Centripetal Force
Summary: Victor y Yuuri forman un acuerdo provechoso, y Pichit y Christophe tienen una conversación secreta.
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Fic escrito por: braveten
Traducido por: Lilaluux
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Capítulo 2: Un Acuerdo
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Resulta que Yuuri no es un robot.
Porque cuando Victor se despierta, su roommate está durmiendo. Su laptop se encuentra a los pies de su cama, mientras él está recostado en una posición precavida –Victor figura que se debe a que en cualquier momento de la noche Yuuri podría patear su laptop sin querer. En este momento Yuuri es un completo revoltijo de mantas azules mientras que franjas de luz lo iluminan, filtrándose entre las ranuras de las cortinas.
Victor estiras los brazos, sentándose sobre la cama e inclinándose hacia delante para obtener una mejor vista de Yuuri. Tiene que entrecerrar los ojos para poder verlo desde el otro lado de la habitación, y todo lo que puede distinguir es un lio de cabellos negros asomándose por debajo de las sabanas. Una parte de él desea que las sabanas estuvieran centímetros más abajo, dándole la posibilidad de lograr ver el rostro de Yuuri, sin embargo se regaña a sí mismo por el pensamiento. Querer ver la expresión de tu compañero de dormitorio mientras duerme no es un deseo normal, ¿cierto?
Se pone de pie y saca su ropa de su bolso del gimnasio. Sólo ha traído lo mínimo de indumentaria a esta habitación porque no consideró que se quedaría allí por más de un día. Traerá el resto de las cosas que se encuentran en su carro más tarde. Se promete. Su celular vibra, y baja la mirada para ver un mensaje de Mila sobre su primera clase de literatura romana que tienen el día de hoy.
Un rato después, abre la llave de la ducha. Sale agua caliente casi al instante, y él lo agradece, porque el año pasado la ducha de su habitación casi nunca tenía agua caliente. Es un sueño hecho realidad. No puede esperar para contárselo a Chris.
Victor se seca el pelo, luego envuelve una toalla alrededor de su cintura, toma el cepillo de dientes de su neceser y le echa algo de pasta. El espejo está empañado, así que sin pensar abre la puerta del baño.
Yuuri lo mira con ojos desorbitados desde su cama.
Oh.
Bueno, quizás debería mantener la puerta cerrada.
(Pero está usando una toalla para cubrirse. ¿Entonces qué importa?)
Al terminar de cepillarse, escupe lo que tiene en la boca luego se enjuaga con bastante agua. Toma un vaso de plástico y durante 30 segundos completos intenta que el cepillo quede equilibrado dentro, pero es demasiado pesado y vuelca el vaso en cada intento. –Puedes poner tu cepillo al lado del mío –le ofrece Yuuri, seguramente viendo su dilema.
Yuuri tiene un porta-cepillos con cinco agujeros. Victor le sonríe. –Gracias.
Y ahí está esa mirada otra vez.
Esa mirada penetrante. Pesada.
Victor le echa un vistazo, recostándose sobre el vano de la puerta. – ¿Tú tomas un baño por las noches o por las mañanas?
–Por las noches.
–Genial.
Ve como Yuuri traga grueso. –Um, tú seguirás… no te vas a… ¿no te vas a vestir?
–Es lo que tenía planeado –responde con sencillez.
Parece físicamente doloroso para Yuuri el apartar sus ojos. Pero lo hace. Luego está con la vista nuevamente puesta en el laptop, y Victor se pregunta si Yuuri está físicamente conectado con ese aparato por medio de un cable o algo parecido, porque eso explicaría el hecho de que lo deje a los pies de su cama mientras duerme.
Victor cierra la puerta y habla con Yuuri desde el otro lado. – ¿Y a qué hora te fuiste a dormir?
–No lo sé.
–Hmm. Eso no es saludable, Yuuri –le reprende.
–No era tan tarde –Yuuri asegura–. No te preocupes por mí.
Victor no responde, en su lugar se limita a ponerse unos pantalones jeans y una camisa verde con el logotipo de una antigua banda. Después abre la puerta y se trepa a su cama, encarando a Yuuri mientras balancea sus piernas, con las manos sobre sus rodillas. – ¿Qué estás haciendo?
– ¿Vas a preguntarme eso cada vez que me veas con mi laptop? –dice Yuuri, pero hay un rastro de humor en su voz, Victor sonríe.
–Sólo es curiosidad. ¿Cómo sé que no estás Googleando sobre los mejores lugares para enterrar el cuerpo de tu roommate después de asesinarlo?
Todo rastro de diversión desaparecen del rostro de Yuuri. –No lo sabrías.
Victor parpadea.
(Luego se percata. Es broma.)
–Eso fue escalofriante –reconoce, y la cara de póker de Yuuri se desvanece, una sonrisa le cubre sus facciones mientras agacha la cabeza–. Muy escalofriante. Deberías trabajar en una casa de sustos.
–Vaya cumplido.
Victor estira sus brazos hacia atrás. – ¿Hoy tienes clases?
–Cálculo multivariable.
Victor hace una mueca. – ¿Cómo puede tener múltiples variables? ¿Cómo lo resolverías?
Yuuri ríe ante eso. –Buena pregunta. Te lo dejare saber cuándo lo descubra. ¿Qué clases tienes hoy?
–Literatura Romana. Mila está ahí también.
–Suena interesante.
–Y luego tengo Latín justo después. Así que van juntas, al menos –nota Victor.
Yuuri cambia de posición, como si acabara de recordar algo. – ¿Cuántos idiomas hablas?
–Siete. Cuatro con fluidez.
(Si Victor dijera que no le gustó la forma en que los ojos de Yuuri se abrieron, y la forma en que sus labios se separaron, estuviera mintiendo. Porque impresionar a Yuuri podría ser y no ser su nuevo pasatiempo favorito, su nueva meta si con eso logra conseguir una reacción como esa cada vez.)
Ve a Yuuri jugar con la punta de sus mangas. – ¿Hablas japonés?
Maldita sea.
(Por supuesto que el japonés es el único idioma que él no habla.)
–No, pero quizás tú puedas enseñarme –Victor sugiere.
Yuuri sonríe ante eso, sus ojos bajan a su escritorio. –No creo que yo sea un buen profesor. Bueno entonces, ¿Cuáles hablas?
