Segunda entrega. ¡Espero que les guste!.

Así sucedió.

-¿Qué mejor castigo que pase toda la eternidad siendo esclava de un Inu youkai?.

Razonamiento aceptable. Pregunta formulada con mucha lógica. Un castigo ejemplar para un neko youkai debía ser tener que estar bajo el yugo, pie, orden de un Inuyoukai. La historia comprobaba que la paz entre esas especies era posible, pero frágil. Los inus respetaban el honor, los gatos respetaban el poderío. En algún punto aquellos tratados de paz y de alianza colapsaban por su mismo peso. Era posible la paz entre un inu y un neko. Era imposible la paz entre las dos razas. El prejuicio era demasiado fuerte. Tal y como aceptar a los hanyou o como aceptar a un humano como igual. Débil. Por ende, y con el paso del tiempo y las guerras, ambas naciones no se tenían ni un poco de amistad. Los nekos ni siquiera se atrevían a acercarse a territorios considerados 'caninos', entre inus, kitsunes y lobos. Si eso, el orgullo prevalecía e intentaban demostrar que no eran menos la una de la otra. Así que la esclavitud como castigo era más que lógico. La pérdida del orgullo adquirido tras años de independencia de la alianza con los inus, la falta de aceptación por su nación de ver a un neko como esclavo, la humillación racial, el mal concepto. Todo era un sortilegio perverso con el objeto de proveer a un neko-youkai de la noción de que sus acciones tendrían esta consecuencia. Perfecto. El condimento de la palabra 'eternidad' terminaba por darle un final con sabor a derrota muy picante. Le daba a la palabra castigo, permanencia indefinida.

Ahora, si todo estaba tan claro y perfecto. ¿Qué hacía él allí?. No tenía nada que ver con esto. La neko youkai había traspasado límites con tierras circundantes a su territorio. Había alborotado un asentamiento de kitsunes, había matado a unos cuantos aprendices de aquella ridícula institución donde los kitsunes practicaban el arte del engaño. Había sido llamado por un par de seres de esta raza y el lord se había encontrado en medio de un consejo dónde estaban los representantes de las restantes razas de las zonas circundantes dónde la habían atrapado. Un consejo, por un único individuo, era estúpido. De haber sido sus tierras, este ser estaría condenado a una muerte rápida y silenciosa, sin derecho a réplica. Pero los kitsunes estaban preocupados en que un tumulto similar ocurriese en el futuro, por lo que esperaban decidir un castigo lo suficientemente duro como para que ningún otro neko pensara en repetir la hazaña. Lo cual, al ojidorado le parecía más que inútil. Como caso aislado, no merecía tanta consideración. A su alrededor abundaban los siseos enfadados y muchos castigos habían sido objetados. Éste último les pareció, por unanimidad, el más pintoresco y atractivo. Sesshoumaru dudaba de su efectividad política. Si eso, no hacían más que provocar conflicto y represalias si es que este neko tenía familia.

No la habían interrogado. No le habían preguntado quién era, ni su pasado. La habían amarrado fuertemente con cadenas de manufactura yokai, que drenaban su youki. Sesshoumaru se impacientaba. Lejos de votar, y permaneciendo en silencio, observaba a aquel ser que se mantenía en silencio y con los ojos fijos en los presentes. En una arboleda cerca de una montaña, los quince o veinte youkais reunidos formaban un círculo espeso a su alrededor. Tanta puya por un ser insignificante le parecía un desperdicio. No lo valía. No se veía fuerte. Era una hembra bastante delgada, algo superior que el resto de su especie, puesto que no tenía cola ni orejas. Por lo demás, con su yuki disminuído y la suciedad que la cubría, era sin duda inofensiva. Lo mismo podía ser una convicta de su propia tierra y estaban alojando a un prisionero. Pero Sesshoumaru se mantenía al márgen. Sólo se quedaba para que no mencionaran a su territorio. No le importaba si la mataban, si la vendían, o si la empalaban en lo alto de la montaña. Ella había trasgredido, el castigo sería inminente.

-Sesshoumaru-sama -Dijo un oso youkai, colado allí a saber por qué. Y a saber por qué le habían dado voz y voto en aquella reunión. O por qué votaron por su idea de esclavitud. Entonces se percató de que no había ningún lobo allí. Acaso porque el territorio en el que estaban no lindaba con el de los lobos y sí con las cavernas de los osos. En tal caso ¿Qué hacía Sesshoumaru allí? si su territorio estaba aún más lejos que de los lobos. -en reconocimiento por la batalla que su padre y usted, y posteriormente usted, libró con los nekos, desterrándolos de nuestras tierras. ¿No sería mejor que usted tuviera el control de este individuo?.

Ah. Así era como había sucedido. El gran youkai, herededo de las tierras de Inu-no-Taishô, del oeste. Inu que ostentaba el título de invencible y la mención de su nombre causaba reverencia, tal y como su presencia infundía temor en sus enemigos y sus no tan enemigos. Observó al círculo de individuos que le regresaban la mirada. Les odiaba a cada uno de ellos en esos segundos. Por haberle llamado en algo que le daba más que igual. En una disputa territorial que apenas sí le concernía. Reconsideró la sucia figura encadenada de neko, con aquellos grandes ojos fijos en él. Su piel cruzada con algunos moretones y sus brazos raspados, con algún corte en su blanquecina tez. Sesshoumaru-sama dio por sentado de que le habían llamado para esto y no porque le afectara territorialmente en lo más mínimo. Incapaces. Estaba rodeado de imbéciles que no tenían las agallas suficientes para lidiar ellos solos con un prisionero. Era patético. Su humor se oscureció más de lo que ya estaba.

