Disclaimer: Si Soul Eater me perteneciera, Black Star dominaría el mundo y Excalibur saldría en más capítulos. Además de que habría mucho SoulxMaka y locura a gogó.
Hoooooooooooola, genteeeeeeeee.
Como estoy cabreada porque no puedo pasarme el Zelda, he decidido escribir, quitarme el malhumor y dejaros un nuevo cap para torturaros(don´t worry, be happy). Muchas gracias en especial a caca cósmica, digo, a Minami Dreamer, con la que tuve una larga conversación sobre este cap :D Y a vosotros, los que comentasteis, por leer. Muuuuchas gracias. ¡Ranas de chocolate para todos!
Manzanas Podridas
"And sometimes you close your eyes and see the place where you used to live, when you were young"
The Killers
Capítulo II:Copos rojos:
—Tengo un problema...¿podemos vernos en tu casa?
Soul se acomodó en uno de los sillones, contemplando los leves cambios que se producían en el rostro de Maka: primero, sus ojos se abrieron de par en par y su vista se fijó en él, claramente nerviosa. Después, su cara fue adquiriendo varias tonalidades de colores: rojo, morado y, finalmente, pálido. Al final, la chica parecía un zombie con complejo de tartamudeo:
—¿Qué...qué ocurre, Kid? —Preguntó, luego de respirar profundamente y "tranquilizarse".
Soul mostró una sonrisa socarrona:cuando el policía Death the Kid llamaba a Maka, sólo podía ser por dos razones:
O bien, el padre de Maka le había ordenado que visitara a su hija para ver que tal le iban las cosas. O...se trataba de algo referente a su trabajo como agente de la ley.
Soul se relamió los labios y paladeó el regusto de la ansiedad de Maka. Sólo con ver su cara, sabía perfectamente en que estaba pensando.
—¿Qué me asome a la ventana? —Maka miró confusa a Soul. El chico le devolvió la mirada, con una ceja alzada. Ella meneó la cabeza y fue directa hacia el balcón de su casa—.Vale, ya estoy asomada y...
Ella sonrió y Soul se preguntó a sí mismo a que venía esa sonrisita tan radiante. Curioso, fue arrastrando los pies hasta el balcón y echó una ojeada hacia la calle: Death the Kid saludaba a Maka con una mano, aún con el móvil pegado a la oreja.
—¡Kid! —rió ella, devolviéndole el saludo.
—¿Puedo subir a tu casa, Maka? —Preguntó el policía, colgando el móvil.
Ella asintió y se apartó del balcón rápidamente.
Entonces, los ojos del policía se cruzaron con los de Soul y, al instante, el hombre emitió un gemido de terror. La sonrisa se borró de los labios de Kid y dejó de saludar a Maka, con los ojos aún puestos en la figura del chico albino.
Kid tenía miedo de Soul.
Soul saboreaba su miedo con una media sonrisa.
Tras varios minutos de miraditas tímidas, Maka Albarn se levantó del sofá y empezó a recoger toda la ropa sucia que tenía en el salón. Avergonzada como estaba, le resultaba difícil llevar acabo aquella simple tarea sin tener que tropezarse o que se le cayera una de sus prendas más intimas(como aquellas bragas con cerezas dibujadas)y que Kid la viera.
Además de que, Soul, no ayudaba para nada: el chico la seguía con la mirada fuera a donde fuera y sonreía pícaramente cada vez que soltaba una maldición. Maldito idiota, maldito idiota, Maka le fulminó con la mirada, queriendo que esa estúpida sonrisilla desapareciera de sus labios, pero sólo consiguió que el albino ensanchara más su sonrisa con arrogancia.
Hizo una bola con toda su ropa y la metió en su armario, el cual, parecía que explotaría en cualquier momento. Espero que eso no pase o, sino, lloverá sujetadores y bragas. Como si le hubiera leído la mente, Soul soltó una risita burlona.
Ignóralo, Maka.
—He hecho café, Kid, ¿quieres? —Cuestionó Maka, saliendo de su habitación.
—Claro, si no es mucho pedir...
—¡Para nada! —Sonrió Maka.