–Hablo ingles con fluidez y ruso, claro está, más francés y latín. También sé tailandés, chino y portugués. Además sé un poco de noruego, holandés, alemán, y árabe. No mucho comparado con las otras cuatro, en realidad. Pero supongo que mis favoritas son las lenguas romances.
Yuuri palidece. – ¿Q-qué?
–Las lenguas romances –repite Victor–. El francés, latín, y portugués son las tres que conozco. Aunque también me gustaría aprender rumano.
Yuuri lo mira sin comprender, como si las palabras de Victor aun estuvieran siendo procesadas en su mente. Victor se encoge de hombros, intentando parecer modesto pero enorgulleciéndose por dentro.
–Yo agarre francés este año –dice Yuuri.
–Y yo agarre física.
–Quizás podríamos llegar a un acuerdo –sugiere, y justo cuando Victor piensa que Yuuri no puede verse más atractivo, él va y dice algo así, y es frustrante, en verdad.
Victor vacila, pretendiendo considerarlo. – ¿Tutoría por tutoría?
–Oui.*
Victor sonríe.
Yuuri también sonríe. –Me temo que eso es todo lo amplio de mi francés. Necesito créditos en lengua extrajera.
–Y yo necesito créditos en ciencia.
–La física es interesante –protesta–. Te gustara.
Victor frunce el ceño. – ¿Es broma?
–No, no es broma –Yuuri insiste–. Te lo probare algún día. Ya verás.
–De veras que es una buena broma, Yuuri –lo provoca Victor.
Él rueda los ojos. –Cállate o iré allá y…
Victor no está seguro de cuál es más lindo –el Yuuri molesto e irritado o el Yuuri sonriente. No puede decidir cuál, pero ciertamente el Yuuri molesto está ganando ventaja.
– ¿Y qué?
Yuuri se encoge de hombros. –No sé. Te golpearía con tu propia laptop.
–Me gustaría verte intentándolo.
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–Conseguirás que nos invite a las fiestas más alocadas –Phichit insiste–. Psi Omega Iota tiene las mejores fiestas. Y los mejores viajes. ¡Quizás y él te lleve a un viaje! Y si lo hace, tienes que llevarme contigo, yo voy en el paquete, obvio. Ellos van de camping algunas veces, ¿sabes?
Yuuri sonríe. –Te llevaría conmigo, pero no te ilusiones. Sólo porque nos llevamos bien no significa que somos mejores amigos o algo. Estoy seguro de que él está haciendo esto para que lo que resta de la semana estemos en paz.
Phichit lo toma por los brazos. –No pienses así. Estoy seguro de que a él le gustas. Quiero decir, quizás no se enamoren de un día al otro…–
–Phichit.
–…Pero tú eres alguien tan agradable, Yuuri. No puedo pensar en una sola persona a la que no le gustes.
Yuuri lo abraza con fuerza. –Gracias. Eres un buen amigo.
– ¿Tan bueno que me llevaras a los viajes del Psi Omega Iota? –pregunta con optimismo.
–Y uno muy molesto.
–Adorablemente molesto –le corrige Phichit.
Yuuri lo aleja y lo mira con afecto. Luego recuerda algo. –Por cierto. Siete.
Phichit lo mira confundido. – ¿Siete?
–Él habla siete idiomas –le dice Yuuri–. Más, incluso.
Su amigo se queda boquiabierto. –Wow, eso debe verse impresionante en un curriculum.
–Pero él piensa que la física es aburrida.
–Ok, me retracto de todo lo que dije. Él ya no me agrada. –Phichit declara.
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Yuuri pasa el resto de su tiempo libre en compañía de Phichit, y cuando regresa al dormitorio, ya son las diez de la noche, para ese punto Victor ya está durmiendo. De puntillas se acerca a la cama, sin querer hacer ruido y poniéndose rígido cuando Victor bosteza. Él había estado yaciendo sobre su espalda, pero en sueños rueda hacia un lado, aferrándose a las mantas, con su flequillo levantado revelando todo su rostro.
Yuuri sigue las finas líneas de su mandíbula con sus ojos. Luego examina el cabello de Victor, restriega sus manos en sus pantalones jeans como respuesta ante la abrumadora urgencia de tocarlo. Sus pestañas son largas, plateadas al igual que su cabello, un hecho que Yuuri todavía no ha superado, si es honesto. Inconscientemente, Victor se acurruca más a las mantas, dejando escapar un suave suspiro. Yuuri aferra con una mano su propia camisa, justo encima del corazón, contemplándolo.
(Él no puede ser real.)
Victor vuelve a cambiar de posición.
Yuuri se sobresalta, luego se trepa a su propia cama y saca su laptop, se coloca los audífonos y enciende la música, antes de echarle a Victor una última mirada.
~•~ ~•~ ~•~
Varios días después, Victor está en el edificio de ciencias, observando la nota de su primera evaluación de física.
(Quince.)
(Y no, no un quince sobre dieciséis, ni tampoco un quince sobre treinta. No.)
(Un quince sobre cien.)
–Wow, debiste haber tratado mucho para obtener ese puntaje. Incluso si sólo le atinaste a la mayoría. Pero debiste haber obtenido por lo menos un veinticinco –le dice Mila luego de encontrarlo sentado en una banca.
Victor levanta la mirada. –Gracias.
Ella lo consuela tocándole los hombros. –No es que… no es que tú no seas… en fin, la ciencia no es lo tuyo. Eres bueno en otras cosas. ¿Te veo después para estudiar literatura romana?
Asiente. Después Mila se aleja caminando. Dejándolo solo en la banca a mitad del vestíbulo, aún con la vista puesta sobre la nota en rojo del papel que se encuentra entre sus manos. Afortunadamente, sólo es un diagnostico preliminar, no una evaluación real. Sin embargo, la clasificación promedio fue de setenta y cinco, y la profesora dijo que separó los puntajes más altos y los más bajos como partes aisladas.
Victor no necesita preguntar quién obtuvo la nota más baja.
Una clase entera está saliendo de una de las aulas escaleras arribas, y Victor levanta la vista hacia el balcón mientras los estudiantes salen en tropel del aula. Capta un vistazo de Yuuri, quién está hablando con dos chicos a los que Victor nunca antes ha visto mientras juntos bajan las escaleras.
(Es tan diferente, el verlo así.)
(Porque cuando ve a Yuuri en el dormitorio, él se porta tímido pero amable.)
