Notas:

-¡Muchas gracias por sus reviews!. No tengo internet en casa, así que no sé cuanto tiempo tarde en subir el próximo capítulo, procuraré que sea la espera mínima posible.

-Hace poquito estaba leyendo los comics de Charmed, y me encontré con que en el 3er tomo, Phoebe conoce a Romeo y Julieta -creo que reencarnados- y me dió mucha gracia, porque en el capítulo pasado de este fic, los menciono exactamente así; reencarnados y felices xD. Que coincidencia.


Capítulo 2: El portal

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2016. Wyatt y Chris bajaron más rápido que unos ninjas por las escaleras cargando sus patinetas, se dirigieron hacia la puerta y medio milímetro antes de tomar la manija, su madre previno su escapada.

—¡Eeeeeeh-eh-eh! ¿A donde creen que van, jovencitos? —Ambos voltearon espantados a ver a Piper.

—¡Es sábado, mamá! Sólo vamos a patinar —dijo Wyatt.

—No tardará en oscurecer, debieron pensarlo más temprano. Éstos no son horarios para unos niños.

—Yo ya no soy un niño, ya tengo trece años.

—¡Ja! Dime éso cuando laves tu propia ropa.

—Anda, mamá. Deja que salgamos un ratito —Esta vez habló Chris.

—Dije no, y no es no. Y no se atrevan a llamar a su pa-

—¡Papaaaaaaaá!

—¡Paaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhh! —Gritó Chris. Piper sólo volteó sus ojos molesta y justo detrás de ella entró Leo.

—¿Qué pasa?

—Mamá no nos deja salir a patinar.

—Dile que nos deje, papi —Le rogó Chris con sus manos. Leo volteó a ver a Piper, quien de haber tenido un rayo láser en la mirada, lo hubiera fulminado.

—Creo que estaría bien, mientras no se alejen demasiado.

—¡Leo! No me hagas quedar como la mala del cuento. Si les prohibo salir, es por buenas razones.

—Si ellos están en peligro, pueden orbitar de regreso a casa.

—Si andan orbitando por ahí y por allá pueden exponer sus poderes y lo último que quiero es lidiar con los limpiadores otra vez.

—¿No crees que estás exagerando, Piper?

—No. Allá fuera esta plagado de demonios que quieren cenarse los intestinos de nuestros hijos. —Los niños pusieron cara de asco.

—Aquí dentro también...

—Pero aquí sí los podemos proteger. Incluso tú estas en peligro, Leo; no tienes poderes con los cuales protegerte a ti ni a ellos.

—Sé como cuidarme sólo, Piper. Soy un adulto. Y ellos lo único que quieren es salir a patinar.

—Y yo mantener viva a mi familia.

—Piper —Se le acercó a su oreja— Puedo mantener un ojo sobre ellos, si quieres.

—Mejor mantén los dos.

—Está bien... pero trata de relajarte ¿sí?

Piper suspiró molesta —Sabes que no me gusta que digan ¡que me relaje!

—¿Entonces sí podemos salir? —Wyatt interrumpió.

—Sí, sí. Por favor mami.

Piper y Leo se miraron. Ella quitó las manos de su cintura dando pie a que sus hijos salieran.

—Pero si ven cualquier cosa rara, regresan inmediatamente. —Ambos niños gritaron alegres y por fin abrieron la puerta— ¡Ey! ¿Y mi beso? —Regresaron a besar a su mamá y de nuevo se alejaron, seguidos de Leo quien también se despidió con un besito.

—No te preocupes, cariño. Estaré un paso atrás de ellos.

—¡Ya no tengo autoridad aquí! —Él la escuchó pero ya había salido y no regresaría a discutir con su esposa. Desde hace algún tiempo ella estaba obsesionada con cuidar a sus hijos de los demonios y hechiceros que quisieran robárselos o matarlos. Al principio Leo la apoyaba pero últimamente creía que sobreactuaba y ya no la tomaba tan en serio.

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Los sollozos de un hombre se oían en el fondo de un callejón mientras una voz casi inaudible recitaba murmullos.

