Pero Brennan tardó más tiempo del esperado en salir del hospital. Cuando pasaron las veinticuatro horas más críticas, su estado amnésico no había mejorado en absoluto. Decidieron tenerla un par de días más para conocer el alcance de la amnesia y si había alguna secuela que hubieran pasado por alto. Cuando había pasado una semana y la situación se mantenía estable y exactamente igual, los médicos decidieron mandarla a su casa.
Booth y Angela la recogieron en el hospital y se la llevaron a casa de Angela. Habían decidido que era el mejor sitio donde podía estar hasta que recuperara la memoria, aunque a Booth le habría gustado más que estuviera en su casa y no en la de Angela para tenerla más cerca. Pero él tenía muchísimo trabajo, más ahora que Brennan no estaba en el laboratorio, y Angela podría cuidar de ella mucho mejor. Tampoco querían decirle nada a Max hasta que no hubieran pasado unos días.
-¿Es que yo no tengo casa? Creo que soy mayorcita para seguir viviendo con mis padres –dijo Brennan cuando la llevaron a casa de Angela.
-Cielo, sí tienes casa, pero lo mejor ahora es que te quedes en la mía. Yo podré estar contigo más tiempo y vigilarte.
-Angela, estoy segura de que eres la mejor enfermera del mundo, y que pones toda la voluntad que tienes y más para que me recupere, pero sólo he perdido mis recuerdos personales. En el fondo de mi mente todavía sé poner la televisión, comer comida de lata, lavarme los dientes…
-Claro, y también sabes perfectamente dónde vives y cómo ubicarte en Washington –dijo Booth-. No, absolutamente no. Descartado. Vivirás aquí una temporada, y luego ya veremos.
-Pues para ser sólo tu compañera de trabajo me tratas como si fuera algo tuyo –dijo con una ingenuidad propia de su carácter.
Booth no pudo reprimir una sonrisa. Esta Brennan que no recordaba nada de nada comenzaba a caerle bien.
-Trabajamos juntos, y claro que eres algo mío, eres mi compañera, y como quiero seguir trabajando contigo, voy a procurar que te cuides.
-De acuerdo, vaquero. Confiaré en ti pero sólo porque me caes bien.
-Cielo, Booth te cae muy bien, créeme.
-Espera un momento –dijo señalándole con el dedo- ¿Cómo es que me caes "muy bien"? Los compañeros no se caen "muy bien", más bien "trabajan bien" o "congenian", pero no entiendo…
-¡Dios santo, ya vale! Meteos ya en el apartamento. Le diré a Cam que no irás en todo el día, Angela, así podréis poneros un poco al día.
-A la orden.
Booth las dejó en la puerta y después se subió en el SUV para dirigirse a su despacho. En el camino llamó a Cam al Jeffersonian.
-Hola Booth ¿Cómo está Brennan?
-Bien, aparentemente no tiene nada excepto una amnesia del tamaño de un campo de béisbol. Ahora bien, su sarcasmo va en aumento según van pasando los días. ¿Acaso será personalidad subyacente?
-No lo creo. Probablemente todo volverá a su cauce cuando recuerde quién es. ¿Seguro que no está agobiada? Yo lo estaría aunque no lo mostrara.
-No puedo decirte nada, quizás Angela te pueda contar algo mañana. Le he dicho que se quedara todo el día con ella. ¿Te parece bien?
-Puedo prescindir de Angela por hoy, no hay problema.
-Estupendo. Pues entonces mañana veremos. Estaré en mi despacho por si me necesitas.
Angela estaba sentada en un sofá; Brennan, en otro. Brennan miraba a un lado y otro; ora cruzaba las piernas, ora las descruzaba; cogía una revista, la dejaba a un lado.
-Cielo, pareces inquieta. ¿Quieres que demos un paseo?
-Sí, por favor –se puso de pie de un salto- necesito recargar las pilas. Es como si estuviera en una celda, pero no te ofendas por ello.
-No te preocupes. En realidad tú no estás acostumbrada a quedarte de brazos cruzados –dijo Angela mientras se ponía su abrigo.
-¿A qué te refieres? ¿Era, bueno, soy una mujer enérgica?
-No diría eso. Pero vives por y para tu trabajo, y si hay trabajo que hacer no eres de las que lo dejan de lado.
Salieron a la calle y caminaron hacia el parque.
-¿Qué relación tenemos exactamente tú y yo? Porque estabas con Booth en el hospital cuando me llevaron allí.