Pero ahora, es como si estuviera lleno de vida, riendo ante algo que dice uno de sus amigos pelinegros y agarrando su texto de física contra su pecho. Él está diciendo algo en respuesta –contando una historia, quizás– y luego, desde las escaleras, Yuuri lo ve.
Victor se congela. Por alguna razón él ha olvidado que, sí, en algún punto, Yuuri lo vería sentado allí. Y eso lo hace sentir como una especie de presentador de un documental, observando a Yuuri en su hábitat natural.
Victor lo saluda.
Y Yuuri le regresa el saludo.
Victor ve como uno de sus amigos se inclina hacia él y le pregunta algo, y él no necesita imaginarse que es. Yuuri le responde, y luego vuelve a mirar a Victor.
Una pausa.
(Victor espera.)
Él les dice algo a sus amigos, y siguen caminando.
(Él continúa esperando.)
Y después Yuuri camina hacia él.
Victor mira a su derecha, luego a su izquierda, para asegurarse que no está malinterpretando nada.
–Hola –lo saluda su roommate.
–Hola.
Yuuri cambia su peso de un pie al otro. –Supongo que estás aquí por tus clases de física.
Victor mira hacia abajo. Hacia el pedazo de papel entre sus manos, considerando si esconderlo o no. Pero en cambio, decide tomar el riesgo –toma su mochila y la deposita en el suelo a un lado de la banca, hace lo mismo con su patineta. Luego se mueve a la izquierda, y Yuuri parece que ha entendido la indirecta, se sienta a su lado. Victor le enseña el papel.
Yuuri hace una mueca. –Esto… esto no es bueno.
–Nope.
– ¿Qué docente te tocó?
–Baranovskaya.
Yuuri le sonríe con simpatía. –Ella es dura.
Victor lo mira. Él está comenzando a darse cuenta de que, más que nada, Yuuri es interesante. Sus palabras, sus acciones –desde cada sutil movimiento de sus brazos hasta la forma en que sus cejas se tocan cuando está concentrado en algo, la forma en que sus labios se abren cuando sus ojos se encuentran con los de Victor.
(Es interesante en cada sentido de la palabra.)
– ¿Te veo luego en el dormitorio? –Yuuri sugiere–. Quizás pueda ayudarte para tu siguiente evaluación. Si quieres.
Pregúntale adónde va, pregúntale adónde va, pregúntale adónde va, ruega una voz en la cabeza de Victor.
No lo hace.
–Eso sería estupendo. Te veo luego.
(Cobarde.)
Observa como Yuuri se aleja, este le lanza una última mirada sobre su hombro antes de salir del edificio. Victor agita su mano por última vez, Yuuri hace lo mismo, y eso provoca que el corazón de Victor palpite dolorosamente, como si su cuerpo no supiera cómo reaccionar cuando Yuuri le dedica esa clase de atención.
~•~ ~•~ ~•~
Más tarde ese día, cuando Victor ingresa a su habitación, Yuuri está ahí y le ofrece una tímida sonrisa. Victor también le sonríe, feliz de que al parecer ahora son amigos, o al menos algo cercanos. Se sube a su cama y toma entre sus manos su diagnóstico fallido de física. Tiene preguntas que hacerle a Yuuri. Lo ha estado pensando desde que lo vio en el edificio de ciencias.
(Pero las palabras parecen no querer abandonar sus labios.)
(Es como si el romper el silencio que hay entre ellos fuese una clase de crimen.)
Para su sorpresa, es Yuuri el primero en hablar.
–El número no va a cambiar. No importa que tanto lo mires. Ya sabes.
Victor lo mira, luego regresa su vista hacia el papel, ríe un poco. Debe lucir como un idiota, sentado allí con una evaluación fallida entre las manos. –Tenía unas cuantas preguntas que hacerte.
Yuuri enarca una ceja. – ¿De física? ¿De la aburrida física?
–Sí.
Yuuri no parece sorprendido.
Victor mueve sus piernas hacia el borde de la cama, gira el papel para mostrarle la nota una vez más. –Si respondes mis preguntas. Prometo ser más mente abierta sobre tu oh-tan-interesante-carrera.
Yuuri ríe y se baja de la cama. – ¿Quieres que trabajemos en tu escritorio?
Victor sacude la cabeza.
En cambio da unos ligeros golpecitos al lugar al lado suyo sobre la cama. Yuuri comprende la señal, se sube a la cama y se sienta a su lado, tan sólo a unos centímetros de distancia. Victor se percata que es lo más cerca de lo que alguna vez han estado. Sin embargo, Yuuri no se atreve a mirarlo a los ojos, en su lugar mantiene la vista pegada al papel delante de ellos. Lo que está bien, es hasta profesional. De hecho.
–De acuerdo. Esta pregunta es sobre presión –empieza Yuuri, señalando a la primera orden en la que se equivocó. En la pregunta número uno. Lo que es muy vergonzoso. –Calcular la menor cantidad de presión que una caja puede ejercer sobre el suelo.
Victor gira su cabeza, lo mira. Yuuri está haciendo esa cosa con las cejas otra vez. Es absolutamente adorable. Ridículamente adorable. – ¿Me vas a decir que esto te interesa?
Yuuri piensa por un segundo, luego también gira la cabeza. – ¿Sabías que el aire que ejerce presión sobre tu derecha en este momento pesa tanto como un automóvil pequeño?
–Hasta ahora estoy vivo –le señala Victor–. Pero lo admito, tienes mi atención.
–No es tan complicado –promete–. El peso ejerce presión, y el aire tiene peso. Todo tiene peso ¿correcto?
Victor se encoge de hombros. –Correcto. Pero no es como si lo sintiera.
–Tu cuerpo está habituado a él. De otra forma, la misma presión te aplastaría.
Yuuri empieza a explicarle la fórmula del problema, y Victor lo escucha atentamente al principio, pero después comete el error de mirar los labios de Yuuri mientras habla. Parece estar más cómodo mientras está hablando, moviéndose ligeramente más cerca de Victor y señalando y resaltando las diferentes cosas del papel que tienen en frente. Cada vez que se detiene y mira a Victor, este asiente, pretendiendo entender.
–Muy bien. Ahora inténtalo tú –sugiere Yuuri.
(Oh.)
(Tal vez esto va a ser un problema.)
Victor golpea el papel con la punta del lápiz. – ¿Es la respuesta C?
– ¿No vas a desarrollar la formula?
–Será una formula mental –promete.
Su roommate ríe. Luego toma una carpeta de entre las cosas de Victor para poder escribir. –Adelante.
