Capítulo 2

Inuyasha había tomado un taxi. Estaba hundido nuevamente en sus pensamientos. La tristeza lo envolvía nuevamente acompañado del dolor y la furia que sentía. ¿Cómo pudo ser capaz esa desgraciada de traicionarlo? ¿Acaso no le basto el amor que él le entregaba? Su cabeza daba vueltas y vueltas con esas preguntas. Pero lo más importante ¿Qué le diría cuando la viera?

-Señor…- Hablo el taxista quedándose frente a la empresa de perfumería Shikon.

-Gracias…- Sonrió débilmente mientras le extendía dinero –Quédese con el cambio- Hablo mientras salía del coche.

Inuyasha entro al ascensor y subió hasta la planta 18 donde se encontraba su oficina. Al abrirse las puertas del ascensor algunos de sus empleados lo saludaron amablemente, este solo asentía el saludo. Camino hasta la recepción que quedaba frente al ascensor. – ¡Buenos días Sango!- Saludo amablemente

-¡Buenos días Señor Taisho! Su mujer ha estado llamando, preguntando por usted- Hablo Sango amablemente. Eso fue como una punzada en el corazón para él.

-Yo…- Hablo Inuyasha poniéndose pálido ante lo que le había dicho Sango.

-Señor, ¿se encuentra bien?- Hablo Sango preocupada al verlo tan mal. – ¿Necesita agua?-

-Estoy bien. Por favor lléveme en cuanto pueda una botella de wiski - Hablo débilmente dirigiéndose a su gran oficina.

-¡Aome!- Llamo Sango a Aome quien venía hacia ella tomando una taza de café. –Apresúrate. El señor Taisho está aquí-

-Sí, le llevare una taza de café- Hablo apresuradamente Aome dejando su taza sobre la recepción.

- No. Llévale una botella de Wiski- Hablo Sango

-¿Una botella?- Hablo asombrada. ¿Pensaba embriagarse en el trabajo? ¡Pues claro! Apenas es un niño que tiene 23 años que más podría esperar de ese irresponsable.

-¡Ya Aome! No hagas preguntas y vete a buscar la botella- Ante tal dicho Aome asintió rápidamente.

Inuyasha se encontraba en su oficina sentado en su silla. Estaba pensativo. Llamaría a Kikyo le devolvería la llamada, ¿pero qué le diría por lo de ayer? ¡Estaba furioso! No quería llamarla. Esta noche hablaría personalmente con ella. ¡La encararía! Tomo el teléfono y llamo al celular de su esposa.

-¿Hola?- Contesto Kikyo. ¡Desgraciada!

-Me han avisado que estuviste llamando-

-¡Inuyasha! Cariño. ¿Dónde estuviste? Vi tu coche aquí ayer- Hablo Kikyo con aparente preocupación. ¡Maldita! ¿Cómo puede fingir aun?

-Me encontré con Sesshomaru. A la noche hablamos….-

-Te amo Inuyasha- Se apresuró en decir Kikyo antes de que el pudiera colgar.

Inuyasha se puso de pie y comenzó a tirar al suelo todo lo que se encontraba sobre su escritorio. ¡Estaba furioso! Quería matar a esa mujer. ¿Mujer? ¡Mujerzuela! ¡Perra! Quería embriagarse, emborracharse desaparecer del mundo.

-¿Señor Taisho?- Hablo un poco nerviosa Aome entrando a la oficina con la botella en sus manos. –¿Se encuentra bien?- Pregunto cerrando la puerta tras sí. Observo asombrada todo el desorden que se encontraba en el suelo.

-¡Dame la botella!- Hablo irritado sentándose nuevamente en su silla.

-Aquí tiene señor- Se acercó apresuradamente a él extendiéndole la botella –Yo… ordenare esto- Hablo un poco nerviosa mientras se agachaba para recoger los papeles. ¡Es el colmo de sin vergüenza! Como le gustaría decírselo. Ella trabajaba más de 8 meses ya con el señor Taisho. Jamás lo había visto así, tan irresponsable.

-Tráeme otra botella…- Hablo comenzando a beber de la botella.

-Pero señor…- Aome se proponía a protestar ya que su botella aún estaba llena, pero callo rápidamente ante la mirada fulminante de este –Si señor…- Hablo mientras colocaba los papeles en el escritorio –Con permiso…- Se marchó de la oficina.

