada fantasma representa un tiempo;" el hada dejó de mirar la escena y miró de lleno a su compañero. "Cada fantasma le muestra a esta persona en cuestión su presente, su pasado y su futuro; pero hay una diferencia aquí, Vegeta." El Príncipe frunció el ceño. "Los fantasmas de la Navidad te devuelven a tu mundo para que después de aprender tu lección remedies tus errores." Hizo una pequeña pausa. "Tú no tienes lección que aprender aquí, y no podrás volver a tu mundo." Dijo, tratando de ocultar la realidad entre risitas.
"¿QUÉ QUE?" Gritó furioso el Príncipe, tomando al hada con la mano listo para asesinarla. "¡Escúchame bien criatura endemoniada, tú me devuelves a mi mundo, y yo te dejo con vida; no tienes mucho que pensar, así que ¡HAZLO YA!"
El rostro del hada se comenzaba a tornar violáceo mientras el Príncipe afianzaba su agarre.
"Es... cuch... a Veg... et... a." Dijo entre alientos el hada, mientras el Príncipe la liberaba para que pudiera hablar. El hada tosió un rato y luego continuó. "Mira Vegeta, primero no vuelvas a hacer eso, porque la única que puede devolverte a tu mundo soy yo, así que no puedes matarme por eso; y segundo, volverás, pero sólo cuando aprendas tu lección Vegeta." Vegeta comenzó a enfurecerse entonces.
"¡Me mentiste!" Dijo ardiendo de rabia.
"Bueno, sí y no. Ya cálmate de una vez Vegeta, que mal carácter que tienes." El hada comenzó a revolotear alrededor de su compañero.
"Digamos que sólo dije la verdad a medias. Volverás, sí, si aprendes tu lección; pero conociéndote dudo que ese momento llegue." Dijo reflexiva.
"Sólo entraré en tu estúpido juego porque quiero volver, pero quiero que sepas, que cuando esté de regreso en MI mundo, eres hada muerta, ¿entendido?" Dijo pausadamente el hombre de cabello azabache.
"Ssí." Respondió temerosa la mujercita.
"¡Ahhh! ¿Qué diabos es ese ruido?" Gritó la peliazul arrojando una gran bandeja llena de comida, que afortunadamente fue atrapada por Yamcha.
"Siempre la misma torpeza, nunca cambiarás mujer." Pensó el Príncipe, ya resignado a no ser más que un simple espectador, mirando con desgano el nuevo destino que recibiría su mujer.
"Ten cuidado Bulma, no vaya a ser que te lastimes." Dijo el muchacho, preocupado por su novia.
"Maldita sabandija." Volvió a pensar el Príncipe.
"Ya llegaron; ¡ya llegaron!" Gritó emocionado Puar al mirar por la ventana; haciendo que todos salieran a recibir a su amigo.
"¿A quién mierda esperarán?" reflexionó Vegeta mirando también hacia la ventana. No pasaron dos segundos que su rostro demostró que había reconocido al invitado. Su asco denotaba todo.
"Kakarotto."Gritó furioso, observando a su némesis llegar, junto a la harpía de su esposa, quien sostenía en brazos al llorón de su hijo.
"¿Qué tal muchachos? ¡Tanto tiempo!" Saludó el joven, bajándose de la nube voladora, ayudando a su mujer y a su hijo a bajar también. Manteniendo siempre esa eterna sonrisa que tanto lo caracteriza. "¿Cómo han estado?" preguntó aún sonriendo, con la mano detrás de su cabeza.
Los demás miraban entre increíblemente alegres y sorprendidos.
"¡Goku! ¡Milk!" Saludaban los presentes. "¡Era hora que nos visitaran!"
Vegeta seguía inmerso en su furia y su no entendimiento. Habían cosas de este lugar que lo desconcertaban, más allá, claro está, que su mujer no podía verlo ni sentirlo ni escucharlo. Todos eran más jóvenes, incluso Kakarotto se veía casi como cuando el llegó a la Tierra, y su ki se sentía casi insignificante.
"¿No reconoces el tiempo?" Preguntó Aminessa.
"No." Respondió Vegeta sin mirarla. "¿Dónde mierda estamos?"
"Es antes que llegara Radditz." Dijo ella simplemente.
Todos salieron a saludar a su gran amigo Goku, el héroe que los había salvado ya más de una vez, y a su joven esposa, Milk.