Victor escribe unos cuantos números. Lo escribe lento, esperando que Yuuri lo detenga y le dijera que está mal. Pero no lo hace. Entonces, para su sorpresa, su respuesta es una de las opciones. – ¿Entonces es la B?
–Sí –le dice orgullosamente– ¿Ves? ¿No es tan difícil?
– ¿Conoces más hechos interesantes de la física?
Yuuri ríe y toma el lápiz, dándole vueltas con los dedos. –Algo así. ¿Y tú conoces hechos interesantes con respecto a los idiomas?
–Definitivamente.
Aprieta los labios. – ¿Puedo escuchar uno?
–Un hecho, por cada pregunta de física en la que me ayudes –sugiere Victor.
–Hmm. Deben de ser hechos bastante interesantes para tan considerable intercambio.
Victor deposita el pedazo de papel sobre la almohada a su lado y se gira hacia Yuuri, rozando su rodilla contra la del otro muchacho. Los ojos del chico se abren desorbitadamente, y su postura se pone rígida, sus labios se vuelven a abrir cuando sus miradas se vuelven a encontrar. – ¿Sabes cuál es la relatividad de la lingüística?
Yuuri retiene la respiración –niega con la cabeza.
Victor se inclina más cerca. –Bueno, piensas en las palabras, ¿cierto? ¿En inglés?
Otra vez, no habla, sólo asiente.
–Pero supongo que también las has pensado en japonés.
Otro asentimiento.
Victor sonríe suavemente, sus ojos bajan hacia las manos de Yuuri, las cuales se encuentran sobre su regazo, sus dedos aun aferrándose al lápiz como si aún no estuviera seguro de que hacer con él. Victor alarga la mano y lo toma, luego lo deposita junto a los papeles de su detrás. –La relatividad de la lingüística dice que el idioma en el que piensas cambia la forma en que ves el mundo.
–Oh. Eso… eso es interesante.
Ve a Yuuri tragar grueso, luego ve como sus ojos se precipitan hacia el suelo. –Hay dos versiones de eso, sin embargo. Algunas personas dicen que el idioma determina completamente la forma que uno piensa, y otros dicen que simplemente lo influye.
Victor se lame los labios, y Yuuri alza la vista hacia él, ojos centellando–con una chispa de confusión ¿tal vez? El chico exhala bruscamente, luego inhala otra vez.
Él es hermoso.
(Cautivador, en realidad.)
La rodilla de Victor vuelve a rozar la de Yuuri.
Y es ahí cuando todo sale mal.
(Le toma un momento a Victor el procesar el que Yuuri se ha caído de la cama y ha chocado contra el suelo.)
(Le toma otro momento el procesar que eso ha de haber dolido.)
– ¡Yuuri! –Victor grita. Descendiendo y precipitándose hacia él.
Yuuri se aleja. –Aww.
–Perdón –dice Victor sin pensar, aunque no está seguro de si ha hecho algo, o se disculpa por lo que acaba de suceder en general– ¿Estás bien? ¿Quieres que llame a alguien? ¿O quieres que te lleve a la clínica?
Su rostro está completamente rojo, al igual que las puntas de sus orejas. Yuuri lucha para ponerse de pie. –L-lo siento, yo… yo, um, de-debo irme. Podemos terminar los problemas de física después, ¿de acuerdo?
(Luego él se marcha.)
Victor contempla la puerta abierta, luego baja la vista hacia donde Yuuri se encontraba sentado. Esto… él acaso…
¿Es que acaso ocasionó que su roommate lo odie otra vez?
¿Qué fue lo que salió mal?
~•~ ~•~ ~•~
Yuuri se esconde en la pequeña cocina de su piso.
Está vacía, es pequeña, con una mesa igual de pequeña, un refrigerador, una estufa, un fregadero, y otras pocas cosas más. Se sienta sobre la mesa y entierra su rostro entre sus manos, considerando llamar a Phichit, porque ese es normalmente su primer instinto cuando hace algo horriblemente embarazoso como caerse de la cama enfrente de Victor Nikiforov.
Saca su teléfono, pero en lugar de llamar a Phichit termina navegando por las redes sociales, distraídamente dándole like a las fotos mientras sus pensamientos corren a toda velocidad, al igual que su corazón late a toda prisa. ¿Pensara Victor que es un idiota? ¿O un patético perdedor?
(Pero no es como si importara.)
(Porque al final de la semana ellos probablemente nunca más vuelvan a hablar.)
Él recuerda todos esos días caminando alrededor del campus con Phichit, viendo a Victor sonreír con sus amigos miembros de la fraternidad, o con su pequeño hermano. Recuerda estar sentado bajo los árboles afuera de Stammi Vicino, contemplando a Victor y apartando la mirada en el momento en que el otro chico se volteaba.
Las cosas volverían a ser como eran.
(O quizás no, porque antes, si Victor lo hubiera atrapado mirándolo, no hubiera significado mucho. Después de todo, prácticamente el noventa por ciento de los del campus estaban atraído hacia él. Pero ahora era diferente.)
Se muerde el labio inferior mientras revisa la hora. Es miércoles, y tiene una reunión del club de patinaje en una hora. Lo que significa que él deberá entrar al dormitorio para recoger sus patines y cambiarse de ropa, y por ende tendrá que enfrentarse a Victor. Se pregunta, si el otro chico actuara como si nada hubiera pasado, o si sacara el tema a colación.
Entonces, después de que treinta minutos han pasado, abandona la cocina y se encamina hacia el vestíbulo. La puerta de la habitación de Mila y Sara está abierta, Sara lo ve y lo saluda. – ¿Listo para patinar?
Yuuri le sonríe y asiente. –Sí. Sólo tengo que ir por mis cosas.
–Hola –lo recibe Victor cuando Yuuri abre la puerta, mirándolo con una expresión perspicaz, como esperando ver lo que hará a continuación.
–Hola.
Yuuri toma sus ropas, se cambia en el baño, y luego mete sus patines dentro de su bolsa. – ¿Patinaje artístico? –Victor cuestiona.
Asiente.
–Yo solía patinar –señala.
– ¿De verdad? –pregunta Yuuri, sorprendido, ya que ciertamente Victor Nikiforov no parece el tipo de persona que sería visto sobre el hielo. Aunque, al segundo pensamiento, la imagen se acopla a Victor de una manera extraña.
Victor se baja de la cama y mete sus manos dentro de sus bolsillos, manteniendo la distancia. –Cuando era niño. Lo adoraba.