—Corinne... Corinne... —Decía el hombre hincado entre gemidos y lágrimas. Otro hombre, parado junto a él, sostenía en una mano un librito de donde leía un conjuro en latín y con la otra tomaba la cabeza del llorón. —Corinne, mi amor... ¡Perdoname, Corinne! —El hombre que recitaba detuvo su lectura.

—¡¿Me harías el grandísimo favor de cerrar tu enorme bocota? —El hincado alzó su mirada y se calló— ¡Hasta morir lo haces mal!... Y deja de hablarle a la estúpida Corinne como si estuviera aquí. —El tipo se paró y tomó del cuello al otro.

—No te atrevas a llamarla estúpida otra vez, o te juro que...

—¿Qué? Tú no me puedes hacer nada, eres un simple mortal. Tu esposa te odia, no tienes casa, trabajo ni amigos. En cambio yo sí puedo hacerte daño, Damián.

—Pues ya te tardaste ¿no crees? Tus ridículos poemas no me han hecho ni cosquillas.

—¿Por qué no te das un tiro y ya?

—La ruleta rusa no funcionó, tirarme del puente sólo me fracturó el pie y descubrí que mis venas son resistentes. Además, éso sólo me haría reencarnar en más miseria; yo ya no quiero sentir nada, y la única forma es si tú, Brubeck, vacías mi cuerpo.

—Como quieras... mejor para mí. —Brubeck tomo la cabeza de Damián y lo empujó para que se hincara de nuevo. —Pero esta vez cállate.

—Y esta vez apúrate.

Brubeck abrió su libro y empezó a leer nuevamente. Pronto se concentró y una luz salió de la cabeza de Damián; un tubo luminoso que se disparó hacia el cielo, que poco a poco se engrosaba conforme Brubeck nombraba palabras.

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—¡Wow! Mira éso, Chris. —Señaló Wyatt al cielo.

—¡Un palo gigante!

—No es un palo, tonto. Es una luz.

—Es un palo ¿Quieres apostar?

—20 dólares a que es una luz.

—Más tu almuerzo si es un palo.

—Mejor vamos a ver de donde viene.

Ambos tomaron velocidad en sus patinetas y fueron a buscar el origen de su apuesta. Leo, que estaba varios metros atrás, se dio cuenta tarde de lo que estaba pasando y corrió detrás de ellos. Les gritó, pero no se detuvieron. Pocas cuadras después llegaron al callejón, encontrándose con Damián y Brubeck. Los niños atónitos hicieron ruidos al llegar, provocando que Brubeck los atacara con una bola de energía. Leo empujó a sus hijos para recibir él la bola, la cual lo lanzó contra la pared haciéndole una herida en la espalda.

—¡Papá! —Gritó Chris.

Leo cayó herido sin poder moverse. Wyatt golpeó a Brubeck orbitándole tablas viejas encima, tomó del hombro a Damián y orbitó a la mansión. Chris agarró la mano de su padre y siguió a su hermano. Brubeck se levantó, y al ver que ya no estaban, berreó furioso.

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—¡Mamá! —Llamó Chris mientras Wyatt sanaba a su papá.

—¡Leo ¿qué sucedió?

—Creo... que fue un demonio —Le contestó Chris.

—¡¿Qué?

—Yo- yo mejor me voy de aquí —Interrumpió Damián, pero fue congelado por Piper antes que diera un solo paso.

—¡¿Y quién demonios es este tipo? —Leo, Wyatt y Chris se miraron sin saber que responder— ¿Alguien va a contestarme o tengo que sacarle las respuestas al desconocido? —Leo se levantó.

—Chris y yo vimos una luz-

—Era un palo...

—Luz

—Palo

—Como sea. Y fuimos a ver que era...

—Y un hombre estaba haciéndole cosas a este tipo.

—¿Qué clase cosas? —Preguntó molesta.

—Lo extraía. —Habló Leo— Y esa luz...

—¿Lo ves? Te dije que era una luz —Wyatt le susurró a Chris.

—...Era su alma.