Se deslizó hacia la cocina, buscando dos tazas para el café, cuando sintió algo suave que rozaba su espalda. Se le erizó la piel y sintió como su cuerpo se tensaba y, más aún, cuando oyó un débil...
...clic.
Alguien le había desabrochado su sujetador.
Alguien al que daría una patada en los huevos por ello.
—Soul —gruñó Maka—.Te doy dos segundos para que te apartes de mí antes de que te pateé, ¿vale?
—Aburrida —susurró el chico en su oído. Maka se estremeció.
Ella volvió a gruñir y le dio un codazo en las costillas para que se apartara. Soul le guiñó un ojo antes de irse riendo.
—Toma.
—Muchas gracias —Kid cogió la taza humeante de café y observó a Maka—. Siento venir tan tarde a tu casa...
—No importa.
Hubo unos breves instantes de incómodo silencio antes de que el policía se decidiera a hablar:
—¿Cómo te va en la Universidad?
Maka arrugó el ceño. No era precisamente eso lo que quería oír.
—Bien, me va bien —respondió con sequedad. Kid no parecía contento por la respuesta, así que ella decidió cambiar de tema rápidamente:—Y, ¿qué tal está Chrona?
—Bastante bien, gracias por preguntar.
—¿Le estarás ayudando con el tema del embarazo, no? —Sonrió Maka.
Kid le dirigió una mirada incómoda y asintió.
—Pero no has venido para que hablemos de Chrona y la Universidad, ¿me equivoco? —Inquirió Maka.
—No, tienes toda la razón.
El policía abrió su maletín, atrayendo la atención de Maka. Sacó varias fotografías de éste y las colocó, una tras otra, encima de la mesa. Cuando Maka se inclinó hacia la mesa para examinar las fotos, tuvo que contener las ganas de vomitar: todas las fotografías mostraban a la misma chica de cabellos rosados. Muerta. Con esa sonrisa apagada en los labios...
Hizo uso de todo su autocontrol para sofocar un gemido. Dio varios sorbos a su café, limpiando todo rastro a sabor a bilis que tuviera en la boca. Tranquila, no pasa nada.
Finalmente, Maka Albarn plantó cara a la fotografía de la chica muerta:
—¿Por qué me enseñas esto, Kid?
—Por esta marca —señaló el policía.
En la muñeca de la chica se distinguía un símbolo que la peliceniza no tardó en identificar: una estrella de cinco puntas rodeada de un círculo de sangre.
—Una estrella satánica —murmuró Maka.
Kid asintió.
—Exacto. El problema está en que...—vaciló— los demonios no hacen este tipo de marcas y, menos, a los humanos.
Soul soltó una risotada que incómodo al policía.
—Eso es mentira, chaval.
Kid hizo una mueca de desagrado. Le había llamado "chaval" y, aunque Soul pudiera tener el aspecto de un chico de veinte pocos, le triplicaba la edad a Kid.
No por algo era un demonio.
—¿Por qué crees que miento...Soul?
El demonio esbozó una sonrisa enigmática. Maka dejó las fotografías en la mesa y miró fijamente a Kid:
—Entonces, si nos enseñas estas fotos es porque...
—...necesito vuestra ayuda —completó el policía—.Vosotros sois los únicos que podríais ayudarme a averiguar quien la mato y por qué.
—Pero, en un hipotético caso de que se tratara de un demonio su asesino, deberías de saber que es prácticamente imposible de atrapar —aclaró Maka.
Kid esbozó una media sonrisa, algo impaciente.
—No, al menos, no si vosotros me ayudáis a atraparlo —murmuró.
El policía había previsto que Maka titubearía. Hacía muchos, muchos años que la chica procuraba no entrometerse en asuntos relacionados con demonios. De ahí que su padre estuviera preocupado por su hija, ya que eso no era normal.
Al menos, no era normal que un integrante de la familia Albarn ignorara los asuntos demoníacos. Como estaba haciendo Maka.
Y, aún así, Death the Kid sabía que conseguiría convencer a la joven para ayudarlo por una simple razón:la curiosidad.
