Me siento muy contenta de que les haya parecido buena la idea. Ahome está envuelta en un enredo como siempre… pero que pasará ahora que llega a casa de los Taisho, ¿Qué pasará con Inuyasha?... ¿Cómo se comportará Sarah? Aquí hay algo sobre eso je je

Cap. 2 Mi familia

Kikiou se había encargado de peinarla y vestirla como ella, se sentía tan apretada y su ropa era algo incomoda, además que los colores que usaba eran sensuales y algo escandalosos, ella estaba acostumbrada a andar en traje de baño, usar ropa casual y sobre todo cómoda.

Una limosina color blanco se detuvo frente al hotel donde se suponía se hospedaba, ella ahora era Kikiou.

- Señora Kikiou buenos días, ¿la llevo a casa?- un anciano de cabeza calva le abrió la puerta, recordó que era el chofer de Inuyasha, llamado Myoga.

- Si por favor – contestó sentándose en los cómodos asientos de cuero negro de la limosina.

El viaje se hizo corto, en la comodidad de los ricos el tiempo se va de inmediato. Se adentraron en un jardín lleno de flores de varios colores y deteniéndose frente a la gran casa Taisho, parecía el palacio de justicia, toda blanca y sobre la estructura del arco principal grabado el apellido TAISHO. Como si alguien pudiera confundir esta mansión.

Sarah la niña de cabellos azabaches corrió a la limosina con sus brazos extendidos.

- Mami, mami regresaste – sus palabras apretaron el corazón de Ahome. Bajó de la limosina dejando que la pequeña la abrazara. Sus cabellos atados en dos colas una a cada lado de su cabeza la hacían lucir realmente hermosa.

- Hola pequeña – dijo mientras la alzaba con los brazos aun alrededor de su cuello.

Inuyasha también salió a su encuentro con su cara llena de confusión, al parecer no esperaba el regreso de su esposa.

- Sarah, cuidado con la ropa de mamá sabes que se enoja si la ensucias – estiró sus brazos para que ella se fuera con él.

- No está bien, no me ensuciará – respondió Ahome su cara se convirtió en una mueca extraña.

- Vez, mamita me extraño no quiere dejar de abrazarme – dijo sonriendo. Y la azabache le devolvió la sonrisa.

- Kikiou, entremos tenemos cosas que hablar – tomó la maleta en sus manos y caminó delante de ella. Ahora en persona se veía más atractivo, era de cuerpo fornido y sus trajes se ajustaban a sus músculos de manera perfecta. Ahome mordió su labio inferior al fijarme en su trasero bien proporcionado.

Kikiou tenía suerte, un esposo guapo y una hermosa hija ¿Qué era lo que odiaba tanto de su vida?

- Maldición Kikiou, te dije que no volvieras – Inuyasha gritaba como loco mientras azotaba todo lo que se ponía en su camino. Tal vez, Kikiou se había ido porque él la golpeaba, era una buena excusa.

- ¿contesta? – volvió a gritar apretando el brazo derecho de Ahome con fuerza.

- Basta, me lastimas, como te atreves a tratar así a una mujer – reclamó enojada.

- Oh tienes sangre en tus venas, creí que la mujer de hielo no le importaba nada – sonrió sarcástico. Había cosas que en verdad no lograba entender.

Sobó su brazo, que tenia marcas rojizas y ardía por la presión ejercida – no debes tratarme así, se supone que soy tu esposa.

- Vienes a mí con ese discurso tonto, sabes que este matrimonio terminó hace tiempo, eres... – se detuvo un momento y bajó el tono de su voz – eres tan cruel con Sarah, no la atiendes, no la mimas, no te importa su bienestar, y hoy llegas con esa cara de adoración hacia ella

- Es mi hija, y le amo – era lo que se suponía que una madre debía hacer.

Inuyasha sonrió sin ganas - ¿Qué es lo que quieres?

Pensó muy bien las cosas, tal vez Kikiou en verdad lo que necesitaba era que arreglara su vida familiar.