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Phoebe colgó el teléfono después de hablar con Paige.

—Cariño, pasó algo en la mansión ¿Puedes transportarme? —Le pidió a Coop.

—¿Todo está bien?

—Sí, sólo tienen a un inocente congelado y Piper quiere que estemos ahí por si necesitamos usar el poder de tres.

—¿Quieres que vaya contigo?

—No... sólo necesito que me lleves allá, por favor.

—Esta bien. Pero llámame si me necesitas ¿sí?

—Sabes que sí. Ahora, llévame con ellas, por favor. —Le pidió como niña consentida. Él le dió un beso en la mejilla y con un movimiento de su mano la transportó con sus hermanas.

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Phoebe apareció en medio del ático, Paige y Leo buscaban en el libro de las sombras, Piper caminaba en círculos cruzada de brazos, mirando enojada a sus hijos y ellos sentados en un sillón veían temerosos a su madre.

—¿Y bien? —Preguntó Phoebe.

—Larga historia. —Dijo Piper a secas.

—¿Dónde está el inocente?

—Ya me encargué de él.

—Sí... lo rodeó con cristales y lo dejó congelado allá abajo. —Dijo Paige sin quitar los ojos del libro.

—¿Encerraste a un inocente en los cristales? Piper, si se descongela ¡va a morir electrocutado cuando dé un paso!

—Nah...

—Yo me encargo. ¡Inocente! —Paige orbitó a Damián congelado directo al ático.

—¿Y los cristales? —Preguntó Piper. Paige hizo una mueca y orbitó los cristales también.

—¿Es necesario que lo encerremos? Es sólo un mortal, Piper. —Piper iba a contestarle pero Paige habló primero:

—¡Aquí está! "Extractor de espíritu... Clasificación: Demonio. Método: Arranca las almas de víctimas humanas, haciendo a la víctima sensible a la voluntad de los demonios". ¿Estás seguro que es éste, Leo?

—Totalmente. Cuando era ángel, me topé un par de veces con estos tipos roba-almas.

—¿Entonces el congelado está hueco por dentro? —Dijo Phoebe.

—No. Interrumpimos a tiempo el ritual. Sólo que...

—¿Qué, Leo?

—Estos demonios no atacan a víctimas aleatorias.

—Traducción. —Pidió Paige.

—La única forma de llegar a ellos, es si alguien los invoca... solicitando la extracción de su alma.

—¿Quieres decir que este de aquí es un suicida? —Phoebe dijo señalando a Damián.

—Algo así.

—¡¿Y sacrificaste tu vida y la de mis hijos por un suicida? —Gritó Piper enojada. Chris tapó su cara con sus manos, sabiendo que empezaría el regaño.

—¡Iban a matarlos, Piper! ¡Tú hubieras hecho lo mismo!

—¡No! ¡Yo me hubiera quedado en casa como se los ordené! Y la luz, palo o lo que sea, —Giró hacia sus hijos— era el tipo de cosa rara que les dije que evitaran. Pero si tan sólo me hubieran hecho caso, nada de ésto estaría sucediendo ¡Este sujeto ni siquiera quería ser salvado, por el amor de Dios!

—Piper, es suficiente. Los niños no tienen la culpa.

—¿Entonces es tuya, Leo? ¿A quién debo señalar cuando me pregunten "Oye, Piper ¿quién les pintó a tus hijos el caminito hacia su funeral?"?

—¡BASTA! ¡No es momento de pelear, Piper! No puedes pasarte la vida entera preocupada por los demonios que acechen a nuestros hijos. Ellos son tan perseguidos como tú y mírate, 18 años de bruja y sigues vivita y coleando. Yo también me preocupo por ellos, pero no es razón para prohibirles vivir libremente. Además, ellos no son cualquiera; Wyatt tiene campo protector, sabe sanar y ambos son los más veloces orbitando en toda la escuela de magia ¿Puedes comprender éso, o necesitamos encadenarlos a la pared?

Todos se quedaron en silencio unos segundos sin decir nada. A Piper se le humedecieron los ojos, furiosa descongeló a Damián y salió de ahí.