La gente que conocía a Maka Albarn sabía perfectamente que ésa era su pequeña debilidad. Su perdición.
La curiosidad no mató al gato. Sino, a ella, pensó para sus adentros el policía.
—¿Qué opinas, Maka? —Comenzó a decir el policía—¿Me ayudarás a investigar?
La peliceniza se mordió el labio inferior y desvío la mirada. Soul la miraba de reojo con una sonrisa en los labios.
Finalmente, Kid comprobó que tenía razón:
—Vale, ¿por dónde empezamos? —Preguntó la chica.
En un callejón cualquiera de Death City, entre dos cubos de basura, Black Star se bajaba la cremallera de sus pantalones a toda prisa.
El resultado de beber varios litros de agua seguidos daban sus frutos:mear, mear y sentir un picor doloroso en la entrepierna.
Pero, por muy doloroso que fuera, cuando por fin consiguió que sus manos dejaran de temblar y se bajó la cremallera de los pantalones, el picor y el apretón fueron sustituidos por un "oooh, que bien"y un cerrar de ojos para disfrutar del momento.
Claro que, el momento de gozo, no duró más de cuatro segundos, porque el móvil empezó a sonar ruidosamente en el bolsillo de sus pantalones.
—¿Diga? —Black Star sujetó con un mano su miembro y con la otra el móvil.
—Black Star, ¿se puede saber dónde diablos te metes?
Tsubaki. Black Star suspiró y alzó la vista el cielo.
—Me pillas en un mal momento, Tsubaki. ¿Puedo llamarte más tarde?
—No —refunfuñó ella—¿Qué estás haciendo?
—Estoy haciendo un río en medio de la calle. Un gran río amarillo —explicó él.
—¿Haciendo un río...cómo? —Murmuró Tsubaki—.Da igual, prefiero no saberlo. ¿Has terminado ya de trabajar?
—Sí.
Black Star soltó otro suspiro de tranquilidad y se subió la cremallera.
—¿Estás ya en casa, Tsubaki?
—Sí, te estoy esperando.
Uy, que bien suena eso. Una sonrisa asomó por los labios del peliazul mientras que por su cabeza pasaban todo tipo de imágenes sugerentes de Tsubaki.
—¿Black Star? —Le llamó.
—Voy en seguida —gritó él, colgando el móvil y disponiéndose a salir del callejón.
Pero, no había dado ni dos pasos cuando escuchó un gemido de dolor.
Por un lado, Black Star se quedó pálido y tuvo otro apretón a causa del susto. Por otro, su estupidez le hizo echar un vistazo para ver quien había gemido.
Al final del callejón, un hombre arrodillado en el suelo, hablaba en susurros con una persona encapuchada a la que Black Star apenas distinguía. Sólo podía ver su sonrisa de Cheshire.
—Prometo no decepcionaros...—susurró el hombre arrodillado.
El encapuchado asintió y, en un abrir y cerrar de ojos, desapareció del callejón . Black parpadeó sorprendido. Alucinante, han debido de meterme algo en la bebida. El hombre se levantó del suelo y, por una fracción de segundos, Black estuvo seguro de que le había visto.
Pero no podía estar seguro:el hombre sólo esbozó una sonrisa y sus ojos rojizos brillaron intensamente antes de desaparecer, dejando a Black Star anonadado y con nuevas ganas de mear.
Me lo he hecho encima.
—Siento haberles molestado, señores Diehl —se excusó Kid.
El señor Diehl sonrió amigablemente, mientras sus brazos rodeaban la cintura de su esposa.
Si no habían continuado con el interrogatorio era por la señora Diehl:tenía un aspecto lamentable. Los ojos llorosos e hinchados, la piel amarilla y una sonrisa apagada que decía cuan destrozada estaba por la muerte de su hija.
Por eso, Death the Kid prefería abandonar el interrogatorio y dejar tranquila a la familia de la fallecida.
—No se preocupe, agente —dijo el señor Diehl—. Nos parece bien que nos hagáis preguntas sobre...Kim.
—Sólo espero que encontréis pronto al...desgraciado que nos arrebató a nuestra pequeña —siseó la mujer.