-Cielo, soy tu mejor amiga, la mejor que nunca has tenido. Hace años me sacaste de una galería en Dubai y me metiste a trabajar en el Jeffersonian como artista forense. Tú identificas los restos, le pones unos marcadores, me orientas sobre detalles como el sexo o la edad y yo le pongo cara a tus calaveras. Por otro lado, intento que tengas una vida social activa y normal a pesar de tu reticencia.
-¿No me gusta salir? –dijo con más extrañeza todavía.
-Nada. O por lo menos has rechazado todas mis ofertas de los viernes a ese respecto. Y la última vez que salimos juntas estuvimos a punto de ser linchadas en una discoteca de moda porque tú soltaste un discurso antropológico sobre las diferencias entre los negros y los blancos. Y lo hiciste rodeada de personas de color.
-En resumen: científica aburrida y sosa –dijo Brennan sentándose en un banco.
-No creas. Evidentemente no quieres ser la científica más sexy del mundo, pero los hombres no opinan lo mismo… -dijo Angela con una sonrisa pícara.
-Eh –Brennan sonrió también-, detalle interesante ese de los hombres…
-Mucho, diría yo, y a juzgar por tus últimas conquistas. En un momento determinado de tu vida estuviste con dos hombres a la vez, y no hace tanto tiempo de eso.
-¡Venga ya! –Brennan se estaba divirtiendo-. ¿Cómo fui capaz de ello? ¿Con cuál de ellos terminé?
-Pues con ninguno, cielo. Los dos aparecieron una noche por el laboratorio, se descubrió el pastel y tú y Booth acabasteis contándoselo a Sweets en vuestra terapia semanal…
-Espera, espera. ¿Quién es Sweets? ¿Por qué tengo que hacer terapia con Booth?
-Sweets es un psiquiatra del FBI. Booth y tú hacéis terapia semanal con él porque habéis tenido ciertos… problemillas, y el FBI quiere tener la certeza de que podéis trabajar juntos. Pero Sweets es un encanto, un chavalín con dos o tres carreras y la cabeza muy bien amueblada.
-Dios mío –dijo Brennan aceptando un café que Angela le había comprado a un vendedor ambulante-, o sea que además de todo lo anterior, también necesito terapia. Creo que son demasiadas cosas para un solo día.
-Todo tiene su tiempo, Brennan. Sé que debe ser muy duro, pero piensa que independientemente de quien eres o de lo que te ha pasado, la vida te ha dado la oportunidad de ver las cosas desde otro punto de vista totalmente distinto, porque tú no eres la Brennan que hace una eternidad se cayó por una escalera. Y cuando recuperes la memoria eso seguro que te enriquece personalmente. Nunca habrías aceptado ver las cosas de otro modo si no hubiera sido por esto.
-Claro. Todo eso contando con que recupere mi vida anterior, mis recuerdos, mis motivaciones, lo que había en mi cabeza –dio un sorbo a su café-. ¿Y Booth? ¿Qué pasa con él?
-¿Con Booth? ¿Por qué me lo preguntas?
-Bueno, no sé. Es que eso de ser compañeros… Un médico, por ejemplo, no trata a una doctora con esa… protección, esa familiaridad con la que me trata a mí. Cuando estamos juntos parece que me pone una barrera de algodón para que no me haga daño, y a la vez me deja a un lado, me aparta.
-Bueno, creo que no soy la más adecuada para darte esa información. Lo que tú y Booth teníais antes de tu accidente queda entre Booth y tú, y me temo que tú no lo recuerdas. Si aceptas un consejo de una vieja amiga –Angela sonrió por encima de su café-, yo miraría la situación tal y como lo estás haciendo: punto cero. No había nada antes, todo está por descubrir. Seguro que hay algo interesante por ahí…
-¿Pero crees que él…?
-Booth es un ranger curtido en mil contiendas, y aunque también sea uno de los mejores actores del mundo, no engaña a nadie. Bueno, y ahora ¿qué te parece si nos pasamos por el videoclub y alquilamos unas pelis de esas en blanco y negro, hago un par de cubos de palomitas y lloramos juntas en el sofá? Te puedo asegurar que eso no lo has hecho nunca antes…
-Vamos allá. Siempre es bueno probar experiencias nuevas, y nunca mejor dicho. ¿Sabes qué? Has debido ser mi mejor amiga, lo siento desde el fondo.
-Claro que sí, encanto, lo he sido y siempre lo seré.
