Notas de la autora: Siento haber tardado tanto en actualizar, pero he estado ocupada con los exámenes trimestrales y diversas actividades, además de que tuve una sequía de ideas extrema y reescribí el capítulo varias veces porque no me gustaba como quedaba o porque no se me guardaba (es que mi ordenador y yo estamos atravesando ahora mismo una crisis de pareja y bueno, las cosas no marchan como deberían...). Intentaré subir el próximo capítulo en el plazo de una semana y me pondré como objetivo escribir un capítulo cada fin de semana, además de que siempre podré adelantar algo en los largos trayectos que hago todos los días gracias a mi maravilloso ipod.
Aclaración del capítulo: Las frases en cursiva serían pronunciadas en francés
Disclaimer: Nada del universo de Harry Potter me pertenece, todo es propiedad de J. y Warner Bross.
Respuestas y agradecimientos: Antes de todo, me gustaría agradecer a LoveDamonSalvatore y ElyTonks por haber agregado mi historia a sus favoritas y a Story Alert respectivamente, y a Tara R por haber dejado un review que ahora mismo contestaré. A todas las demás personas que han leído la historia y les ha gustado o tienen algo que criticar, les agradecería infinitamente que me dejasen saber su opinión, ya saben, los reviews son el sustento de los escritores de FF.
A Tara R: tengo que darte las gracias, tú review me animó a seguir, a ponerme las pilas con el capítulo y a buscar ayuda en el foro de Weird Sisters; así que parte de este capítulo está sacado gracias a la energía que me dio tu review. En contestación a tu opinión sobre el fic, solo tengo que decir que me alegra que te guste y que a mi también me hubiese gustado que Gabrielle tuviese algo más de importancia, también verás a Astoria y a Pansy pasearse por aquí en breve, en cuanto a lo de las parejas...shh!Es un secreto.
Capítulo 2. Compras y decisiones.
-¿Estás seguga de qué quiegges haceg esto sola?-Gabrielle volvió a asentir con la cabeza mientras su sonrisa permanecía intacta en su rostro, a pesar de que era ya la quinta vez que su hermana le hacía esa pregunta. Fleur suspiró pero asintió con la cabeza admitiendo su derrota, su hermanita estaba empezando a caminar sola y parecía empeñada en estrellarse contra un gran muro de piedra levantado por Pansy Parinson, la misma Pansy Parkinson que había empujado a su hermana cuando ésta solo tenía ocho años.
La mayor de las Delacour no se caracterizaba por ser rencorosa, salvo cuando te metías con su hermana pequeña a la básicamente ella había criado; a Fleur le costaba aceptar que su hermana ya no era una niña indefensa y demasiado inocente para manejarse en el mundo, le costaba dejarla marchar de un sitio seguro, le costaba admitir que ahora Gabrielle simplemente le pediría consejo pero no tendría por qué seguirlo, le costaba aceptar que su hermana pequeña ahora era mayor de edad y tendría que cometer sus propios errores.
Vio como Gabrielle se levantaba de la mesa y, tras dejar su plato en el fregadero y susurrar un "Bonne nuit", desaparecía por las escaleras de madera. Notó la mirada preocupada de su marido, la misma que le había estado siguiendo desde hacía varios días, y aunque le hubiese gustado sonreír y demostrarle que todo estaba bien no se sintió capaz de hacerlo. En menos de un segundo notó las manos de su marido sobre sus hombros ejerciendo una pequeña fuerza que la obligaban a lavantarse, girarse, y refugiarse en el abrazo que sus brazos le ofrecían.
-¿Estás bien?-La voz ronca de Bill recibió como respuesta un simple asentimiento de cabeza por parte de su esposa. Acto seguido, Fleur se levantó decidida, aparentando estar completamente bien y tras realizar un movimiento con su varita, que ocasionó que los pocos platos que quedaban se dirigieran al fregadero y comenzaran a limpiarse solos, comenzó a subir las escaleras seguida por un preocupado.
En mitad de la noche Bill se despertó tras sentir como Fleur se revolvía a su lado, la sintió levantarse y caminar hasta la ventana y solo cuando escuchó sus sollozos se atrevió a dejar atrás el teatro de fingir que estaba dormido. En cuanto Fleur lo vio acercarse a ella, sus sollozos se hicieron menos audibles y más pausados; a Bill le parecía tierno que intentase ocultar sus debilidades para evitar preocupar a los que estaban a su alrededor pero odiaba que intentase ocultárselas a él, después de todo llevaban casados casi seis años y habían superado muchos malos momentos. El pelirrojo simplemente abrazó a su esposa con fuerza, permitiéndole que se refugiase en sus brazos y que se desahogara; no sabía con certeza porque lloraba su adorada francesa, no sabía si lloraba por todo, por lo de Gabrielle o por el estrés que sentía últimamente; lo único que a Bill le importaba en estos momentos era lograr que Fleur sintiese su apoyo.