—Y así será —sentenció Kid—.Buenas noches.
La familia Diehl les dedicó otra sonrisa antes de cerrar la puerta.
En ese momento, Kid se atrevia a mirar a los ojos a Maka.
—¿Cómo te encuentras? —Le preguntó, mientras descendían las escaleras.
Ella se encogió de hombros y desvío la mirada, algo incómoda por la situación.
—Bien.
—¿Segura? —Se parece tanto a su padre...no se le da muy bien mentir, sonrió Kid.
—Sí, claro.
—Al final, no hemos sacado nada en limpio —murmuró el policía—. Apenas han contestado a nuestras preguntas...
—Es normal —musitó Maka—. No les gusta hablar del tema.
Salieron fuera del edificio, donde Soul les esperaba apoyado en su motocicleta. El chico levantó la vista y sus ojos se entrecerraron al ver la expresión de derrota en el rostro de Maka.
—¿Qué tal os ha ido?
—Fatal —contestó ella.
—Es tarde, lo mejor será que sigamos mañana —propuso Kid, yendo hacia su coche.
—Vale, entonces...¿mañana nos vemos? —Sonrió Maka.
Kid asintió.
—Sí. Venir a buscarme a la plaza mayor, en el bar Cuatro Esquinas—el policía hizo un gesto de despedida antes de meterse en su coche—. Ya nos veremos.
Maka alzó una mano, despidiéndose de su amigo. Después, vio como el coche del agente desaparecía entre las calles de Death City.
Soul la siguió observando con seriedad.
—No sé que pretende Kid al interrogar a los padres de Kim —susurró Maka—. Si su asesino es un demonio...—vaciló—no podremos atraparlo de esta forma.
Soul negó con la cabeza y cerró los ojos. Tras varios minutos de silencio, habló:
—A no ser...que busquemos respuestas entre los de mi clase.
Maka parpadeó.
—¿A qué te refieres?
Soul esbozó una sonrisa de medio lado y se subió en su motocicleta. Luego, guiñó un ojo a Maka y le tendió una mano.
—Ven, vamos a buscar respuestas.
Dudosa, Maka aceptó la mano de Soul y se sentó en la motocicleta. Se abrazó a él, escondiendo su rostro en el hueco del cuello del albino. Maka cerró los ojos y aspiró profundamente. Que bien huele.
—Agárrate bien, Maka —le aconsejó Soul.
—Espero que conduzcas a una velocidad prudente —replicó ella, abrazándose con más fuerza a él.
Soul sintió un cosquilleó agradable cuando las manos de la chica se aferraron a su camiseta. Entrecerró los ojos y contuvo una sonrisa de alegría.
—¿Prudente? —Soul ladeó la cabeza y soltó una risotada.
Dos segundos después, la motocicleta volaba por las calles de Death City, seguida de los gritos asustados de Maka.
Maka bajó de la motocicleta temblando, se tambaleó hasta la pared más cercana y, sino fuera porque se llevo la mano a la boca, habría vomitado.
Soul seguía sentado en la motocicleta, con su cabello más revuelto de lo normal, y una sonrisilla de autosuficiencia que Maka habría querido borrar a base de puñetazos.
—La próxima vez, cogemos el autobús —siseó Maka, conteniendo otra arcada.
—Exagerada —silbó Soul.
—¿¡Exagerada?
Soul le sacó la lengua como si fuera un niño pequeño.
Maka respiró varias bocanadas de aire fresco y, cuando sintió que la cabeza no le daba vueltas, se puso en pie y miró a su alrededor.
—¿Dónde estamos?
—En la calle Manok.
Oh, no, Maka había oído hablar de esa calle. Su padre la había mencionado miles de veces.
Se decía que la calle Manok era un criadero de demonios. Que sólo los locos se atrevían a entrar ahí.
Muy pocos sabían de algún humano que hubiera salido con vida de aquel lugar.
—Soul, no creo que sea buena idea...—tartamudeó Maka.
—¿Tienes miedo? —Alzó una ceja divertido.
—No.
—Tienes miedo —afirmó él, sólo con ver lo pálida que estaba.
