Fic
Cuando te Conocí
Por Mayra Exitosa
Capítulo 2
Albert al Ataque
La mañana fue tranquila, se respiraba paz en el interior de la oficina, sin querer la visita de la señorita enfermera había dejado a todas en la incertidumbre, el ambiente era un poco denso, pero ninguna le sonreía coqueta, esperaba evaluándolo con cada detalle que pudieran,
- Señor ¿Requerirá de algún ramo de flores?
- ¿Perdón?
- ¡Oh lo siento!, solo quería adelantarme a sus peticiones, esperaba saber si necesitaba ordenar un ramo de flores, para que me de los datos de adonde debo enviarlo.
- No requiero de flores, muchas gracias. La asistente salía y un murmullo afuera, se escuchaba claro, estaban susurrando comentarios sobre su decisión. En ese momento sonreía recordando a Miss Decente Enfermera Candice, Candice, interesante… ¿Y si? La tentamos amigo. Se decía Albert a si mismo al pensar en poner en tentaciones a la enfermera que había puesto celosas a las señoritas de la oficina. Una sonrisa de satisfacción se hizo en su rostro. No lo haría común, el mismo compraría las cosas, no serían flores, serían… orquídeas, no serían caramelos dietéticos, serían chocolates muy… dulces y tentadores… como ella.
Candy en la oficina del director del hospital comentaba con detalle de la situación al haber anunciado en recursos humanos que un hombre estaba ingresando y brincaba la seguridad para acosarla.
- Lo sé señorita Candy, ya me informaron de ese hombre, venía a terapia psicológica y… al parecer se ha encaprichado con usted, compréndanos, es un paciente del hospital, no podemos echarlo, usted es una enfermera, simplemente encamínelo al área que le corresponda y posteriormente regrese usted a su área, es más, le parece si la cambio a otro piso.
- Si, por favor. Candy bajaba angustiada su rostro, el señor Michael Confort, el muy ladino ya la buscaría por otros pisos, en ese momento recordaba que el caballero pasaría por ella a las seis, ya no sería un tormento, si la seguía se toparía con míster musculo, un hombre que con solo verlo, lo haría correr. El Director le interrumpía sus pensamientos y finalizaba,
- Entonces no se diga más, se irá al área de pediatría, ahí no podrá seguirla, debido a la alta seguridad de los menores.
- Muchas Gracias, Dr. Martin
Candy salía con una sonrisa, como si el director le hubiera solucionado todos sus problemas, cuando realmente ella solo había pensado en su regreso a casa, con el señor caballero musculoso.
- Candy, te llegaron unas… ¡Orquídeas!
- ¿Orquídeas? Candy se puso tensa, de inmediato, mandaba pedir que las sacaran con cuidado antes de tener problemas con algunos pacientes, por la alergia, agregaba - Solo… desinfecta la tarjeta por favor y… ya me encargare de decirle que soy alérgica a quien me haya jugado esta bromita.
- ¡Hay Candy! No creo que sea una broma, el ramo es precioso y… muy, muy, costoso, mira esta allá. Candy giraba a ver en los cristales un ramo de orquídeas fantástico, sacaba su teléfono y tomaba una foto a distancia para terminar diciendo.
- Esta bien, dame la tarjeta y te llevas el ramo a casa.
- ¡Gracias Candy! ¡Muchas gracias! Espero que cuando me vean llegar con él, John mi vecino sepa que no es el único hombre en mi vida.
Más tarde la tarjeta era entregada en sus manos, firmaba William Andrew, ella sonreía encantada, si era de gustos tan simples, las orquídeas eran hermosas, pero no las toleraba, ni los girasoles, ni las casa blancas, tan solo rosas, era lo más bello que podía tomar, pero para que decirle y hacerlo sentir mal, mejor así.
La horade la comida llegaba, Candy comía en su lugar de trabajo, sin salir, había mandado pedir un platillo y comía, en la oficina central de su área. Uno de los guardias la buscaba, llevando un paquete rojo con moño, al encontrarla, se lo daba personalmente con una sonrisa comentaba,
- Vaya señorita Candy, ya no le hará caso a nadie, ahora por fin tiene un pretendiente muy enamorado, mire que vi llegar el ramo y esto se ve que es algo importante, la envoltura no lo puede negar.
- Gracias don Joseph, es usted tan amable al traerlo hasta aquí. El buen hombre se iba y ella sacaba una caja de chocolates y trufas, divinamente decoradas y de una variedad increíble, giraba el paquete y una de esas tendría nuez, así que no podía elegir una sin saber cuál era la que tenía nueces, la tentación era grande, así revisaba compartiendo cada una con sus compañeras del área. - ¿A ver, prueba la mitad de esta, ¿Tiene nuez?