Yuuri trata de imaginárselo. –Yo siempre quise ser un patinador profesional. Pero nunca sucedió.
–Aun puedes serlo –le dice Victor.
–Ni siquiera me has visto patinar.
Victor mira hacia la puerta, ve a Mila y le saluda con la mano. –Pero estoy seguro que eres bueno. Tal vez vaya a verte en algún momento.
(¿Esta noche?)
Hay una pausa. Las palabras pesan en su lengua. Suplicando ser dichas. –Eso sería estupendo. En fin, ¿te veo luego? –dice en cambio.
–Nos vemos.
~•~ ~•~ ~•~
Victor pasa el resto de la noche con Chris, luego permanece sentado en su dormitorio sin hacer nada, con sus ojos fijos en la puerta cuando escucha el sonido de una llave destrabándola. Le sonríe radiantemente a Yuuri, quien le sonríe de vuelta, un débil sonrojo en sus mejillas visible incluso en la oscuridad. – ¿Cómo estuvo la practica? –pregunta.
Él luce cansado –el cabello pegado a la frente debido al sudor y arrastrando ligeramente los pies. –Bien –responde Yuuri, depositando su llave sobre su escritorio antes de encaminarse hacia el baño.
Yuuri canta en la ducha.
(Suave, muy, muy bajito, pero lo hace.)
Las palabras son pronunciadas en japonés, algunas veces parecen más un murmullo, y Victor casi siente que está invadiendo su privacidad con sólo escuchar. No puede enfocarse en su lectura sobre literatura romana, así que en su lugar simplemente cierra los ojos y escucha el sonido del agua cayendo y la voz de Yuuri.
Cuando Yuuri sale de bañarse, su pelo aún está goteando, viste unos pantalones negros y camiseta azul. Victor casi menciona el canto–casi–pero luego se da cuenta que, de hacerlo, Yuuri podría no volver a cantar jamás. Así que en cambio él se reclina sobre la cama, viendo a través de su periférica visión como Yuuri saca su laptop y se conecta sus audífonos.
Una rutina nocturna. Victor supone.
Él aun quiere saber qué es lo que Yuuri tanto hace.
No es que él de por sentado que sea algo sospechoso –no, la curiosidad deriva más de la urgencia de saber hasta la última cosa que pueda sobre su roommate, de obtener cada pizca de información que su codicia le permita.
No puede evitar querer hablar con él.
No puede evitar querer quitarle esa laptop y sentarse a su lado sobre la cama otra vez, hablar sobre física e idiomas o cualquier cosa que a Yuuri le guste, porque Victor está comenzando a pensar que podría entretenerse con tan sólo escucharlo leer hasta una guía telefónica.
Sin embargo, Yuuri parece tan feliz estando en su laptop, a Victor está comenzando a rondarle la idea de que quizás así es como él se relaja, decide contenerse a sí mismo y regresa su atención a su libro. En clases están leyendo una versión nueva de la Ilíada, y aunque es interesante, no es particularmente alucinante. Ya ha leído otras obras de Homero en clases de latín años atrás.
Sólo aguanta diez minutos.
Luego gira sobre su lado, encarando a Yuuri.
–Yuuri.
Yuuri no lo escucha, menea la cabeza al compás de la música. Debe estar con alto volumen. Victor lo mira por un segundo, considerando regresar a su libro, pero en cambio baja de la cama para tomar una hoja de papel de su escritorio. Regresa a su cama y arranca un pedazo del papel, arruga el pedazo hasta volverlo una bolita y se lo arroja.
Falla. Intenta una vez más, y esta vez le da en el pecho, Yuuri parpadea, confundido. Victor ríe cuando el muchacho se quita uno de los auriculares, lentamente dándose cuenta de lo que acaba de pasar antes de tirarle la bolita de regreso, riendo divertido. – ¿Y eso por qué fue?
–Tu música debe estar muy fuerte –Victor nota.
Yuuri se encoge de hombros, presiona la tecla espacio de su laptop, para pausarla, quizás. –No demasiado.
Él vuelve a tirarle la bolita de papel a Yuuri, y rápidamente eso se vuelve un juego. Eso, hasta que Yuuri la arroja y esta cae al suelo entre ambas camas. Victor rasga otra de las esquinas del papel y vuelven a empezar. En algún punto, Yuuri cierra su laptop, agarra una hoja de papel y comienza a doblarlo sobre su regazo.
– ¿Qué estás haciendo? –pregunta Victor, todavía arrojándole bolitas de papel.
Yuuri ríe cuando una de ellas le golpea en la mejilla. –Ya verás –toma un lápiz y garabatea algo antes de continuar doblando.
Un minuto después, hay un perfecto avioncito de papel en su mano. Lo lanza hacia Victor, el avioncito planea suavemente en el aire, aterrizando sobre las sabanas. Victor lo toma, admirándolo. – ¿Ventajas de ser un estudiante de física?
–Ventajas de ser amigo de Phichit –corrige Yuuri–. El año pasado, nuestra habitación estaba llena de cientos de estas cosas. Así nos escribíamos mensajes el uno al otro.
Victor recuerda que Yuuri ha escrito algo en este, así que lo desdobla, cuidadosamente para mantenerlo intacto. –Bonjour –Victor lee en voz alta.
Yuuri se encoge de hombros. –Sólo sé, como, cinco palabras en francés a lo mucho. Mis opciones son limitadas.
–Eso cambiara –promete–. Después de vivir conmigo, serás un hablante nato.
Excepto que…
Él ya no estará viviendo con Yuuri a partir de la próxima semana. ¿Correcto?
Porque él estará viviendo con Chris, y Yuuri estará viviendo con Phichit.
Lo cual es bueno.
(¿Cierto?)
Yuuri parece darse cuenta de eso también, soltando una risa que rápidamente se acaba, una que no le llega a los ojos como normalmente sucede.
Victor vuelve a doblar el avioncito de papel, doblándolo un poco chueco de lo que antes estaba. Después lo lanza de vuelta hacia Yuuri, quien lo deposita sobre su almohada. Victor bosteza. –Cuéntame cómo funcionan los aviones.
– ¿Sobre cómo funcionan?
Él se encoge de hombros, recostándose sobre sus mantas. –Ya sabes, aerodinámica.
Yuuri luce impresionado. –Esa es una palabra grande.
– ¿Esa es tu forma sutil de llamarme estúpido?