—He dicho que no —protestó ella.
—Vale —Soul se encogió de hombros y empezó a caminar—. Pues quédate aquí. Yo iré a interrogar a un conocido.
—¡¿Cómo? —¿Me va a dejar sola?¿Aquí?Maka miró hacia todos lados preocupada. Distinguió varios ojos curiosos mirándola y no tardó en darse cuenta de que eran demonios—. So-Soul, yo creo que...
Sin previo aviso, Soul la agarró de la mano y la arrastró hacia el interior de la calle Manok. El chico chasqueó la lengua molesto.
—No te separes de mí, no les mires a los ojos y, sobretodo, no les hables —Soul la rodeó la cintura en un abrazo posesivo, mientras lanzaba miradas amenazantes a cualquier demonio que mirara a Maka.
—Vale...
Maka no recordaba la última vez que había visto tantos demonios juntos. Hubo una vez en que, su padre, la llevó a una de sus "cacerías", para enseñarle el negocio familiar. En los bosques de Death City deambulaban todo tipo de demonios, pero eran más pequeños, más inofensivos.
En cambio, los de la calle Manok eran otra cosa muy distinta: todos aparentaban ser humanos(aunque algunos, por chulería, conservaban los cuernos o las colas puntiagudas), y en sus ojos había un destello hambriento, letal, que hacían que Maka se sintiera indefensa.
Aquel destello era el mismo que había visto en los ojos de Soul la primera vez que lo vio. Aquel día, en casa de Tsubaki, jugando a la Ouija cuando...
—Es aquí —Soul la sacó de sus pensamientos, señalando un viejo caserón que se ocultaba al final de la calle.
Maka contemplo embelesada la arquitectura gótica del caserón, observando como las hiedras y los rosales escalaban hacia los balcones, o como las gárgolas los contemplaban con sonrisas siniestras.
Que miedo da. Parece sacado de una de las historias de Stephen King.
—¿De quién es esta casa, Soul...?
—Es mía, preciosidad.
Un hombre corpulento y de sonrisa deslumbrante salió del caserón, dejando a Maka sin respiración. Que guapo es.
Soul pareció darse cuenta de como miraba Maka a aquel hombre, ya que arrugó el ceño y lanzó una mirada envenenada al recién llegado. Odio mis celos, se dijo a sí mismo.
—Bienvenidos, bienvenidos, por favor, pasad dentro —pidió el hombre.
—Sí-sí.
—No será necesario, Asura —masculló Soul—. Nos iremos en seguida.
Asura sonrió y Maka se ruborizó.
—¿De verdad?Es una lástima, Soul. Pero...es mejor que hablemos dentro —Asura dirigió una mirada hacia arriba y suspiro—. Es peligroso hablar aquí fuera.
Soul no pudo más que darle la razón. Detrás de él, sentía las miradas de veinte demonios fijadas en su espalda. Y, sobretodo, en la de Maka.
—Bien, entremos —accedió el albino a regañadientes.
Se aseguro de no soltar la cintura de Maka y de que Asura no se le acercara ni un milímetro cuando cruzaron las puertas del caserón.
Asura les guío hasta una de las estancias, donde pudieron acomodarse en un amplio sofá. Mi padre se enfurecería si viera que las teorías del tío Sid son ciertas:los demonios son asquerosamente ricos, pensó para sus adentros Maka, observando de cabo a rabo la casa.
—¿Puedo ofrecerte algo de beber, preciosidad?
Maka volvió a sonrojarse.
—No-no, gracias.
Asura asintió y se sentó en el sofá de enfrente, mirándoles con una sonrisa gatuna.
—Es raro encontrar demonios que tengan a un humano a su lado. Al menos, un humano vivo—rió Asura.
Soul hizo un ademán de levantarse, con los ojos chispeando odio, pero Maka le agarró del brazo con fuerza.
—No hagas nada, Soul —susurró ella en su oído.
Soul siseó y se acomodó en el sofá, cruzándose de brazos.
—¿A qué debo vuestra visita? —Cuestionó Asura—. Hace mucho que no venías por aquí, Soul. me ha sorprendido que me hayas llamado.