—Encárguense de su suicida.

—¡Mamá!

—Dejala, Wyatt. Mamá necesita un tiempo a solas.

—¿Dónde estoy? —Damián quiso moverse y se dió un pequeño electroshock en el brazo. Phoebe le pidió que no saliera corriendo si le quitaba los cristales de su rededor, él dudó un momento pero aceptó. Se presentaron con Damián y él hizo lo mismo. Paige giró el tripié que sostenía el libro para mostrarle la página que hablaba de los demonios extractores.

—¿Se te hace conocido? —Le preguntó Paige. Damián leyó el título de la página y miró al suelo avergonzado.

—Ustedes no debieron intervenir.

—Si algo hemos aprendido en todo este tiempo, es que nada pasa por accidente, que mis sobrinos te hayan encontrado fue por una razón. —Agregó Phoebe.

—Pues esa razón no era interrumpir mi muerte.

—Yo te puedo ayudar, Damián. No sólo mágicamente, sino como consejera.

—Nadie puede ayudarme. —Se le quebraba la voz— Arruiné lo más preciado en mi vida... todo fue mi culpa. No vale la pena seguir existiendo si no la tengo...

La empatía de Phoebe le hizo sentir toda el dolor y el arrepentimiento que Damián experimentaba. Él se sentó junto a los niños y todos lo escucharon atento. Damián estaba sumido en sus memorias; Phoebe se estremeció, la piel se le ponía chinita al momento en que las emociones le recorrían desde los pies hasta sus hombros.

—¿A quién? —Preguntó Leo.

—A Corinne... mi espo- ex... esposa.

—¿Te abandonó? —Le dijo Paige.

—No... sí... Puedo... confiar en ustedes ¿cierto? —Ellos le aseguraron que podía contarles— Nací en una familia de mafiantes. Crecí siendo educado de esa manera, yo no conocía otra forma de vida, hasta que... conocí a Corinne. Ibamos a matar a su familia, otra banda muy poderosa de mafiosos. Ella no me conocía, podía acercarme a su casa sin que sospechara nada, era el inicio y el blanco perfecto para asesinarla, pero-

—Te enamoraste de ella —Concluyó Phoebe. Damián asentó con su cabeza.

—Traicioné a mi familia, y ella traicionó a la suya cuando me ayudó a escapar de que ambas familias me mataran. Estuve prófugo por un tiempo, pero tenía que volver; no podía vivir sin ella. Al principio se negó, sin embargo ella misma fue la que después le pidió a su padre que no me mataran, que me perdonaran y me protegieran a cambio de que yo me uniera a ellos. No lo dudé ni un momento, lo importante era estar junto a Corinne... mi bella Corinne... Me gané su confianza, me salvaron muchas veces de que mis propios parientes me asesinaran. Un día... —Sonrió al recordar— ...le pedí que se casara conmigo. Ella era la hija menor, la consentida... le asustaba el matrimonio, el compromiso. Creí que me dejaría, pero no... aceptó después de que casi muero en un tiroteo. No podiamos vivir el uno sin el otro —Volvió a sonreir más ampliamente para enseguida transformar su semblante enojado— Días antes de nuestra boda, mi padre me secuestró y me obligó a matar a la familia de Corinne... o la matarían a ella. Juro que me resistí ¡Lo juro! ¡No quería hacerles daño!

—Pero lo hiciste... —Asumió Paige.

