Capitulo 2: La poción hace efecto.
-MIERDAAAA –gritaba mentalmente Severus Snape- verás, ese regalo no era para ti Sybill, no es que... verás me he debido de equivocar al...
-Bueno, no importa Severus me ha gustado –decía Sybill complacida.
-Ya pero… -intentaba explicarse el profesor de pociones.
-¿Y que efecto tiene la poción? –preguntó curiosa McGonagall.
-Pues... lo siento yo...
-Severus, venga dilo! –le pidió Binns intrigado.
-Es una mezcla de poción crecepelo, el plan es que –Severus tragó saliva- progresivamente notarás como se te va a llenar el cuerpo de un fuerte y largo pelo moreno. También tiene una poción anti-acné, que como todos estos productos lo único que hace es incrementarlo, por tanto tendrás un fresco y persistente acné juvenil y...
Sybill empezó a lloriquear.
-Además tenía una poción cornífera –prosiguió Snape- por lo cual si empiezan a salirte cuernos por la cabeza, no te espantes, se te caerán a los dos meses. Ah si, y una para que te quedes plana, no es nada personal, es decir –Severus se puso rojo- no tengo nada en contra de tus pechos pero… bueno, de aquí a tres semanas te volverán a crecer, solo que te picará bastante, y creo que lo de escupir fuego por la boca será uno de los efectos secundarios que…
-JAJAJAJAJAJA –se reía cruelmente Minerva McGonagall.
-Severus, simplifica –pidió la profesora Sprout alarmada- ¿Cómo va a acabar la pobre Sybill?
-No, no hace falta –dijo Sybill llorando y haciendo un drama- me voy a mi torre de la que nunca debería hacer salido. Gracias Severus –dijo con una gran frialdad- es el mejor regalo que me han hecho nunca.
Severus salió media hora más tarde del despacho del director con el resto de sus compañeros (algunos de ellos bastante borrachos). Eran las cinco de la mañana.
-Severuuuss, hip es el mejor regalo, hip que me podías haber hecho hip –dijo con mucha dificultad la profesora de transformaciones, la cual, como es sabido por todos, no tenia muy buenas relaciones con la profesora de adivinación- ya verás como me voy a reír hip, de ella mañana hip, con lo nerviosa que me pone hip!
-Me la vas a tener que traer para que la enseñe en mi clase jajajajajaja, menudo pedazo de monstruo jajajajaja- empezó a reír Hagrid.
-Yo me voy, buenas noches y feliz resaca –dijo Severus a sus compañeros con su usual ironía. ¡Menos mal que mañana no tenían que dar clase! En fin, nuestro solitario profesor de pociones se fue tranquilito a su oscuro despacho en las mazmorras. Antes se pasó por la sala común de Slytherin para asegurarse que todo estaba en orden y los alumnos no estaban montando una fiesta por cualquier bobada, como solían hacer a menudo. Nuestro profesor se sentía tristemente como se dice… ¿Qué nombre tiene ese sentimiento? Lo contrario a indiferente… ah! Si, culpable, muy culpable de lo que le iba a pasar a la profesora de adivinación. Aunque en el fondo no había sido culpa suya, él solo había cometido el error de intercambiar los regalos y había enviado un chal a Bellatrix Lestrange y había provocado que su colega se transformara en… un monstruo digno de aparecer en el monstruoso libro de los monstruos. Severus se fue a dormir con ese maldito sentimiento y con la esperanza de que al día siguiente este hubiera desaparecido.
Al día siguiente Sybill no se presentó a desayunar al Gran Comedor, aunque eso no llamó la atención de nadie ya que nunca lo hacía. La que si que lo lamentaba era McGonagall que se moría de ganas por ver el nuevo aspecto de Sybill.
-¿Por qué no bajará?? –se preguntaba la animaga que con sus preguntitas no hacía más que aumentar el sentimiento de culpa de Severus.
-No suele hacerlo –respondió Severus sensatamente.
-Severus –dijo el profesor Fliwitch- necesito de esa poción tan maravillosa para la resaca.
-Si yo también- dijo la jefa de la casa Gryffindor muy mareada – por favor dinos que ya la tienes preparada.