—Y me hubiera gustado que eso siguiera así. Pero necesitamos tu...ayuda —titubeó él.
—¿Mi ayuda? —Parecía poner más atención ahora que había escuchado esa palabra—¿En qué?
—¿Has oído algún rumor sobre algún demonio que haya asesinado a... —Soul deposito una foto sobre la mesa y sonrió—...esta chica?
Asura tomó la fotografía de Kim y la observó con ojos fríos. Maka se preguntó como Soul habría robado esa foto a Kid, sin que el policía se diera cuenta.
—Vaya, tiene una marca satánica en la muñeca —señaló Asura.
Soul asintió.
—¿Sabrías decirme quién pudo hacerle eso?
Asura dejó la foto en la mesa.
—Desgraciadamente, no —contestó—. Y, si lo supiera, no podría darte esa información. No así como así.
Maka entendía porque decía eso:los demonios eran así de rastreros. A cambio de hacerte un favor, tú tenías que darle algo a cambio de igual o mayor importancia que el favor pedido.
—Que curioso —murmuró Soul—. Esta noche, he salido a dar una vuelta y he oído a un par de demonios menores hablando sobre la muerte de esta chica —Asura se tensó y clavó una gélida mirada en el albino—. Es raro que tú no hayas oído nada.
Por eso se fue de casa antes, Maka le miró algo sorprendida, pero no dijo nada.
—Soul, ¿no me digas qué ahora te ha dado por jugar a los detectives? —Asura sonrió.
Soul se encogió de hombros y puso los ojos en blanco.
—Soy un demonio, Asura. Me aburro con facilidad. La muerte de esta chica me proporciona algo de diversión...
—Ya veo.
Asura se levantó del sofá y echó una rápida mirada hacia las escaleras. Maka visualizó a un par de demonios que los contemplaban serios, sentados en los peldaños de las escaleras. Esto me da mala espina.
—Así que, has venido a mi casa, solamente para preguntarme si conozco al asesino de la humana, ¿me equivoco?
—Para nada.
—Podrías haber preguntado a otro demonio, ¿por qué a mí?
—Porque, como todos saben, tú eres el rey de la calle Manok. Y conoces a todos los demonios que habitan en ella —explicó Soul.
—¿En serio, Soul? —murmuró divertido Asura.
Los demonios de las escaleras dieron un paso al frente. Soul les dirigió una mirada fría, antes de agarrar de la mano a Maka:
—Vete, ¿vale? —Le susurró en el oído.
Maka le miró confundida.
—¿Qué estás tramando, Soul? —Inquirió Maka.
—Nada bueno —le sonrió él.
Maka se enderezó y miró a Asura. El demonio esbozó una sonrisa agradable.
—Te-tengo que irme —se apresuró a decir.
—Que pena —exclamó Asura—. Lo estábamos pasando muy bien.
Maka le dedicó una sonrisa nerviosa antes de ir directa hacia la puerta. Miró una última vez a Soul, esperando que él se levantara y se fuera con ella, antes de salir del caserón.
No entendía la razón por la que Soul le había pedido que se fuera.
Debían de ser las tres de la madrugada, cuando Maka abrió los ojos y se incorporó rápidamente en la cama.
Había tenido una pesadilla.
La chica jadeó en busca de aire, sintiendo nauseas y el cuerpo terriblemente adolorido. Odio despertarme de esta forma, se secó el sudor de la frente con la manga de su sudadera y miró el despertador.
—Es demasiado temprano...
Se puso en pie y, arrastrando los pies cansada, salió de su habitación. Se moría de sed y un par de pastillas no le harían ningún mal. Así podría dormir tranquilamente y sin necesidad de soñar nada.
En cuanto pisó la cocina, notó que la piel se le ponía de gallina y un sudor frío le recorría el cuerpo. No tuvo que darse la vuelta para saber quien le había provocado esas sensaciones.
—Soul...
El chico rió débilmente.
—Acabo de llegar —anunció él.
Maka se giró para mirarle enfadada. Estaba preocupada. Muy preocupada. No sabía por qué la había pedido que se fuera de la casa de Asura, dejándolo solo con todos esos demonios por ahí.