- No. Esta riquísima, el chocolate se disuelve, Candy. No quiero ser mala, mejor te digo, esta y esta traen nueces, mira son los trozos arriba cubiertos de chocolate, no ha más con nueces, por cierto, me encantan las nueces.
- Bien y ¿Cacahuate o avellana?
- Candy, creo que le deberías decir a tu novio que no toleras los frutos secos.
- Eh! Si, lo haré.
Albert llegaba por ella, ya eran tres a las seis y ella todavía continuaba en su área. Con el trabajo se olvidaba de todo, de pronto, el llegaba hasta su lugar,
- ¡Hola amiga!
- ¡Oh! Disculpa, estaba con los papeles, ya salgo, que pena, perdona. Candy salía y Albert le preguntaba por sus flores.
- ¡Lo siento! Yo… soy alérgica a las Orquídeas.
- ¡Perdón! Lo ignoraba, eres alérgica a todas las flores.
- No, solo a los girasoles y… las orquídeas.
- Que mal. Y te gustaron los chocolates.
- Deliciosos. Dijo Candy bajando la mirada a lo que de inmediato el respondía,
- Y que tenían que eres alérgica.
- Frutos secos, nueces, cacahuates, avellanas. Candy bajaba su rostro ruborizado y avergonzada. El sonreía levantaba con un dedo su barbilla, finalizando,
- Si sales a cenar conmigo, podemos dar este incidente por olvidado.
- ¿En serio?
- Por supuesto, así me cuentas a que más eres alérgica.
- Lo siento, nunca me habían regalado flores tan hermosas, mira, tome una fotografía, eran las más bellas que he visto en toda mi vida.
- Ahora el que dice… ¡En serio! Soy yo.
La velada fue maravillosa, ambos se dejaban llevar por el tiempo, sonreían platicaban, Candy se sentía feliz, nunca había tenido un amigo desinteresado y caballeroso, mientras que Albert reía por poder contarle a ella cosas de su vida y de sus pasatiempos, con tanta facilidad, al no poder avanzar en otro plan con ella, no daba pie en nada, era muy respetuosa, ni siquiera fue a cambiarse solo se quito la cofia y se puso un saco cubriendo parte del uniforme, sin sentirse incomoda en el lujoso lugar.
- A sido una maravillosa cena, eres muy esplendido, siempre quise tener una buen amigo y por fin lo he logrado.
- ¿No tienes amigos?
- No. Siempre buscaban otros intereses personales y nunca había tenido a una persona honesta, caballerosa y respetuosa, que me viera como una amiga, realmente. Estoy muy feliz de poder conversar contigo, en solo un par de horas hemos hablado con tanta espontaneidad, como nunca lo había hecho.
- Me da mucho gusto, Candy.
- Si, es muy bonito que me llames así, y… gracias por la confidencialidad de que te llame como tus amigos más apreciados, Albert.
- A nadie le había dicho eso, pero me gusta cómo se oye en tus labios. Ella sonrió hermosamente efusiva y repetidas ocasiones le respondía,
- ¡Albert! ¡Albert! ¡Albert! ¡Albert! ¡Albert! ¡Albert!
Salieron del lugar, el le ponía su brazo en su hombro, ayudándola a subir después al auto, ya era casi media noche, el gusto de que al día siguiente era su descanso, eso lo aprovecharía, pues estaba pensando en… darse un día de descanso y llevarla a caminar al parque, posiblemente a remar en un bote en el lago y quedarse perdido por las sombras de los árboles…
El viento en el auto, la mareaba un poco, el vino tinto tenía poco alcohol. Pero ella sonreía efusivamente y se dejaba abrazar por su nuevo amigo. Al llegar a su casa, Tom estaba enfadado, la luz prendida y verlo entrar abrazándola, fue algo que no podía soportar, apenas había cerrado la puerta, se fue directo a tocar e interrumpir su idilio amoroso.
Dentro del departamento, Albert se despedía pidiendo que pasaran el día de descanso de ella un paseo por el lago, a lo que aceptaba gustosa, tocaban la puerta, Candy iba a abrir, y Albert la detenía,
- Espera Candy, el viento te alteró un poco con lo poquito que bebiste, no quiero que te vayas a marear, ven deja yo abro la puerta.
- Gracias Albert. Ella se volvía a sentar mirándolo con ternura, otro en su lugar aprovecharía que ella no sabía tomar nada, abría y el reclamo la hizo levantarse del sillón asustada.
Gracias por comentar, deseando que continúe siendo de su agrado, seguimos actualizando y subiendo nuevos fics
Un abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