-Si –contestó el profesor de pociones- pero este año la cobro. 5 Galeones por frasco.
-Ok, yo te pago pero no puedo aguantar más, me da vueltas todo –dijo Minerva con la cara verde- la próxima vez no provaré los deliciosos cócteles el director.
-Da la sensación que tu probarías todo lo que el director te diera, Minerva –dijo Filwitch picaronamente.
-Si queréis dentro de media hora os la traigo a la sala de profesores –concretó Severus, haciendo como si no hubiera oído en comentario del pequeño profesor que, en estos momentos, estaba siendo ahogado por la profesora animaga- y vosotros traed el dinero.
Severus terminó de desayunar muy contento. Haría un favor a sus compañeros (aunque eso no era lo que más felicidad le producía), lo más importante era que ¡¡Ganaría un dinerito extra!! Le vendría bien para comprarse un nuevo tarro lleno de bichos flotantes que tenía de decoración en su despacho.
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Mientras en la sala de Adivinación.
-No tengas miedo Sybill –se decía a si misma la famosa adivina, preparada para mirarse al espejo.
AAARRRRRRRRGGGGGGGGGGG
Este fuerte grito fue oído por todos los terrenos del colegio y un fuerte estremecimiento llenó a todos los que lo oyeron.
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Mientras en la sala de profesores.
-Ten tu frasco ¡eh! Mis 5 Galeones, muy bien así me gusta –negociaba Severus con la varita en la mano. La cola de profesores con resaca salía por la puerta de la sala.
Después de media hora, todos los profesores que la noche anterior se pasaron bebiéndose todo el minibar del director, estaban felices por el pasillo, en sus despachos o tomando un poco de aire libre. Severus mientras, estaba en la sala de profesores contando los más de 200 Galeones que había ganado, normal si tenemos en cuenta que varios profesores habían necesitado más de dos botellas (entre ellos Hagrid que le compró como 10). Mientras hacía estas complicadas operaciones bancarias, a su lado Filwitch intentaba leer un libro subido en unos 12 cojines y Filch miraba un catálogo de felinos para comprarle algo a la señora Norris.
En ese momento una mujer entró en la sala de profesores.
-Dios mio! –dejó escapar Filch poniendo los ojos como platos al mirarla.
Severus alzó la vista y vio a la mujer. Era alta rubia con una melena abundante y bien peinada, con unos bonitos ojos y unas curvas increíbles. Parecía sacada de una de esas revistas que Filch "leía" y que escondía en el tercer cajón de su escritorio (imagínense que tipo de revistas… no me obliguéis a ponerlo que este fic está dirigido a todos los públicos, usad vuestra ente calenturienta, ¡así! correcto, ahora lo habéis entendido, prosigamos)
En definitiva, una mujer con la que todos los hombres normales del mundo darían todo su dinero pasar una sola noche con ella. Pero como Severus Snape, no es precisamente lo que entendemos por "normal", bajó rápidamente los ojos a su dinero sin prestar el menor caso a la intrusa. Este era el tipo de mujeres que no gustaba en absoluto a Severus Snape, él las prefería más discretas. A pesar de todo, ahora nadie ocupaba el corazón del apuesto profesor de pociones, y él estaba muy feliz así.
-Hola preciosa –dijo Filch a la mujer misteriosa- ¿me buscas? Mi despacho está justo por allí y tengo una cama de seda que podríamos aprovechar… no se si me expreso bien…
PLAF!!
Una tremenda bofetada se estampó en la cara, que ya de por si estaba bastante deformada, del conserje de Hogwarts.
-No vengo a verte a ti –dijo la mujer, había algo en su voz que resultaba familiar a Severus- sino con el profesor Snape.
-Ya está –pensó el jefe de Slytherin- será la madre de algún alumno de primero que tiene nostalgia y me vendrá a pedir que si puedo ir a leerle el cuento de los tres cerditos al niño antes de dormir…
-Severus –dijo la mujer- soy yo, ¿no me reconoces?