A la mañana siguiente, y por primera vez en mucho tiempo, el matrimonio Weasley-Delacour no se despertó a base de zarandeos e insistencias por parte del pelirrojo torbellino que tenían por hija pero pudieron disfrutar de las risas que este despertar provocó en la invitada. Pudieron escuchar los murmullos y pasos que siguieron a las risas y se permitieron el lujo de no levantarse de la cama de inmediato; Bill sintió los labios suaves y dulces de su esposa haciendo presión contra los suyos, la seda del camisón rozando su pecho desnudo, sus manos entrelazadas y sus piernas enredadas, la piel blanca y perfumada del cuello de Fleur, los besos que aumentaban de intensidad, el suspiro con el que ambos se separaron manteniendo sus miradas fijas en las del otro. Lo necesitaban. Compartían una sonrisa cuando oyeron unos toques en la puerta que dejaron paso a Victoire, que llevaba en sus manos un plato con tostadas, y Gabrielle, que portaba una bandeja con dos vasos de zumo, botes de mermelada y dos tazas de café.
Mientras ellos desayunaban en la cama, Gabrielle les comentaba la idea de que ella se podía quedar con Victoire todo el día para que ellos pudiesen comer juntos en algún sitio y pasar la tarde juntos; Fleur sabía que su hermana buscaba una reconciliación y aunque en condiciones normales se lo hubiera puesto algo más difícil, no tenía ganas de arruinarle el primer día de vacaciones a Gabrielle, así que asintió provocando que Victorie corriese a su habitación para vestirse. Pero al igual que Flaur sabía de las intenciones de su hermana, la otra francesa sabía que ellos necesitaban pasar algún tiempo sin tener que preocuparse por su hija y a ella no le molestaba hacerse cargo de su sobrina; Bill le sonrió con agradecimiento mientras ella se encogía de hombros y salía por la puerta arrastrada por el torbellino pelirrojo que mezclaba palabras francesas e inglesas pretendiendo que los demás la entendieran sin ningún esfuerzo.
La pareja salió de la casa observando a lo lejos como su hija y su invitada correteaban por la playa huyendo de las olas y buscando conchas para decorar la habitación de invitados, sonrieron ante la perspectiva de que tendrían todo el viernes para ellos y que podrían pasar un sábado bastante relajado en familia gracias a la ayuda de Gabrielle. Unos momentos después aparecían en la entrada de Gringgots y, tras despedirse con un beso, se separaban para dirigirse a sus respectivos puestos de trabajo.
-¿Qué más quieres hacer?-Gabrielle se sentó al lado de su sobrina en la toalla azul que habían traído y dejó que los rayos de sol que se colaban entre las nubes calentasen su piel, tanto ella como Victoire habían acabado completamente mojadas a causa de sus guerras de agua y de las veces en las que no habían conseguido evitar a las pequeñas olas, pero a pesar de ello se sentía pletórica, aran pocas las veces que podía hacer lo que le apetecía sin que nadie le dijera que tenía que comportarse como una señorita.
-Me gustaría ir al Callejón.-Victoire comenzaba a titiritar de frío, así que Gabrielle la enrolló en la toalla mientras aceptaba su propuesta y planeaban que tiendas visitar; caminaron de vuelta a la casa compartiendo risas y anécdotas, se bañaron para quitarse la sal y arena que habían recogido durante su estancia en la playa, colocaron las conchas en la habitación provisional de la rubia, se vistieron y peinaron, y tras enviar una lechuza con su carta de confirmación a Pansy, Gabrielle le dio la mano a la pequeña pelirroja para desaparecerse conjuntamente.
Se aparecieron delante de Sortilegios Weasley y momentos después se sumergían en un universo lleno de colores, fuegos artificiales, bromas para todos los gustos y cosas útiles camufladas en juegos para niños. Victoire corrió a abrazar a sus tíos en cuanto los divisó detrás del mostrador, Gabrielle la siguió de cerca mientras admiraba las figuras animadas que corrían, patinaban, bailaban o hacían cualquier otra cosa por estilo. George parecía estar mejor que en las pasadas Navidades, debía de ayudarle el no llevar la tienda él solo, y Ron siempre le había parecido encantador, todavía recordaba el beso de despedida que le había dado en el Torneo de los Tres Magos y todas las situaciones divertidas en las que su forma de ser le metía cada vez que se reunían; además de que ahora le parecía más héroe que nunca: había dejado su trabajo como auror para ayudar a su hermano con la tienda, incluso sabiendo que con ese sueldo ganaría más y que sería el primer Weasley en conseguir ese puesto.