—No. Acepté con tal de que no le hicieran daño a Corinne, pero no lo hice. Al inicio buscaba escusas para evitar a su familia, así no tendría oportunidad de asesinarlos. Después me metieron la idea de que podía pasar a Corinne de mi lado, creí que funcionaría... y funcionó un tiempo: Ella descubrió mi plan una vez casados, su amor por mí era tal, que volvió a darle la espalda a los suyos y se unió a mí. Su familia no hizo nada, sabían que podíamos maltratar a su preciada hija si se metian con nuestra banda. Yo tenía a Corinne y a mi familia juntos, todo era perfecto... pero ella no era feliz. Su padre y su hermano volvieron por ella, asesinaron a mi madre, a mis hermanos y dejaron inconciente a mi padre... seguía yo. Le dieron el arma y la pusieron a prueba pidiendole que me diera justo aquí... —Señaló su pecho. El corazón de Phoebe latía tan rápido y fuerte que pensó que se le saldría del cuerpo. Escuchaba sus latinos como si se tratase de un tambor gigante atorado en su cabeza. Phoebe había sido empática por años, ya controlaba ese tipo de sensasiones; no sabía por qué ésto le afectaba tanto, era como un Deja Vu, a pesar de estar completamente segura que jamás había pasado por algo así. Damián negó con su cabeza mientras recordaba— No lo hizo... Mi hermosa Corinne falló a propósito, me dió en el brazo —Se descubrió el hombro y les mostró la cicatriz— De nuevo me dejó ir. Podía ver el dolor en su mirada... Después de haberla traicionado dos veces ¡ella me dejó huir! —Damián se ahogó en un suspiro y se levantó del sillón— Meses después volví... Me enteré que Corinne había perdido un bebé nuestro, yo no sabía nada de éso... Quería empezar desde cero, volver a su casa y ser felices como en el pasado. Todo fue inutil... intenté convencerla de tantas maneras de que no volvería a traicionarla jamás. La mayoría de mi familia estaba muerta, si ellos volvían a amenzarme, preferiría que me mataran a mí antes que a Corinne o a su familia ¡Yo estaba dispuesto a dar mi vida por ella! —Soltó un par de lágrimas— Ahora ella me odia. No quiere saber nada de mí. Me quiere muerto.

—¿Y crees que la solución es darle gusto matándote? —Dijo Paige sarcásticamente.

—Lo que no entiendo es cómo conociste al extractor de espíritus. Sólo alguien que sepa de magia negra sabría invocarlo. —Dijo Leo.

—Corinne tenía gusto por... magia y esas cosas. Ella me regaló el libro de San Cipriano, es un libro de-

—De invocaciones. Sí, lo conozco. Es un libro muy peligroso, más si no se sabe usar —Explicó Paige— Que tu noviecita te haya enseñado como invocar, no significa que seas capaz de manejar la situación; los demonios son muy peligrosos. Ellos no te ayudan sin recibir nada a cambio, hay formas humanas de resolver los problemas ¿Verdad, Phoebe? —Phoebe estaba entumida con el bombardeo de emociones— ¿Phoebe?

Phoebe cayó débil de rodillas. Sus sobrinos corrieron a ayudarla cuando de repente un portal se abrió en la habitación y salieron de ahí dos demonios. Uno lanzó una bola de energía a Paige, ella la orbitó y mató al demonio, sin prevenir que más demonios iban saliendo del portal. Wyatt corrió hacia Leo quien ya había sostenido a Damián y formó un campo protector para los tres. Los demonios intentaron fallidamente raptar a Damián, asi que intentaron tomar a Paige, quien orbitó antes de que la capturaran.

—¡CHRIS, SAL DE AQUÍ, HIJO!

Chris estaba a punto de tomar la mano de Phoebe y salir oribitando de ahí, pero un demonio se le adelantó tomándola por la espalda y arrastrándola salvajemente hacia el portal.

—¡TÍA PHOEBE!

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El demonio entró al portal con Phoebe en brazos y la azotó contra el suelo. Ella no pudo hacer ningún movimiento cuando el portal ya se había cerrado. Brubeck apareció entre los demás y les gritó que se fueran.

—El imbécil de Damián me prometió su alma. Si no tengo la suya ¡Entonces tomaré la tuya! Pero antes... —Formó una bola de energía en su mano, estaba dicidido a lanzarla contra Phoebe para dejarla mal herida. Disfrutaba tanto torturar a los humanos— Dile "hola" al dolor, preciosa...

—¡NO! —Un hombre apareció de la nada atravesándose entre ella y la bola de energía. Aun tirada en el suelo, ella alzó el rostro y pudo ver la cara de aquel hombre.

—Cole...

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