Severus estaba muy confundido, no había visto a esa mujer en su vida, estaba seguro de ello. Pensó en todos los lugares que frecuentaba y en toda la gente que conocía…
-A ver –pensó Severus Snape estrujándose los sesos- Profesora de Hogwarts no es… tampoco es mortífaga, me hubiera fijado en las reuniones en alguien así. Tampoco es la camarera de cabeza de puerco, ¡entonces! ¿Debo dinero a Gringotts? A lo mejor trabaja para ellos y viene a detenerme por no haber pagado algún impuesto ridículo sobre la circulación de escobas o el impuesto de moneda. ¡No!… Pero si yo pago todos mis impuestos puntualmente (a pesar de que encuentro que son una tontería, phs, circulación de escobas, ¡si yo nunca vuelo! ¡Que lo paguen los que juegan a Quidditch) ah! ¡A lo mejor es la tía Paquita! La hermana de mamá que nunca venía a verla porque se había casado con un multimillonario y se había ido a vivir a Francia, bueno esta mujer tiene pinta de francesa y aunque con esos trapos no parece casada con un multimillonario. Debe ser la hija de tía Paquita que debe pertenecer a la Bohemia francesa, claro eso lo explica todo.
-¿Eres… -comenzó a preguntar Snape- la hija de la tía Paquita?
-JAJAJAJAJA –rió muy fuerte la mujer.
-Ya veo que no –dijo el profesor de pociones decepcionado y totalmente confundido y desorientado sobre la identidad de la mujer
-¿De verdad que no me reconoces?
-No –se sinceró Severus a la mujer que ya se estaba haciendo pesadita.
-¡Soy yo!
-Ah! Hola yo, cuanto tiempo –dijo Severus sarcásticamente.
-Soy Sybill Trelawney.
-¿QUE? –gritaron los tres hombres al unísono.
-Vengo a darte las gracias –dijo Sybill- se ve que ayer me mentiste, al fin y al cabo no me he convertido en ningún monstruo, jajá jajá, si parece que tengo 20 años y mira mi pelo, está liso y reluciente, ¡y ya no necesito llevar las gafas porque veo perfectamente sin ellas! Además mis dientes vuelven a estar rectos y blancos, por no mencionar que he aumentado dos tallas de sujetador…
-Demasiada información –dijo Severus poniendo cara de asco.
-No, no –insistió Filch- continúa por favor.
-¡Jajá, jajá! –Rió como una adolescente Sybill- bueno, tan solo venía a informarte de que, en agradecimiento a este estupendo regalo, quiero que a partir de ahora seas mi novio.
-Lo siento –dijo Severus- pero no eres el tipo de chica que me gusta.
Si en algo tenía experiencia el profesor era en dejar mujeres, muchas alumnas se le declaraban (si, es verdad, no tenéis ni idea de las cajas de cartón llenas que Severus guarda debajo de su cama, de cartas de declaración de amor de alumnas y de algunos alumnos). Lo mejor que se podía hacer en estos casos de encaprichamiento, era decir que no rápidamente, porque si no después sería mucho más difícil. Además ahora Severus gozaba de una agradable soltería que por nada del mundo quería dejar, y ¡aún menos por estar con Sybill Trelawney!
-Lo siento Severus –dijo la profesora con una gran sonrisa- pero haré como si no hubiera escuchado nada.
Se acercó al profesor de pociones y, en contra de la voluntad de éste, le dio un fuerte beso en los labios.
CONTINUARÁ…?
¿Morirá Severus al recibir el beso de Sybill? ¿Lo enterrarán en la mazmorra o en el cementerio municipal? ¿Ira alguien a visitar su tumba? ¿Lamentarán muchas alumnas su muerte? ¿Y alumnos…? Y si no muere… ¿Quedará traumatizado de por vida? ¿Podrá volver a ser el que era antes de recibir semejante beso? ¿Qué artimañazas usará Sybill para conseguir su amor? Y ¿Qué hará McGonagall cuando vea la nueva y mejorada imagen de Trelawney? ¿Habrá un duelo entre las dos divas? ¿Qué les pasará a los alumnos que vean a la profesora de adivinación? ¿Empezará esta a recibir cartas de amor como Snape?? Son demasiadas preguntas y todas muy aterradoras para ser respondidas. Para conocer la resolución de todas ellas, espera al próximo capítulo, y si crees que estoy tardando mucho en publicarlo, envíame un howler (o review) Gracias por leerme. Os quiero. ArYs