–Tú puedes llamarme estúpido en diez diferentes lenguas, así que no –responde Yuuri, luego cruza sus brazos sobre su pecho–. ¿Quieres que te explique la física de un avión de papel para que así puedas dormir?
Victor sonríe. –Si resulta. Resulta.
Se escucha un suspiro del otro lado de la habitación, más él está sonriendo, nota Victor con regocijo. –Bueno, hay cuatro principales fuerzas, supongo. El empuje, el impulso aerodinámico, la gravedad, y la resistencia del aire.
Una pausa.
–Todavía no estoy dormido –le recuerda.
Lo escucha mientras Yuuri se va perdiendo en su explicación, citando un manojo de específicos términos que Victor ha escuchado con anterioridad pero de los que no tiene el mínimo conocimiento. Resulta que eso no lo está haciendo dormir –de hecho, está teniendo el efecto opuesto. Está extasiado con ver sus labios moverse, embelesado con los movimientos de sus manos, encantado por como él ocasionalmente alarga la mano para ajustar unas gafas que no están ahí.
Luego Yuuri se detiene, le echa una mirada, como si en algún punto hubiera olvidado que él estaba ahí. – ¿Aún estás despierto?
–Es inesperadamente interesante –le provoca Victor, y Yuuri se sonroja y agacha la cabeza.
–No sé si debería sentirme ofendido o alagado –murmura.
Victor está cansado, sin embargo. No está seguro de como Yuuri se las arregla para asistir a clases, a sus prácticas de patinaje y permanecer despierto hasta Dios sabrá que horas. Además, Victor ni siquiera lo ha visto beber algo de cafeína. Yuuri tira de su laptop hacia su regazo, pero Victor nota que no toca sus audífonos. – ¿Internet? –supone.
Yuuri ríe. –Sí. Es gracioso, no hay muchos resultados para '¿Cómo tener un roommate más listo?'
–Hmm, intenta con '¿Qué hacer con un roommate grosero?'
Yuuri ríe –y ahí está esa risita tonta otra vez que hace que Victor pierda la cabeza– y le sonríe suavemente. Victor le regresa la sonrisa, preguntándose si se puede hacer algo más. Vuelve a bostezar, y rueda sobre un lado. –Buenas noches.
–Buenas noches.
~•~ ~•~ ~•~
–La geometría es estúpida –Yurio anuncia días después en Stammi Vicino.
Mila agarra el papel –él gruñe y trata de recuperarlo– y lo mira de arriba abajo. –Esto es fácil. Te ayudare –se mueve para sentarse al lado de Yurio, quien refunfuña pero deja que le explique algo sobre ángulos complementarios.
Victor cruza sus brazos sobre su pecho, inclinándose hacia atrás con su silla y escaneando las estanterías. Christophe está sentado a su izquierda, trabajando en algo, y Sara está sentada al lado de Yurio, con auriculares en las orejas y tipeando algo en su laptop.
Y luego escucha una voz familiar.
Levanta la vista para ver a Yuuri y Phichit bajando de uno de los pasillos entre los estantes, Phichit está usando una bufanda muy familiar –¿Ellos comparten ropa?– y Yuuri viste un abrigo bien esponjoso. Victor los observa, preguntándose si debería ir hacia ellos.
Es Phichit quien los ve primero, le da un codazo a Yuuri y levanta la mano para saludar. Yuuri sonríe, y también los saluda, el grupo les devuelve el saludo. Los dos chicos murmuran entre ellos, luego se dirigen hacia la mesa del grupo. – ¿Podemos sentarnos? –pregunta Phichit.
Mientras se sientan, Yurio alza la vista de su tarea de geometría, los evalúa con la mirada. – ¿Y ustedes quiénes son?
–Phichit –se presenta Phichit a sí mismo.
–Yo soy Yuuri.
– ¿Yuuri? –suelta Yurio sin pensar, mira a Victor con la mandíbula desencajada.
(Oh. Cierto.)
Se inclina hacia delante. Con ambas manos apoyadas sobre la mesa. –Mi nombre también es Yuri. Ya lo sabes.
Yuuri traga grueso –Victor patea a su hermano en la espinilla. –Um, no lo sabía. Eso es genial.
–Nosotros le llamamos Yurio –añade Victor, despeinándole el cabello, Yurio le dedica una mirada que podría mover montañas. Mila suelta una risita.
– ¿Y qué carrerea cursan? –le interroga Yurio.
Yuuri mira a Phichit. –Ambos somos estudiantes de física.
–Él está tomando física este año en la escuela –señala Victor, ansioso por disminuir la tensión.
Yurio rueda los ojos. –Odio esa clase. Tenemos que hacer que un carrito marche a cierta distancia cuando una ratonera se active. Es decir, ¿cuál es el punto de eso? Absolutamente ninguno.
–Nosotros podríamos ayudarte –se ofrece Yuuri.
Phichit asiente concordando.
El muchacho entrecierra los ojos. –Sí. Ya veremos.
El silencio se posa sobre la mesa. Acompañado con un toque de incomodidad.
–Oh, por cierto. Tengo preguntas de francés que hacerte, Victor –dice Yuuri, alargando la mano para tomar su mochila, que está en el suelo al lado de su silla–. Si no te molesta, claro.
(Victor no está seguro de que sea posible que le moleste menos de lo que hace.)
(Lo que no tiene mucho sentido.)
(Pero no le importa.)
(Porque Yuuri tiene preguntas que hacerle.)
(A él.)
Luego se da cuenta que todavía no ha respondido. –No. Por supuesto que no me molesta.
Yuuri le sonríe tímidamente y abre su carpeta, mostrando un conjunto de notas escritas a mano, moviéndolas alrededor de la mesa. Incluso sus notas de la escuela son adorables, lo que es ridículo, las notas tienen unas pequeñas ilustraciones a los lados, Yuuri había usado al menos cuatro plumas de diferentes colores para resaltar las palabras más importantes. Victor se toma un momento para admirarlas, hojeándolas. Yuuri no escribe en la parte trasera del papel, sólo por el frente.
Luego, se pone de pie y se mueve alrededor de la mesa, empujando un asiento vacío al lado de Yuuri para estar más cerca de él. – ¿Tus preguntas?
