Hola de nuevo! =D
Muchas gracias a todos por los reviews, ya os contesté personalmente, así que no tengo nada que decir xD
Este capítulo me ha quedado mu raro... (de nuevo, me drogé para hacerlo xD) Y ya sabéis, para quien disfrute de la música clásica: G-o-e-a-r .com/listen/d70ade0/la-ultima-primavera-edvard-grieg ----- Edvard grieg, La última primavera
En fin, a... ¿disfrutarlo? xD
Dolor.
Dolor en todas y cada una de las partes de su cuerpo, un tipo de dolor similar a cuando recibes un calambrazo.
Mello se había ido. Y L había muerto.
Mientras más pensaba en ello; mayor era la decepción y la incredulidad.
Mello, ese chico espigado de cabellos dorados, impulsivo y algo violento, había abandonado el orfanato debido precisamente a la muerte de L, el detective más famoso del mundo. Y alguien muy especial para este lugar.
Linda ahogó un gemido. Quería llorar. Más. Como si no hubiera llorado ya suficiente.
Quería sentir las lágrimas deslizándose por sus mejillas. Al fin y al cabo llorar de dolor era algo extrañamente placentero. Y mientras con más fuerza lo hacía mayor era ese placer. No había nada como derramar torrentes de lágrimas, muchas lágrimas, tener la cara empapada y seguir llorando. Llorar y llorar. Sin querer parar y así no tener que volver a la realidad para sentir ese dolor tan parecido a un calambrazo. Resultaba pradójico. Y egoísta. Al igual que Mello.
Aunque había huído para poder vengar la muerte del detective, también de cierta forma, huía de si mismo.
Linda había oído la noticia detrás de la puerta del despacho de Roger, cuando se la estaba anunciando a Mello y a Near.
Éste último ni se inmutó. Linda no quería pensar que a Near no le importara L. Tal vez simplemente... no podía expresarlo. Hacía tiempo ya había estado investigando sobre los distintos transtornos de personalidad, en algunos el sujeto era incapaz de expresar sentimientos y emociones, como por ejemplo llorar, tal y como Linda seguía haciendo ahora. De pronto levantó la cabeza y se secó las lágrimas. Llorar no servía para nada, era absurdo. Placentero y egoísta.
-Linda. ¿Qué haces ahí?
La chica reaccionó de inmediato. La puerta se había abierto dejando entrar un halo de luz en su habitación, que hasta ese momento se había encontrado totalmente a oscuras.
Luego miró hacia la figura situada en el marco de la puerta.
-Roger... -Su voz fue casi un murmullo-
-Linda ¿Por qué estás a oscuras? -Dijo el hombre acercándose.
Roger era el director del orfanato, el mismo que había anunciado a Mello y a Near la muerte de L. Por el momento parecía guardarlo en secreto ante los demás niños.
-Yo... estaba aquí, pensando. -Su voz sonó más firme esta vez, pero dejaba entrever un rastro de tristeza-
-Linda... Si necesitas hablar...
-No, no, estoy bien, en serio. - Contestó rápidamente. No tenía ganas de desahogarse con nadie, además, las palabras de Roger no parecían totalmente sinceras, solo dichas por pura cortesía-
-Pues parece que hay alguien más que si quiere hablar contigo, supongo que tendré que decirle que no-
-¿Eh? ¿Quién? - Linda se sorprendió. Nunca nadie se había interesado realmente en hablar con ella. Ni siquiera ninguno de sus amigos. Solo lo hacían cuando les apetecía jugar o cosas por el estilo. Je, los amigos.
De pronto, detrás de Roger apareció Near. Justamente la persona que menos esperaba que fuera.
-Linda. ¿Podríamos hablar un momento? -Su voz, vacía y nítida, pero a la vez relajante. Como la de alguien que narra un documental-
-C-Claro. -Linda se pusó nerviosa de repente sin acabar de saber porque-
Near entró en la habitación y cerró la puerta tras de si, Roger acababa de irse.
No hablaban desde la semana pasada y no pudo evitar sonrojarse al recordar el "accidente". Había olvidado su bloc de dibujo, y seguramente Near se habría dado cuenta y ahora lo tendría él. Le daba igual que no se lo devolviera, lo que de verdad le importaba era si le había gustado el retrato suyo que dibujó. Eso le puso más nerviosa aún. Era extraño, nunca se sintió nerviosa con Near, siempre el chico con sus silencios le había transmitido mucha tranquilidad. Pero últimamente... últimamente las cosas parecían haber cambiado respecto a él. Y eso le deba miedo, aunque también le gustaba.
-Eh... ¿Linda? - La voz de Near sonó en algún lugar de la habitación-
-S-Sí, dime. -Linda sonrió.
-¿Quieres hablar así o enciendo la luz?
Linda cayó en la cuenta de que la habitación se encontraba a oscuras. Estaba tan ensimismada y perdida en sus pensamientos que no se había dado cuenta.
-¡Ah perdón! Sí, enciende la luz. -La chica descubrió que se estaba comportando de una manera bastante idiota-
Near encendió la luz, aun así había que forzar la vista para ver bien, ya que la bombilla estaba casi fundida.
El chico se sentó delante de ella, de nuevo, de forma extraña, Linda estaba hecha prácticamente un ovillo en la pared.
-Entonces te encuentras bien. -Near miraba hacia algún punto del cuarto mientras hablaba, esta vez no tenía ningún juguete a mano-
-Sí... -Linda no pensaba contarle que había estado espiando la conversación con Roger, aunque parecía que el chico ya lo sospechaba-
-Bueno, mejor así. Ya que sólo venía a devolverte esto. -Near se sacó del interior de su camisa de pijama el bloc de Linda- Tu dibujo está muy bien.
-M-Muchas gracias... -A pesar de la voz indiferente y de su mirada perdida, la niña se sonrojó más todavía y una enorme sonrisa se esbozó en su semblante mientras abrazaba contra si misma su bloc recién recuperado.
Al contrario que otras tantas veces, Near si se fijó en su reacción. Vio la felicidad en un rostro que hasta hace poco parecía haber estado mojado, y unos ojos algo rojos he irritados. Ya no le quedaba ninguna duda: Linda había estado llorando. Y, probablemente, por algo bastante triste. Por lo que había oído la gente siempre lloraba por algún motivo. O al menos eso creía.
Jugó con un mechón de su pelo, incómodo, sin saber que decir ni que hacer. ¿Podía una persona tener cambios tan bruscos de humor? Quizás Linda sufría algún transtorno de personalidad o algo así...
Aunque recordó como él mismo se había sentido feliz al ver aquel dibujo. Eso le confundía, y no le gustaba confundirse.
El chico decidió olvidarlo, se levantó y dando media vuelta se fue. No se despidió, pero al menos cerró la puerta.
Linda se abrazó aún más al bloc, con las pocas palabras de Near resonando todavía en su mente. Y comprendió lo absurdo que era llorar; a la vez que placentero y egoísta. Y por eso mismo lloro otra vez. Por todo y por nada. Por algo que no podía expresar con palabras y que tampoco quería compartir con nadie.
Y le daba igual que resultase egoísta. Total, nadie lo entendería.
