Título: Prudente

Palabras: 500

Notas: Dije que continuaría. He de clarificar que estas historias no tienen ningún tipo de relación entre ellas, ni temporal ni espacial. Son historias sueltas que se me van ocurriendo y me parecen demasiado cortas para un OneShot.

Advertencia: Fluff y sarcasmo. Sobre todo fluff.

Disclaimer: Naruto no me pertenece. Es obra y propiedad de Masashi Kishimoto.

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Para Naruto, Ino Yamanaka siempre había sido una chica descuidada que tendía a dejar su mal humor tomar el control de sus palabras y decir las mayores barbaridades que uno pudiera imaginar.

Eso es, claro, hasta el día en que, por primera vez, visitó la floristería de los Yamanaka que tan cuidadosamente regentaba su madre, una mujer de pelo castaño y carácter serio pero dulce.

Era el día de su cumpleaños, y la villa se preparaba para celebrar el festival de laVictoria.

Por supuesto, eso significaba que aquel día el rubio no celebraba precisamente su nacimiento. Nunca se lo había planteado, celebrar el día en el que había nacido. Para él, era un día más, un terrible día más, con la única diferencia de que aquel resentimiento que los aldeanos dirigían hacia él, aquel odio, se multiplicaba hasta límites insospechados, hundiéndole lentamente en la desgracia y en la tristeza.

Así, aquel día entró en la floristería en busca de cierta flor naranja que, en su día, parecía haber sido la favorita de su madre.

El viejo Hokage no había querido soltar nada más.

Un lugar.

Una flor.

Y por primera vez, Naruto había salido de su pequeño apartamento el día de su cumpleaños, en busca de una tumba de la que no conocía ni el nombre.

Se acercó al mostrador, esperando que al menos tuviera algo de suerte y fuera Ino la que le atendiera. Por muy gritona que fuera, era mejor que los adultos.

Y gracias al cielo, tuvo suerte.

"¿Naruto?" preguntó la rubia, enarcando una ceja, comprobando, mirando a su espalda, que su madre y su padre no estuvieran cerca.

Ino sabía cómo miraban a Naruto, no era estúpida, aunque no sabía la razón. Y que el chico no le cayera bien y fuera idiota no significaba que se lo mereciera.

El rubio casi sonrió verdaderamente.

Casi.

"¡Hola Ino!" saludó, como siempre "¿Me puedes dar un ramo de Lirios blancos y... Begonias?" pidió, revisando la pequeña nota que había echo al llegar a casa.

Se apresuró, entonces, a sacar dos billetes de 1000 ryo de su bolsillo.

"Tengo dinero para pagar" puntualizó.

Por un momento creyó que Ino iba a responderle sarcásticamente, pero la rubia tan solo asintió y se volvió hacia unas macetas de las que, delicadamente, cortó las flores que el muchacho había pedido, teniendo además la decencia de elegir las más sanas y grandes.

Cogió uno de los billetes de la mano del rubio y posó el ramo en sus manos, con delicadeza.

Naruto pestañeó, confundido, y entonces escuchó un sonido que, hacía un minuto, no había podido escuchar.

Alguien había entrado por la trastienda, y la voz de la madre de Ino se hacía escuchar aunque uno no quisiera.

Naruto sonrió y asintió, marchándose sin más palabra, agradeciendo la prudencia de la joven, Ino siguiéndole con la mirada así como desaparecía en una nube de humo antes de que su madre apareciera, diciéndole que era hora de organizar la trastienda.

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Muchas gracias por leer y muchísimas gracias a aquellos que decidan comentar.