Y le habría gritado, sino fuera porque vio el aspecto lamentable que presentaba:sus ropas rasgadas, los tajos en sus mejillas, la sangre que emanaba de su brazo izquierdo...
Maka bajó la mirada y encontró un caminito de copos rojos que comenzaba en la ventana y acababa en el sofá donde estaba sentado Soul.
Quiso abrir la boca y preguntarle quien le había hecho eso, pero el chico se levantó con dificultad del sofá y fue hasta ella.
—Después —susurró con voz ronca.
Soul la tomó de la mano y la guió de vuelta a la habitación. Luego, ambos se tumbaron en la cama y, aunque Maka podría haberse resistido, no se separó del cuerpo de Soul.
El chico la abrazó con suavidad por la cintura, apoyando su cabeza en el pelo de ella. Suspiró cansado y cerró los ojos.
—¿Quién te ha hecho...? —Empezó a decir Maka.
Pero Soul sonrió y negó con la cabeza.
—Después —volvió a repetir tajante—. Ahora...sólo quiero dormir.
Minutos después, Maka alzó la vista y le vio dormido, pero con los brazos aferrados a ella.
A la mañana siguiente, Maka se despertó y encontró la cama vacía. Se frotó los ojos adormilada y salió de la cama, buscando a Soul.
Lo encontró en la cocina, sentado en una de las sillas, fumando.
Y no estaba solo.
—Buenos días, Maka —le saludó Kid.
—Ah...hola...—Maka se sintió avergonzada de que Kid la encontrara en pijama, por lo que se cubrió con una bata y se sentó con ellos— ¿Qué haces aquí?¿No habíamos quedado el la plaza mayor?
—Soul me ha llamado.
Maka miró sorprendida a Soul. No se esperaba eso de él. Que raro...
—Oh, y... ¿puedo saber por qué?
Maka estaba nerviosa. Necesitaba una considerable dosis de café. Sacó una taza del lavavajillas y empezó a hacerse café, sin atreverse a mirar al policía o a Soul a los ojos.
—Soul me ha dicho que fuisteis a la calle Manok a interrogar a un demonio —comenzó a decir Kid.
—Sí.
—Y que hablasteis con un demonio bastante importante.
¿Asura era un demonio importante?Por la conversación que mantuvieron él y Soul, debía de serlo.
—Supongo —se limitó a decir Maka— ¿Y?
Soul y Kid intercambiaron una mirada. Maka se preguntó a sí misma a que venía esa mirada cómplice y, de repente, recordó algo:
—¿Tú no estabas herido? —Cuestionó mirando a Soul.
Soul asintió y desvío la mirada.
—Estaba, tú misma lo has dicho.
—Pero...¿cómo te has curado tan rápido?¿quién te hizo eso? —Soul y Kid volvieron a mirarse— ¿Se puede saber qué está pasando?
Kid suspiró.
—Maka, cuando te fuiste de la casa de Asura, hubo ciertos...problemas —dijo Soul, rascándose la mejilla.
¿Problemas?Entonces, todo encajó:la sangre, la tardanza de Soul, las miradas cómplices entre él y el policía, las preguntas con doble sentido...
—¿...qué le has hecho a Asura? —Preguntó Maka a media voz.
Soul la miró apenado. Era la primera vez que la miraba de una forma tan...indefensa. Eso preocupó más aún a Maka.
—Era él o yo. No me dejó otra alternativa.
—¿Qué...? —Maka se sentó en el suelo y le miró asustada.
Kid se levantó del asiento y fue hacia ella, poniéndola una mano en el hombro. Se agachó hasta ponerse a su altura y la sonrió.
—Tenemos dos noticias:una mala y otra buena —le dijo en tono amable—. La buena es que sabemos quien mató a Kim. La mala es que no podremos capturarle.
—¿Por qué?
—Porque el asesino de Kim es Asura. Y Soul lo descuartizó ayer por la noche —completó el policía.
Lo único que pudo hacer Maka es sonreír. Sonreír y dirigir una mirada incrédula a Soul.
¿Qué has hecho, Soul?