- Quiero una oportunidad, de... enmendar mis errores, quiero ser una buena madre para Sarah. – sí, eso era lo que Kikiou haría, sólo que ella estaba tan deprimida y cansada de todo que su paciencia no aguantaba para esto.

Miró el rostro hermoso de la azabache sorprendido y se acercó a ella sonriendo.

- ¿Estas hablado en serio?- se arrodillo y tomo sus manos

- Sí, claro que si, Sarah merece lo mejor – sonrió al ver la felicidad llegar a los ojos de Inuyasha, era un hombre tan temperamental, ya Kikiou se lo había comentado.

- Nunca creí que escucharía de tus labios la petición de una segunda oportunidad, gracias Kikiou, espero que nosotros también mejoremos como pareja – al decir eso se puso de pie y se acercó de manera alarmante a la que se suponía era su esposa.

- I... Inuyasha, eso es diferente... Tu... Tú tienes una amante – recordó cuando Kikiou se lamentaba por las traiciones de Inuyasha.

- ¿Amante? ¿De dónde sacas esas cosas? – su cara era de confusión, iba a descubrirla si seguía hablado

- Yo, bueno alguien me lo contó – se alejó rápidamente del cuerpo tibio y musculoso.

- ¿Y por eso te marchaste? – levantó una de sus cejas pobladas.

- Sí, claro fue por eso – era una mentirosa

- No tengo ninguna amante – volvió a pegarse a su cuerpo – sabes que no podría Kikiou, toda la vida te he amado cariño –respiró cerca de su cuello produciéndole a la chica un escalofrío. Que le pasaba a Kikiou, pensó. Este hombre era irresistible, su aroma, su piel, su cuerpo, que tenia de malo, porque se iba.

Los labios chocaron contra los de la chica en un beso hambriento y apasionado.

- Ya ni me toca – dijo Kikiou en esa oportunidad.

Como no iba a tocarla, si este hombre estaba desesperado por ella… por ella. Recordó en ese preciso instante que ella no era Kikiou.

- Basta – dijo jadeante mientras lo apartaba.

- ¿Qué sucede? – habló con su respiración entrecortada apoyando su frente a la de la chica.

- Espera, aun no, yo, yo quiero hacer todo bien, es apresurado perdonarnos así – era una buena excusa, era un matrimonio en crisis o al menos eso creía.

- Quiero que vayamos a una terapia familiar, de pareja, quiero que mejoremos nuestra situación Kikiou – habló acariciando el rostro de mejillas sonrosadas de manera suave.

Él amaba a Kikiou como loco, y ella se sentía ahora entre la espada y la pared. Había deseado tanto un esposo así.

- S i está bien, iremos – se apartó encaminándose hasta el cuarto de Sarah. .

- Mami – la niña se abalanzó sobre ella de nuevo.

- ¿Cariño, que haces? – preguntó queriendo conocer más sobre ella.

- Estoy coloreando estas figuras, papá compró este cuaderno para mí – tomo el cuadernillo color rosa para mostrárselo.

- Vaya que hermoso es. Papá es muy bueno contigo – sonrió

- Si, es mi héroe – tomó sus colores y continuó con su labor.

Suspiró recordando que, una vez estuvo a punto de tener una familia como esta.

-Estoy embarazada – gritó la azabache y se lazó sobre los brazos de su novio.

- Es genial cariño, pero... – su rostro se llenó de dudas y ella lo contempló nerviosa.

- ¿Pero qué? – temía a su respuesta

- Me voy de viaje Ahome y... No creo que pueda quedarme a ser el padre de tu hijo – se apartó de él rápidamente.

- Vete entonces ahora mismo y no regreses – ordenó señalando la puerta de salida.

- Bien, suerte con el bebé – y salió. Nunca más supo de él.

- Kouga – susurró colocando una mano en su vientre ahora vacio.

N/A: ¿Un bebe de Kouga? Esta autora si inventa jejejeje… bueno pero ¿qué será lo que le pasó a Ahome? E ¿Inuyasha tan apasionado? Es mi sueño hecho realidad jejejeje si desean saber más no se pierdan los próximos capítulos…