Inuyasha estaba nervioso. Se había tomado más de la mitad de la botella. No quería estar solo en su amargura así que llamo a su amigo Miroku, quien no dudó ni un minuto en asentir. Miruko era su mejor amigo, lo conocía de toda la vida, él siempre estuvo con él en las malas y en las buenas. Podía confiar completamente en él.

-Pero qué maravilla ven mis ojos…- Hablo sorprendido un hombre muy apuesto que vestía unos pantalones de vestir negro y una camisa blanca aproximadamente de 21 años. Se acercó hasta la recepción.

-Buenos días Señor. ¿Le puedo ayudar en algo?- Hablo Sango esbozando una sonrisa.

-Quisiera saber a qué hora sales- Hablo esbozando una sonrisa coqueta. Esto incomodo un poco a Sango.

-Señor por favor- Hablo Sango un poco avergonzada

-¡Oh! Nada de señor…- Tomo cuidadosamente una de las manos de Sango y se los llevo a los labios para darle un cálido beso. Sango aparto su mano rápidamente. –Llámame Miroku-

-Es un pervertido Señor- Murmuro Sango un poco sonrojada -¿En qué le puedo ayudar?-

-Solo venía a ver a mi amigo Inuyasha. Pero si sabía que Inuyasha tenía una maravilla de secretaria trabajando para el habría venido a verla a usted también-

-Ya basta señor. El me pidió que lo dejara entrar. Por favor adelante…- Hablo Sango

-Pero antes. Dígame su nombre señorita, no quisiera marcharme sin saber su nombre-

-Sango- Contesto sutilmente.

-¡Encantador nombre! Oh señorita, ya nos volveremos a ver- Hablo Miroku mientras se despedía de ella con una leve sonrisa. Miroku fue hasta la oficina de Inuyasha.

-Inuyasha, santo cielo.- Hablo sorprendido mientras cerraba la puerta tras si

-¡No me veas con esa cara!- Hablo con fastidio pero luego comenzó a reír- Ven, siéntate amigo mío. Tomemos unos tragos para ahogar las penas- Alzo su botella como referencia

-Inuyasha, ¿pero qué te ha pasado?- Se sentó en una de las sillas que se encontraba frente al escritorio-Vine lo más rápido posible. Al escuchar tu voz sabía que algo no andaba bien-

-¿Te puedes imaginar Miroku?- Hizo una mueca de sorpresa –Yo, Inuyasha Taisho. Un joven empresario, apuesto y millonario fue engañado cruelmente, ¿puedes imaginarte?- Comenzó a reír nuevamente

-Inuyasha. No entiendo nada. ¡Explícate!- Hablo un poco alarmado pero conteniendo la tranquilidad.

-Kikyo… ¡esa perra!- Hablo Inuyasha molesto dando los últimos tragos a su botella – ¡Me traiciono!- Sonrió con tristeza

-¿Estás seguro Inuyasha?- Hablo un poco sobresaltado. -¿Pero con quién?-

-¡En mi departamento!- Hablo mientras daba un grito ahogado- En mi departamento con…- Comenzó a sollozar – ¡Con Naraku!- Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos

-No puede ser, pero…- Miroku dejo de hablar al escuchar como alguien entraba a la oficina.

-Buenos días señor- Aome saludo amablemente a Miruko. Puso la botella de wiski sobre el escritorio.

-¡Ah! Pero que linda. Buenos días señorita- Saludo amablemente Miroku

-¡Con permiso!- Dicho esto salió de la oficina. Se apresuró en llegar hasta la recepción donde se encontraba Sango.

-¿Pasa algo Aome?- Pregunto Sango

-Sango. El señor Taisho está llorando, esta ebrio y sentimental- Comento sorprendida

-Con razón se está tomando dos botellas de Wiski. Eso solo quiere decir una cosa…- Hablo Sango un poco triste por el estado de Inuyasha

-¡Mal de amores!- Termino la oración Aome

La noche había llegado. Eran las 23: 43 hs. Miroku se ofreció para acompañar a Inuyasha hasta su departamento en su coche. Ya que este se encontraba pasado de copas. Además no lo iba a dejar solo enfrentándose a su esposa, ¡esa víbora! Como pudo ser capaz de engañarlo con su mejor amigo. Habían llegado hasta su departamento.