No te digo adiós, acompáñame.
No perdemos nada con solo probar.
Luego una canción nos describirá.
Yo te doy mis sueños, aprende a soñar.
Él se muestra estoico sin dudar, que por dentro está más bien incómodo, de su voluntad (o la falta de la misma, según ella) cuando da la misma respuesta de siempre a la pregunta recurrente que la Asesina realiza.
No moverá ya un dedo en pos de la Hermandad, cuando es él quien de momento más ha hecho por la expansión de la misma.
Quizás sea su capacidad alterada por la vejez (ni él se cree esa mentira, que ni canas tiene todavía "y la sabiduría de un anciano menos" le devuelve ella) y su cansancio es por la dificultad o que simplemente le ha hartado tanto luchar. O es que es un idiota soñador desilusionado por hallar que no es tan grande la recompensa por las cicatrices sobre su cuerpo y las pérdidas en su vida.
(Y es todo eso, lastimosamente.)
No hace falta hacer memoria para recordarlo porque es algo que nunca tendría olvidado aunque hay días que sí añora olvidar. Pero allí, donde Ratonhnhaké:ton se aleja más, Aveline más se acerca; recordándole que puede abandonar el presente pero no huir del pasado. Llamándole Connor sin importar que hace tiempo que abandonó (que deseó abandonar) ese nombre y todo lo que éste significaba.
Lo cierto es que al futuro lo ve (o lo vio) más parecido al pasado que a ese esperanzador que a varios se les prometió.
(Incluso más distinto a lo que él mismo se prometió formar.)
Por ejemplo que para muchos, para muchas también, una persona es menos persona mientras más oscura sea su tez. Y como no son personas, sin importar su edad, son puestos en venta cual animal.
En su experiencia, ha aprendido que las mujeres quieren perros solamente como mascotas y que la mayoría de ellas ni siquiera los quieren ya sea porque fueron criadas (y siguieron con el mismo pensamiento) de que es malo, e indecente, tener entre brazos piel de algo que no esté muerto si no es para vestirlo durante el invierno.
A él le disgusta un poco (demasiado) esa lógica, aunque sabe que hay circunstancias en donde sí es necesario pensar de tal modo (él mismo le quita la vida a los animales para tener pelaje sobre su piel cuando las circunstancias lo requieren); sin embargo, le irrita en sobremanera ser conciente de lo inconciente que es el mundo en general, no solo en ese grande detalle, y le irrita más que nada saber que, a pesar de todo su esfuerzo y el esfuerzo de todos, poco cambió.
Y ya se dio por vencido en intentar, por lo cual lo deja como problema de los demás.
De eso trata el libre albedrío a fin de cuentas. (No importa si él lo disfruta o no.)
Aveline, como ya tantas veces, exclama que piensa lo contrario y él suspira internamente ante su regaño porque se ganará la sexta mala mirada de la noche si suspira para afuera.
(De igual modo, durante un ínfimo segundo acepta que no suspiró porque no encontró ridícula sus palabras y no admite que realmente muchas de sus palabras no le parecen en absoluto ridículas.)
Es que de a poco, sin que él lo buscara pero con ella buscándolo tal vez, Aveline se ha ganado un lugar bastante especial dentro de él.