Yuuri le pregunta algo referente al género de los sustantivos. Luego lo mira con expectación cuando le explica una breve reseña. Victor aprendió francés antes de entrar a la escuela media –le es tan fácil como le es el inglés a este punto. Pero una pregunta rápidamente se convierte en otra, y luego en otra, y pronto Victor tiene todas las notas de Yuuri desparramadas por toda la mesa. La mano de Yuuri accidentalmente roza la de Victor cuando ambos alargan la mano para tomar el lápiz, puede ver como sus mejillas se ruborizan, agacha automáticamente la cabeza mientras aleja su mano.
Y eso es…
Él es…
–Gracias por ayudarme –le dice Yuuri, y no –eso está mal, porque Victor debería ser el agradecido, obviamente.
Victor se limita a asentir, se pregunta qué debería decir para alentar a Yuuri a pedirle ayuda en cada ocasión que lo necesite, ya sea de cualquier cosa. –No hay problema.
Con el tiempo, Victor se ha percatado que Yuuri pocas veces sostiene el contacto visual, que a menudo sus ojos se precipitan hacia otro lado después de varios segundos. Esta vez, sin embargo, ellos le sostienen la mirada, e inconscientemente Yuuri se lame los labios. Victor recuerda haberle contado a Yurio sobre las posibles motas doradas en los iris de Yuuri. Pero él no fue capaz de saber a ciencia cierta si se lo estaba imaginando la noche que lo golpeó con su patineta. Ahora, sin embargo…
(Lo hace. Ahí están, apenas perceptibles.)
La mirada de Yuuri se rompe cuando este mira hacia Phichit. Retrocede un poco, luciendo sorprendido por algo. Cuando Victor se gira, Phichit está sonriendo inocentemente, con la cabeza volteada hacia su libro. Regresa su mirada hacia Yuuri, ligeramente confundido, sin embargo él está metiendo sus notas de francés de regreso a su carpeta. Entonces Victor se da cuenta que Christophe lo está mirando, con una ceja enarcada.
Qué raro.
–Alguien cómpreme un sándwich –Yurio sugiere, rompiendo el momento–. La geometría me pone hambriento.
~•~ ~•~ ~•~
Al día siguiente, Yuuri se encuentra solo en el dormitorio cuando alguien llama a la puerta.
–Quiero hablar contigo –Phichit dice después de echarle un vistazo alrededor–. Me alegra que Victor no esté aquí.
Yuuri lo deja pasar y Phichit se sienta a su lado en la cama, con el teléfono en su regazo. – ¿De qué quieres hablar?
Phichit aprieta los labios. –Christophe y yo estuvimos hablando…
Una pausa antes de que Phichit continúe.
–…Y creemos que deberíamos permanecer como roommates, y tú deberías seguir siendo el roommate de Victor.
Yuuri está…
Bueno, está confundido principalmente.
Porque el plan el tiempo entero, del todo el verano, era que él se hospedaría con Phichit. Porque él y Phichit son buenos compañeros de habitación, son mejores amigos. Así que la decisión de Phichit le lastima, le duele de hecho. ¿Es qué Phichit ya no disfruta de alojarse con él? ¿Es qué Phichit prefiere a Christophe? ¿Yuuri lo molesto de alguna manera? ¿Es qué…?
–Yuuri, no divagues –lo consuela su amigo rápidamente–. Y no lo malinterpretes. Es que, nosotros estuvimos hablando sobre como Victor y tú estaban actuando ayer en la biblioteca.
Él frunce el ceño. – ¿Y cómo estábamos actuando? ¿A qué te refieres?
–Para decirlo de forma suave, si no hubiera habido otras personas allí, ustedes no hubieran estado estudiando francés.
Yuuri no comprende. Phichit se aclara la garganta.
–Oh –Yuuri lentamente cae en cuenta–. No, no, no, Phichit, no es así. No es nada de eso. Él sólo, um… él no es lo que yo esperaba.
– ¿No es lo que esperabas?
Se encoje de hombros. –Yo creía… siempre creí que él era más el típico chico popular, pero él es diferente. De hecho es simpático, amable. Es decir, supongo que antes tuve un crush por él sólo por su… –su voz se apaga, hace un vago gesto con la mano que espera que Phichit comprenda correctamente.
–Es por eso que ustedes deben seguir siendo compañeros de dormitorio –asegura Phichit–. Además, nosotros continuaremos viéndonos todo el tiempo. Y Chris está de acuerdo en un cien por ciento.
Yuuri tiene que admitir que la idea de seguir compartiendo el dormitorio con Victor es tentadora. Él ha disfrutado de sus conversaciones hasta ahora, ha disfrutado del como Victor le deja hablar sobre física sin lucir aburrido–aunque él podría asegurar que sí se aburre, el como sus ojos se iluminan, de como se queda colgado de cada palabra suya. Le gusta provocar a Victor, y le gusta que Victor lo provoque, y, si es honesto, no estaría mal vivir con su tutor de francés. No estaría nada mal cuando los exámenes se aproximen.
Pero hay un problema.
Porque por más que Victor sea amable, eso no cambia el hecho de que él es parte de una fraternidad. No cambia el hecho que él es un fiestero, que probablemente tiene a un montón de chicas y chicos que se desmayan por él por todo el campus, más de lo que Yuuri puede contar. No cambia el hecho de que la mitad de los post en Yik Yak* tienen su nombre. No cambia el hecho de que, en realidad, ellos no son compatibles. Que probablemente Victor sólo es un buen tipo que está intentando hacer mejor la situación, listo para mudarse con Christophe tan pronto como pueda.
(Si tan sólo Yuuri pudiera saber a ciencia cierta si Victor quiere vivir con él o no.)
(Si tan sólo pudiera leer la mente de Victor.)
~•~ ~•~ ~•~
–Tú te quedas con Yuuri. Y yo me quedo con Phichit –sugiere Chris.
–Hecho –responde Victor, sin levantar la vista.
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– ¿Escuchaste qué Christophe y Phichit planean seguir siendo roommates? –le dice Victor más tarde ese día. Intentando mantener el tono ligero, casual. Quiere saber lo que Yuuri piensa al respecto. Porque si él quiere vivir con Phichit, es perfectamente entendible, y Victor respetara sus deseos, pero también le rompería el corazón y lo destrozaría hasta hacerlo trisas porque él realmente, realmente quiere seguir hospedándose con Yuuri. Mucho, muchísimo. Patéticamente muchísimo.
–Sí. Lo escuche –dice Yuuri, luciendo inseguro–. Yo… yo estoy bien con eso si tú lo estás.