Media hora más tarde, salían de la tienda tras haberle comprado una figura animada a Victoire y haber quedado para comer en La Madriguera ese mismo domingo. La francesa adoraba esa tienda, estaba tan llena de cosas divertidas que no le hubiese molestado en absoluto quedarse en ella todo el día, pero tenía cosas que hacer y su sobrina se cansaba demasiado rápido de un lugar, así que intentando no chocarse con los magos y brujas que habían en el Callejón llegaron a Flourish & Blotts cogidas de la mano para no perderse entre el gentío.
Esta librería era una de las pocas tiendas en las que Gabrielle se sentía a gusto en el Callejón Diagon, y además de tener todos los libros imaginables y en varias ediciones y formatos, también tenía una sección de literatura muggle y otra de objetos curiosos relacionados con los libros, cuadernos, plumas, etc. ; que se importaban desde varios lugares del mundo. Salieron de allí con un paquete que encerraba un frasco de tinta con sabor a pastel de calabaza y un cuaderno de dibujo en el que podías dibujar cualquier cosa y gracias a un simple hechizo, decidir la trayectoria o movimiento de lo dibujado; y sin haber notado la presencia de un hombre que no les quitaba la vista de encima.
Los insistentes ruegos de la pequeña lograron que el lugar escogido para comer fuese un pequeño restaurante de aire francés que había abierto el año pasado y que se había colocado como una muy buena alternativa al Caldero Chorreante en muy poco tiempo, el único problema es que era el lugar de reunión de todas esas señoras de la alta sociedad que te lanzaban miradas de desprecio en cualquier lugar. Por eso, a Gabrielle, no le extrañó que cuando entraron el volumen de las conversaciones bajase y que miles de miradas recorriesen su atuendo compuesto por unas bailarinas, unos vaqueros ajustados y una camiseta de manga corta; y que tras su examen, negaran con la cabeza.
Una vez sentadas en la mesa y con la comida ya pedida, la francesa se permitió relajarse durante dos minutos mientras Victoire jugaba con su más reciente adquisición. En su mente seguían las palabras de su hermana y las de la morena, sabía que a Fleur la idea no le agradaba y que hubiese preferido que rechazara la oferta por miedo a que Parkinson le hiciese algo, pero de la chica que la había empujado cuando tenía ocho años poco quedaba, se notaba que había madurado y que estaba dispuesta a todo por mantener su trabajo; no debía de haber sido fácil conseguirlo siendo ella. Gabrielle sabía de sobra que a los que estaban de algún modo relacionados con la magia oscura, aunque fuese un primo, lo habían tenido bastante difícil después de la Batalla: no sólo habían perdido a familiares y amigos, sino que también perdían oportunidades de rehacer su vida por el simple hecho de haber tenido que ponerse del lado del que amenazaba con querer matar a sus familiares y amigos.
No habían sido pocas las veces que a los periódicos franceses llegaban titulares de los juicios del país vecino o las quejas por las pocas oportunidades que se les daba a los que resultaban ser declarados inocentes, muchos habían sido los que huyeron a otros países en busca de refugio y otros tantos habían tenido que buscar inversores y ayudas en el mundo muggle, el mismo mundo muggle que tanto detestaban era una de las fuentes de la riqueza de muchos empresarios que en un pasado se jactaron de ser mejores. Gabrielle sabía por fuentes cercanas todo el dolor que experimentaban esas familias, no se le daba el mérito suficiente al haber aguantado varios meses de castigos y torturas para que tu familia estuviese a salvo y tranquila, y tampoco se podía pretender que te tratasen como a un héroe aunque para ellos lo fueras; aunque para la francesa, lo peor era como miles de personas del Magisterio habían aceptado las órdenes de la marioneta de Voldemort y caminaban tan tranquilas por la vida, señalando todos los fallos de los demás pero sin querer admitir que ellos habían firmado miles de decretos absurdos y habían colaborado pasivamente en la tortura de varios personas.
El hilo de sus pensamientos se interrumpió cuando la comida apareció en la mesa y Victoire dejó de hablar y juguetear con su muñeca para protestar ante el hecho de que no la había estado escuchando. Gabrielle sonrió como disculpa antes de ponerse a partir el filete que su sobrina había pedido, concentrada ahora en la historia que ésta le contaba. Solo se percató de la presencia del hombre cuando éste le puso la mano en el hombro y la obligó a mirarlo mientras pronunciaba su nombre.
Notas finales: ¿Quién será ese hombre?...Crucios, ranas de chocolate, capas de invisibilidad...Todo se acepta si lo justificas en un review!