"¿Qué traes ahí?" Preguntó curioso el Maestro Roshi, señalando detrás de Goku.
"Vamos Gohan, saluda a los muchachos." Dijo tiernamente Milk mientras Goku los miraba sonriendo.
"¿Gohan?" Repitieron varios al mismo tiempo.
Cuando un pequeño niño asomó su tímido rostro desde los brazos de su madre, y saltó hacia los de su padre para conocer a los amigos del que sus padres siempre hablaban.
"Buenos días." Dijo ruborizándose el pequeñito mientras saludaba a todos agachando levemente la cabeza.
"¿Go.. Goku... él es... tu?" Tartamudeó Bulma, sin poder creer la gran alegría que estaba presenciando.
"Si." Respondió rápidamente Goku, sorprendiendo a muchos que había entendido la pregunta antes de ser formulada por completo. "Es nuestro hijo, su nombre es Gohan."
"¡Pero miren que hermoso es! Es un mini Goku." Dijo Puar acercándose al niño, que le sonreía tímidamente.
"¡Y hasta tiene colita!" Comentó Oolong sonriendo también.
"Son Gohan. Me da gusto que respetes tanto a la figura de tu abuelo, muchacho." Dijo sabiamente el Maestro Roshi, mientras los hacía entrar a la casa para poder probar el almuerzo que su invitado mayor ansiaba tan desesperadamente.
Bulma y Lunch entraron rápidamente, seguidas por Oolong y Puar, pero los demás se quedaron petrificados por un instante, no eran capaces de moverse, algo estaba mal, muy mal.
"¿Qué... qué es eso?" Preguntó aterrorizado Krillin, alzando su vista hacia el cielo.
"No lo sé, pero se aproxima demasiado rápido." Respondió Goku.
"Es un ki demasiado maligno, nunca sentí algo tan poderoso en mi vida." Dijo el Maestro Roshi, recordando todos sus años de experiencia en los combates.
'Ilusos', pensó el Príncipe observando la escena. 'Es solo Radditz'.
El sujeto aterrizo en la playa, siendo observado por todos los presentes
"¿Qué significa este olor a muerte?" el Maestro Roshi no comprendía, pero logro ver algo que si le ayudo a entender.
"¡Kakarotto te reconocí de inmediato, te pareces mucho a nuestro padre!"
"¿Kakarotto...?" Goku no lograba comprender.
"¿Quién eres tu y porque llamas de esa manera a Goku?" gritó Krillin sin aparente razón.
"¡Kakarotto porque los humanos siguen con vida, tu mision aquí era la completa eliminacion!" Raditz estaba furioso.
"¿Qué quieres decir con eso? ¿Quién rayos eres?"
"Goku ten cuidado ese sujeto tiene una cola." el Maestro Roshi dijo lo que anteriormente observó, una cola... eso quiere decir que el...
"Kakarotto veo que te has olvidado de quien eres, ¿acaso te golpeaste la cabeza? Un momento, ¿dónde esta tu cola?"
"¿Mi cola?, me la quitaron hace tiempo, ¿quién eres?"
"Goku hay algo que tengo que decirte, tu abuelo me comentó que hace mucho tiempo
en las montañas encontró una extraña nave, en esa nave había un pequeño bebé, tu abuelo intentó cuidarlo y criarlo, pero este siempre respondía de una manera agresiva, hasta que un día, mientras caminaban por el valle este se cayó, el niño sobrevivió al golpe y desde entonces su manera de actuar fue diferente, se convirtio en un niño muy bueno... ese bebé eres tu Goku" el Maestro Roshi observo a su pupilo con un deje de tristeza.
"Ya comprendo Kakarotto, por eso olvidaste tu misión, pero eso ya no importa, es ahora cuando puedes redimirte, mata a todos los humanos de la tierra y te concedere el perdón, asi podrás volver con nosotros."
"Pero antes te diré quien soy, soy un Saiyajin y mi nombre es Radditz soy tu hermano."
Al decir esto todos los presentes ahogaron un grito.
N/A: Mil gracias por sus reviews! Nunca creí que tuviera alguno, y más gracias a Apolonia que prácticamente escribio ella mucho de este cap. Esperemos que les guste y sigan dejando sus reviews. Sean críticas, piedras, tomates o alguna otra cosa... .