–Estoy muy bien con eso –responde entrecortado, quizás con demasiada prisa.
¿Cómo es que obtuvo tamaña suerte?
Recuerda a la mujer del mostrador, la mujer que le dio a él y a Chris diferentes llaves de habitaciones diferentes. Le agradece mentalmente. Le agradece a Yakov por su política interdisciplinaria, la cual aún es estúpida, desde un punto de vista objetivo, más ahora Victor la adora.
Y sonríe.
(Una sonrisa grande, demasiado ridícula, una que quizás confunde a Yuuri, pero entonces –por alguna razón, por algún milagro– Yuuri también sonríe, y es una sonrisa igual de grande, y hasta ríe un poco, y es tan linda esa risa que suena más como una risilla que una risa real y justo cuando Victor pensaba que no podría adorarlo más de lo que ya lo adora, él va y hace algo así.)
(Y es abrumador.)
Después la sonrisa de Yuuri se desvanece. Tan rápido como vino. –La cosa es que, necesitamos establecer unas cuantas reglas.
Victor se congela, desconcertado. – ¿Cómo cuáles?
–Pues, estaba pensando en establecer nuestros límites. Por ejemplo, esta es mi mitad de la habitación y esta es tu mitad. También podríamos dividir el baño. La encimera de la cocina al menos. Podríamos agarrar una tiza y dibujar las líneas, sólo por si estamos en el mismo sitio.
Victor empieza a –luego se detiene. –Espera, ¿estás…?
Se cubre la boca con la mano e intenta contener el acto a continuación, pero falla miserablemente. –Bromeando.
–Me asustaste –suspira Victor–. Si no tienes cuidado, esto se convertirá en una situación similar a la del niño que gritaba 'ahí viene el lobo'. Nunca más te tomare en serio.
Yuuri todavía está sonriendo –orgulloso de sí mismo, probable– Victor se pone de pie, se aproxima al escritorio de Yuuri. Nota unos portarretratos. Una contiene una foto de Yuuri con todo el club de patinaje, Phichit y él están en la parte delantera, y supone que la foto al lado de esa es la de su familia. Pero también hay una tercera, de él con una mujer joven.
– ¿Esta es tu familia? –pregunta, señalando el segundo portarretrato.
Yuuri está arriba en su cama, no puede verlo pero asiente de todos modos. –Los de la segunda foto, sí son ellos.
Victor vuelve a mirar a la mujer. – ¿Y quién es esta muchacha?
–Oh, es Yuuko, una amiga de la infancia de mi país.
(¿Una amiga de la infancia?)
(Pero sólo una amiga ¿cierto?)
Quiere preguntar, pero una parte de su mente piensa que mejor no, en su lugar toma entre sus manos la foto de Yuuri con su familia. – ¿Tienes una hermana?
–Mari –le informa.
– ¿Y un perro?
No hay respuesta.
Victor aparta la mirada para mirarlo. –Luce igual a mi perro –señala.
Yuuri está mordisqueando su labio, con ojos proyectados en su laptop. –Ese es Vicchan. Murió el año pasado. Esa es una foto antigua.
Ahora que él lo dice, Victor puede decir que, Yuuri luce ligeramente más joven en la foto, su madre lo está envolviendo con un brazo, su hermana está sonriendo tímidamente. No está seguro de que decir. –Lo siento.
–Está bien –Yuuri responde.
Victor regresa la foto a su lugar, entonces, espontáneamente, se trepa a la cama de Yuuri. Sin decir una palabra, pero con una ligera expresión de sorpresa, Yuuri se mueve a un lado. Victor no dice nada, y Yuuri tampoco, ambos permanecen sentados en un confortable silencio. Su mente regresa hacia la última vez que estuvieron sentados sobre una cama, cuando Yuuri se cayó al suelo y abandono la habitación a una velocidad de mil millas por hora.
–Makkachin –Victor dice tranquilamente, inseguro si le está permitido abordar este tema, inseguro de si a Yuuri le importa.
Yuuri lo mira. – ¿Qué?
–Ese… ese es el nombre de mi perro. Y vive en la casa de Yakov.
Hay una sonrisa tirando de los labios de Yuuri, y ese gesto calienta el corazón de Victor. –Creo haberlo visto alrededor del campus.
–Probablemente –medita Victor–. Le gusta recostarse sobre la hierba del campus. No necesita de una correa–está muy bien entrenado–así que puede recorrer por todo el campus como a él le gusta siempre que alguien este con él –Victor lo empuja suavemente con el codo–. Te llevare para que lo conozcas un día de estos.
Yuuri lo mira a los ojos. – ¿Lo harías?
–Seguro. Él te amara. Aunque, claro, es de esa clase de mascotas que ama a todo el mundo.
–Eso me gusta –medita Yuuri, y le devuelve el empujón.
Victor ríe para sí. –Cuidado que te caes de la cama otra vez.
Se pregunta si eso ofenderá a Yuuri, pero no, en su lugar sólo lo empuja un poco más fuerte. –Cállate.
–Cállame –le reta.
Yuuri lo observa por un segundo, como considerando que hacer, luego estampa una mano sobre la boca de Victor. Y Victor, siendo el universitario maduro que es, le lame la mano. – ¡Hey! –Yuuri chilla, alejando su mano y limpiándosela en el pantalón–. Eso es asqueroso.
–Tú lo pediste –protesta, sonriendo de oreja a oreja.
Empuja a Victor por el hombro. –Ahora quítate que tengo que ir a lavarme la mano.
– ¿Qué? ¿Piensas que no estoy saludable? –Victor hace un mohín–. Pero ¿sabes?, puedes treparte sobre mí –se inclina hacia atrás contra la pared, enarcando una ceja, retándolo.
–No voy a treparme sobre ti.
Victor se encoge de hombros. –Entonces, supongo que te quedaras ahí atrapado.
–Victor –se queja Yuuri.
Suspira, derrotado, y mueve su pierna. Yuuri pasa por un lado y se baja de la cama, encaminándose al baño para lavarse las manos. –No olvides cantar el ABC –exclama Victor.
–Tendré que hablar con Phichit y Chris sobre intercambiar roommates después de todo.
– ¿Broma? –pregunta Victor.
–Tú decides.
–Voy a decidir que es broma.
NT:
Oui*: Sí, en francés.
Yik Yak*: Red social para conectar a los universitarios de una misma universidad de manera anónima sin importar la facultad. Es una aplicación muy usada en USA.