-Mi territorio no ha sido afectado. Mi intervención es innecesaria. -Replicó, las primeras palabras que salían de sus labios en aquella cansina jornada.

-Pero, Sesshoumaru-sama... -Dijo un kitsune. -Usted es el más fuerte de todos nosotros, podrá sin duda mantener bajo control a esta hembra desquiciada. Verá, cuando la atrapamos, estaba tan rabiosa que hirió de mucha gravedad a nuestros hombres.

-Quienes han decidido el castigo, son quienes deben hacerse responsables. -Replicó con cautela, la suavidad de su voz haciendo notar que no le placía en lo absoluto que intentaran hacerle cambiar de parecer. -No es de mi interés poseer un esclavo.

-Sesshoumaru-sama. -un youkai se postró ante él, haciendo una reverencia. -si la matamos podrían llegar más. Le pido por favor que nos deje investigar qué es lo que pretenden los nekos. Enviaré una partida a sus tierras en calidad de espías, para verificar la situación. Le ruego que mantenga a esta de esclava hasta que sepamos la situación general. Si es una fugitiva sin importancia, seré el primero en desenvainar la espada y retirar esa molestia de este mundo. -rogó el kitsune. -En cambio, si es un plan con un sentido oculto, podemos utilizarla a nuestro favor. No sabemos quién es y por mucho que la hemos golpeado no ha soltado palabra de por qué ha echo lo que hizo.

Así que, los golpes no eran por la pelea. Era una golpiza reciente para hacerla hablar. El lord estaba por demás, asqueado de tanta estupidez. No era esa la forma de hacer hablar a otro youkai, y la violencia innecesaria le parecía estúpida. Si debía morir, que fuese al instante. Sino, no valía la pena derrochar energía. En cuanto a un plan oculto, el lord lo dudaba. Pero si tenía que conceder algo, la idea de una de estas criaturas armando jaleo porque sí no era muy lógica. O era una imbécil, o había algo tramado. Sesshoumaru-sama no era de los que se retractaban al tomar una decisión, así que lo meditó unos segundos. Finalmente, llegó a una conclusión. El público estaba en silencio al momento en que habló.

-Si en un mes no averiguas nada, habrá muerto. Sea de importancia vital o no. -Concedió el Lord Youkai, para relax de los presentes.

Caminó hacia la neko y con sus garras deshizo fácilmente aquellas cadenas forjadas. La neko había cerrado los ojos, temblando al sentir el látigo de veneno sobre los eslabones. Al abrir sus ojos, levantó la mirada hacia el youkai. Se quedó inmóvil por unos segundos, en silencio. Por unos instantes las pupilas de ambos conectaron, midiéndose. El youki de la criatura, ahora que no poseía sus cadenas, se incrementó lo suficiente como para que muchos allí se pusieran en guardia. Pero no Sesshoumaru-sama. El lord, que tenía la habilidad de esconder su fuerza demoníaca, dejó que su aura se hiciera presente. Si los presentes se pusieron en guardia, sentir la espectacular descarga de youki de Sesshoumaru les hizo temblar por dentro. Ella, la hembra de neko, se dio cuenta.

Pero intentó escapar de todos modos. Fue en un segundo. Sus piernas la impulsaron hacia un lado y comenzó a correr con toda la fuerza que poseía su delgado y apaleado cuerpo. El brillo salvaje de sus ojos se dirigió al bosque, saltando y sobrepasando a los kitsunes y osos que intentaron detenerla. Pero no pudo ir más lejos. Un golpe, en un costado de su cuerpo, la envió volando lateralmente hasta chocar contra un árbol. El tronco se partió al medio para detener su trayectoria. Ella no supo de dónde vino, pero entonces un peso en su espalda le impidió levantarse para ver a su alrededor.

-Patética. -La fría voz sobre ella, erizó su piel. Sus pupilas se fijaron hacia arriba, para encontrar la atemorizante figura del lord youkai.

Así había sucedido. Así había sentado el precedente de poderío por sobre ella. Así había terminado con una neko youkai como esclava. El lord de las tierras del oeste no pretendía inmiscuirse en este asunto. Pero para un inu, lo más importantes es el orgullo y ahora mismo su orgullo no aceptaba ser avasallado por una criatura menor, por una escoria de la naturaleza. Por una neko youkai. Aquella hembra se puso en pie y caminó sumisamente tras él, sin saludar ni avisar a los youkais de aquel consejo. En el camino, intentó la misma imbecilidad dos veces más. Sesshoumaru-sama no podía esperar a que se cumpliera un mes. Para terminar con aquella vida a la que le había puesto un límite. Debió decir una semana, o un día. O unos instantes. Pero como era inu de ley, debía cumplir con lo previsto. No se consideraba menor en fuerza ni en habilidad. Pero atrapar a ese ser cada vez que intentaba algo estúpido se volvía cansino.

Y sólo había sido el primer día.